Archivos de la categoría ‘Reflexionando…..’

Tú me conoces, saltémonos las presentaciones, que no vienen a cuento.
Has respetado mi espacio y te lo agradezco, creo que es malo hablar solo para rellenar huecos.
Los huecos hacen falta. Son espacio.
A nosotros no nos hace falta aparentar interés, esa fase ya la pasamos.
Siempre es de agradecer, pero ahora he necesitado calma y desde ahora voy a necesitar rodearme de ciertas personas y evitar otras.
Puede que suene injusto, tal vez lo sea, en todo caso importa poco.
Debo evitarte a ti (a yo), porque tu me dañas.

Un hombre con un objetivo es invencible.
No hay problema insalvable, hay enfoque malo.

Recibir los latigazos con una sonrisa en la cara, pero no de desprecio o desdén, sino de calma y serenidad.

La sonrisa del que sabe que ya no le pueden dañar más.
Porque ha aprendido a manejar el daño.
No es que no lo sienta, es que lo comprende y lo acuna, lo observa y lo tolera.
No en presencia de indiferencia, sino en ausencia de implicación, que es totalmente diferente.

Ese es un objetivo.
La ausencia de implicación es un objetivo muy importante.

Para que nazca una flor de loto debe haber barro.
Es una estupidez, pero es una estupidez evocadora. Incluso inspiradora.
Hay que mancharse, mancharse con el barro.
Cuando encuentras la mayor de las felicidades en una música o la risa de otra persona…
Uno puede observar que siempre ha estado ahí, pero que ahora es percibida. Percibida de otra manera.
¿Que ha cambiado?
¿Quién ha cambiado?
¿Por qué?
¿Cómo?
Y ahí ya nos hemos perdido.

Te puede hacer feliz mirar una piedra sobre el agua.
Es la misma piedra de siempre, es el mismo agua de siempre, es el mismo estanque de siempre.
¿Que ha cambiado entonces?

La cualidad del observador.
La cualidad de quién mira.
Ha cambiado quién mira.
En realidad es lo único que puede cambiar, ¿no ves esto?
Siempre cambia aquel que observa, lo observado no cambia nunca.

De hecho lo que cambia es la interpretación de lo observado (En aquello que es observado, incluyo a uno mismo, claro).

El abandono, el desprecio, es amargo, es duro, intransigente, demoledor.
¿Donde están la dulzura y la calma?
¿Acaso no son todo emociones?
¿Acaso no son todo reacciones ante emociones?
¿Acaso no todo es una absurda carrera interminable para sentir algo y no sentir otras cosas?

Si la mente percibe eso (o reacciona así ante eso).
¿No podría reaccionar con Amor y Calma ante otras cosas?
¿No podría reaccionar con Amor y Calma ante todas las cosas?
Y lo más importante. ¿Que hay ANTES de reaccionar?
¿No podría NO reaccionar?

Uno no se da cuenta, pero cuando siente ira, la siente uno mismo, no el resto, ni siquiera aquello hacia lo que se dirige la ira.
Cuando se odia, es uno mismo el que siente, padece y sufre su propio odio. No es nadie más.
Cuando se desprecia, no es el despreciable el que sufre, sino aquel que inicia el desprecio.

¿Y quién lo siente?
Da igual hacia qué o hacia quién vaya dirigido.
Da igual incluso el motivo que ha iniciado ese odio.
El odio daña a uno mismo, te daña a ti.
Tu odio te daña a ti.
¿Otra vez?
Tu odio te daña a ti, tu pena te daña a ti, tu desesperación te daña a ti, tu tristeza te daña a ti.
Hay que ver esto.
Identificarlo puede cambiar las cosas.
Puede cambiar la vida.
Puede cambiarlo TODO.
Solo con creencias.
Y TU no eres tus creencias.
He perdido mucho, quizá lo he perdido todo.
Pero ahora vivo con tres guijarros.
Y los cuento constantemente.
En ciertos momentos es todo lo que hay en el universo y nada más me importa.
Son todo lo que tengo.
Cuando dejo de contarlos, vuelve el mundo.
Esos guijarros estaban aquí antes que yo, y probablemente permanezcan cuando yo no esté.
Y me pregunto…. ¿qué es real, el mundo o los guijarros?.
Tal vez ni lo uno ni lo otro.

        Mil Gracias a Alexandra Koch por esta fotografía.

Hoy es el primer día del año.
Normalmente en estas fechas las personas solemos hacer un esfuerzo por evitar errores anteriores, por mejorar algunas
facetas y por alcanzar algunas metas.

Todos los años hacemos lo mismo. Casi todo el mundo comienza el año con buenas intenciones.
No puedo hablar de las que tiene el resto, pero puedo hablar de las mías.

La inercia de esas intenciones no duran demasiado, en algunos casos, apenas unas horas.
Yo tengo algunas fantásticas que todos los años me planteo que voy a lograr.

Mis metas para el 2017 son las siguientes:

– Bucear en el mar Rojo.

– Ir a las Islas Medas a encontrarme con un amigo mío y bucear con trimix a 75 metros. (Esto no es una gran idea
considerando que la cámara hiperbárica civil más cercana está en el hospital de Palamós, a 30 kilómetros en coche, aunque
hay una militar más cerca, creo). En todo caso, no es buena idea.

– Aguantar en apnea (bajo el agua sin botellas de aire) más de 5 minutos. Esta es aún una idea peor que la anterior.

– Correr la maratón de Nueva York.

– Meditar mucho más.

– Ir a Japón, alojarme en ryokanes y visitar todos los jardines japoneses de Kioto (al menos) y a alguien muy especial.

– Ir a la India (En particular a Leh y Baranasi, y ya estando por allí, acercarme a Katmandú, en Nepal).

– Comprarme una casa en Canadá (esta me hace gracia hasta a mi). (JAJAJAJA).

– Hacer un retiro de silencio y ayuno de 10 días completamente aislado solo con un zafú, un mala y un cuenco.

– Aprender japonés.
Pongo solo unas pocas, hay docenas, y hay momentos en los que pienso que las voy a hacer.
Cuantos más años cumplo, la experiencia me dice que siempre he sido muy impaciente y he abarcado demasiado.
Seguramente, dentro de un año, si todavía existo, escribiría lo mismo que hoy, o parecido.
Porque me temo que de lo que pone arriba, tal vez medite más. Pero eso es todo.

Algunos diran que es porque no tengo el empuje suficiente, las verdaderas ganas de hacer las cosas, el deseo profundo de
llevarlas a cabo.

El libro “el secreto” de Rhondha Byrne, tiene la culpa de que muchas personas que piensen así.
Aunque ciertamente, ha vuelto optimistas a muchos pesimistas, lo cual tiene un gran mérito. En todo caso, es
incuestionable que esa “búsqueda espiritual” se ha convertido en una franquicia que factura cientos de millones de dolares
al año. Con libros, app´s, DVD´s, peliculas, vídeos, bandas sonoras (si, yo tampoco entiendo que haya una banda sonora). Casi todas ellos, artículos de dudodas utilidad (según mi equivocada opinión).
Casi me recuerda a Osho en sus mejores tiempos.

Vivimos en una sociedad en la que parece que tener deseos es obligatorio y demuestra una buena salud mental e iniciativa.
Estoy en frontal desacuerdo con esto, pero es lo que tenemos.

Hay que ser tremendamente competitivo, si no corres una maratón, eres un blando.
Eres una piltrafilla si no terminas una rompepiernas (se llaman así, son carreras muy duras, de hasta 21 km y con
pendiente superiores a los 23 grados).
O una Espartan. “Eso se lo hace mi hijo de 14 años” (esto lo he oido de verdad).
Es una carrera de 20 kilómetros que te hace saltar sobre fuego entre otras 24 pruebas igual de ocurrentes.

Una cosa es motivar a las personas, pero no me parece que esto lo sea.
Esto es más parecido a la mortificación personal, al castigo, a los cilicios que se usaban cuando había una tentación.
Algo brutal, vaya.

Hay una mentalidad asociada al sufrimiento para sentirse mejor, hay una cultura generalizada en la que prima que si
quieres conseguir algo tienes que esforzarte y sufrir.
Si no sufres, algo haces mal. Para mi esto es un error.

Veo corredores que llevan en su muñeca un chisme con más tecnología que el avion de los hermanos Wright.
Estos si que tenian lo que hay que tener.
VALOR.
Eso es lo que hay que tener.
VALOR.

Y si ahora no tienes valor, habrá que buscarlo, pero no te hace falta saltar de un rascacielos para demostrarte lo capaz que eres. Tienes vértigo. ¿Y que? yo también lo tengo, por cierto.

No hace falta hacer cosas arriesgadas para pensarse mejor.
Sientate y lidia contigo mismo si quieres un reto.
Y más barato, una espartan cuesta 100 euros el mismo día de la carrera.

Hace falta mucho Valor para enfretarse a uno mismo, y otras muchas cosas (honestidad, temple, calma, sinceridad,
perseverancia, paciencia……). Y es gratis.
Solo reivindico la importancia de lo lento, de lo mínimo, de lo sencillo, de lo fundamental.
Conozco deportístas de élite. No critico eso, ni mucho menos.
Son personas que son capaces de gestas asombrosas, pero ninguno de ellos lo hace para contarlo.
Lo hacen para sentirlo.
Esa es la gran diferencia.
Inmensa y fundamental.
Contartelo a ti mismo al fin y al cabo es contarlo.
Si te lo cuentas no lo sentirás.
Quién haya pasado por aquí sabe de lo que hablo.

Retomo la intención inicial de este post, que me desvío.
Hace años me cansé de tener deseos absurdos que pertenecen más a la imaginación que a lo realmente posible, lo que hace
que cuando uno ve que no se puede, tal vez se frustre. Tal vez.

Es por esto, que para todos aquell@s que sois algo más realistas y no teneis ideas tan raras como las mías, propongo un
cambio de vital importancia, sin complicaciones, sin bellas montañas japonesas ni fantásticas cascadas en Costa rica y no,
no hay que saltar sobre fuego.

Lo que os ofrezco es la posibilidad de integrar la meditación en vuestra vida.
Quizá no sirva para nada, quizá os cambie la vida (a mejor).

Esta idea no es mía, fue de Martin Boronson. Y es muy importante no cambiar el ejercicio.
Muy importante.
También hay un libro, no es excesivamente interesante (para mi).
En todo caso, el vídeo si lo es, y si integras algo tan fácil como esto en tu vida, seguramente te sentirás mucho mejor.

Espero que así sea.


Feliz 2017.

Hace demasiado tiempo que no escribo en el blog y desde hace semanas tengo rondando por la cabeza la intención de hacerlo con varios post de temática muy diversa.

Pero cambios importantes en los últimos meses me han bloqueado de tal manera que han despedazado mi vida tal como la conocía. Uno se asusta de lo fácil que resulta perder el pie, caer, olvidar que no hay que dar nada por hecho, que nada hay seguro, que la pérdida está ahí siempre, porque forma parte de la propia naturaleza de la vida. No voy a decir si lo que ocurre es bueno o malo, porque eso sería juzgar y es algo que evito hacer (cuando me acuerdo), pero si es cierto que los hechos están ahí, presentes, amenazadores, presuntuosos y retadores, con la barbilla levantada y mirándome altivos, en espera de ver como reacciono o como no reacciono.

Por eso, me gustaría retomar la escritura con algo más íntimo y personal de lo que habitualmente escribo.

Hoy quiero escribir sobre la atención, el enfoque y la cualidad del proceso de pensar (esa es la intención, veremos como acaba esto).

La primera vez que me di cuenta de las inmensas diferencias que hay entre prestar atención y no hacerlo fue hace más de 20 años, pero lo recuerdo como si hubiera sido hace 5 minutos.
En aquel momento el parque del Retiro de Madrid estaba abierto permanentemente, ahora lo cierran durante la noche.

En aquel tiempo, uno estaba pasando por un momento vital crítico, lo escribo de forma automática, sin saber exactamente que significa eso de “un momento vital crítico”, tengo la sensación de que se trataba del presentimiento de un cambio radical, la necesidad de un giro de 180 grados en la vida que llevaba hasta ese momento y durante esa etapa de la vida en particular, que me generaba un inmenso y constante sufrimiento, físico y psicológico.

Quien haya pasado por una etapa así sabe de lo que hablo, quien no sepa de lo que hablo, me produce alegría, porque eso significa que no ha transitado por un “lugar” tan hostil, doloroso, decadente, tenebroso y delirante como ese. Un lugar que te despedaza sin contemplaciones. De forma continua y persistente, como un martillo neumático.

La respuesta normal es buscar ayuda médica en primer lugar porque si hay dolor normalmente ocurre algo.

Luego buscas ayuda y distracción en tus amistades, en tus relaciones familiares, en tus relaciones sociales, en el trabajo, en el ocio, en tu entorno más cercano, en tu propia intimidad….etc.

Pero pasaron meses y meses y observé que aquello (fuera lo que fuese), no daba tregua y ningún médico podía explicarlo (Aunque hubo muchas explicaciones peregrinas, muchas pruebas y demasiados palos de ciego).

Yo me entregaba cada vez más a prácticas intensas como el rezo (en aquel momento rezaba), o la meditación, o la contemplación, o el pranayama (control de la respiración), o el Zazen o eso que ahora llaman mindfulness y que antes no llamaban así o las lecturas de una miríada de textos distintos, que abarcaban multitud de campos.

Muchas de estas cosas me ayudaron. La agonía cambio, no terminó, pues no hay final ni principio y eso debió ser entendido.

Me di cuenta de algo, observé por mí mismo que podía sustituir el contenido del pensar por otro contenido.

Así, NO podía dejar de hacerme preguntas de un modo obsesivo, pero SI podía cambiar esas preguntas (esas palabras en la mente), por otro contenido. Experimente mucho durante aquel tiempo. Observé que es mucho más eficaz tararear una canción que seguir pensando en otra cosa en términos de “palabras”. Era más eficaz seguir un ritmo con la mente, o con los dedos, u observar la respiración, o contar desde 10.000 hasta 1 hacia atrás restando 3 cada vez (este ejercicio deja exhausta la mente, casi puedes escuchar los engranajes del cerebro, ahí, buscando el siguiente número e intentado no olvidar por donde ibas, la guasa estaba en que si te equivocas, empiezas, así que la cosa tenía su gracia; aunque luego te lo sabes de memoria y solo recitas, y así ya no vale).

Es importante ser constante, incluso severo. Cuando quieres cambiar algo hace falta esfuerzo. El trabajo es arduo y muchas veces se torna duro, porque hay una tensión constante entre exigir y permitir, hay que tener disciplina para combatir el impulso natural de dejarse ir por el camino más fácil (el camino más fácil es seguir igual o no hacer nada).

Por aquel entonces yo buscaba parques y entraba en ellos para sentarme en la hierba y esperar. Creo que recorrí el 70 % de los parques de Madrid (y eso son muchos parques).

Buscaba un espacio tranquilo, en el que no hubiera nadie, y me sentaba. Pasaban horas haciendo esta clase de ejercicios y conseguía tranquilizarme. Simplemente observaba, escuchaba (pájaros, agua, nada), y eso me calmaba y el dolor desaparecía (resultaba bastante extraño, desconcertante.).

Si tienes la mente preparada, la percepción de la “realidad” cambia, digo la percepción, no digo la realidad. La realidad es inmutable. La percepción de la realidad depende absolutamente de la mente y los sentidos, por eso hay tantas percepciones de la realidad como seres vivos, pero hay únicamente una realidad. (Es curioso observar esto).

Pero retrocedamos 20 años y volvamos al parque del Retiro. A las 3:30 de la mañana yo no podía dormir y me animé a ir al Retiro, como no tenía coche ni medio de transporte, fui corriendo. Era fin de semana, y había bastante gente por la calle. El “running” no estaba de moda, ni siquiera se llamaba así, de modo que ver a alguien corriendo a esa hora, suponía que estabas huyendo de algo. (Y realmente así era, aunque toda esa gente no lo supiera nunca).

Llegué al Retiro y en lugar de sentarme no sé porque me puse a caminar, muy despacio, no haciendo Kin-hin (de hecho no sabía lo que era eso), pero casi.
Era completamente de noche, el cielo estaba despejado y había luna. Solo las farolas indicaban los caminos, el retiro es como un frondoso bosque que de día mola, pero de noche no mola nada, así que caminé muy despacio a donde me llevaran las farolas encendidas y cuando llegaba a un cruce de caminos, elegía uno de forma automática, sin detenerme, simplemente continuaba.

Pasado un rato empecé a darme cuenta de lo que me rodeaba.

Soledad total, aislamiento, silencio, calma, frío, espacio, lejanía, miedo….

Miedo, siempre miedo, el maldito ahí agazapado.
Tan conocido, tan necesario para sobrevivir siempre y tan enemigo a veces….

Los arboles movían sus ramas, ningún animal apareció a mi paso, ni pájaros, ni ardillas, ni nada. Y llegué al estanque.
La luna, se reflejaba en el agua.

Calma total. El agua era como una bandeja de plata, una balsa de aceite, una mesa de piedra inerte que producía reflejos vivos. Una mínima vibración, de los peces que nadaban bajo el agua, supongo, quizás el aire.
No lo sé con seguridad, pero no es importante, lo importante es que no me interesaba la luna que veía en el cielo, sino la que veía en el agua.

Eran aproximadamente las 4:30 de la mañana. Me senté y no dejé de observar la luna en el agua. Vi cómo se desplazaba la luna sobre el agua, mientras el agua permanecía.

Si prestas atención ves, escuchas y sientes cosas que están ahí, pero que pasan completamente desapercibidas. Como ese reloj que siempre hace tic tac, pero que no se oye hasta que enfocas.

Pasaron horas y amaneció, vi como el sol nacía, rojo fuego, y como subía, majestuoso hacia el cielo, a las 7 o las 8 de la mañana empezó a llegar gente, muy pocas personas, escuchaba arrastrar cosas, maletas, cajas y pies caminando, personas murmurando, hablando, llegando. Matando el silencio que me servía de refugio, que me servía de piel.

A las 11 de la mañana seguía sentado en el mismo sitio, y aquello era otro mundo. Cientos de personas paseando, un ruido ensordecedor, montones de parejas y familias remando en las barcas del estanque. Pájaros sobrevolando el cielo, perros ladrando, niños llorando y gritando,  peces mutantes buscando gusanitos o lo que les echen.

Y pasó algo. Algo muy importante para mí.

Pasó que me di cuenta de que allí seguíamos el estanque, el sol y yo y que aquello era inmutable.

Era inmutable a pesar del movimiento, a pesar del caos aparente y de la muchedumbre.

Éramos los mismos que hacía unas horas, pero el estanque estaba lleno, el sol estaba alto y yo estaba alterado por tanto barullo. Pero hacía tan solo unas horas había estado en comunión con la luna, el sol, el agua y la mente (no mi mente, sino la mente).

Lo que ES estaba ahí aún, abarcándolo todo.

Entendí cosas. La luna se había marchado (la pérdida). El sol se movía (la incertidumbre, la duda, el riesgo, el tiempo), el estanque estaba agitado y lleno de gente (la mente, los pensamientos, el miedo).

Entendí que el pensar se puede cambiar para no sufrir.
Una experiencia de primera mano magnífica.

Esto no fue inmediato, darme cuenta fue un proceso intenso. Me di cuenta de cómo pensaba.

Del proceso, la intensidad, el orden, la profundidad, los tiempos, la cualidad….. hay muchos detalles en el pensar.

Leyendo algunos de vuestros correos, sé que no soy el único que piensa de esta forma.

Por ejemplo, si yo veo un avión en el cielo, inmediatamente y de forma involuntaria, me imagino la cabina, el piloto, noto los mandos en mis manos, y los pedales en mis pies, “siento” lo que siente ese piloto, imagino con un nivel de detalle que asusta, todos y cada uno de los relojes, luces, pantallas e indicadores que está viendo, leyendo y analizando para realizar su vuelo, puedo ver las manillas de los relojes, sé lo que ponen, sé lo que indican, sé que le deberían indicar.

Otro ejemplo, si veo una fotografía en la que aparecen unos ojos, siempre busco el reflejo en ellos de quien está haciendo la fotografía. El fotógrafo (el observador externo de esa escena), tiene que aparecer reflejado en alguna parte (o puede hacerlo), sobre todo en la córnea ocular. Es un efecto óptico que se produce por el reflejo de la luz en las cuatro capas del globo ocular que tienen la propiedad de reflejar (córnea, iris, pupila y cristalino) y que siempre devuelve una imagen. Bueno, pues yo la busco.

Ese potencial de la mente, que es la imaginación, puede abrumarte o puede ayudarte.
Préstale atención, tu imaginación es un tesoro, pero debe estar controlada y ser entendida. Porque también puede dañarte.
Con atención y enfoque pones a tu mente a tu favor y la cualidad del pensar cambia, se transforma.

En aquellos años, a mí, aquel pensar me estaba despedazando.
Los momentos más importantes de mi vida (que puedo contar aquí), son pocos, pero en todos ellos ha habido un nexo común.

La mente estaba extenuada y al límite. La atención era extrema, el enfoque al máximo y la cualidad del pensar era comprendida. El contexto del pensar era comprendido.

Por ejemplo, he tenido experiencias corriendo, buceando, acompañando enfermos o tocando el piano. También sentado y meditando, o sencillamente sentado, sin hacer nada.

Hablemos de pianos, recuerdo una gran experiencia y puedo imbuirme en ella a menudo, cuando toco el piano como si me fuera la vida en ello. Haciendo esto con convicción y esfuerzo (igual que al meditar), te conviertes en la propia música que tocas. Cientos de horas después de imaginarte la pieza, en tu mente, una y otra vez, una y otra vez, debes ponerte frente al piano y tocar cada tecla, cada blanca, cada negra, cada pausa, cada dedo, cada impacto, cada pulsación, la cadencia, la armonía, la melodía principal, el acompañamiento, el ritmo, el silencio. (El silencio es tan importante como la propia música, de hecho el silencio es parte de ella y no se concibe una sin la otra).

El piano, cuando deja de ser desesperadamente complicado (igual que la meditación), empieza a proporcionar placer, el problema es que el piano puede ser endiabladamente complicado durante 4 o 5 vidas enteras, salvo que seas Bach, Mozart, Chopin, Liszt, Schumann, Brahms, Beethoven, Sokolov o Lang Lang, que también sufrieron lo suyo (algún día escribiré sobre ellos), y que fueron capaces de escribir sinfonías y piezas de más de 125.000 pulsaciones para piano, y se las sabían de memoria. Podían tocarlas en su mente, nota a nota, pulsación a pulsación.
Aunque ellos eran (y algunos son todavía, porque están vivos), totalmente únicos.

Ahí está la aptitud. Por supuesto también está la actitud, y una destreza, una habilidad y maestría casi imposibles de encontrar, pero nosotros no somos ellos.

Y es importante entender que muchos de ellos, solo olvidaban sus penurias y sus circunstancias cuando tocaban, no tenemos noticias de que estos maestros alcanzaran el nirvana ni la plenitud en sus vidas, pero cuando tocaban, entonces desaparecía todo, que es un estado muy buscado por estos lares.

No debe ser muy fácil llamarse Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, tampoco debe ser fácil escribir tu primera sinfonía a los 8 años y escribir 41 sinfonías antes de morir a los 35 años con 6 hijos. Por no mencionar que también escribió 22 óperas y más de 600 obras perfectamente clasificadas y diferenciadas, aunque esto supongo que lo haría en sus ratos libres.

Con seguridad, la mayoría de nosotros no somos genios deslumbrantes de la historia de la música (ni lo seremos), pero quizá tengamos más información que ellos y sea útil.

Puedes tocar el piano, tienes manos y ante ti un Steinway con todas y cada una de sus piezas hechas a mano.

Dale.

Pero para darle bien, para sacar lo que ese piano puede dar, necesitas actitud.
La actitud ante un piano, y ante cualquier circunstancia en la vida es la que marcará el resultado de la experiencia que te proporcione ese piano o esa circunstancia.
(¿Se ve esto?).

Todo cuesta.

Quien diga que no, que las cosas ocurren por osmosis o por generación espontánea miente.

Igual ocurre con Ramana, Krishnamurti, Deshimaru, Dogen, Nagarjuna, Shantideva, Yogananda, Hui-neng, Thich-nhat-hanh….y tantos y tantos otros, que resulta imposible nombrarlos a todos. Con su legado, con sus experiencias.

Yo puedo probar lo que estamos hablando aquí.

Cuando alguien se aplica con el suficiente interés, esfuerzo y pasión, el resultado de su experiencia cambia.

Y lo hace porque las partes del cerebro que intervienen y se activan en la ejecución de una pieza de piano CAMBIAN si estas emocionado y vives la pieza. No hay nada místico. Es físico.

Hay multitud de pruebas científicas que avalan estas teorías del uso de zonas cerebrales no necesarias para realizar una tarea. (Ya sea meditar, tocar un instrumento, escalar, bucear, correr..etc. (Nota: Ver la tele con interés no sirve).

Cuando alguien siente emoción, se activan circuitos neuronales distintos Y NO NECESARIOS para llevar a cabo la tarea pretendida.

Hay quien cuida plantas, quien observa en silencio, quien dibuja espléndidamente bien (yo no tengo esa destreza, por desgracia), hay quien hace Sumi-e, quien hace Origami, quien cuida personas, quien cura enfermos, quien pasea entre flores, quien toma una sopa miso, quien mira a sus hijos dormir, quien observa el cielo, quien lee un libro, quien simplemente vive su día a día con la actitud adecuada para ser pleno.

Pero para todo eso se necesita atención, esfuerzo, trabajo, darse cuenta, esforzarse, trabajarlo, tener la actitud adecuada, la paciencia, la insistencia y por supuesto, la práctica.

Tu vida es la pieza musical más importante del mundo
¿Puedes tocarla con la actitud y emoción necesarias?

Si alguien no sabe de qué hablo cuando describo esto, puede ver estos vídeos de Ezio Bosso. Tal vez resulten aburridos o tal vez te cambien la vida. ¿Quién sabe?

Ezio Bosso. Following a Bird. Pieza para piano.

Ezio Bosso. Presentación de 4 temas de su obra The 12th room.

Abrazos para tod@s.

La armonía del pez muerto.

Publicado: 22 junio 2016 en Reflexionando.....
Etiquetas:, , ,

Estoy sentado en una gran piedra, noto el sol en mi cabeza, está muy alto, deben ser las 12 de la mañana.
No hace aire, algunas plantas cimbrean levemente cerca de mí.
Huele a campo, a limpio, pienso que me gustaría que lloviera.
La lluvia hace que el olor cambie. Huele bien cuando llueve.

Estoy sentado con las piernas colgando sobre un abismo de muchos metros.
Abajo, un río transcurre lento, ignorante y ausente a mi presencia.
Magníficamente inafectado.

Algunos insectos de un tamaño inquietante se posan en flores cercanas.
No estoy meditando, no estoy pensando, no estoy reflexionando, simplemente intento estar ahí. Sentado, como una piedra más.
Intento formar parte de ese lugar, pero sin hacer nada por conseguirlo.
Simplemente estoy.
Pero es muy difícil, llevo la “mochila” llena de cosas que debo sacar y abandonar, como quien purga una tubería sucia.
Es una limpieza necesaria.

No siento vértigo, esto es raro, pienso en el oído interno, en la apófisis lenticular y en la complejidad que puede darse en algo tan pequeño.
Luego pienso que es mucho más pequeño un átomo y aún más pequeña una partícula subatómica, en un instante estoy pensando en el bosón. (En el de Higgs, si).
Y me cuesta mucho trabajo detener ese pensar absurdo y completamente inútil que no hace otra cosa que molestarme ahora.

Percibo la inutilidad de esta información memorizada y me siento ridículo.
Vuelvo a sentir la piedra.

Al poco rato percibo un sonido que me alerta. Puede ser un animal algo más grande que esté corriendo por ahí, un conejo o algo así.
Mi mente ya se ocupa de pensar estupideces e iniciar mi sistema de alerta como si estuviera bajo una lluvia de misiles.

Tengo que hablar seriamente con mi amígdala sobre esto. Me está dando muchos problemas esta amígdala mía.
Ya te pillaré, se dónde estás.
Ignoro este trocito de tejido neuronal del tamaño de una almendra, porque ahora estoy intentado ser naturaleza, y no puedo. Esa almendrita y sus amigos los neurotransmisores no me dejan en paz.

Me relajo un poco, algunas técnicas sirven para que esa tensión que siento en el cuello, brazos y espalda baje un poco y se relaje el cuerpo.
Lo hago precisamente tensándolo aún más y luego relajando cada grupo muscular. (Jacobson).

Es curioso, a veces hay que apretar para poder aflojar. Es una lección que tengo presente.

Retomo mi contemplación con lo que parecen ser cigüeñas surcando un cielo en ausencia de nubes. Aunque dada mi destreza y conocimientos en este campo, bien podrían ser canarios flauta muy grandes….
Me limito a “disfrutar” de la canícula y a prestar atención a nada en particular.

La atención….
Que importante es.
La atención es transformadora.
No hay arma más afilada que la atención.

Alguien atento es invencible.
Alguien atento percibe que bajo el lodo puede haber agua y eso le conduce a una espera prudente (el cultivo de la paciencia).

De la atención surgen muchos estados, muchas virtudes y sobre todo, muchas actitudes, que si no son correctas o adecuadas, pueden ser modificadas.
Como pueden ser provocadas por la atención, pueden ser buscadas, encontradas y modificadas.
La atención es una guía, es un mapa, es una brújula, es una herramienta que procura e incita.

Sin atención eres un barco a la deriva.
Cuanto más fina sea la aguja de esa brújula, más óptimas y precisas serán las indicaciones que de.
Y por supuesto, la atención se puede trabajar, se puede mejorar, se puede afinar, se puede cultivar, se puede reforzar, y luego también se puede olvidar y/o ignorar, que es lo que hacemos casi todos.

Gracias a esa atención, vuelvo a sentir la piedra sobre la que estoy sentado.
Ahora escucho el río, lejano. No lo oigo, sino que lo escucho.
Mi cerebro (gracias a la atención, la concentración y el enfoque), es capaz de filtrar sonidos y “eliminar” o “amortiguar” los que no quiero oír.
Es maravillosa esta función. Casi todo el mundo la tiene.
Me centro en el río.

El agua transcurre de derecha a izquierda.
Rápidamente me pregunto si en Australia iría al revés y yo lo vería de izquierda a derecha y si yo estaría boca abajo ahora mismo…. (otro despiste, vaya, es muy difícil concentrarse ¿verdad?).

Como no hay un Maestro Zen con un Kyosaku detrás de mi, esta vez me libro del garrotazo, pero me lo hubiera llevado seguro, por el descuido.

Quedarme en silencio conmigo mismo es una de las cosas más difíciles que creo que he hecho jamás.
La inquietud mental es un obstáculo increíblemente duro y persistente.

El aburrimiento, el sopor, el sueño, los pensamientos circulares, los pensamientos obsesivos, los temores, los problemas, las preocupaciones, los anhelos, la culpa, la pena, el deseo, la intención, el cansancio, el dolor….
TODO, absolutamente TODO está ahí.

(Por cierto, que de nombres distintos le ponemos al pensar).

Por supuesto, para barrer la casa hay que sacar la escoba, no es suficiente con desear que esté limpia, hay que trabajar.
Y entonces te puedes dar cuenta de que no puedes estar contigo mismo, de que no te soportas y sobre todo, de que no te conoces y de que no eres como quieres creer que eres ni como te muestras a los demas. No eres como la imagen que crees que transmites al exterior.
Esto es disruptivo.
Hay un antes y un después de esto.
Desmoronar creencias es un trabajo duro.

Cuando percibes que es insoportable estar en silencio contigo mismo sufres bastante, lloras a menudo y estás muy triste (o tal vez no).

Durante años alcanzar el silencio costaba (cuando se conseguía), una mezcla de esfuerzo, práctica, insistencia, serenidad, calma, ira, furia, frustración, acción, empuje, determinación….
Y aún lo requiere, pero en algún momento todo eso sirve. Pero no es una fórmula mágica, sino un darse cuenta de algo.
Es como si estuvieras rellenando el mar con un cuenta gotas y sacaras el agua del propio mar.

Lo que estás echando ya está ahí y le pertenece y es lo mismo y cuando lo ves, tiras el cuentagotas lejos y te ríes. Te ríes mucho. Aunque también lloras.

También te das cuenta de que las experiencias y la intensidad de las mismas efectivamente aportan, pero aportan problemas, ruido y distracciones, son contraproducentes para parar, para detenerse. Es más difícil darse cuenta de que no hay que sumar ni añadir.
Ese no es el camino correcto (al menos para quién esto escribe).

Cuanto más intensa sea una experiencia, más te aleja del silencio.
Es difícil entender esto.
Sabes “que” te duele, pero no sabes “por qué” te duele.
Aquí hablamos del “por qué” te duele.
Te pasas la vida lamentando que no puedes meditar bien, pero no te preguntas por qué no puedes hacerlo.

Regocijarse y permanecer en el propio dolor es una mala idea que tiende a perpetuarse, porque justifica la consecuencia sin enfrentarse a la causa.

Sentirse desgraciado y no saber por qué es lamentable, hay que hacer algo, no quedarse en el “sentirse”, sino comprender la razón subyacente. El motivo. Sentirse desgraciado o triste es una consecuencia.

Saber que no puedes detener el pensamiento no es saber por qué no puedes detener el pensamiento.
Reconocer esto requiere mucho tiempo y práctica, hay mucho de ensayo-error en esto.

Tenemos una manía horrible de observar continuamente en que somos mediocres y culparnos por ello en lugar de pensar en mejorar nuestras destrezas y engrandecer así nuestras oportunidades.
En general, creo sinceramente que somos muy injustos y muy duros con nosotros mismos.
Hay que hablar de la psicología positiva (y aplicarla un poco de vez en cuando, si no constantemente).

Nadie acude a un psicólogo porque es optimista o porque se siente feliz. Es una pena.
Porque quizá sería más fácil entender y aplicar las razones por las que alguien se siente feliz que comprender y corregir los motivos por los que alguien sufre una depresión.

Retomo mi atención sobre el agua.
Dos segundos después observo peces.
Parecen carpas, casi todas grisáceas, veo algunas iridiscencias por el sol.
Definitivamente son carpas.
Distingo razonablemente bien las carpas.
Milésimas de segundo después, mi cuerpo sigue sobre esa piedra, pero mi cabeza ha volado al jardín de Tenyru-ji, el templo principal de la escuela Rinzay en Japón, (Está en Kyoto).

Nunca he estado, pero he soñado con sus carpas koi cientos de veces.
Es fantástico estar en Kyoto y llegar tan rápido, pero debo volver y así lo hago.
Vuelvo a mi piedra.

Las carpas se desplazan de una forma un poco caótica, conforman un grupo, pero no es compacto, hay muchas de ellas que parecen inquietas, sobre todo las que están en la parte exterior del grupo. Las carpas sacan la cabeza del agua, son como dragones, en la cultura japonesa es un animal muy admirado e importante.
Son valientes, resistentes y respetables.
El grupo es hermoso y hay mucha armonía en esos movimientos fugaces, en esos giros rápidos, contundentes, rotundos y seguros.

Presto atención y percibo que una de ellas no se desplaza por sí misma, sino que simplemente lo hace por el movimiento que genera el resto del grupo.
Pronto queda atrás, y tras un par de giros en el agua percibo que está muerta.
Esa carpa no tiene vida.
Ha dejado el grupo.
¿Dónde está? uno no sabe.

Pero esa carpa me ha dado una lección.

¿Acaso yo estaré muerto y me lleva la inercia del resto?
¿Me lleva la velocidad de la vida y me estoy perdiendo LA VIDA?
Desde lejos parecía viva, era indistinguible, la corriente y las circunstancias dirigían a esa carpa, la movían, la transportaban, parecía igual de viva que el resto….
Pero la atención ha hecho que uno se de cuenta. (Otra vez la atención).

Si te dejas llevar por las circunstancias eres un pez muerto!
Pienso que la mayoría muere sin que nadie se de cuenta, ni tan siquiera ellos mismos.
Y no puedo evitar preguntarme si soy un pez vivo en el río de esta vida.
¿Y tu?

 

Para Nobuyuki Tsujii, que nunca podrá leera esto ni ver la carpas que yo veo.
Gracias por hacerme sentir tanto.

J.

Uno de los aspectos más difíciles de alguien que aborda alguna clase de práctica es el proceso de DESaprendizaje.

Este es un término o un concepto que puede resultar algo abstracto e incomprensible, pero en realidad no es tal cosa.
Tan simple es, que cuando es entendido, rara es la persona que no lo integra en su vida diaria.
En muchos escritos, muchos Maestros, hablan de abandonar, hablan de que la progresión no consiste en adquirir, sino en soltar, dejar, olvidarse, desprogramar…..etc, etc, etc.

Este hilo habla de ese tipo de proceso.
Aunque en mi opinión, y por mi experiencia (que por supuesto, puede estar equivocada, y con toda probabilidad lo estará), es mucho más difícil “olvidar” o “abandonar” hábitos del pensar que conseguir sustituirlos.

La clave es sustituir, el método es sustituir.

Pongamos un ejemplo….
La mente es un libro, cuando nacemos está lleno de hojas en blanco. A medida que crecemos, “aparecen” más hojas. De hecho, hasta el momento en que morimos, siempre hay hojas disponibles, salvo que exista un deterioro neurológico o cognitivo, pero no estamos hablando de eso ahora.
Esas hojas las “escribiremos” con todo el contenido que seamos capaces no solo de almacenar sino también de gestionar.

El almacenaje serían los recuerdos y el aprendizaje, pero también gestionamos continuamente todo aquello que es percibido, las emociones, las sensaciones, las experiencias y los estímulos (olores, sabores), que pueden quedar almacenados o no, pero que ahí han estado y por tanto han “escrito” aunque sea una leve línea en ese libro que es la mente.

En ese libro vamos escribiendo lo que sabemos y también lo que sabemos que no sabemos.
¿Lo que sabemos que no sabemos?
Exactamente eso.
Aunque suene raro es muy importante.

Sabemos que somos Pedro, Antonio o Silvia. Sabemos que somos solteros o casados, que somos personas y no piedras, sabemos donde vivimos y sabemos dónde fuimos de veraneo el año pasado. En realidad sabemos muchas cosas útiles (y otras menos útiles).
Sabemos una gran cantidad de cosas.

Cuando digo que también sabemos lo que no sabemos, me refiero a que sabemos que no sabemos pilotar un avión o poner en órbita un satélite o realizar una cirugía intracraneal o hacer una traqueotomía con un boli bic (algo que recomiendo encarecidamente no intentar).

Esto es lo que sabemos que no sabemos.
Tampoco sabemos hablar ruso. Por poner otro ejemplo. (Un ruso si sabrá, pero nosotros no).

No dice uno que no podamos llegar a hacer eso, dice uno que AHORA sabemos que no sabemos hacer estas cosas.
De modo que lo que sabemos y lo que sabemos que no sabemos queda almacenado en nuestro libro.

Es un libro especial. En primer lugar porque es único, no hay otro igual, y en segundo lugar porque es un libro que no puede borrarse, puede cambiarse, pero no borrarse. No hay goma de borrar, no venía en el pack, son las normas del juego de la vida. Esto es importante,
más adelante veremos por qué.

La mente aprende (se va escribiendo) de un modo curioso, autónomo e irrefrenable. No se puede impedir el aprendizaje. No hay manera. Es maravilloso.

Los estímulos y la respuesta a los mismos, hacen el trabajo.
Si existen estímulos, habrá aprendizaje de alguna clase a algún nivel y habrá respuesta.

Voy a buscar a un niño para recogerle, tiene menos de 2 años. (Esto es verdad, no es un ejemplo).
Me conoce, me ha visto otras veces.
Cuando me ve en la puerta, va hacia ella, a pesar de que sabe que no le van a dejar salir.

Eso es un aprendizaje que ya ha integrado, y es intuitivo, no es reflexivo, es un reflejo casi impulsivo.
Si me ve es que va a salir.
Si me ve es que voy a buscarle a él.
Todavía no lo entiende, pero lo sabe. El análisis llegará más tarde.

Si me ve desde una ventana que aún está lejana, me sonríe, levanta su mano y se pone a brincar. Se ha alegrado, se ha emocionado. Es una respuesta automática. No sabemos porque se ha alegrado (y ahora no tiene importancia), pero lo ha hecho.
Al salir a la calle, hay plantas, flores, entre ellas, hay una gran planta de romero, yo tengo la costumbre de tocar algunas hojas y después olerme las manos.
Lo mismo hago cuando como mandarinas, froto mis manos en la cáscara, las junto y las pongo sobre mi nariz inspirando ese maravilloso olor a mandarina.

El niño alarga su mano y repite EXACTAMENTE los movimientos que ha visto, yo no intento que lo haga, yo no quiero que lo haga, no se lo pido, tampoco quiero que no lo haga, no hago nada para propiciarlo y no hago nada para impedirlo. Simplemente lo hace él.
Toca la planta con sus manos, las frota y se las pone ante la cara.

Esto lo ha aprendido y lo ha integrado, porque si va otra persona a buscarle también lo hace.

Qué forma más maravillosa de aprender. Que inmensa capacidad de aprendizaje, que potencial más sobrecogedor y que fantástica herramienta tenemos sobre los hombros.

Aunque viviera 1000 años (cosa que afortunadamente no va a ocurrir), jamás dejará de asombrarme esta capacidad. Estamos hablando de un niño con 20 meses de vida.
Percibir esto es asombroso, es un instante de autentico gozo, un regalo.

Toda esta forma de aprender, adaptar y adquirir, se va automatizando a lo largo de la vida.
Por desgracia, la tendencia a complicarlo es inevitable.
Cuando dentro de poco tiempo el niño empiece a hacerse preguntas a si mismo sobre la razón por la que toca una planta y la razón por la que se huele las manos, habrá una nueva variable del pensar que puede complicarlo (seguro).

Y así vamos sumando juicios, ideas, dudas, miedos, posibilidades, alternativas….etc, y creamos estas vidas conflictivas que son las que normalmente vivimos, centrados en sortear problemas que en muchas ocasiones creamos nosotros mismos en nuestra mente y que nunca se van a producir en realidad. (Preocupaciones poco realistas, obsesiones, dudas, certezas sobre nuestra propia incapacidad o ineptitud…..etc, etc, etc).

¿Entonces esto es inevitable? ¿Seré siempre esclavo del pensar?
La respuesta es que es posible, pero también es posible que no.

Veamos en detalle cómo puede un adulto trabajar con su pensamiento y poner su cerebro a trabajar para él a fin de vivir mejor, o al menos con el fin de sufrir menos.

Recordemos que el aprendizaje ocurre (o puede ocurrir) hasta el último instante de la vida, y en una persona adulta, el aprendizaje está mucho más condicionado que en un niño, en el que resulta algo totalmente natural.

Por ejemplo.

Aprender a conducir suele ser una actividad estresante y complicada para muchas personas, pero podemos usarla como un muy buen ejemplo para ver cómo funciona el DESaprendizaje.

Es fácil recordar que cuando uno aprende a conducir todo es complicado.
Tenemos dos pies y hay tres pedales.
Uno frena, otro acelera y otro ¿desembraga?…. (Esto es muy complicado, me compraré un coche automático seguro….).

Además estamos moviendo un vehículo que pesa más de mil kilos, y nuestros límites ya no son los del cuerpo, son los del coche, y hay que controlarlos, por eso la atención está en extremo acentuada. Y además hay otros vehículos que interaccionan con nosotros. Hace falta concentración e ir adquiriendo destreza.
También está el profesor o profesora (juez/jueza implacable de nuestros desastres como conductores novatos) para añadir un poco más de complicación a la cosa, por si no hubiera suficiente.

Todo esto es dificilísimo, hasta que en algún momento, todo se convierte en automático, y ya no hay que pensar de forma secuencial.

Ya no hay que planificar paso a paso. ¿Que ha pasado? ¿Que ha cambiado?.

Llegados este punto, hemos creado un camino cerebral, una ruta neuronal,  un nuevo programa  que nos permitirá conducir, pero no únicamente ese vehículo, sino cualquiera que sea parecido.

Algo así pasa cuando aprende uno a montar en bicicleta. Eso no se olvida.
10 años sin montar en bicicleta, y nos costará poco retomar cierta soltura, porque ya existe el programa en el cerebro que se “acuerda” de cómo montar en bicicleta.

Esto es fantástico y muy útil, pero ¿qué ocurre si los programas que hemos fijado en nuestra mente nos hacen sufrir?
Pues que hay que cambiarlos.
Y eso cuesta.

Veamos…..

Si ahora intentáramos DESaprender a conducir sería complicado, porque puedes no conducir durante un año, pero seguiríamos siendo capaces de imaginar y pensar como se conduce (en definitiva, de recordar cómo se conduce). Seguiríamos viendo a gente conducir en nuestro entorno, conducir seguiría siendo algo normal. Y pasado ese año sin conducir, podríamos conducir un coche con muy poca dificultad.
Quizás no podríamos circular con normalidad, pero lo recordaríamos en muy poco tiempo.
De modo que así no habríamos DESaprendido nada.
Esto tiene toda la pinta de ser un fracaso.
No nos rindamos tan fácilmente, siempre hay opciones.

Si durante un año, allá donde fuera uno, y con quien fuera uno, estuviera obligado a conducir una carretilla elevadora, y fuéramos capaces de no ver ni un solo coche, ni conducirlo, ni siquiera verlos, entonces, el cerebro construiría nuevos programas, nuevos
caminos cerebrales que antes no estaban y que SUSTITUYEN el HABITO de conducir tal como está establecido en el subconsciente.
Son caminos nuevos, no son modificaciones de los caminos previamente integrados en la mente, es muy importante diferenciar esto.

Es algo llamado procesado subconsciente y es de vital importancia para comprender todo esto y poder aplicarlo.

Estamos haciendo una actividad MUY parecida a la que queremos sustituir.
Si jugáramos al tenis no DESaprenderíamos a conducir.

En cambio aprendiendo y adaptado la conducción a unas condiciones diferentes a las de un coche, sustituimos el hábito por otro similar.
Así podemos pensar que podemos cambiar emociones por emociones, ideas por ideas y sensaciones por sensaciones.

Esto, que así leído parece algo evidente a veces cuesta años de entender e integrar.
No se puede cambiar una idea por una emoción, ni se puede sustituir una sensación por una idea.
Todo tiene su lugar, todo tiene su orden, unas cosas desencadenan otras, mientras que otras no pueden desencadenar unas….

En esta situación, es muchísimo más complicado volver a conducir un coche, porque habría que desprogramar o DESaprender, en cierta medida la conducción de la carretilla elevadora, que ha SUSTITUIDO a la habilidad conducir un coche.

En cualquier caso, uno se pondría a conducir su coche y le costaría bastante, pero lo lograría, pues la capacidad de conducir un coche permanece en la memoria almacenada y puede ser reactivada si es necesario.
Pero ya se ha creado la programación de la carretilla, de manera que si se quiere evitar conducir un coche, puede quedar olvidado.

No se trata de un recuerdo, es una acción física que requiere muchos factores trabajando simultáneamente, algunos de ellos de modo inconsciente e involuntario (Como la integración del  cálculo reflejo de las distancias, por ejemplo).
Hay un experimento fantástico que se le ocurrió a Destin Sandlin y que consiste en manipular una bicicleta para que el giro de la rueda sea justo el contrario al esperado.
El experimento es sencillamente genial y explica muchas cosas al respecto del proceso de DESaprendizaje.
Se puede encontrar poniendo en google “bicicleta al revés”
Con este experimento, Destin Sandlin descubre algunas cosas fascinantes  sobre el condicionamiento de la mente en general  y sobre el aprendizaje infantil en particular.

Dicho esto,
Parece que el camino correcto no pasa por corregir pensamientos inadecuados (que generan actuaciones que pueden desembocan en sentimientos de culpa), sino que hay que SUSTITUIRLOS.

No eliminarlos, sino SUSTITUIRLOS.
No es lo mismo.
De hecho muchas personas no entienden la diferencia, pero la hay y es fundamental.

¿Y si las valoraciones y los juicios de uno fueran hábitos del pensar?
¿Y si uno fuera capaz de fijar sus valoraciones positivas y sustituir las negativas?
¿Acaso toda práctica de meditación SOSTENIDA no es SUSTITUIR el pensar burdo por el pensar sutil?
¿Acaso no es sustituir el ritmo de la mente por otro ritmo?

En otro hilo hablaré de las frecuencias del cerebro, pero a modo de introducción, indicar que el cerebro funciona con distintas frecuencias (medidas en hercios (Hz) o ciclos por segundo).

Principalmente 5 tipos, Gamma, Beta, Alpha, Theta y Delta, ordenadas de mayor a menor frecuencia.
Aunque hay algunas discrepancias a la hora de establecer las cifras, a grosso modo, la frecuencia Gamma es la frecuencia que muestra el cerebro cuando está en alerta, o ante una amenaza. Hablamos de frecuencias superiores a 30 Hz.
La frecuencia Beta (10-29 Hz) es la “frecuencia de trabajo“ que muestra el cerebro mientras estamos despiertos en una situación “normal”.
La frecuencia Delta (0.1-4 Hz) es la “frecuencia de trabajo” que muestra el cerebro mientras estamos en sueño profundo sin sueños.

En la meditación (y esto está comprobado), en el lóbulo frontal se incrementa la actividad mientras que en el lóbulo parietal se ralentiza. Es decir, mientras uno medita, la frecuencia cerebral cambia.

Y uno se pregunta:
¿Las ondas theta las crea el cerebro o aparecen cuando el cerebro está preparado?
¿Si con la práctica, el cerebro sustituyera las ondas Beta por ondas Theta, estaríamos DESaprendiendo a pensar?

Y así, llegamos a la pregunta más interesante.

¿Y si el “yo” es un programa mental?
Dale una oportunidad a esta opción…

¿Te lo puedes creer?
¿Qué implicaciones tendría esto?
¿Podríamos desaprender el yo?

¿Quieres intentarlo?

 

Para mi amigo D. Que ha conseguido que le recuerde cuando oigo el trino de un pájaro.

Uno cree tener una percepción clara de su propia existencia.
Parece indiscutible que uno existe, que uno está y que uno es.
A uno le hablan, le nombran, le llaman, le tocan, le abrazan, le besan, interactúan con él….
La sensación de yo como entidad personal independiente siempre está presente durante la vigilia.

Desde cierto punto de vista esto es cierto, es lógico, e incluso es necesario.

Para poder transcender al yo (si es que alguien pretende hacer esto), debe haber un yo al que poder transcender, hasta aquí parece todo bastante claro.

El cómo se transciende, quién es aquel que transciende, quién es aquel que es transcendido y quién queda cuando aquel y este son transcendidos, son asuntos que ya no están tan claros.

Pero si uno indaga, las cosas cambian o al menos pueden hacerlo.
La indagación debe ser un trabajo íntimo, intenso, cuidadoso, honesto y sobre todo constante.

La intensidad y la constancia parecen fundamentales para que aparezcan las preguntas necesarias, en el contexto adecuado y en el momento preciso, y sobre todo, para que las preguntas que aparezcan, o las respuestas que ofrezcan esas eventuales preguntas, puedan ser enfocadas desde la perspectiva correcta.

Quizá más que preguntas, lo que surgen son “dudas”, ó “escenarios de duda” ó “incongruencias”.
Algo que con la mente sutil resulta incongruente puede no resultar extraño para la mente mundana “normal”, que no tiene un enfoque introspectivo (“hacia dentro”) ni profundo (“intenso”).

Es importante el estado de la mente para que cuando se formule la pregunta y afloren las respuestas, se pueda percibir desde donde aparecen esas respuestas, quién formula las preguntas y quién es aquel que las responde. Hay que distinguir esto.

Sin práctica no es posible salir del ciclo del pensar.

En el pensar hay rasgos importantes, como el enfoque, la cualidad y/o la cantidad.
El equilibrio de estos componentes es importante, hay que adquirir destreza para manejarlos adecuadamente o al menos para percibir la diferencia.
Y esa destreza viene con la práctica.
Cada característica proporcionará una información.
Pensar mucho no tiene porque ser bueno o útil.

Estamos totalmente condicionados, hay que des-condicionarse y esto cuesta.
El peso pesa, el daño daña, el pensamiento enreda.
Es la propia naturaleza del peso, del daño y del pensamiento, no pude ser cambiada.
La verdadera naturaleza no pude ser cambiada.

La indagación comienza en uno mismo.
¿Quién es aquel sobre el que comienza la indagación?.
Este es un punto importante, pero resulta fácil de ver.

El uno sobre el que comienza la indagación es aquel que tiene nombre y apellidos.
El amigo, el vecino, el padre, la persona, el practicante, el buscador, el estudiante o el profesional.
Ese yo es el yo mundano, el ego.
El que gira la cabeza cuando escucha su nombre.

El inicio de la indagación íntima puede llevarnos a poner atención sobre el pensar y los intervalos de no pensar que hay entre pensamientos.

Pueden ser detectadas muchas cosas, entre ellas tres.

–    El mismo proceso del pensar.
–    Los intervalos entre pensamientos (percepción de la distinción/diferencia entre unos y otros pensamientos).
–    Y los “espacios” que existen entre los distintos pensamientos.

(Me centraré aquí en el pensar, pero en todo momento pueden surgir emociones y/o sensaciones que pueden tener un reflejo físico, esto de momento lo ignoraré).

Por lógica, uno percibirá el estado actual (el ahora), cualquier otro estado no puede ser percibido en este momento, pues pertenecería al pasado (memoria, recuerdo, e imaginación) o al futuro (esperanza, deseos, anhelo, imaginación, anticipación).

Y por lo tanto, un estado que no sea “ahora”, puede ser imaginado o inventado o soñado, pero no REALMENTE percibido pues no existe en ese instante.

Y en todo caso, como he dicho, pueden aparecer estados del pensar que induzcan estados físicos, (repulsión, anhelo, ira, lujuria, deseo sexual, alegría, enojo, congoja, asombro, sobrecogimiento, tristeza, desánimo, exaltación…etc, etc, etc).

Obviamente, estos estados son provocados por el pensamiento, son consecuencias del pensamiento (de la interpretación del pensamiento), y por tanto no nos interesan ahora en este asunto que nos ocupa.

Uno puede centrarse en los pensamientos que se van presentando pero esto no sirve para nada. Puede uno pasarse la vida ahí, haciendo eso, sin más. Observando esos pensamientos. Pensando que está en calma, creyendo que está en calma, pero no es así.

Con algo más de enfoque y práctica, con algo más de profundidad y compromiso, uno puede centrarse en el intervalo que hay entre pensamientos, una suerte de espacio vacío que aparece (en realidad no aparece, sino que está ahí), y puede ser percibido, pero esto no sirve de mucho (sí de algo, pues afina la concentración), pero puede uno pasarse la vida ahí, haciendo eso, sin más. Observando ese espacio.
Pensando que está en calma, creyendo que está en calma, pero no es así.

Debe uno indagar más, mucho más, para percibir lo sutil, y que puedan aparecer las preguntas que amenazan al yo mundano.
Estas preguntas no pueden surgir del propio yo mundano, porque nunca se pondría en peligro a sí mismo.
El mito del ego auto-extinguible es eso, un mito.
Si uno continua, de forma seria y constante, comprendiendo quién es quién y quién no es quién en este “juego vital”, si uno continúa comprendiendo que solo hay Uno, pero que parece haber muchos, tal vez, pueda avanzar algo más, si es que hay algo sobre lo que avanzar.

Puede uno observar que si uno se hace preguntas, él mismo es distinto de las preguntas que se realizan. Esto es obvio.
Por tanto ahí hay un “espacio”, una “distancia”, una “separación” entre pregunta y preguntado.

Uno tal vez puede ver de donde surgen las formulaciones de las preguntas y puede ver de donde surgen las formulaciones de las respuestas, que no tiene porque ser lo mismo (de hecho muchas veces no lo es).

Incluso si se ve a sí mismo indagando, puede llegar a entender que él no es ni el observador, ni lo observado, ni la pregunta, ni la respuesta.
Y tampoco es lo pensado.

Pero si uno no es lo observado, ni tampoco es el observador, ni lo pensado, ni la pregunta, ni la respuesta.
¿Entonces qué es?
¿Uno que es?

Y una cuestión importante (aunque algo confusa si no se ha percibido por uno mismo).
Si uno se observa observando, ese “segundo observador”, puede llegar a percibir que aunque se diferencia del primero, tampoco es genuino. ¿Por qué iba a serlo?

Y aquí se queda mucha gente.
Posada en observar el silencio entre pensamientos, desde el segundo observador al que da por genuino.
(Las palabras complican un poco todo esto).
Este es el fin de la práctica para muchos.

Pero y si….
Pero y si….
Pero ¿y si uno fuera capaz de observar que el segundo observador también es una creación de la mente?
¿Y si uno fuera capaz de ver que el segundo, el tercer o cualquiera de los cientos de miles de observadores que pueden ser percibidos son falsos?
¿Y si uno pudiera darse cuenta de que lo observado son creaciones de la mente?

TODO.
Repito….
TODO lo observado son creaciones de la mente.

¿Entonces que vería?
¿Quién estaría pensando?,
¿Quién estaría siendo pensado?

Si se enfoca y se posa la atención en aquello de lo que surgen los pensadores que son observados, ahí, hay una ausencia.
En aquello de lo que surgen los pensadores (no lo pensado).
Ahí hay una falta que crea espacio.
No que “es espacio”, sino que “crea espacio”.
Ahí puede haber un vislumbre de lo que ES.

Si uno se identifica con ESO lo pierde.
Si uno nombra ESO, lo pierde.
Si uno se intenta apropiar de ESO, lo pierde.
Si uno habla de ESO, lo pierde.

De hecho uno no puede hacer nada con ESO, porque ahí, en ese instante no percibido como instante, en ese momento preciso no hay uno que pueda hacer nada.

Uno surge de ESO, y si es nombrado, desaparece (o mejor dicho, aparece de nuevo).
Uno surge de ESO, y si es pensado, desaparece (o mejor dicho, aparece de nuevo).

Cuando un NO UNO observa desde ahí, no nombra ni juzga, simplemente percibe y esa percepción se auto-extingue y se crea constantemente, uno no hace nada por que desaparezca ni porque vuelva a aparecer (de hecho, uno no puede hacer nada).

Es su naturaleza, la percepción es temporal, pero hay algo que no lo es.
Algo que no es temporal.
Algo sobre lo que se posa la percepción y al hacerlo, la propia percepción se diluye en ESO (Malditas palabras necesarias).
Algo que está más allá del tiempo.
Si hay identificación con ello, se pierde.
Si se intenta alcanzar mediante yo, no se alcanza.

Y es desde ahí (por decirlo de algún modo), desde donde surgen las cuestiones (uno no se hace las preguntas), estas surgen y son observadas (se observan las consecuencias no surgidas del pensar), la percepción permite sentirlas, pero no nombrarlas, si las nombras las pierdes, porque intentas racionalizar una percepción muy sutil y sacas la caja de etiquetas e intentas ordenarla, catalogarla, cuantificarla y entonces la matas.

¿Por qué ha surgido?, ¿A quién le ha surgido? ¿Soy afortunado? ¿Soy mejor? ¿Estoy progresando? ¿Terminará mi dolor? ¿Seré menos mediocre? ¿Acabará mi miedo?, ¿Esto es Samadhi?, ¿Espérate, que igual es Satori?, ¿Quizá Moksha?, ¿En qué grado?…………
Bueno, bueno, bueno…
Bla, bla, bla, bla……..
Bla, bla, bla, bla……..

Y entonces te das cuenta de que la has perdido.
Tu “no yo” ha sido conceptualizado y la has perdido y vuelves a ser un yo meditando con seriedad y determinación, pero nada más.

Esas preguntas que surgen son dilemas vertiginosos y comprometen al ego, le cuestionan, le hacen temblar y le desgastan.
Una vez que se ha estado ahí y se ha estado así, hay un camino trazado.
Solo es un paso, pero si ocurre, no lo olvidarás jamás.
Es un instante permanente.
Todo se detiene y surge lo que Es, que siempre ha estado ahí, velado por el ruido y el pensar.
Y uno no es otro ni siquiera es uno. Pues no hay ni uno ni otro.

Esto es una vivencia, no es pensar.
Es un sentir muy íntimo, no es opinar.
Es un presentimiento (lo que hay ANTES de un sentimiento), no es un deseo.

Luego la mente analizará las preguntas, las sensaciones, intentará sacar conclusiones y encasillar experiencias. Todo eso no importa.
Pero esas dudas, señalan asuntos que si pueden llegar a ser importantes.
Tras esto, surgirá la reflexión.

¿Una vez nacido, cuando aparece el hacedor?
Si de los 0 a los 2,5 años uno ha vivido, ha tenido vida, ha sido un ser vivo, que respira y come…. ¿Dónde estaba el ego entonces?
Esto demuestra que se puede vivir (no sé si sobrevivir, pero desde luego vivir si), sin el ego, sin la certeza del “yo soy”. Sin la sensación del “mío” y el “tuyo”. Sin ese abismo diferencial tan tremendo.

De hecho se ha vivido así, por lo que al parecer (empíricamente), el yo es algo adquirido a posteriori del nacimiento.
¿Cómo dice?

EL YO ES ALGO ADQUIRIDO A POSTERIORI DEL NACIMIENTO DE UNO.

Y pueden surgir preguntas.
Surgirán, casi con toda seguridad si la práctica es lo suficientemente seria y comprometida,

Y vienen las preguntas que son espadas.

¿Quién era uno cuando no había nacido?
¿Quién o quienes estaban con nosotros cuando uno no era aún?
¿Cómo puedes encontrarte o pensarte a ti mismo en tu yo ahora nacido, cuando aún eras un estado no nacido?
¿Qué esfuerzo has llevado a cabo para estar aquí y ahora?
¿Qué elección tomaste para ser nacido?
¿Dónde está ese estado de nacimiento y ese estado de ausencia de nacimiento en nosotros?
¿Quién percibe ese estado de nacimiento y ese estado de ausencia de nacimiento en nosotros?
¿Cómo puede ser percibido un estado de ausencia de nacimiento en nosotros?
¿De dónde ha salido la sensación/certeza de que uno es?

Ni el nacido ni nosotros existe desde este diálogo. ¿Se ve esto?

¿Podemos vernos a nosotros mismos y podemos ver lo que nosotros mismos no somos al mismo tiempo?
¿Acaso no están hechas ambas ideas del mismo material?
¿No son igualmente inciertas?
¿Quién es aquel que está siendo pensado por uno mismo?
¿Qué realidad tiene?
¿En donde se encuentra esa realidad?
¿Es la realidad de uno?

¿Cómo puedes ser lo que ves?
¿Cómo puedes ser lo que imaginas?
¿Cómo puedes ser lo pensado?
¿Cómo puedes ser lo nombrado?
¿Cómo puedes ser el concepto?
¿Cómo puedes ser la parte?
¿Cómo puedes ser la fracción de algo?
¿Cómo puedes estar separado de aquello de lo que ha surgido?
¿Cómo puedes ser otra cosa?
¿Cómo puedes ser distinto?

Tu no eras en el estado de no nacimiento (de aún no nacimiento).

¿Quién más era contigo en el estado de aún no nacimiento?.
¿Cómo puedes ver tu propia ausencia?
¿Cómo puedes siquiera pretender ver/saber/conocer/percibir/saborear/sentir tu propia ausencia?
Ausencia=No existencia en plano pensante.
¿Cómo puede ser pensado ese estado en ausencia de estado o en presencia de no estado?

¿Es uno mismo quien está viendo lo que no es?.
¿Quién es aquel que ve eso?

Todas estas preguntas, y decenas, centenares, miles más que puede formularse un practicante a lo largo de años de práctica tienen una respuesta común.

Solo una.

UNO NO SABE.

Si uno no sabe.
Sabemos quién no sabe, pero… ¿quién es aquel que sabe que no sabe?
Aquel que sabe que no sabe no necesita nombre.

¿Cuál es la manifestación de la que surge lo no manifestado?
¿Dónde mora lo no manifestado?

¿Dónde estaba yo en el estado no nacido?
¿Dónde está yo en lo inmanifestado?
¿Quién es aquel que siente la conmoción de no ser?

Silencio….
Silencio….
Silencio….

Durante un sueño.
En el momento del sueño, no antes, no después.
En el instante del sueño.
Tú no sabes que eres.
¿Quién es aquél que está soñando en el instante del sueño?
¿Quién es aquel que observa al que sueña en el instante del sueño?
¿Quién es aquel que está siendo soñado?

¿Cuál es el destello genuino de un diamante de 1000 caras?
¿Cuál es el destello único de un diamante de mil caras?
¿Acaso está en el diamante?

¿De dónde surgió la certeza “YO”?
¿A quién le surgió?
¿Quién es aquel que percibió “yo” aún cuando no lo era?

¿Quién eras antes de poder decir “yo”, “mío” o “ahora”…?
¿Quién es este que vislumbra lo que fue antes de ser lo nombrado?

La propia búsqueda de aquello que se ha perdido es lo que impide ver que no hay nada que se haya perdido ni nadie que lo haya olvidado.

No siempre las preguntas se formulan esperando una respuesta.
¿Qué mentira puede ser más atroz, destructora, persistente e infinita que pensar que uno puede encontrar algo que ha perdido?
Tu vida es un sueño individual.

Todo son sensaciones.
Todo son pensamientos.

El único final de las sensaciones es verse cuando la sensación no es.
El único final de los pensamientos es verse cuando el pensamiento no es.
No hay otro camino, no hay otro final.
Es ahí donde hay que posar la sensación de presencia sin presenciador.

No hay ningún otro escape del mundo de la sensación que no sea verse cuando la sensación no era.

NOTA:
Lamento la densidad de este post.
Así ha nacido y así se queda.
No soy conferenciante, soy agricultor.

AMOR.

(Para L. y para C.)
(Para C. y para L.)

Todo el mundo a lo largo de su vida se enfrenta a dificultades, inevitablemente aparecen momentos y situaciones de dolor y sufrimiento.

Algunos se enfrentan a estas dificultades desde el momento en el que nacen.
Estas personas, estos niños y niñas, son especiales.
Son quienes necesitan un mayor cariño, afecto, dedicación, paciencia, comprensión, apoyo y atención.

Y nos recuerdan siempre que la única finalidad de la propia vida es el Amor Incondicional.

Para uno son tiempos de pérdida.
Tiempos de dolor.
Ratos de ira que tal vez precedan a instantes de calma.
Cuando uno está cerca del fuego puede calentarse, pero también puede quemarse.

Algo me impide escribir esto, pero me sale a borbotones del alma.

¿Por qué pararlo?
No puedo pararlo. No sé pararlo. No quiero pararlo.

Ya sé la teoría.
Bien la sé.
Pero también sé que a veces la teoría no es más que eso, teoría.

La pena, el dolor y la angustia están aquí. Siguen aquí.

Una vez nombradas, identificadas e integradas, son fuertes, enormes, invencibles, terribles, como un gigantesco castillo de piedra que se derrumba poco a poco sobre la cabeza.
Ese castillo no termina de caer, las piedras parecen no acabar nunca.
Me tumban una y otra vez.
Uno se levanta, pero vuelve a caer apedreado.

Cuando todo acaba, meditar sobre las cenizas no es suficiente, los restos siguen revoloteando en alguna parte muy profunda, muy íntima.

Son emociones, tan solo son procesos químicos a los que mi yo más estúpido y mundano pone nombre. Uno ya sabe.

Intento no hacerlo pero no puedo evitar pensar, no puedo evitar imaginar, no sé cómo dejar de soñar. Es una sensación arrolladora.
Siento el peso, el ahogo, el malestar y la ira.

No se puede tratar con la furia.
La furia no entiende de razones.
Hay que esperar a que pase.

Pero ahora está.
Ahora soy furia.
Hace muchos días que soy furia, muchas semanas…

Cualquier cosa que haga, piense, diga o imagine no consolará.
Sé que hay que esperar.

Es un gran error enfocar la pérdida como propia.
Es un gran error enfundarla en términos como “justa” o “injusta”.
Es un grandísimo error.

Pero…

Ahora no quiero pasarlo por alto.
Hoy no quiero olvidar.
No quiero permitir.
No quiero dejar de pensar.

Hacer eso me parecería traicionaros.

Porque creo que si evito, ese esfuerzo irá en mi contra y dañará todo significado.

El tiempo no hace nada, en realidad no es el tiempo el que hace que olvidemos.
Eso lo sé.

Olvidamos para no sufrir.
¿Sino para qué?
¿Qué sentido tiene seguir?
¿Para qué intentar huir si de quién quiero escapar es de mí?
No tiene ningún sentido, es un objetivo estéril.

¿De qué sirve mi furia?
No sirve de nada.
Ni siquiera de desahogo.

Sin embargo me daña a mí y daña a los que están cerca.
Eso lo sé.
Lo veo y lo percibo.
Y lo lamento.
Solo es una reacción, como apartar la mano del fuego.
Una reacción….

Os sueño muchas noches, siento vuestros cuerpos fríos y me despierto muy asustado.
Dormir tranquilo me parece traicionaros.
Es estúpido, lo sé. Pero es así ahora.

Sueño con sangre, pastillas, agujas, deshechos, vías, tubos, pasillos, carros de parada, cansancio, olor a desinfectante, lapidas, entierros, miedos, disculpas, llantos, lamentos, abrazos, sollozos y gritos.

Hay mucha violencia y mucha hostilidad en esos sueños.

Y siento que necesito correr 100 kilómetros hasta estar exhausto y dejarme caer y permanecer ahí, rendido, tumbado y expuesto.
Y siento que necesito derrumbar muros a golpes hasta que me sangren las manos y no pueda más.
Y siento que necesito gritar hasta que se me desgarre la garganta.
Y siento que necesito llorar hasta que se me seque el alma.
Y siento que  necesito aislarme, dejar a todos y permanecer solo, sentado, respirando, lejos del mí que soy ahora.

Sin embargo, no hago nada de eso.

Despierto sobrecogido, me siento y permanezco atando al animal salvaje que ha vuelto a escapar y lidio como puedo con mi propia miseria, mi dolor, mi debilidad y mi mediocridad que posiblemente es mucha, probablemente es muchísima.

Y me pongo a buscar a ese que no sufre, le busco una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, desechando a los farsantes que encuentro y que dicen ser él, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez….

Y si le encuentro…..
Y si le encuentro…..
Y si le encuentro, entonces miro desde sus ojos, siento desde su alma vacía de objetos pero llena de Amor y plenitud y me calmo, me sereno completamente y soy capaz de sonreir.
Y sé que ese es un YO que no soy yo, pero que está y ES.
Pero eso lo sé después.
Cuando vuelvo a ser yo en lugar de YO.

Pero si no le encuentro, la congoja permanece y se intensifica.
En este espejo en que me veo, todo se nubla.
Y no hay esperanza porque ya no puedo ayudar.

La ira y la tristeza me nublan la vista y me ciegan.
¿Donde está la humildad?
¿Donde está la compasión?
¿Dónde está ese al que conozco y que no sufre?
¿Por qué no le encuentro ahora?

Es la forma en la que se expresa lo que ES ahora.
Ni yo mismo entiendo por qué me afecta así.
Quizá lo entienda más adelante, no ahora.
Quizá.

L.
Me gustaría que tu corta vida sirviera para hacerme mejor.
Deseo con toda mi alma que tu Fuerza, tu Coraje y tu Arrojo me sirvan de inspiración.
Y cuando junte y mire mis manos grandes y arrugadas, pensaré en las tuyas, pequeñas y limpias.

Ya nada puede dañarte.
Pero eso no me consuela.
Adiós L.

C.
Me gustaría abrazarte y curar tus manos, limpiar tus heridas y reír contigo muchas más veces.
Todo lo aprendido permanece.
Ahora causa dolor, pero la semilla enterrada florecerá y permanecerá.
Nuestra risa siempre ganará al llanto.
Nadie puede arrebatarnos lo que ya ha sido.

Aunque ahora el dolor sea intenso, todo tiene utilidad si se hace con Amor.
Hay que comprender la trascendencia de la unción.
Es fundamental entender la importancia de la dignidad del otro, de acompañar al otro, de estar con el otro, de reír con el otro, de llorar con el otro, de escuchar al otro.

Y luego uno se marcha y el otro permanece un poco más.

Descansa ahora, pues tu sufrimiento ya no existe.

Ya nada puede dañarte.
Pero eso no me consuela.
Adiós C.

Con AMOR.
Siempre.