La necesidad de experiencias

Publicado: 5 septiembre 2011 en Reflexionando.....
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Uno piensa en la inmensa codicia de experiencias nuevas que tiene, de sensaciones distintas que anhela… y se entristece.
Uno es mezquino, egoísta, intransigente y perezoso, lo observa y lo ve, constata que es así, y se entristece.

No hay virtud.
La identificación es tan enorme que pretende comprender con el intelecto que uno es separado del mundo que ve.
Si uno no parte del mundo, sino que mundo y presenciador parten de la Consciencia, dado que el resto es la expresión fenoménica de la misma, ¿cómo se puede pretender alcanzar una comprensión sobre esto utilizando el intelecto?
¿Quién pretende comprender que?
La Consciencia no puede comprenderse a si misma, pues cualquier comprensión se da en el plano fenoménico y es interdependiente de un yo (y/o un ego) que alcanza algo, que comprende algo.
De lo fenoménico no surge la Consciencia.
Lo fenoménico, lo percibido y quien lo percibe son los que surgen de la Consciencia.
El ego pretencioso y estúpido que se permite dar consejos y proteger a otros, anhelante de experiencias, conocimientos y aprobación es lo que surge de la Consciencia.
Consciencia es antes que nada, todo surge de ella.

Uno es la Consciencia indiferenciada pero identificada con el cuerpo-mente.
La mente segmentada y dividida supone que entra en el mundo mediante el nacimiento y sale de él por medio de la muerte.
El nacimiento, la vida y la muerte son expresiones fenoménicas de la Consciencia universal.
¿Cómo comprender esto con la mente?
¿Se puede coger la alegría con la mano?

¿Cómo comprender el todo utilizando una parte?
¿Qué hace que esto sea comprendido?

No lo sé.

Cuando el mundo desaparece y el yo se marcha ¿Dónde va el mundo?
¿Dónde va el yo?
¿Cómo puede uno constatar la propia ausencia de si mismo?

No lo sé.

¿Cómo se irá uno cuando se marche. Cuando parta, cuando el tiempo del cuerpo llegue a su fin?
Todo lo que fue, es y será se inicia desde el “MI”, pero el “MI” no es el “yo”.
El “yo” parte del “MI”, nunca al revés.

El “yo” es fraccionado y parcial, mientras que el “MI” es absoluto e indisoluble.
El “yo” es soy y el “MI” es Ser.

¿Acaso no hay dolor?
¿No hay guerras?
¿No hay dramas?
¿No hay injusticias?
¿No hay sufrimiento?
¿Quién puede negarlo?

Nadie puede negarlo. De hecho hay todo esto. Lo hay, pero en el plano fenoménico.

Hay dolor para el yo, no hay dolor para el MI.

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comentarios
  1. JUAN CARLOS dice:

    Gracias. Es contundentemente claro.

    Namasté _()_

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