Buscando el “yo” desesperadamente.

Publicado: 18 noviembre 2013 en Reflexionando.....
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La búsqueda del YO es el único camino común en todo conflicto mental y/o espiritual.
No se hace uno a la idea de lo importante que es esta pregunta hasta que pasados los años de estudios, de práctica, de meditación, de frustración, de desesperación, de búsqueda en definitiva, uno observa que está casi en el mismo sitio en donde estaba. O incluso en un sitio peor, lleno de dudas, de dilemas y de cuestiones supuestamente absurdas.

¿Quién soy yo? es la pregunta más importante que alguien interesado en si mismo puede hacerse.
Pero no es una pregunta de respuesta fácil, o ¿tal vez si?

¿Cómo abordarla?
¿Cómo empezar?
¿Cómo no perderse por el camino?
¿Cómo distinguir el trigo de la paja?
¿Cómo determinar algo como verdad?
¿Cómo etiquetarlo como irreal?
¿Lo que es verdad para mí lo es para otros?
¿Lo es para todos?
¿Mi realidad es la del resto?
¿Mi realidad no es el contenido de mi mente?
¿Cómo puedo comprobar esto?
¿Cómo puedo comprobarme a mí mismo desde mi propia mente?

Muchas son las preguntas, y aún más son las respuestas. Esto hace que multitud de buscadores dediquen su vida a girar una y otra vez sobre el asunto sin encontrar el más mínimo atisbo de verdad y desde luego, sin llenar a conocer SU verdad última al respecto de quien es uno.

Parece un camino sin meta, y probablemente lo sea.
El corredor de este camino alza el pie para la siguiente zancada y no hay nada más, no hay meta.

No debe haberla, y si la hubiera, ya llegará.
En esa zancada no hay nada que esperar, nada que anticipar y nada que temer.

¿Es la meta la que llega o es uno el que se dirige a ella (si la hubiera)?
¿Las circunstancias se presentan o es uno quien va hacia las circunstancias?

Uno observa el mundo desde sí mismo, la cabeza parece ser el centro perceptor del resto, por tanto parece claro que como es uno quien percibe, ese uno es el centro de observación.
PARECE CLARO,
Parece.

Durante siglos, la humanidad consideró que la tierra era el centro del universo, y observaba cada día como el sol “salía” y “se ponía”, es decir, se movía con respecto a la tierra, que permanecía fija. Hoy sabemos que esto no es cierto, es la tierra la que orbita alrededor del sol.

Esto podría llamarse realidad externa, es una realidad constatable, que ocurre fuera de uno mismo.

Así, cada persona da por hecho que fuera de sí misma y sin necesidad de su influencia, las cosas existen “per se”, es decir, existe una realidad externa a nosotros independientemente de que estemos observándola o no.

Esta certeza, nos permite vivir tal cual lo hacemos, sin necesidad de plantear a cada instante dilemas y preguntas constantes, pues da por supuesto que la casa donde vivimos seguirá estando cuando volvamos del trabajo, que nuestros hijos seguirán con vida cuando les volvamos a ver, suponemos que el coche estará aparcado donde lo dejamos, suponemos que el árbol de hoja verde en primavera tendrá la hoja amarilla en otoño, suponemos que el agua del mar está mojada y que la sal está salada.
Podemos hacer esto porque existe una sensación de continuidad.
Son cuestiones que se repiten y que son comprobables por uno y por el resto, por tanto son contrastables.

Si estos datos pueden transmitirse a otros, contarse, explicarse, comprobarse y esos otros perciben lo mismo que uno o algo muy similar, se considera que los datos son OBJETIVOS.

Así las cosas, el movimiento del sol con respecto a la tierra, fue una realidad objetiva y externa, a pesar de que era incierta.
Pero quedémonos con el significado del término “DATO OBJETIVO EXTERNO”.

Cuando uno observa su mundo interior, sus pensamientos, sus emociones, sus sensaciones, hablaríamos de un “DATO INTERNO”.

Si ese dato puede trasmitirse a otros, puede contarse, explicarse, comprobarse y otros perciben lo mismo que uno ante las mismas circunstancias, se considera que esa información es un “DATO OBJETIVO INTERNO”.
Por ejemplo, el miedo sería un dato objetivo interno y un bosque sería un dato objetivo externo.

Y aquí encontramos el primer dilema.

¿Acaso el miedo no es una percepción mental igual que el bosque?
¿Ambos no ocurren en la mente?
¿Acaso el bosque no es una percepción de nuestra mente?
¿Las percepciones externas no ocurren en nuestra mente?
¿Cómo sabe uno si existen los pensamientos si no los está observando?
¿Puede saberlo uno?

Existen por otra parte, las llamadas experiencias subjetivas, que son aquellas que no han tenido un desencadenante exterior (percibido por alguno de los 5 sentidos) y que pertenecen al mundo interior.
Por ejemplo los sueños, los recuerdos, los sentimientos o las preocupaciones serían experiencias subjetivas.

Pero se consideran normales, de hecho lo anormal sería la ausencia de estas experiencias.

Es indiscutible que existen, que pueden ser transmitidas, contadas y comparadas, por tanto son datos objetivos y contrastables (vaya, otro dilema).

Entonces, ¿el “yo” es objetivo o es subjetivo?.

CUIDADO con la respuesta, no es evidente aunque pueda parecerlo.
De hecho, el término “objetivo” no hace que algo sea REAL ni el término “subjetivo” hace que algo no lo sea.

Si parece claro que el “yo” solo está cuando se observa a sí mismo, y si ese “si mismo” es percibido como algo separado e independiente del resto, entonces aparece el “yo” y se adueña de todo.
Mis sueños, mis pensamientos, mi vida, mi familia, mi trabajo, mi nombre…..etc.

Por tanto, el “yo” es el centro de la experiencia percibida, y sin ese “yo” parece que no puede haber experiencia posible.

Pero a poco que busquemos veremos que esto no es cierto.

¿Es posible observar el yo cuando estamos en sueño profundo?
¿En sueño profundo existe el “yo”?
¿Puede ser verificado antes de despertar por la mañana o es tan solo una suposición perfectamente anclada en nuestro día a día?

La conclusión a la que puede llegar cualquiera que indague un poco en este asunto, es que la realidad percibida no puede existir nunca como DATO OBJETIVO, pues siempre será una percepción en la mente que necesariamente es SUBJETIVA. Por tanto, no se puede concluir que lo percibido sea REAL.

Por suerte o por desgracia, ahí entra también la percepción del “yo” que tenemos cada uno.
Ese “yo” es totalmente subjetivo.

De modo que surgen las dudas:
¿El “yo” es real o no?.
¿El “yo” es una percepción creada por la propia mente?.
¿Cómo no voy a existir si me duele un pie?.

Todo esto son palabras que pueden formar un punto de partida, o un sendero, o tal vez no hacerlo.
No se busca aquí dar una explicación y mucho menos una solución a un dilema vital, sino observar desde un punto de vista menos habitual a fin de despertar la curiosidad del buscador.

No hay nada peor que un buscador que no sabe lo que busca.
Es un buscador perdido, literalmente.

Hay quien justifica la existencia del yo señalándose el pecho cuando es preguntado.
¿Es por tanto el cuerpo el “yo”?
Parece que no, pues en un cuerpo inerte no hay “yo” (que sepamos).

¿Está ese “yo” dentro del cuerpo?
Si es así, ¿dónde se aloja?
¿Se puede sacar?
¿Se puede separar del cuerpo?

Hay quien justifica la existencia del yo en el conjunto mente-cuerpo.

En el año 2000, un grupo de científicos americanos aislaron el genoma completo de la mosca de la fruta o mosca del vinagre (Drosophila Melanogaster) y el hallazgo resultó sorprendente.
La mosca de la fruta comparte ADN con el ser humano en un porcentaje mayor que cualquier primate.
Este detalle cuestiona teorías como la de la evolución de Darwing, nada menos.
Sin embargo, nuestra querida mosca de la fruta también tiene cuerpo y también tiene mente, pero no hay ninguna prueba de que sea consciente de sí misma como algo separado e independiente, y por tanto tenga una actitud egoica (que sepamos).

Así que parece que tampoco el hecho de tener cuerpo-mente hace que aparezca el buscado “yo”.

Un recién nacido tiene cuerpo y mente. Pero no hay “yo” por ninguna parte, así que parece que el “yo” podría ser un hábito adquirido.
Un pensamiento, una costumbre.

No, no puedo probar todo esto que digo, por supuesto que no.

Pero el que no lo entendamos no significa que sea mentira y tampoco significa que sea verdad.

Todo esto es metafísica pura, pero no por ello debe ser ignorado.
Y desde luego tampoco defendido como algo cierto.
Los materialistas, los dualistas y los anclados a teorías cartesianas y rigurosas lo percibirán ridículo.
Tienen todo mi respeto, por supuesto.

Uno solo es alguien que duda constantemente.

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comentarios
  1. dice:

    Buen artículo.

    Tal como comentas en algún punto, la sensación de “Yo” pues no es más que una sensación, y creo que va unida a la auto-consciencia (consciencia de ser consciente). Si se limita el proceso mental auto-referenciante (pensamientos sobre mi), la sensación de “yo” también se diluye, Así que los procesos mentales auto-referenciantes tienen cierto juego en la ecuación, quizá porque solo pueden surgir cuando hay auto-consciencia. Otro tipo de pensamiento sin auto-referencia, más prácticos, no tienen ese efecto de reforzar la sensación de “yo”

    • Hola 道 ,

      Como siempre, gracias por participar con tus interesantes comentarios.
      ¿Podemos avanzar en esta línea?

      La “consciencia de ser consciente” es una de las trampas más escondidas.
      ¿Cómo puede uno saber que la sensación del “yo” no está provocada por el mismo “yo” que intenta sortearla?.

      No es un juego de palabras.
      Voluntaria o involuntariamente, nosotros hacemos del “yo” una realidad temporal.
      No podemos tomar esto como un hecho percibido por todos, pero si como un hecho percibido por algunos, y como punto de partida hacia no sabemos dónde, no está nada mal.

      Hay muchas personas que son incapaces de distinguir entre el yo y el ser, entre el ser y el estar, y entre el estar y el vivir.
      Esto hace que día a día su vida sea simplemente infructuosa, cuando no una fuente continua de sufrimiento y frustración para ellos mismos y para los que les rodean.

      A veces estas preguntas despiertan algunos mecanismos que sirven como válvula de escape a estos problemas, si bien no son una solución en sí misma, y generalmente estas personas siguen con su mismo “esquema mental” y con una idea de su propia vida que les continúa resultando frustrante.

      Al estimar que ese “yo” es algo adquirido o incluso voluntario, la pregunta constante que se hacen estas personas es:

      ¿Puedo deshacer esto? (Si es adquirido puedo deshacerme de ello, sea lo que sea).

      Si puedo hacerlo…

      ¿Cómo lo hago? (tú tienes algo que yo quiero, tú sabes algo que yo quiero saber).

      Siento un inmenso respeto hacia estas personas y una gran responsabilidad al responder preguntas como esta. Jamás contesto a la ligera.

      Para poder alcanzar esa pregunta primero hay que ver.
      El propósito de la vida es ver.

      ¿Pero en realidad que buscamos?
      Si buscas serpientes, una cuerda en el suelo te confundirá.

      Gracias de corazón una vez más por tus comentarios, por tu tiempo y por tu amabilidad.

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