Archivos para marzo, 2011

¿Dónde está el yo?
¿Quién es ese yo?
¿De donde sale ese protagonista que toma las decisiones?

Cuando uno hace estas preguntas las personas se sorprenden, les parece algo tan evidente que no les supone ninguna duda.

– El yo… pues soy yo.
– El yo es uno mismo.
– El yo es la persona que está aquí.
– El yo es este cuerpo que le observa……etc, etc, etc.

Las respuestas más peregrinas surgen de esta pregunta.
Es una pregunta importante.
Si uno reflexiona íntimamente sobre esta pregunta encontrará muchas respuestas, dos de esas respuestas serán:

1.- El yo no puede definirse por lo que es, sino por lo que no es.
2.- Así como el ojo no puede verse a si mismo, el yo no puede encontrarse a si mismo de forma sincera, frontal y directa.

Dicho esto, busquemos juntos el yo.

¿Cuándo aparece el yo?
Inicialmente, al principio de la vida, cuando la persona tiene unos 12 o 18 meses aproximadamente, aparece el concepto de propiedad.
Aparece el “mío”.
Esto es mío, aquello es mío.
Solo se pronuncia la palabra “mío”, no hay un sujeto.

Muchos niños a esa edad no se identifican consigo mismos, sino que se llaman a si mismos por su nombre.
Construyen frases simples en las que al final aparece su nombre como propietario de algo.
Es un poco más tarde cuando aparece el yo, cuando el pequeño se identifica a si mismo en un espejo y empieza a tomar conciencia de que es (cree que es) un individuo independiente.
También es muy significativo que durante la infancia, cuando ya está establecido el yo, uno se señala al pecho cuando habla de si mismo, se toca el esternón.
Se señala junto al corazón con el dedo índice para indicar “yo”.
Podríamos por tanto ubicar el yo en el pecho, pero no, parece evidente que nadie “siente” el yo a la altura del pecho.
Desechamos por tanto que el yo esté en el pecho.
Indaguemos un poco más.

Más adelante, parece que el yo se desplaza a la cabeza. La identidad del ego, del yo, se establece en la cabeza, se asocia con el cerebro pensante.
Seguimos apuntando con el dedo al pecho cuando hablamos de “mi”, pero la sensación es que quien controla, quien conduce, quien maneja, quien toma las decisiones, está (o es desde) la cabeza.

¿Acaso yo soy el cerebro?
¿Acaso yo soy el cráneo?
¿Acaso yo soy el encéfalo?
¿Acaso yo soy la neurona?
¿Acaso yo soy los músculos faciales?
¿Acaso yo soy el tálamo?
¿Acaso yo soy el hipotálamo?
¿Acaso yo soy el bulbo raquídeo?

Para que seguir….
Evidentemente yo no soy ninguna de esas cosas.
Quizá el yo no esté en la cabeza tampoco.
Quizá solo sea un error de interpretación, un malentendido universal.
Tal vez, tal vez.

¿Dónde más puedo buscar el yo?
Debe estar dentro del cuerpo, no se concibe que el yo esté fuera del cuerpo ¿verdad?.
Analicemos pues el cuerpo.

Yo no soy el cuerpo burdo, no soy lo que en hinduismo se llama dathu, los siete dathus.

1. Rasa – Linfa
2. Rakta – Sangre
3. Mausa – Músculo
4. Meda – Grasa
5. Madhya – Tuétano o médula ósea
6. Asthi – Hueso
7. Shukra – Semen (u óvulo)

No soy la linfa, no soy la sangre, no soy el músculo, no soy la grasa, no soy la médula ósea, no soy el hueso y tampoco soy el semen o el óvulo.
No lo soy.
Parece evidente que los dathus sustentan el cuerpo físico, pero el yo no aparece por ninguna parte.

Yo no soy los sentidos.
No soy el oído que me permite oir.
No soy el tacto que me permite tocar.
No soy la vista que me permite mirar.
No soy el olfato que me permite oler.
No soy el gusto que me permite saborear.

No soy nada de eso.
No soy la mente que piensa, ese contenido solo está basado en el conocimiento acumulado.
No soy la memoria.
No soy las esperanzas, no soy los anhelos, no soy la ira.
No soy el miedo ni soy el deseo.
No soy.

Y si no soy todo eso
¿Qué soy?
¿Quién soy?
¿Donde está el yo?

Si se niega todo lo anterior, la conciencia que queda y permanece eso es lo que soy.

¿Yo?
¿Quién ese ése?

El origen del conflicto interno

Publicado: 15 marzo 2011 en Reflexionando.....
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Creemos que somos el contenido de la mente.
Una vez establecido este contenido, el conflicto interno aparece por las diferencias que hay entre lo que uno es, lo que uno quiere ser, lo que uno cree ser, lo que uno aparenta ser para los demás y lo que uno aparenta ser para si mismo.
Si estas cinco combinaciones no son una, siempre habrá conflicto interno.

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Nota: Mi Alma, mi Corazón y mis Lágrimas, están en Japón, con los japoneses.
Antes, ahora y por siempre. Mi Amor es vuestro.

Post: My Soul, my Heart and my Tears, are in Japan, with the Japanese people.
Before, right now and forever. My Love is yours.

Reisei, reisei, reisei…..
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¿Se puede dejar de sufrir?

Publicado: 8 marzo 2011 en Reflexionando.....
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Muchas personas preguntan como pueden dejar de sufrir.
¿Cuál es la receta mágica para dejar a un lado el sufrimiento?
¿Cómo debe hacerse para no sufrir jamás?
¿Alguien que ha perdido a un ser querido, puede dejar de sufrir?
¿Alguien que ha perdido a un hijo, puede apartar ese sufrimiento insoportable?

Hay mucho sufrimiento, esto es un hecho indiscutible.
Recetas mágicas no hay, es una mala noticia, pero no las hay.
El sufrimiento forma parte de la vida, no podemos excluirlo sin más o ignorarlo, eso no funciona, pero hay alternativas.

En primer lugar, y a fin de aclarar términos, habría que definir que es el sufrimiento.

Puede haber dos clases principales de sufrimiento.
El sufrimiento físico y el sufrimiento mental o psíquico.
Generalmente el sufrimiento físico es dolor y no es posible evitarlo de forma voluntaria, en cambio, se puede tratar con fármacos y técnicas médicas.

El sufrimiento mental es diferente, puede llegar a causar dolor físico que en muchos casos aparece como un cuadro asociado al problema principal, que tiene su origen en la mente.
Al tratar la dolencia física que es en realidad el EFECTO QUE CAUSA el problema mental, lo que se hace es olvidar el problema principal y tratar el secundario, esto evidentemente es un error que puede perpetuar el sufrimiento mental.

Nos centraremos en el sufrimiento mental.
Una vez establecido en la mente, el sufrimiento toma distintas formas muy cambiantes de una naturaleza impredecible.

El sufrimiento se puede presentar en forma de tensión, vacío, estrés, ansiedad, negatividad, miedo, ira, tristeza, odio, inquietud, impaciencia, intolerancia, soberbia, resentimiento, inseguridad….. etc.
Cualquier emoción, sensación o pensamiento que deja malestar e insatisfacción puede considerarse sufrimiento.

Para corregir esto, debemos ser serios y sinceros, y sobre todo, debemos tener el compromiso más absoluto con uno mismo para erradicar estos defectos del pensar que son los causantes del sufrimiento, ya que el sufrimiento es una consecuencia.

El origen del sufrimiento no está en nuestras circunstancias, sino en nuestros pensamientos, esto es, en la interpretación que hacemos de esas circunstancias.
Observar sin discriminación no causa sufrimiento, en cambio interpretar los pensamientos y convertirlos en deseos, anhelos, frustraciones…etc, si causa sufrimiento.
Esa interpretación se fija en la mente y uno actúa de forma automática.
Para parar esto, para terminar este camino sin fin, para salir de ese círculo, uno debe observar esas interpretaciones por si mismo, encontrar donde está el fallo y corregirlo con trabajo, esfuerzo y dedicación.

¿Qué ha hecho aflorar el miedo?
¿Qué ha causado la sensación de la ira?
¿Qué ha ocurrido inmediatamente antes de sentir frustración?

Generalmente son pensamientos o hechos.
Si es un pensamiento, debemos analizarlo y observarlo sin juzgar, dejarlo ir sin que nos afecte, para esto hace falta destreza, y para adquirir destreza hace falta práctica.
Si es un hecho o una acción, debemos observar que esperábamos de esa acción, ¿por qué no la aceptamos tal cual es? ¿por qué nos resistimos?. Las cosas son como ES.
Ya mencioné que la aceptación también es una forma de resistencia.
Hay que evitar la aparición de esa resistencia, comprender como funciona para que la resistencia no aparezca.
Los hechos son y se terminan si no los perpetuamos en nuestra mente.
No digo que no tengan consecuencias, indico que el hecho en si mismo ha terminado.
Podemos aclarar esto si es necesario.

No indico que sea fácil, indico que ese es el camino.

Por cuestiones personales, realmente uno conoce lo demoledora que puede ser una enfermedad mental o el sufrimiento mental, que es lo mismo, aunque las palabras condicionen tanto que una cosa parece mejor que la otra, aún hay muchos prejuicios sobre los problemas de la mente, y uno piensa que no existe nadie que no los tenga o los haya tenido en alguna ocasión, porque eso significaría que su mente no funciona, que nunca ha tenido dudas, que nunca ha sentido miedo y uno nunca ha visto eso en nadie.

Hay un requisito para poder llevar a cabo esa introspección que nos llevará a conocer la causa de nuestro sufrimiento y tener así la posibilidad de erradicarlo.
El requisito es que la persona se encuentre dentro de unos márgenes mínimos de facultades físicas y mentales.

Las personas autistas o con parálisis cerebral de cualquier clase, o una persona sordo-ciega (por poner tres ejemplos), no pueden llevar a cabo una introspección del mismo modo que una persona que no padece esos problemas.
Por ejemplo, las personas que padecen TEA (trastorno del espectro autista), suelen pensar en imágenes. Sobre todo los niños.
Tienen un sistema de asociación de imágenes mucho más eficaz que el de una persona sin TEA, pero otras funciones cerebrales se pueden encontrar mermadas y/o funcionar de un modo distinto.
En ese caso, desconozco como puede ser una indagación interior o si es posible una discriminación posterior para poder encontrar una solución al sufrimiento mental.

En el caso de personas ciegas (ceguera total, no parcial), por ejemplo, su sistema de percepción es totalmente distinto al de una persona que no padezca ese problema, tienen a su disposición los otros cuatro sentidos (olfato, tacto, oído y gusto), pero no disponen de la vista, de modo que se adaptan a sus recursos disponibles (no les queda más remedio).
Pero no solo se adaptan, sino que exprimen sus cuatro sentidos disponibles que se convierten en herramientas extremadamente eficaces.
Un invidente de nacimiento suele tener un sentido del tacto asombroso.

Trabajé hace unos años en un proyecto que pretendía hacer llegar de forma gratuita documentación budista (sutras, sastras, meditaciones….etc) a personas invidentes interesadas en el tema, en forma de archivos de audio que escribía y posteriormente procesaba con un sintetizador de voz.
Se transcribían los textos palabra a palabra y luego se procesaban para encontrar la entonación adecuada, el ritmo de dicción…etc.
Aprendí mucho de aquel trabajo que sigue abierto y disponible gratuitamente aún hoy.
Observé que generalmente los invidentes tienen una capacidad de concentración mucho mayor pues la vista no les distrae y ese es uno de los principales focos de distracción.
Como indicaba antes, el resto de sus sentidos son mucho más sensibles que en personas que ven normalmente y me consta que son capaces de realizar una introspección profunda y genuina.

En cambio las personas con sordo-ceguera, tienen su campo de interacción muy mermado, muy limitado. Desconozco si son capaces de realizar una introspección personal, dado que la comunicación con ellos es muy complicada, es posible, pero esta se lleva a cabo en términos simples, por lo que resulta extremadamente difícil intentar explicar términos complejos a una persona sordo-ciega. Al carecer de los sentidos principales por los que adquiere información (vista y oído), su imaginación y patrones de pensamiento deben obligatoriamente ser muy distintos a los de una persona que no carece de esos sentidos. No he tenido ocasión de tratar con personas en estas circunstancias por lo que es una apreciación meramente subjetiva.

Me he extendido demasiado y he desviado el tema principal, pero no lo borraré, está ahí por algo, al menos, tal vez provoque una reflexión.
Ya mencione que el dolor es inevitable y el sufrimiento es evitable.
Ya tiene uno las instrucciones, solo hay que seguirlas.
Sin recetas mágicas, sino con comprensión, paciencia, trabajo y ecuanimidad.

Se podría decir que el Amor, la ira y el odio son lenguajes.

Para comprender mejor esto, digamos que el lenguaje es el “vehículo” mediante el cual se transmite “algo” que posteriormente se puede convertir en conocimiento o no.
Tal vez no sea la mejor descripción del término “lenguaje”, pero desde luego servirá para lo que se quiere expresar en estas líneas.
Sin duda, el lenguaje no son solo palabras.
Existe un lenguaje mental formado de sensaciones a las que hemos puesto nombre.

El Amor es un lenguaje universal y primario.
La ira es un lenguaje universal y secundario.
El odio es un lenguaje universal y terciario.

Se utiliza el término “primario” cuando algo es genuino y no requiere de ninguna causa previa para su aparición y desarrollo, puede aparecer por si mismo de forma espontánea.
Se utiliza el término “secundario” cuando lo que aparece (ira, por ejemplo), es el resultado de algo anterior y sin ese algo anterior no puede darse.
Se utiliza el término “terciario” cuando lo que aparece (odio, por ejemplo), es el resultado de al menos dos factores anteriores que han requerido un juicio previo y una decisión final.

Para observar esto por uno mismo, hace falta progresar en la introspección y observar como surgen tanto unos como otros.
De donde nacen, como permanecen, como se desarrollan, como crecen, como se alimentan, como intentar perpetuarse…etc.

Puede alguien pensar que el odio también es un leguaje primario, pero no lo es.
El odio es terciario, pues para Amar no es necesario un conocimiento previo ni un juicio ni una valoración anterior de la otra parte (de la parte objeto del odio); mientras que para odiar si es necesaria una razón previa o un conocimiento anterior (aunque sea un rasgo cultural, por poner un ejemplo), y con ese conocimiento, posteriormente aparece un juicio y una comparación que derivarán en el odio (que podrá permanecer o no).
De esta forma, aunque universal (porque todas las personas han sentido odio alguna vez), no es de orden primario pues requiere unas circunstancias anteriores.

A su vez, la ira que podría parecer también una sensación primaria, tampoco lo es.
Aparentemente se muestra sin un desencadenante previo, pero de hecho hay un desencadenante y aunque es sutil, es perceptible y observable.

Solo la ira es voluntaria.
El Amor Incondicional no se puede sentir si la mente no está preparada, pero todos podemos mostrarnos irascibles con mayor o menor facilidad.

La ira genera un movimiento negativo.
El Amor Incondicional mejora el mundo.
La ira y el odio sugieren separación y fraccionamiento.
El Amor Incondicional busca la unidad.

Mediante el Amor Incondicional uno se olvida de si mismo, pues a pesar de que las sensaciones que se perciben son extremadamente intensas, gratificantes y serenas, estas no buscan perpetuarse y no se refuerza el ego ni la búsqueda de placer y por esto se puede acallar momentáneamente el “yo”.
El Amor Incondicional no es una acción, está más allá de cualquier acción, es más una sensación, un presentimiento o una intuición que desaparece cuando es percibido.
Cuando es percibido cambia, ya no es Amor Incondicional.

Al principio es parecido a una Compasión absolutamente libre de juicio y/o comparación.
Ojo, digo Compasión, no pena, cuidado con esto.

Cuando uno siente pena, la mente cree que el sujeto está por encima del destinatario de nuestra pena (aunque sea de manera inconsciente).
La pena es un sentimiento digno pero mediocre, no es puro, si siquiera es saludable.
No ayuda al otro y para uno mismo puede llegar a ser demoledora.
La pena no es útil.

La Compasión en cambio va dirigida a alguien a quien no se ha juzgado, no es lástima. La lástima es similar a la pena.
Es simplemente Compasión, no requiere explicación ni tampoco argumento para justificarse. Está ahí y así es percibida.
La Compasión es un sentimiento extremadamente puro y quien la siente, percibe a la vez una gran urgencia por participar en la resolución del conflicto que ha hecho florecer esa Compasión.

El Amor Incondicional comienza sus primeros pasos con esos presentimientos de compasión hacia algo o hacia alguien.
El sentimiento es tan genuino que no aparecen preguntas en la mente sino la intención clara de identificarse con el igual y dar sin esperar nada a cambio. (Digo identificarse, no compararse).

Esa Compasión, una vez comprendida y cultivada se convierte en Amor Incondicional hacia todo y hacia todos.
No puede haber excepciones, si las hay es que algo ha ido mal y el camino y el fin no son los correctos.

La ira y el odio pueden conducir a la paz, esto es posible, pero la paz nunca conduce ni a la ira ni al odio.