Los lugares más inquietantes están en la mente, no fuera de ella.
La Consciencia y la mente
Posted: 9 abril 2012 in Reflexionando.....Etiquetas: conciencia, consciencia, mente
Todo es Consciencia, y la mente es una parte fragmentada, fraccionada y parcial de ese Todo.
Pertenece a ella, pero no es ella.
La mente es parte del Todo, SURGE del Todo y no puede ser sin ese Todo, depende de la Consciencia para existir.
Sin Consciencia no hay mente, Conciencia es origen y lo demás es el resto.
La mente es una expresión a nivel fenoménico (perceptible) de la Consciencia.
Si la Consciencia es el mar, la mente es un rio.
El mar puede ser sin río, pero el río no puede ser sin mar.
Si uno pudiera preguntarle a un río (a la mente), si existe por si mismo, contestaría que si, aunque no supiera que su existencia depende del mar.
Eso le pasa a la mente, y por extensión, también a las personas.
“Parece” que son individuos independientes, percibimos que somos entidades que empiezan y acaban en ellas mismas y por ellas mismas.
La mente es la bolsa que contiene los pensamientos, y “pensamientos” engloba todo lo relacionado con los pensamientos, sensaciones, juicios, opiniones, estados de ánimo, prejuicios..etc, etc, etc.
Todo eso procede de la mente.
Sin Consciencia no puede surgir una mente.
Alguien con profundas convicciones religiosas podría decir que Consciencia es Dios, por poner un ejemplo.
Si la mente no tiene vislumbre de la Consciencia (no percibe o conoce la Consciencia o alguna de sus facetas), la mente permanece como entidad independiente, esa es la creencia general y así piensan la mayor parte de las personas.
Eso desemboca en la personalidad egocéntrica.
El yo como cerebro pensante y centro de la vida. Dueño de la mente y por tanto propietario de su contenido.
Pero con un poco de atención, se observa que eso no es cierto.
¿Acaso es uno propietario de sus pensamientos?
¿Los domina?
¿Los controla?
¿Puede uno tener únicamente pensamientos felices porque así lo quiera?
¿Puede uno detener el pensamiento voluntariamente?
Ni la mente es de uno ni los pensamientos son de la mente, sino que surgen de esta.
Si uno cree firmemente que es un individuo independiente de todo, no hay posibilidad de percibir el Todo, porque uno es percibido como el centro de ese Todo y no como parte.
Uno cree ser el mar, pero en realidad nunca lo ha visto ni sabe de su existencia.
La mente es por tanto el tarro que contiene lo que uno cree ser, lo que cree sentir, lo que cree pensar, la mente contiene lo que las circunstancias personales le han llevado a llamar “verdad” o “vida”.
“mi verdad, tu verdad”, en definitiva, la verdad de cada uno.
Creemos equivocadamente que necesitamos esa verdad para poder vivir y desarrollarnos.
Cierto es que la mente es necesaria para vivir y desempeñar ciertos trabajos, pero no así los pensamientos, que muchas veces causan estragos (los pensamientos y las interpretaciones que hacemos de ellos).
¿Donde está esa mente cuando uno duerme?
¿Donde está lo que contiene esa mente cuando uno duerme profundamente?
¿Como y desde donde vuelve el contenido de ese “tarro” al “presente” cuando uno despierta?
¿Que pasa si el tarro que contiene los pensamientos se rompe?
¿Que pasa si lo rompe uno mismo?
El dilema eterno
Posted: 4 abril 2012 in Reflexionando.....Etiquetas: consciencia, dilema, eterno, percepción
Cuando uno investiga e indaga seriamente sobre uno mismo, llegará a la conclusión de que el pensamiento sobre si mismo no es la experiencia de la Consciencia (nunca puede serlo).
Pero resulta que este pensamiento, esta inercia, este deseo de conocer, proviene de la propia Consciencia, de manera que ese pensamiento que señala al deseo de conocer la Consciencia (o experimentarla), puede llegar a hacer que esta se manifieste como la comprensión de ese mismo pensamiento.
Parece complicado, pero no lo es, solo es complicada la “traducción en palabras” de la experiencia.
En ese caso, la propia comprensión de ese pensamiento puede ser la expresión de la Consciencia en si misma.
Casi siempre, la mente piensa que cuando se presenta un dilema hay que resolverlo.
En realidad lo que está haciendo es enredar, no puede permanecer quieta.
Ese es el trabajo de la mente pensante, buscar respuestas y hacer preguntas constantemente.
No es Consciencia.
Resolverlo no es lo mismo que entenderlo.
Pero si se entiende no hace falta resolverlo.
Con entenderlo es suficiente, pues muchas cuestiones no tienen una resolución que pueda “traducirse” en conceptos comprensibles, y mucho menos, esa posible (que no probable) solución, tiene porque agradar a uno, o tan siquiera acercarse a lo pensado.
Simplemente ES, independientemente de nuestro juicio, opinión, valoración, aprobación o crítica.
En ausencia de eso, hay percepción.
El meditador y la meditación, el corredor y la carrera.
Posted: 7 marzo 2012 in Reflexionando.....Etiquetas: carrera, corredor, Meditación, meditador
En ocasiones me preguntan como debe meditarse.
Es una pregunta que no sé contestar, dado que no tiene una respuesta común para todo el mundo.
Uno debe ir encontrando su forma de meditar.
Su propia forma de meditar eficazmente.
A veces uno habla de la meditación y la compara con el correr…..
¿Alguien corre?
Bien, hay muchas similitudes entre una cosa y la otra.
En apariencia un corredor, simplemente corre, para un observador externo, es alguien que corre, sin más.
Puede correr más rápido, con mejor postura, con esta o aquella ropa, pero esto solo son juicios sobre el hecho de que está corriendo.
Igualmente, en apariencia, un meditador es alguien sentado en el suelo, con cara serena, para un observador externo, claro.
¿Pero qué ocurre en la mente y en el cuerpo del corredor?
Hablemos de distancias largas, de 20km o más.
Carreras que requieren esfuerzo físico y psíquico, como la meditación.
Los primeros kilómetros se corren con las piernas.
Los últimos, con la mente.
Habrá molestias, habrá dolor, como en la meditación.
Habrá que superar escollos o abandonar, como en la meditación.
Habrá sufrimiento y calma, como en la meditación.
Habrá ritmo y equivocaciones, como en la meditación.
Habrá contratiempos y acontecimientos inesperados, como en la meditación.
Para poder correr 20 km uno debe planificar. Para meditar también.
No se trata de poner un pie tras otro y alcanzar el km20, ni mucho menos, si alguien ha corrido 20km sabe de qué hablo. Tampoco se trata de sentarse en el suelo y cerrar los ojos, tampoco.
Comienza uno a correr y a los pocos minutos alcanzará ritmo, si no ha apretado demasiado y falta aire (molestias), tendrá un ritmo mantenido.
Si ha habido un calentamiento previo, no habrá calambres ni dolores musculares (de momento).
Como en la meditación, cualquier exceso se paga.
Cuando el corredor ya está corriendo con ritmo sostenido y superados los primeros pensamientos/anhelos, el corredor desaparece.
Lo repito, EL CORREDOR DESAPARECE, y se convierte en carrera.
El corredor se da cuenta de que lo importante no es llegar, es estar.
No es importante el siguiente paso ni el anterior, ni siquiera el actual.
Si uno piensa en la meta la carrera ya no es un fin en si misma.
Si uno piensa en el dolor ocurre lo mismo.
En carrera los anhelos son coger el ritmo, no encontrarse mal, mantener pulsaciones, observar la ausencia de dolores musculares, desear alcanzar el siguiente Km, obtener ánimo por parte del público….etc.etc.
DISTRACCIONES, nada más.
Todo esto demuestra ausencia de concentración en el objetivo único.
CORRER.
No llegar, correr.
El corredor no observa la meta, no la espera, no le importa.
Lo que le interesa al corredor debe ser “el instante”, el sudor corriendo por la espalda, los ojos empapados en lágrimas, la respiración forzada, la espalda encorvada para abrir las costillas flotantes y rascar ese mililitro de aire…. todo eso son efectos del esfuerzo realizado en el instante.
Esos efectos tampoco importan y no hay que observarlos.
Aparece el dolor y luego desaparecerá si no se le observa. Igual que en la meditación.
El corredor desaparece y solo corre, solo hay carrera, libertad en estado puro, esfuerzo que en este caso desencadena cambios fisiológicos y químicos dando lugar a estados alterados de ánimo que pueden ser muy similares a los estados de concentración profunda en la meditación.
La secreción de endorfinas no es nada nuevo, ni mágico ni esotérico.
El hipotálamo y la glándula pituitaria trabajan a marchas forzadas y segregan las preciadas endorfinas, que como neurotransmisores, producen una sensación de bienestar, de alegría, de energía.
Es el eterno consejo de los beneficios de la actividad física.
Es un cierto “control” (y quiero ser muy cuidadoso con la palabra control), sobre los equilibrios químicos y eléctricos del organismo a niveles moleculares y celulares.
Como la meditación.
Cierta clase de respiración modifica la secreción de endorfinas, por poner un ejemplo, a eso es a lo que llamo cierto control.
No hay preguntas, no surgen, no hay ni siquiera objetivos, solo se es consciente de que el cuerpo está corriendo.
A partir de cierto Km, comienzan los problemas graves y el cuerpo y la mente luchan por parar.
¿Ante el dolor debe uno parar?
¿Ante la ansiedad debe uno parar?
¿Ante el miedo debe uno parar?
¿Ante la falta de aire debe uno parar?
¿Dónde está el límite?
Es conveniente ser prudente SIEMPRE.
Pero…. Si el cuerpo y la mente luchan por parar ¿Quién continúa?
¿Quién continúa?
Es una buena reflexión para cada uno.
Dicho esto, el límite no está en ninguna parte.
El límite es uno y es instantáneo.
El límite de hoy no es el de mañana ni fue el de ayer, así que el límite no existe.
Si hoy te detienes, ahí está el límite de hoy, de ese instante, pero eso no es el límite pues puede cambiar y la palabra “límite” indica un final inequívoco.
Cuando se ha alcanzado el límite, inmediatamente queda superado.
Es difícil explicar esto con palabras, hay que sentirlo.
El corredor tiene también distracciones psicológicas. Como en la meditación.
Cuando uno corre contra el sol, ve su sombra, por más que corra no la alcanzará jamás, tal vez si sigue corriendo y se hace de noche, la ausencia de sol hará que no haya sombra y el corredor pueda pensar (equivocadamente), que la ha dejado atrás, que la sombra se ha cansado de ir por delante.
Es solo un ejemplo de las cuestiones absurdas que surgen también durante la meditación y que alimentamos con nuestros pensamientos y nuestras “reflexiones”.
La meditación y el correr son complementarios, si se quiere, el correr se convierte en una meditación (al revés no es posible).
Hay que convertirse en meditación.
Hay que convertirse en carrera.
Y como tantas veces, esto hay que probarlo, no valen las teorías.
Pregunta:
Perdone, yo no he entendido nada de lo que usted dice.
Respuesta:
Eso es lógico.
Observe su frase.
Obsérvela detenidamente.
¿Quién es ese “yo” que no ha entendido nada?
Ese “yo” le ha estado “hablando” mientras usted creía escuchar, de modo que ha oído, pero no ha escuchado.
Mientras espere compresión de ese “yo”, nunca va a entender.
El “yo” no puede ser el filtro de conocimiento, porque obviará las partes que no le interesen a él mismo.
Pregúntele a ese “yo” que ha entendido él y verá la trampa.
¿Con quien habla cuando hace esto?
¿Acaso no es usted mismo?
¿Dónde está la distancia entre usted y el “yo” con el que habla?
¿Se puede observar esa distancia?
¿Es perceptible y medible?
¿Se puede controlar?
Si usted tuviera control total sobre su mente, nunca tendría pensamientos molestos, inquietantes o desagradables….
Pero no es así.
La realidad es que vivimos utilizando la mente dirigida por ese “yo” que ha sido quien le ha impedido entender algo.
Hay que razonar como si tuviéramos razón y escuchar como si no la tuviéramos.
Eso le hará más libre y le dará la posibilidad de aprender.
Si el “yo” decide que no hay nada nuevo porque él ya lo sabe todo o lo corrige todo, entonces no hay esperanza, no hay nada que hacer.
Hable con ese “yo” a ver que quiere él y luego pregúntese íntimamente que quiere usted.
A veces ocurre que vamos de un lado para otro sin saber que buscamos, por qué lo buscamos o ni siquiera quien lo busca.
A veces ocurre que la Verdad es un camino sin senderos marcados.
Pregunta:
¿Qué es la Verdad?
Respuesta:
No lo sé, y dudo mucho que pueda expresarse con palabras.
También dudo mucho que nadie pueda responder de forma eficaz a su pregunta.
Quizá pueda uno tan solo aproximarse utilizando las palabras adecuadas….
Podríamos decir que lo falso es todo lo que sobra, el resto es la Verdad.
Pregunta:
¿Qué puede uno esperar del Zazen?
Respuesta:
¿Esperar?
¿Qué puede uno esperar del Zazen?
Nada.
Uno no puede esperar nada del Zazen.
¿Cómo va a esperar?
Cuando uno se sienta, se sienta a luchar, en silencio, concentrado, observando intensamente hacia dentro, viendo los pensamientos pero sin mirarlos, oyendo el sonido que crea la mente pero sin escucharlo, zambulléndose en el temor original, mirando al miedo a los ojos. Sin esperar nada.
Por supuesto ocurren cosas, pero uno no debe esperar nada.
Desde el intelecto, desde las sensaciones corporales y desde la mente psicológica y analítica, Zazen es sufrimiento, es confrontación, es enfrentamiento, es lucha y es violencia.
A pesar de esto, Zazen también es paz, ausencia de conflicto, silencio, calma, tranquilidad, serenidad y pureza.
Un verdadero dilema ¿verdad?
Es el dilema continuo, a nivel mental, claro.
Si uno se busca así mismo desde uno mismo, ¿cómo puede esto ser fácil y tranquilo?, por necesidad ha de haber conflicto.
Claro que uno habla de la práctica que uno cree correcta. Y uno se equivoca con seguridad. Debe usted comprobarlo.
¿Usted disfruta de su Zazen?
Pues en ese caso lo hace mal.
¿Le causa placer?
Pues eso no es Zazen, es su mente.
Cierto es que las molestias, el malestar, la agitación, la ansiedad, la ira, la tristeza…. gran parte de lo que ocurre durante Zazen está originado por la mente y/o en la mente.
Pero a pesar de esas molestias (o gracias a ellas), en algún instante uno llega a la conclusión de que es el momento de discernir.
Primero es el discernir, luego es el separar y luego es el destruir.
Esa distinción, esa separación y esa destrucción son niveles mentales.
Pregunta:
¿Es fácil alcanzar eso?
Respuesta:
No es fácil ni es difícil.
Pregunta:
No lo entiendo.
Respuesta:
¿Es fácil el cielo?
Verá, puede preguntarse si es útil, si sirve para algo, incluso si es posible, pero no puede preguntarse si es fácil.
Pregunta:
Bien, en ese caso, ¿Sirve para algo?
Respuesta:
En el momento en que es percibido no, más tarde es posible.
Practicar Zazen correctamente supone un reto a uno mismo, es doblegar al ego utilizándolo.
La paradoja es que uno deba luchar consigo mismo para terminar con el si mismo.
Rinzai dijo “si encuentras a Buda, mata a Buda”.
No pudo ser más claro.
Es complicado explicarlo, pero a nivel sutil es claro como el agua.
Para pensar de forma sutil debe prestar atención a las diferencias.
Por ejemplo, observe la lucha entre el intelecto y la imaginación.
¿Usted ha percibido esto alguna vez?
¿Lo ha percibido por si mismo?
¿Lo ha percibido como una lucha?
Tal vez le parezca que el intelecto y la imaginación conviven de forma cordial, cómoda, estable y feliz.
Pero no es así en realidad.
La percepción de este hecho es sencillamente demoledora.
Desmonta por completo la idea que uno tiene sobre su propia vida y lo que uno es en esa vida, para si mismo y para el resto.
Cuando usted agote el intelecto (mediante muchas teorías, infinitas lecturas, años de estudio…etc), aparecerá la imaginación liderando su “búsqueda”, creerá que ha encontrado algo y eso le hará detenerse.
Esa misma creencia es un estorbo, un muro infranqueable porque lo ha puesto usted sin darse cuenta y desea que esté ahí para poder rebasarlo aunque no lo sabe.
Observe por favor, que no estamos hablando de la memoria, estamos hablando del intelecto y de la imaginación, es importante.
La memoria no participa en este caso, ya enreda bastante en otros momentos.
No podrá distinguir imaginación y memoria si no diferencia claramente antes intelecto e imaginación, tenga esto en cuenta.
Sigamos.
Vea la diferencia entre hacer e intentar hacer.
Si quiere uno hacer, hace.
Si quiere uno intentar hacer, hay algo ahí entre medias del hecho que le va impedir escoger el camino correcto.
Intentar hacer es directamente una mala elección, es poner una piedra para tener la posibilidad de quitarla después.
Intentar es empezar desde el miedo.
Intentar lleva la semilla de lo limitado.
No existe tal límite, solo se pueden pintar las líneas de los límites cuando uno los ha superado, solo en ese caso existen y en ese momento dejan de ser límites, solamente fueron limites pasados.
Tener la mente dispuesta a intentar algo no es la mejor alternativa.
Tener la mente dispuesta a hacer algo lleva implícito el alcance de ese algo.
No hay que intentar sentarse.
No hay que intentar Zazen.
Hay que hacer Zazen (quien quiera hacerlo claro).
Hacer, no intentar hacer.
Es un error en el que muchos llevan (llevamos) enredados años.
Intentar sentarse es como esperar que la imagen del espejo nos diga quienes somos.
Mal, eso no lleva a nada, enreda y enreda.
Usted se acomodará en la imaginación, en el intelecto y/o en la memoria pensando que es especial o distinto (mejor).
En esta situación se hace extraordinariamente difícil avanzar.
Es el techo de la práctica para muchos.
Si uno se da cuenta comienza un sufrimiento intenso y una lucha interior que parece no tener fin jamás.
Por la mañana, por la tarde, por la noche, en invierno, en primavera, en otoño, en verano, las largas noches en vela permiten angustiarse hasta niveles insospechados.
Eso es práctica también.
Quien practica Zazen intenta hacerlo en todo momento, es una actitud continua ante la vida y ante uno mismo.
Una práctica pura permitirá distinguir entre lo que es y lo que no es, entre lo que uno cree que es y lo que la mente, la sociedad, la inteligencia, la memoria, las personas y la imaginación nos gritan a cada instante que somos.
¿Todos mienten?
Quien sabe……
Le dicen que usted es vacio y uno intenta creerlo y ve que no puede, pasan los años y no puede percibir que es nada.
Uno se queda en las palabras y la vida pasa.
Las analiza, las mira, les habla, les pregunta, las estudia por encima, por debajo, por dentro y por fuera.
Todo lo que se le ocurra y más y más y más, y la vida pasa…….
Le hablan de ausencia, de vacio, de nada. Pero uno sigue buscando y comparando para lograr entender.
Llegará un momento en que uno percibirá por si mismo que “nada” NO es lo mismo que “vacío”, que “vacío” NO es lo mismo que “cero”, y que “cero” NO es lo mismo que “ausencia de todo”.
Pero también llega a la conclusión de que “nada” SI es lo mismo que “vacio”, que “vacio” SI es lo mismo que “cero” y que “cero” SI es lo mismo que “ausencia de todo”.
Vaya, otro dilema.
Y uno cree que es maravilloso llegar a esa conclusión por si mismo, y entonces uno piensa que sabe algo sin darse cuenta de que sigue enredado por el yo, por el ego.
Es él todo el rato cambiando de disfraz.
Esto es un dilema tremendo, hace temblar (literalmente) cuando uno se enfrenta a él de forma intensa, es un cisma en lo conocido, en lo cotidiano.
Puede que cambie algo o puede que no cambie nada.
No hay reglas para saber si uno obtendrá algo de Zazen porque solo el hecho de Zazen es un fin en si mismo.
Todo lo que no sea Zazen le sobra a Zazen.
No son palabras sin sentido.
Pero tal vez sea mejor no empezar si solo se va a intentar.
Decida usted.