Archivos para febrero, 2015

¿Dónde está aquello que sentí?
¿Dónde se ubica exactamente?
¿Puede haber algo que me haga recuperar aquel sentimiento?
¿Puede hacer uno alguna cosa para recuperar de la memoria aquella sensación maravillosa?
¿Aquella visión del mar en aquel momento pasado, en aquel instante ya perdido?

¿Aquel asombro ante la belleza indiscutible e indescriptible que surgió sin saber cómo pero fue percibida.?
¿Aquel sobrecogimiento que fue claramente sentido?

¿Puede ser recuperado?
¿Puede mantenerse?
¿Puede conservarse activado?
¿Acaso está en la memoria en este momento?

Si parece que pueda uno obtener tristeza rápidamente mediante los recuerdos.
Más complicado es obtener alegría.
La melancolía no es alegría.
La alegría es espontánea, nueva cada vez, irrepetible.
La alegría no es repetida, pero la tristeza si parece serlo.
¿Entendemos esto?
¿Se ve esto?
¿Se percibe como cierto?

¿A quién he pedido yo nacer?
¿Qué es aquello que yo he hecho para nacer cuando eso sobrevino?
¿Qué puede uno hacer para evitarlo o provocarlo?
¿Qué voluntad propia actúa sobre el hecho del nacimiento?

¿Quién era uno antes de los 3 años?
Uno vive, esto es un hecho.
¿Pero qué esfuerzo voluntario hace uno para vivir?
¿Qué es aquello que llamamos voluntad?
¿Es intención?
¿Tal vez deseo?

Uno piensa que le gustaría asombrarse a cada instante con cada detalle percibido.
Asombrarse y dejar que finalice ahí mismo el propio asombro.
Algo percibido de lo que uno no debe intentar apropiarse.

Pasa uno junto a una flor y la arranca con el fin de disfrutarla (de conservar para sí mismo su belleza), de hacerla propia, de manejarla, sin darse cuenta que la mata, sin darse cuenta de que la retira de la tierra que es su sustento. De que la convierte en otra cosa. De que en definitiva, acaba con ella y con todo lo que significa.
Tal es la naturaleza de la mente humana.
Arrebatar para uno, mantener para uno, acumular para uno (experiencias, sensaciones, vivencias, bienes, dinero….)

¿Donde están las vivencias?
¿La belleza está en el objeto, en el ojo, en la mente o en el juicio?
¿Puedo salvar a alguien a quien amo?

¿Salvarle de qué?
¿De aquello que ES y yo considero una amenaza?
La realidad de la persona que sufre es también una realidad percibida por uno.

¿Cuál es el objeto REAL, SINCERO e ÍNTIMO de la compasión?
¿Cómo puedo siquiera pensar en que uno tiene algún derecho a intervenir sobre la realidad de otros?
¿Acaso dejar hacer mientras uno percibe con honestidad no es lo único posible?
¿Qué da sentido a mí vivir?
¿No soy acaso yo mismo quien lo hace?
¿Si yo no estoy habría un sentido?

¿Un sentido es un objetivo?
¿Es una meta?
¿Qué hay que alcanzar?
¿Quién lo alcanza?
¿Acaso el que busca es aquel que alcanza?
¿El buscador se convierte en ganador?
Si alcanzas una meta….¿por qué surge otra casi inmediatamente?
Superar un límite es la mejor prueba de que los límites no existen sino en la mente.
Si  lo superas no es un límite, lo era, pero ahora ya no lo es.

¿Se ve esto?
¿No es, tal vez, la propia naturaleza de la mente pensante?
¿Acaso no se piensa a si misma siempre buscando como inquietud vital y perpetua?
¿Tiene sentido la vida si se detiene esa inercia, ese movimiento interminable e incansable?

¿Eres la misma persona que cuando tenías 2 años?
¿Si no hubiera nadie que observara desde el exterior como sabrías lo que eres?
¿Si no te pensaras, cómo obtendrías la imagen que tienes de ti mismo?
¿Acaso esa imagen no es sino imaginación?
¿Como la obtendrías y quien la mantendría y la realimentaría si no te pensaras?

Si no es la misma persona quien hace esto consigo misma…
¿Quién es uno y quién es otro?.
¿Puede uno hablar consigo mismo?
¿Cómo es posible esto si uno es su mente?
¿O tal vez no lo sea?
¿Qué pasa si se calla esa voz mental, si termina el continuo parloteo mental?

Pero no dice uno que se calle durante un rato.
Pregunta uno…
¿Qué ocurriría si esa voz descubre que ya no tiene nada más que decir?
¿Cómo sería la vida si esa voz descubre que ya no tiene a quien decirle nada?

¿Acaso la imagen de uno mismo no está en el propio pensamiento, en el propio diálogo interior?
Es temprano, quizá son demasiadas preguntas, y tal vez no seamos capaces de contestar honestamente ni siquiera una de ellas.
Pero es posible, que desvelar la respuesta de tan solo alguna, tenga la capacidad de cambiar la vida.
¿Por qué no intentarlo?

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