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Carcasa de croqueta.

Publicado: 12 junio 2019 en Reflexionando.....

Uno se levanta por la mañana y repite mecánica (y metódicamente) la fórmula de la felicidad que tanto le ha costado aprender a lo largo de los años, gracias a su propio esfuerzo, a su inteligencia, a su experiencia y a la sociedad en la que vive.

En tan solo 4 pasos uno puede ser plenamente feliz.
Las etapas son cortas y claras.
1.- Preguntarse dónde te gustaría estar ahora mismo y haciendo que.
2.- Pensar en que obstáculos te impiden estar allí haciéndolo.
3.- Intentar eliminar esos obstáculos.
4.- Entregarte por fin a lo apetecido.

OH!!!!
Maravilla de las maravillas, esto tiene que funcionar.
Pero no, no funciona.
Estas 4 etapas o fases o como se quiera o tal vez otras extraordinariamente similares, son la forma de vivir la vida de miles de millones de personas.

Son la manera de buscar la felicidad de miles de millones de personas.
Son las estrategias para evitar el dolor y el sufrimiento que utilizan miles de millones de personas, cada día, cada momento, cada instante de sus vidas.

Si alguna de esas personas lo consigue (algo que resulta probable, dada la gran cantidad de personas que participan en este “juego”), desde luego NO es por haber seguido esas instrucciones.
Esas instrucciones sirven para que sea la mente la que “viva” la “vida”.
O bien para que la vida sea vivida por la mente. (Desde la mente).
Por tanto desde la idea de lo que es la vida.
Desde el objeto creado que la mente nombra y conoce como vida.

¿Dónde está aquel que vive la vida? (si es que esta puede ser vivida).
Esa forma de vivir no puede funcionar jamás. Es un bucle interminable de deseo, frustración dolor y sufrimiento que termina cuando la muerte alcanza al cuerpo. Y el cuerpo desaparece y las ideas que se inventa también. Porque además, nunca existieron fuera de ese cuerpo, fuera de esa mente. NO son LA REALIDAD, (LO QUE ES).

No se sostiene, veamos juntos por qué.
Preguntarse algo es imaginar, ya vamos mal. Pues imaginar es jugar a crear, es inventar, es escribir un cuento con las letras de la mente y las imágenes de la memoria. Es FALSO.
Pensar en los obstáculos (que también son imaginados, pues no están ahí en ese momento y por tanto no son más que otro cuento), tampoco sirve para nada. Es FALSO.
El mismo hecho de denominar a algo “obstáculo” ya resulta un juicio, una apreciación, por tanto también es FALSO o al menos es susceptible de serlo.
Intentar eliminar esos obstáculos que como hemos visto son falsos, tiene muy poco sentido y menos utilidad.
Y entregarse por fin a lo apetecido (esto suena mejor), OHHHHH!!!!.

Un momento, hemos llegado a lo apetecido, que no deja de ser lo deseado y por tanto tampoco existe. Es un deseo, es una acción, es una creencia, una idea con el apellido “propia” que no es más que una pincelada de color blanco sobre blanco. Un pensamiento sobre otro pensamiento que al ser consecuencia de este se convierte en algo superior jerárquicamente (en la mente, claro). Y en esas estamos.

TODO FALSO.
Vaya…..

¿Habrá tantas personas que estén equivocadas? ¿Es esto posible?
Si repasamos las líneas anteriores bien podemos quedarnos en la primera, si la primera ya es “mentira”
¿para que seguir?
Si se observa que las siguientes son dependientes de la primera, y por tanto son hijas de la imaginación
¿de que sirven?.
Parece muy rotundo decir que algo “es mentira”, pero resulta más fácil saberlo (o intentar saberlo) si alcanzamos alguna certeza de la que partir.
Esa certeza sería el punto número 1 de nuestra particular lista de ¿Cómo ser feliz?
Un momento……
Ya esa misma pregunta es una trampa. Porque uno se ha creído la pregunta.
¿Ser feliz?
¿Quién es aquel que pretende ser feliz?
La respuesta fácil es “yo”.
Pero hay que trabajarlo un poquito más. Ese que dice “yo”, es una como una croqueta.
De hecho es como la carcasa de una croqueta.
La carcasa (cuerpo) y la masa de la croqueta (mente).
Aunque uno está muy seguro de ser uno mismo, es importante no dar nada por sentado. Analicemos……

El señor croqueta (o señora croqueta), se levanta por la mañana y se mira al espejo.

Esa visión, ¿cuándo ha sido vista con anterioridad?, ¿El reflejo es capaz de ver al observador?, ¿Qué es real, el reflejo o el observador?, ¿Por qué?, ¿Acaso el observador ha obtenido esa vista alguna otra vez sin utilizar un espejo?, ¿Dónde está la cara desde el punto de vista del observador?, ¿Acaso no está toda la atención dirigida HACIA AFUERA?, ¿Acaso esos ojos que miran desde el espejo pueden verse a si mismos sin el espejo? ¿Acaso no está claro que la imagen reflejada es la imagen de la carcasa de la croqueta porque tu la llamas “carcasa de la croqueta”?, ¿Quién es aquel que se mira a si mismo y es capaz de nombrarse si es él mismo?
¿No se ve que esto es absurdo?

Sigamos buscando a ese que se refleja en el espejo, al veedor (al que observa).
¿Acaso el espejo es conocedor de que la carcasa de croqueta está frente a él?
¿Acaso tu mente es consciente de tu propia mente?
Esto parece complicadillo, pero no es nada comparado a meter la palabra (concepto, idea, creencia….etc) denominada “consciencia”.

Enredemos un poco más….
¿Tú eres consciente de tu consciencia?
Acaso la consciencia es consciente de ti?
El pensamiento que te genera, acaso te conoce?
Te conoce tu pensamiento?
El oído que escucha, acaso te escucha tu oído a ti?
La voz que tu emites, acaso se dirige a ti?
El dolor que tu sientes, acaso te siente a ti?
Esto nos conduce a que NO podemos saber lo que somos. (Al menos con un análisis como este que estamos haciendo desde “yo”).

Imagina una gran pantalla blanca donde se emite una película.
¿Tú que eres?, ¿La pantalla? ¿Las imágenes que una tras otra, a una velocidad de vértigo van pasando por la pantalla dando una sensación “falsa” de movimiento “real”.
¿O quizá eres el que está viendo la película?
¿Si tú no estuvieras ahí, habría película?
¿El conocimiento que tu tienes te conoce a ti?
¿No se ve que es un completo error buscar a ese que se está buscando desde ahí?

No es posible. Es la carrera eterna, la rueda del “hamster” que gira y gira y gira y el ratón tiene la sensación de movimiento. Realmente se está moviendo, pero realmente está quieto.
Es curioso, pero es fácil ver lo falso, porque no soporta un mínimo análisis, se derrumba, se rompe.
¿Cómo va a saber quién es alguien que se pregunta quien es a si mismo? Es un completo disparate.
¿No se ve esto?
Pero ¿Qué pasa si no buscaras a nadie?
Si fueras nada.
NADA.
Que es aquello que une todo lo que es? NADA.
Esa NADA conforma todo y forma parte de aquello que es y no es. (“Es” porque puede ser percibido) y “no es” porque aun siendo no es percibido).
¿Acaso NADA no lo es todo y si es todo no puede haber aquello que llamamos “el resto”?
Giro la cabeza y veo una lámpara. ¿Esa lámpara existe en si misma o existe si yo la veo?
Tu no la ves, pero yo si, por tanto para ti no existe, pero como yo la veo, para mi si existe.
Tú te ves a ti mismo, carcasa de croqueta, por tanto concluyes que para ti existes.

“La vida es una mierda” (Es algo que escucho a menudo).
¿Acaso la vida sabe de ti? ¿Sabe quién eres? ¿Sabe lo que quieres?
¿Que sabe la vida de ti? ¿Existes tú para la vida?
¿Cómo te atreves a juzgarla?

No puedes juzgar a la vida porque ni siquiera eres capaz de conocerla. Solo puedes describir la idea conceptual (objeto) de lo que es la vida.
La vida tiene más de cuando que de donde o de algo.

Dejo una par de ejemplos de carcasas de croqueta por si pueden ser de utilidad para alcanzar el conocimiento de “yo soy”.
Es igual de útil que cualquier otro método.

Carcasa de croqueta que no es consciente de si misma.

 

Carcasa de croqueta egoica (Identificada con el yo).

 

Otra cosa es analizar el “¿Que es aquello que NO soy?”.
Suerte.

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Si uno se pregunta ¿quién soy yo?
¿Acaso es que ese uno son dos?
¿Cómo puede alguien preguntarse por si mismo?
¿No sería eso imposible?

Si uno se pregunta por si mismo.
¿Acaso no hay al menos 3 elementos ahí?
El yo
El que pregunta por el yo
El que observa la situación (a el yo y al que pregunta por el yo).

Si dejas de preguntar y dejas de observar….
¿Acaso queda algo?
¿Acaso queda alguien?
¿Acaso hubo alguien en algún momento?

Si quieres que el ojo se vea a si mismo deberás utilizar un espejo.
Si quieres conocerte a ti mismo, es ese espejo el que debes ignorar.
Un espejo JAMAS mostrará lo que ES.
La mente es un espejo.

Y por el mismo precio una encuesta:

Gracias a Alexis. Sponsor de este curso.
Sin sus líneas este curso no existiría.

Describir el campo visual no es algo complicado.
Entenderlo tampoco es demasiado complicado.
Pongamos un ejemplo.
Estamos delante de una reja.
Nuestra mirada (ayudada por el cerebro y nuestra voluntad), es capaz de enfocar más allá de la reja, evitando literalmente enfocar la trama de metal.
En ese momento, se enfoca lo que hay detrás de la reja.
¿Se entiende esto?
Bien, continuemos entonces…..

También podemos volver a enfocar la reja.
Y no solo eso, sino que podemos quedarnos (con algo de práctica), sin mirar a nada en concreto y nuestro campo visual se ampliará a lo ancho y a lo alto acaparando más detalles en una cantidad mayor de imagen vista.
Y además podemos reenfocar, mucho más allá de la reja, a lo lejos, todo lo que nos de la vista, y enfocar una piedra o un árbol en particular.
Y sin movernos del sitio, podemos volver a ampliar nuestra mira, dejando que la visión abarque toda la anchura posible….

Pero, un momento……
Esto es maravilloso!!!!. (Dirán ustedes)
Ciertamente, lo es.

Pero hay que darse cuenta del valor que tiene.
Esa propiedad determinará la cualidad de la visión.

Ocurre lo mismo con el tacto, con el gusto, con el oído y con el olfato.
No son superpoderes, es práctica.

Los cinco sentidos tienen esta particularidad que por supuesto se puede entrenar, propiciar y adiestrar.

Tras una práctica diaria sostenida digamos de entre 8 y 9 años de meditación sentando…….
Es broma. Es broma…… Jajajajaja.
Pero vaya susto ¿eh?
No poder iluminarse en 8 o 9 años es una faena.
¿Se imaginan?
9 años ahí sentado en el suelo y no pasa nada.
Caramba !. Vaya chasco.

En fin, decía que con la práctica de la meditación no cambia el mundo, cambia la mente y cambia la percepción de las cosas.
De esa nueva percepción surgen distintas reacciones, diferentes caminos y múltiples resoluciones. O ninguna.
(Es la diferencia entre una mente de mono y una mente en calma, una mente quieta)
Una vez acostumbrados a funcionar en el “modo calma” esa experiencia se convierte en la forma de ver (oír, tocar, degustar, oler……) por defecto.
En definitiva, puede llegar a convertirse en la forma de vivir y percibir “por defecto”.
Es más cómodo, más práctico, más sensato, más útil…..

¿Y cómo se consigue eso?
Primero hay que ver que es posible por uno mismo.
Ejercitando, practicando, adiestrando, equivocándose, reconduciendo……

Hace poco conversé con un amigo al respecto de la meditación “sobre la nada”.
Seguramente D. estará leyendo esto y ate cabos. ¿Quién sabe?

La cuestión es que hay experiencias, estados de la mente, como se quiera llamarlos, que no se alcanzan mediante el pensamiento, ni pensamiento verbalizado (en forma de palabras), ni pensamiento abstracto, ni pensamiento consciente ni pensamiento inconsciente.

Meditar sobre la nada es meditar sobre algo, pero la nada no es algo, sino que es la ausencia de cualquier cosa.

Esta abstracción tan habitual, es uno de los grandes problemas de la meditación.
Es un truco de la mente, un truco de las palabras y también un truco del ego que está intentado alcanzar algo, diferenciar algo o catalogar algo.
En realidad es un método para alcanzar algo que no puede ser alcanzado, sino que surge (o no).

Lo buscado no es tangible, ni visible, ni huele, ni tiene sabor, ni puede sentirse.
Solo puede ser constatado una vez ha terminado. Porque la MEDITACION (así, con mayúsculas), ocurre independientemente de los sentidos.
Ocurre en otro plano mental.
Es algo parecido al sueño. Solo puede ser constatado una vez uno está despierto. De otro modo. ¿Cómo sabría uno que ha estado dormido?

A lo largo de los años, la práctica irá limando asperezas, marcando detalles, se abrirá camino como el agua entre las piedras, si se tiene la persistencia e intensidad necesarias.
Hay miles de técnicas, miles de prácticas (literalmente miles, no es una exageración).
¿Cuál me vale a mí?
Pues, no tengo ni idea.

Si pudiera hablar de algo, hablaría de algo que conozco, pero de aquello que uno no conoce es mejor no hablar para evitar confundirse y confundir.

La práctica más cercana a la atención en el vacío que yo he podido llevar a cabo a lo largo de los años está basada en los mismos detalles que he escrito al principio sobre la vista. Esa plasticidad, esa manera de “manejar” la vista puede alcanzarse con el pensar y aplicarse a la atención y por tanto a la concentración.
Cuando uno “abre” (las palabras limitan nuevamente, siempre esclavo de las palabras).
La palabra no es la cosa.
No puedes alimentarte de la palabra “carne”.
No puedes alcanzar nada con la palabra “meditación”.
Perdón, me desvío.

Cuando “abre su concentración”, cuando uno ya “maneja” con soltura la forma de pensar/meditar/observar/prestar atención….
Y es capaz no solo de distinguir los distintos tipos de atención, sino que no le resulta excesivamente difícil cambiar entre uno u otro “a voluntad”, tal vez pueda estar en situación de llevar a cabo meditaciones sobre el vacío.
Insisto.
Meditar sobre el vacío no es pensar en él ni poner atención en su presencia, porque el vacío no puede ser percibido y su ausencia tampoco.
La percepción de ausencia del vacío no deja de ser una treta de la imaginación. Y ya seguimos en la mente.

En ocasiones, a modo de técnica, la manera “mejor” de encontrar foco en la ausencia ha sido mediante la concentración sobre el propio latido cardíaco.
En sesiones cortas no es posible (a mi al menos no me ha resultado posible) alcanzar este estado, pero en sesiones algo más largas (>2h), con constancia y esfuerzo inicialmente, se puede observar simplemente el latido del corazón.
El organismo se encargará (si no hay distracciones), de disminuir la tensión arterial y rebajar la frecuencia respiratoria.
En ese estado de calma, se percibe el latido en muchas partes del cuerpo.
Por ejemplo, en el pecho (arteria pulmonar), en las sienes (por la propagación ósea de la arteria carótida), en el cuello (arteria carótida), en las muñecas (arteria radial), en las manos (reflejo de la arteria radial), en las ingles (arteria ilíaca), en las costillas (arteria pulmonar), en el abdomen (arterias pulmonar y/o aorta abdominal)….etc
En realidad podría ser percibido en cualquier sitio en el que haya una arteria y en otros lugares por reflejo y propagación.

El latido se ralentiza si no hay distracciones y la práctica es sostenida y correcta.
La mente percibe el latido en todo el cuerpo. Durante la diástole el corazón se expande (relaja) y el corazón se llena de sangre, mientras que durante la sístole el corazón se contrae y provoca la salida de sangre hacia los diferentes vasos.

No es importante distinguir entre sístole y diástole, pero si es importante saber lo que hay entre una y otro.
Esta es una buena pregunta…..
¿Qué hay, a nivel cardíaco, entre una sístole y una diástole?

La respuesta es NADA.

NADA!.
Esto es importante porque suele ser muy raro ser capaces de encontrar un “nada”.

La propia posibilidad de “encontrar nada” es incongruente, pero aquí está. (Malditas palabras).

La concentración completa (absorción) de lo que hay entre latidos es la mejor técnica para practicar meditación sobre el vacío.
En ese estado, los latidos son claramente distinguibles y el estado entre latidos es parecido al estado entre pensamientos, con la diferencia de que los pensamientos van mucho más rápido y es mucho más difícil encontrar el “hueco” que hay “entre ellos”.

Al ser un ciclo regular, los latidos permiten observar la ausencia de latido, y esa ausencia es la que puede llegar a ser percibida como “Vacío”.
Insisto, el Vacío no puede ser percibido.
Si usted medita sobre el alma pensará en algo que usted imaginará que es el alma, porque no lo ha visto nunca, no lo conoce, no tiene nada más que un conocimiento teórico sobre el alma y además no se puede meditar sobre algo desconocido y jamás sentido porque lo que hará es imaginar.
Lo mismo ocurre con el Vacío.

Solo es un ejemplo.
Probablemente no funcione, a mí si me funciona. No siempre, claro, pero como aquí no damos garantía, pues no pasa nada.

Un detalle importante.
La absorción se consigue con práctica, y este ejercicio requiere bastante.
Inicialmente hay que trabajar sobre la respiración hasta que esta sea automática y no requiera control, pero este debe tener una cadencia determinada para obtener los mejores resultados.

Un ejemplo de práctica avanzada sería una respiración regular de (inhalación/respiración por minuto) alcanzando un ciclo de inspiración-detención-exhalación-detención con una relación de 10-20-10-20 (En segundos).

Esto en alguien principiante no es posible, sería mejor practicar con ciclos de 5-10-5-10 (En segundos).
Es decir:
5 segundos de inspiración.
10 segundos de retención.
5 segundos de exhalación.
10 segundos de retención.
Y se reinicia el ciclo.

Es muy importante hacer las cosas bien, sino mejor no hacerlas.

Llorar a escondidas porque no te abrazan te hace humano.
Sentarte a meditar sobre tus latidos también.
Pero ambas cosas hay que hacerlas como deben ser hechas.
Con sinceridad y pureza. También con empuje y firmeza.

CUIDADO: NO PRACTIQUÉIS RETENCIONES DE RESPIRACIÓN SIN SABER LO QUE ESTÁIS HACIENDO. SI A PESAR DE ESTA ADVERTENCIA OS ARRIESGÁIS; ES BAJO VUESTRA RESPONSABILIDAD, DETENEOS A LA PRIMERA MOLESTIA.
Contestaré a cualquier pregunta o duda sobre esta práctica.

Amor y Calma.

Hola.
Hace tanto tiempo que no paso por aquí que lo menos que puedo hacer es saludar….
Espero que estéis tod@s bien.

Hoy han pasado dos cosas.

He preguntado a una niña de 9 años cual es el origen o la causa de todo sufrimiento y me ha respondido: “llorar”.
Ella ha confundido la consecuencia con la causa.
Esto es algo muy importante y muy habitual, también en adultos.
En la mente primero surgen los pensamientos, algo complicadísimo de detener, pues la mente piensa, no es algo voluntario, nuestro cerebro piensa, esa es su labor, eso es lo que hace. Es su función.
¿Puedes hacer algo para que tu páncreas no funcione?
(No hablo de pegarte un tiro en el estómago, claro).
¿Puedes hacer algo para que tus pulmones respiren?
¿Y porque crees que puedes detener la función del cerebro?
No solo lo crees, sino que lo persigues, lo intentas.
Mal hecho.
No es por ahí.
No se trata de no pensar.

La clave está en lo que se haga con esos pensamientos, en como impacten (si lo hacen).
Una cuestión clave es que primero es el pensamiento y después es la emoción.
Salvo problemas en el SNC ó en el SNP (sistema nervioso central o en el periférico), la mente no percibe emociones sin un pensamiento previo.
Conozco a personas (no pocas) que pretenden dejar de pensar.
Creen que la clave del cese del sufrimiento es dejar de pensar.
Algunos dicen “como cuando duermes, me gustaría estar siempre como si durmiera, sin pensar”.
Eso tiene fácil solución. Dormir más.
O aplicar morfina en dosis adecuadas para sedación completa.
Pero no va por ahí ni el problema ni la solución.
Eso es como luchar contra el aire a puñetazos, no se ha entendido nada.
Cuando se seda a una persona es para que no sufra, no para que no piense.

Hoy he conocido a Pelayo.
Pelayo tiene 13 años. Tiene pelo en las axilas, las costillas muy marcadas por una delgadez que sin ser extrema resulta llamativa. Mide 1.70m aproximadamente, y pesa unos 47 kilos.
Los codos y las rótulas se marcan en exceso en unos brazos fibrosos y unas piernas largas, sus clavículas parecen intentar salir del cuerpo.
Su espalda arqueada no ayuda al conjunto.
Al caminar “rema” con los brazos, es un efecto muy común en personas con que tienen la dificultad que tiene Pelayo.
Igual que el balanceo cuando avanza.
Su movimiento es muy espástico.
Muchos de sus músculos y articulaciones se encuentran en contracción permanente.
Es muy doloroso, él puede decirlo, verbaliza, es capaz de hablar, con “voz” muy cavernosa, pero habla.
Hay otros que no pueden indicar si les duele o donde. Quizá no sepan lo que es el dolor, más allá de sentirlo. ¿Tú podrías describir el dolor si no supieras lo que es pero lo sintieras?

Estas personas no emiten juicios de valor, no verbalizan, no indican, no exteriorizan, no hay comunicación ni hacia afuera ni hacia adentro.
Es solo dolor en estado puro. Solo dolor. DOLOR.
Quizá no sepan ni el nombre, porque la palabra dolor no es el dolor.

Como decía, Pelayo habla, es capaz de emitir sonidos y verbalizar algunas palabras.
Dice hola, pero no por ecolalia (repetición de las palabras involuntaria enmarcada dentro del espectro de trastornos obsesivo compulsivos), sino porque tiene intención de saludar.

Pelayo saluda. Y se despide. Cuando ve a su hermano pequeño que es apenas un bebe, alarga sus brazos hacia él. Está sentado en el suelo y va arrastrando el culo ayudado por sus brazos hasta llegar a los pies de su madre y se levanta (le cuesta bastante), abraza a su hermano y yo pienso que esos brazos son como las ramas de un árbol.
Acerca su cara y le besa. Le dice algo ininteligible para mí.
Pero el tono es cariñoso y el gesto totalmente intencionado. No está reaccionando, está actuando, hace lo que quiere, es intencionado.
A los pocos segundos lo habrá olvidado.
Pero ahí ha estado su sonrisa. Un instante.

Él vive ahora sin referencias, sin conceptos. A veces “se acuerda” o mejor dicho, su cerebro le permite recordar cosas y actúa.
Otras veces permanece ausente.
Si estuviera de espaldas, tuviera una posición adusta, la espalda recta y vistiera un kesa. Podría estar horas en estado ausente y bien podría pasar por un iluminado, un maestro, alguien que ha alcanzado Moksha. Alguien LIBRE. Todo depende de quién mire.

En realidad Pelayo tiene un 23% de función cerebral.
Su mirada y el gesto de su cara indican que probablemente naciera con el síndrome de maullido de gato, un deterioro del cromosoma 5 (en realidad le falta un trozo). Y su nombre se debe a que el llanto de un bebe con este síndrome se asemeja sorprendentemente al maullido de un gato.
Más adelante, las facciones pueden o no ser características. En este caso lo son.
Pelayo tiene un dimorfismo cráneo-facial consistente en microcefalia (cabeza pequeña para el tamaño del cuerpo), cara redondeada con forma de luna llena, ojos con amplia separación, pliegues epicánticos excesivos (los pliegues característicos de la raza asiática en la parte interior de ambos ojos) y un puente nasal demasiado ancho.

Así que tenemos dos problemas.
Una ausencia de función cerebral del 77% y un síndrome que causa un pronunciado retraso mental y del desarrollo (siempre por debajo del percentil 50 en la parte mental y siempre por debajo del percentil 20 en la parte del desarrollo), aunque a pesar de ello, el síndrome del maullido de gato no se ha podido asociar con anomalías estructurales cerebrales.
A Pelayo no le hacen falta más anomalías cerebrales, ya las tiene por otras causas, hipoxia neonatal, para ser más concreto (falta de oxígeno durante el nacimiento).
Este es el cuadro clínico de Pelayo.

Pelayo no puede pensar. Sus discursos mentales y rumiaciones son básicas.
Cualquier pensamiento complejo lo atora, lo bloquea, no es capaz de gestionarlo.
Cuando digo pensamiento complejo no me refiero a hacer una ecuación o a resolver la teoría de cuerdas, me refiero a gestionar una emoción, a tener empatía, a sentir compasión, a entender que siente alegría, por ejemplo. Para eso hace falta pensar.

Pero si no piensas….. ¿Qué ocurre?.

Es difícil saberlo. Pelayo tiene una prevalencia hemisférica derecha, esto quiere decir que su 23% funcional se concentra en su mayor parte en actividad eléctrica en el hemisferio derecho.
Para hacerlo corto, el hemisferio izquierdo hace cálculos y busca certezas, mientras que el hemisferio derecho gestiona la parte más emocional de una persona.
Pero necesitamos los dos para pensar “con normalidad”.

El estado de Pelayo es un drama, es trágico.
Él hace su vida sin anticipar. Sólo pide comida cuando tiene hambre.
Si se tropieza con una verja que le corta el paso y le llega a las rodillas, en muchas ocasiones se bloquea y se pierde, no sabe dónde está ni como volver. No sabe lo que es volver. Se queda ahí, bloqueado….
Se autolesiona porque no es capaz de gestionar el sobrecogimiento que le supone manejar una emoción como el cariño hacia su hermano.

¿Tengo que contar más?

Eso no es lo que buscáis.
No queréis dejar de pensar.
Sois afortunados por poder pensar.
Por poder anticipar vuestros problemas, por poder interaccionar con ellos.
Por sufrir por ellos.
Eso os da la posibilidad de hacer algo.
Pelayo no tiene esa posibilidad.

Quizá os sintáis desgraciados, pero podéis hacer algo.

La figura del cese de pensamiento es una constante del budismo (Zen, Chan, Mahayana…..etc,etc.) también de la Vedanta Advaita. y de muchísimas corrientes espirituales hinduistas y asiáticas, antiguas y modernas (como el neoadvaita), porque parece que se trata de ser más y mejor que lo que había. Siempre mejorar algo, le cambiamos el nombre y así es algo nuevo, es algo mejor, se venden más libros, aparecen gurús, escuelas, maestrillos del tres al cuarto que curan cánceres haciendo que la gente tome infusiones de limón con lejía rebajada con agua (nueva medicina germánica) y cobrando 400 euros por sesiones de 45 minutos.
Esto pasa. Yo lo veo y muchas veces se disfraza de práctica espiritual.
Aunque necesitas a alguien muy desesperado para lograrlo, pero siempre hay un roto para un descosido.

Retomemos, que me estoy desviando.
Olvidemos los nombres y conceptos.

¿Funciona esto del no pensar?
La respuesta es no.
¿No se puede dejar de pensar voluntariamente?
La respuesta es no.
¿No es la solución a nuestros problemas no pensar?
La respuesta de nuevo es no.

Hablemos de una práctica. No la nombremos ni la cataloguemos.
Uno se sienta a meditar. Tras cierto tiempo de práctica, y de guía, hay una transcendencia de estados.
Esto no quiere decir nada más que la mente va afilándose, va enfocando cosas que no son percibidas durante la actividad cotidiana.
Hay un punto en que el meditador se piensa meditando (se imagina, se ve meditando en su mente). Ahora hay dos cosas, un meditador y un observador del meditador creado por el meditador.
No os perdáis, que aquí hay algo que puede ser importante.
Ese meditador imaginado toma el mando como un modelo a seguir, es lo que se quiere alcanzar.
Simplemente es un reflejo egoico, pero toma el mando y pensamos “medito que te cagas”.
Me he leído un par de libros, me he comprado unos cd´s, tengo una app cojonuda y encima escucho a la gente, soy más paciente y nunca me enfado (bueno, casi nunca).
Leo a Krishnamurti y a Ramana. Me se los Yogasutras de Patanjali. Hago retiros (me llevo el móvil y mis pastillas, pero que bonito es ese árbol y el sonido del río y solo por 250 euros un fin de semana). Y dono dinero para cruz roja.
Estoy cambiando. Soy mejor. Soy mejor que tu.

Y este meditador imaginado o pensado, a su vez crea otro que cada vez es mejor. Y es mentira también.
Ver que el segundo meditador es solo una idea es útil y puede dar lugar a un cambio.
El cambio consiste en permitirle estar ahí y seguir meditando.
Muchos lo intentan eliminar al percatarse de que es imaginado.
MAL!. Dejadle ahí.

No buscando, meditando. Permanecer en el silencio. El segundo meditador desaparecerá (con tiempo, práctica y guía). En realidad seguirá estando, pero estará como la pared de tu izquierda, esa en la que acabas de reparar y antes no.

Y se transformará en un tercer meditador que observa a los dos anteriores. CUIDADO que ese también es mentira.
y el cuarto y el quinto. TODOS FALSOS.
Volvamos al primero. Cuando el primero no refleje a ninguno habrás avanzado algo.
Y es desde ahí desde donde puedes continuar avanzando.
Es muy delicado utilizar el término “avanzar”, por defecto se considera positivo y eso es arriesgado.
El problema es que cualquier meditador es falso, incluido el primero también.
¿El primero también?
SI, el primero también.
¿Entonces todo es falso?
No.
Entonces ¿Quién es aquel que obtiene la certeza de que todos son falsos?
NADIE.
No es un quién. Es NADIE.

Cuando llega esa certeza no obtienes nada.
Lo pierdes.

Y no levitas, ni vuelas, ni haces nada raro o extraño ni te tiras un pedo arco iris místico.
Solo has descubierto una gran mentira. Nada más, y nada menos.

Los cambios son muy sutiles, impactantes, pero sutiles.
Si se percibe como que has estado equivocado hasta entonces, OTRA MENTIRA.
Deja las invenciones. Busca aquello que no son invenciones.
Tú que puedes discriminar.
¿Qué tiene Pelayo en el instante en que está en ausencia?
¿Qué le falta a Pelayo en el instante en que él está en ausencia?

Puedes estar inafectado por ti mismo.

Cuando esto llega, no hay nadie que sepa que tú y tú no suman dos. Pero así es.
Cuando esto llega, no hay nadie que sepa que tú y yo somos lo mismo. Pero así es.
Si es percibido, nombrado, catalogado…. Te ha vuelto a engañar.
Literalmente.

Te quiero Pelayo.
Te deseo la mejor de las suertes en ese mundo que soy incapaz de imaginarme siquiera.

Tú me conoces, saltémonos las presentaciones, que no vienen a cuento.
Has respetado mi espacio y te lo agradezco, creo que es malo hablar solo para rellenar huecos.
Los huecos hacen falta. Son espacio.
A nosotros no nos hace falta aparentar interés, esa fase ya la pasamos.
Siempre es de agradecer, pero ahora he necesitado calma y desde ahora voy a necesitar rodearme de ciertas personas y evitar otras.
Puede que suene injusto, tal vez lo sea, en todo caso importa poco.
Debo evitarte a ti (a yo), porque tu me dañas.

Un hombre con un objetivo es invencible.
No hay problema insalvable, hay enfoque malo.

Recibir los latigazos con una sonrisa en la cara, pero no de desprecio o desdén, sino de calma y serenidad.

La sonrisa del que sabe que ya no le pueden dañar más.
Porque ha aprendido a manejar el daño.
No es que no lo sienta, es que lo comprende y lo acuna, lo observa y lo tolera.
No en presencia de indiferencia, sino en ausencia de implicación, que es totalmente diferente.

Ese es un objetivo.
La ausencia de implicación es un objetivo muy importante.

Para que nazca una flor de loto debe haber barro.
Es una estupidez, pero es una estupidez evocadora. Incluso inspiradora.
Hay que mancharse, mancharse con el barro.
Cuando encuentras la mayor de las felicidades en una música o la risa de otra persona…
Uno puede observar que siempre ha estado ahí, pero que ahora es percibida. Percibida de otra manera.
¿Que ha cambiado?
¿Quién ha cambiado?
¿Por qué?
¿Cómo?
Y ahí ya nos hemos perdido.

Te puede hacer feliz mirar una piedra sobre el agua.
Es la misma piedra de siempre, es el mismo agua de siempre, es el mismo estanque de siempre.
¿Que ha cambiado entonces?

La cualidad del observador.
La cualidad de quién mira.
Ha cambiado quién mira.
En realidad es lo único que puede cambiar, ¿no ves esto?
Siempre cambia aquel que observa, lo observado no cambia nunca.

De hecho lo que cambia es la interpretación de lo observado (En aquello que es observado, incluyo a uno mismo, claro).

El abandono, el desprecio, es amargo, es duro, intransigente, demoledor.
¿Donde están la dulzura y la calma?
¿Acaso no son todo emociones?
¿Acaso no son todo reacciones ante emociones?
¿Acaso no todo es una absurda carrera interminable para sentir algo y no sentir otras cosas?

Si la mente percibe eso (o reacciona así ante eso).
¿No podría reaccionar con Amor y Calma ante otras cosas?
¿No podría reaccionar con Amor y Calma ante todas las cosas?
Y lo más importante. ¿Que hay ANTES de reaccionar?
¿No podría NO reaccionar?

Uno no se da cuenta, pero cuando siente ira, la siente uno mismo, no el resto, ni siquiera aquello hacia lo que se dirige la ira.
Cuando se odia, es uno mismo el que siente, padece y sufre su propio odio. No es nadie más.
Cuando se desprecia, no es el despreciable el que sufre, sino aquel que inicia el desprecio.

¿Y quién lo siente?
Da igual hacia qué o hacia quién vaya dirigido.
Da igual incluso el motivo que ha iniciado ese odio.
El odio daña a uno mismo, te daña a ti.
Tu odio te daña a ti.
¿Otra vez?
Tu odio te daña a ti, tu pena te daña a ti, tu desesperación te daña a ti, tu tristeza te daña a ti.
Hay que ver esto.
Identificarlo puede cambiar las cosas.
Puede cambiar la vida.
Puede cambiarlo TODO.
Solo con creencias.
Y TU no eres tus creencias.
He perdido mucho, quizá lo he perdido todo.
Pero ahora vivo con tres guijarros.
Y los cuento constantemente.
En ciertos momentos es todo lo que hay en el universo y nada más me importa.
Son todo lo que tengo.
Cuando dejo de contarlos, vuelve el mundo.
Esos guijarros estaban aquí antes que yo, y probablemente permanezcan cuando yo no esté.
Y me pregunto…. ¿qué es real, el mundo o los guijarros?.
Tal vez ni lo uno ni lo otro.

        Mil Gracias a Alexandra Koch por esta fotografía.

Hoy es el primer día del año.
Normalmente en estas fechas las personas solemos hacer un esfuerzo por evitar errores anteriores, por mejorar algunas
facetas y por alcanzar algunas metas.

Todos los años hacemos lo mismo. Casi todo el mundo comienza el año con buenas intenciones.
No puedo hablar de las que tiene el resto, pero puedo hablar de las mías.

La inercia de esas intenciones no duran demasiado, en algunos casos, apenas unas horas.
Yo tengo algunas fantásticas que todos los años me planteo que voy a lograr.

Mis metas para el 2017 son las siguientes:

– Bucear en el mar Rojo.

– Ir a las Islas Medas a encontrarme con un amigo mío y bucear con trimix a 75 metros. (Esto no es una gran idea
considerando que la cámara hiperbárica civil más cercana está en el hospital de Palamós, a 30 kilómetros en coche, aunque
hay una militar más cerca, creo). En todo caso, no es buena idea.

– Aguantar en apnea (bajo el agua sin botellas de aire) más de 5 minutos. Esta es aún una idea peor que la anterior.

– Correr la maratón de Nueva York.

– Meditar mucho más.

– Ir a Japón, alojarme en ryokanes y visitar todos los jardines japoneses de Kioto (al menos) y a alguien muy especial.

– Ir a la India (En particular a Leh y Baranasi, y ya estando por allí, acercarme a Katmandú, en Nepal).

– Comprarme una casa en Canadá (esta me hace gracia hasta a mi). (JAJAJAJA).

– Hacer un retiro de silencio y ayuno de 10 días completamente aislado solo con un zafú, un mala y un cuenco.

– Aprender japonés.
Pongo solo unas pocas, hay docenas, y hay momentos en los que pienso que las voy a hacer.
Cuantos más años cumplo, la experiencia me dice que siempre he sido muy impaciente y he abarcado demasiado.
Seguramente, dentro de un año, si todavía existo, escribiría lo mismo que hoy, o parecido.
Porque me temo que de lo que pone arriba, tal vez medite más. Pero eso es todo.

Algunos diran que es porque no tengo el empuje suficiente, las verdaderas ganas de hacer las cosas, el deseo profundo de
llevarlas a cabo.

El libro “el secreto” de Rhondha Byrne, tiene la culpa de que muchas personas que piensen así.
Aunque ciertamente, ha vuelto optimistas a muchos pesimistas, lo cual tiene un gran mérito. En todo caso, es
incuestionable que esa “búsqueda espiritual” se ha convertido en una franquicia que factura cientos de millones de dolares
al año. Con libros, app´s, DVD´s, peliculas, vídeos, bandas sonoras (si, yo tampoco entiendo que haya una banda sonora). Casi todas ellos, artículos de dudodas utilidad (según mi equivocada opinión).
Casi me recuerda a Osho en sus mejores tiempos.

Vivimos en una sociedad en la que parece que tener deseos es obligatorio y demuestra una buena salud mental e iniciativa.
Estoy en frontal desacuerdo con esto, pero es lo que tenemos.

Hay que ser tremendamente competitivo, si no corres una maratón, eres un blando.
Eres una piltrafilla si no terminas una rompepiernas (se llaman así, son carreras muy duras, de hasta 21 km y con
pendiente superiores a los 23 grados).
O una Espartan. “Eso se lo hace mi hijo de 14 años” (esto lo he oido de verdad).
Es una carrera de 20 kilómetros que te hace saltar sobre fuego entre otras 24 pruebas igual de ocurrentes.

Una cosa es motivar a las personas, pero no me parece que esto lo sea.
Esto es más parecido a la mortificación personal, al castigo, a los cilicios que se usaban cuando había una tentación.
Algo brutal, vaya.

Hay una mentalidad asociada al sufrimiento para sentirse mejor, hay una cultura generalizada en la que prima que si
quieres conseguir algo tienes que esforzarte y sufrir.
Si no sufres, algo haces mal. Para mi esto es un error.

Veo corredores que llevan en su muñeca un chisme con más tecnología que el avion de los hermanos Wright.
Estos si que tenian lo que hay que tener.
VALOR.
Eso es lo que hay que tener.
VALOR.

Y si ahora no tienes valor, habrá que buscarlo, pero no te hace falta saltar de un rascacielos para demostrarte lo capaz que eres. Tienes vértigo. ¿Y que? yo también lo tengo, por cierto.

No hace falta hacer cosas arriesgadas para pensarse mejor.
Sientate y lidia contigo mismo si quieres un reto.
Y más barato, una espartan cuesta 100 euros el mismo día de la carrera.

Hace falta mucho Valor para enfretarse a uno mismo, y otras muchas cosas (honestidad, temple, calma, sinceridad,
perseverancia, paciencia……). Y es gratis.
Solo reivindico la importancia de lo lento, de lo mínimo, de lo sencillo, de lo fundamental.
Conozco deportístas de élite. No critico eso, ni mucho menos.
Son personas que son capaces de gestas asombrosas, pero ninguno de ellos lo hace para contarlo.
Lo hacen para sentirlo.
Esa es la gran diferencia.
Inmensa y fundamental.
Contartelo a ti mismo al fin y al cabo es contarlo.
Si te lo cuentas no lo sentirás.
Quién haya pasado por aquí sabe de lo que hablo.

Retomo la intención inicial de este post, que me desvío.
Hace años me cansé de tener deseos absurdos que pertenecen más a la imaginación que a lo realmente posible, lo que hace
que cuando uno ve que no se puede, tal vez se frustre. Tal vez.

Es por esto, que para todos aquell@s que sois algo más realistas y no teneis ideas tan raras como las mías, propongo un
cambio de vital importancia, sin complicaciones, sin bellas montañas japonesas ni fantásticas cascadas en Costa rica y no,
no hay que saltar sobre fuego.

Lo que os ofrezco es la posibilidad de integrar la meditación en vuestra vida.
Quizá no sirva para nada, quizá os cambie la vida (a mejor).

Esta idea no es mía, fue de Martin Boronson. Y es muy importante no cambiar el ejercicio.
Muy importante.
También hay un libro, no es excesivamente interesante (para mi).
En todo caso, el vídeo si lo es, y si integras algo tan fácil como esto en tu vida, seguramente te sentirás mucho mejor.

Espero que así sea.


Feliz 2017.

Hace demasiado tiempo que no escribo en el blog y desde hace semanas tengo rondando por la cabeza la intención de hacerlo con varios post de temática muy diversa.

Pero cambios importantes en los últimos meses me han bloqueado de tal manera que han despedazado mi vida tal como la conocía. Uno se asusta de lo fácil que resulta perder el pie, caer, olvidar que no hay que dar nada por hecho, que nada hay seguro, que la pérdida está ahí siempre, porque forma parte de la propia naturaleza de la vida. No voy a decir si lo que ocurre es bueno o malo, porque eso sería juzgar y es algo que evito hacer (cuando me acuerdo), pero si es cierto que los hechos están ahí, presentes, amenazadores, presuntuosos y retadores, con la barbilla levantada y mirándome altivos, en espera de ver como reacciono o como no reacciono.

Por eso, me gustaría retomar la escritura con algo más íntimo y personal de lo que habitualmente escribo.

Hoy quiero escribir sobre la atención, el enfoque y la cualidad del proceso de pensar (esa es la intención, veremos como acaba esto).

La primera vez que me di cuenta de las inmensas diferencias que hay entre prestar atención y no hacerlo fue hace más de 20 años, pero lo recuerdo como si hubiera sido hace 5 minutos.
En aquel momento el parque del Retiro de Madrid estaba abierto permanentemente, ahora lo cierran durante la noche.

En aquel tiempo, uno estaba pasando por un momento vital crítico, lo escribo de forma automática, sin saber exactamente que significa eso de “un momento vital crítico”, tengo la sensación de que se trataba del presentimiento de un cambio radical, la necesidad de un giro de 180 grados en la vida que llevaba hasta ese momento y durante esa etapa de la vida en particular, que me generaba un inmenso y constante sufrimiento, físico y psicológico.

Quien haya pasado por una etapa así sabe de lo que hablo, quien no sepa de lo que hablo, me produce alegría, porque eso significa que no ha transitado por un “lugar” tan hostil, doloroso, decadente, tenebroso y delirante como ese. Un lugar que te despedaza sin contemplaciones. De forma continua y persistente, como un martillo neumático.

La respuesta normal es buscar ayuda médica en primer lugar porque si hay dolor normalmente ocurre algo.

Luego buscas ayuda y distracción en tus amistades, en tus relaciones familiares, en tus relaciones sociales, en el trabajo, en el ocio, en tu entorno más cercano, en tu propia intimidad….etc.

Pero pasaron meses y meses y observé que aquello (fuera lo que fuese), no daba tregua y ningún médico podía explicarlo (Aunque hubo muchas explicaciones peregrinas, muchas pruebas y demasiados palos de ciego).

Yo me entregaba cada vez más a prácticas intensas como el rezo (en aquel momento rezaba), o la meditación, o la contemplación, o el pranayama (control de la respiración), o el Zazen o eso que ahora llaman mindfulness y que antes no llamaban así o las lecturas de una miríada de textos distintos, que abarcaban multitud de campos.

Muchas de estas cosas me ayudaron. La agonía cambio, no terminó, pues no hay final ni principio y eso debió ser entendido.

Me di cuenta de algo, observé por mí mismo que podía sustituir el contenido del pensar por otro contenido.

Así, NO podía dejar de hacerme preguntas de un modo obsesivo, pero SI podía cambiar esas preguntas (esas palabras en la mente), por otro contenido. Experimente mucho durante aquel tiempo. Observé que es mucho más eficaz tararear una canción que seguir pensando en otra cosa en términos de “palabras”. Era más eficaz seguir un ritmo con la mente, o con los dedos, u observar la respiración, o contar desde 10.000 hasta 1 hacia atrás restando 3 cada vez (este ejercicio deja exhausta la mente, casi puedes escuchar los engranajes del cerebro, ahí, buscando el siguiente número e intentado no olvidar por donde ibas, la guasa estaba en que si te equivocas, empiezas, así que la cosa tenía su gracia; aunque luego te lo sabes de memoria y solo recitas, y así ya no vale).

Es importante ser constante, incluso severo. Cuando quieres cambiar algo hace falta esfuerzo. El trabajo es arduo y muchas veces se torna duro, porque hay una tensión constante entre exigir y permitir, hay que tener disciplina para combatir el impulso natural de dejarse ir por el camino más fácil (el camino más fácil es seguir igual o no hacer nada).

Por aquel entonces yo buscaba parques y entraba en ellos para sentarme en la hierba y esperar. Creo que recorrí el 70 % de los parques de Madrid (y eso son muchos parques).

Buscaba un espacio tranquilo, en el que no hubiera nadie, y me sentaba. Pasaban horas haciendo esta clase de ejercicios y conseguía tranquilizarme. Simplemente observaba, escuchaba (pájaros, agua, nada), y eso me calmaba y el dolor desaparecía (resultaba bastante extraño, desconcertante.).

Si tienes la mente preparada, la percepción de la “realidad” cambia, digo la percepción, no digo la realidad. La realidad es inmutable. La percepción de la realidad depende absolutamente de la mente y los sentidos, por eso hay tantas percepciones de la realidad como seres vivos, pero hay únicamente una realidad. (Es curioso observar esto).

Pero retrocedamos 20 años y volvamos al parque del Retiro. A las 3:30 de la mañana yo no podía dormir y me animé a ir al Retiro, como no tenía coche ni medio de transporte, fui corriendo. Era fin de semana, y había bastante gente por la calle. El “running” no estaba de moda, ni siquiera se llamaba así, de modo que ver a alguien corriendo a esa hora, suponía que estabas huyendo de algo. (Y realmente así era, aunque toda esa gente no lo supiera nunca).

Llegué al Retiro y en lugar de sentarme no sé porque me puse a caminar, muy despacio, no haciendo Kin-hin (de hecho no sabía lo que era eso), pero casi.
Era completamente de noche, el cielo estaba despejado y había luna. Solo las farolas indicaban los caminos, el retiro es como un frondoso bosque que de día mola, pero de noche no mola nada, así que caminé muy despacio a donde me llevaran las farolas encendidas y cuando llegaba a un cruce de caminos, elegía uno de forma automática, sin detenerme, simplemente continuaba.

Pasado un rato empecé a darme cuenta de lo que me rodeaba.

Soledad total, aislamiento, silencio, calma, frío, espacio, lejanía, miedo….

Miedo, siempre miedo, el maldito ahí agazapado.
Tan conocido, tan necesario para sobrevivir siempre y tan enemigo a veces….

Los arboles movían sus ramas, ningún animal apareció a mi paso, ni pájaros, ni ardillas, ni nada. Y llegué al estanque.
La luna, se reflejaba en el agua.

Calma total. El agua era como una bandeja de plata, una balsa de aceite, una mesa de piedra inerte que producía reflejos vivos. Una mínima vibración, de los peces que nadaban bajo el agua, supongo, quizás el aire.
No lo sé con seguridad, pero no es importante, lo importante es que no me interesaba la luna que veía en el cielo, sino la que veía en el agua.

Eran aproximadamente las 4:30 de la mañana. Me senté y no dejé de observar la luna en el agua. Vi cómo se desplazaba la luna sobre el agua, mientras el agua permanecía.

Si prestas atención ves, escuchas y sientes cosas que están ahí, pero que pasan completamente desapercibidas. Como ese reloj que siempre hace tic tac, pero que no se oye hasta que enfocas.

Pasaron horas y amaneció, vi como el sol nacía, rojo fuego, y como subía, majestuoso hacia el cielo, a las 7 o las 8 de la mañana empezó a llegar gente, muy pocas personas, escuchaba arrastrar cosas, maletas, cajas y pies caminando, personas murmurando, hablando, llegando. Matando el silencio que me servía de refugio, que me servía de piel.

A las 11 de la mañana seguía sentado en el mismo sitio, y aquello era otro mundo. Cientos de personas paseando, un ruido ensordecedor, montones de parejas y familias remando en las barcas del estanque. Pájaros sobrevolando el cielo, perros ladrando, niños llorando y gritando,  peces mutantes buscando gusanitos o lo que les echen.

Y pasó algo. Algo muy importante para mí.

Pasó que me di cuenta de que allí seguíamos el estanque, el sol y yo y que aquello era inmutable.

Era inmutable a pesar del movimiento, a pesar del caos aparente y de la muchedumbre.

Éramos los mismos que hacía unas horas, pero el estanque estaba lleno, el sol estaba alto y yo estaba alterado por tanto barullo. Pero hacía tan solo unas horas había estado en comunión con la luna, el sol, el agua y la mente (no mi mente, sino la mente).

Lo que ES estaba ahí aún, abarcándolo todo.

Entendí cosas. La luna se había marchado (la pérdida). El sol se movía (la incertidumbre, la duda, el riesgo, el tiempo), el estanque estaba agitado y lleno de gente (la mente, los pensamientos, el miedo).

Entendí que el pensar se puede cambiar para no sufrir.
Una experiencia de primera mano magnífica.

Esto no fue inmediato, darme cuenta fue un proceso intenso. Me di cuenta de cómo pensaba.

Del proceso, la intensidad, el orden, la profundidad, los tiempos, la cualidad….. hay muchos detalles en el pensar.

Leyendo algunos de vuestros correos, sé que no soy el único que piensa de esta forma.

Por ejemplo, si yo veo un avión en el cielo, inmediatamente y de forma involuntaria, me imagino la cabina, el piloto, noto los mandos en mis manos, y los pedales en mis pies, “siento” lo que siente ese piloto, imagino con un nivel de detalle que asusta, todos y cada uno de los relojes, luces, pantallas e indicadores que está viendo, leyendo y analizando para realizar su vuelo, puedo ver las manillas de los relojes, sé lo que ponen, sé lo que indican, sé que le deberían indicar.

Otro ejemplo, si veo una fotografía en la que aparecen unos ojos, siempre busco el reflejo en ellos de quien está haciendo la fotografía. El fotógrafo (el observador externo de esa escena), tiene que aparecer reflejado en alguna parte (o puede hacerlo), sobre todo en la córnea ocular. Es un efecto óptico que se produce por el reflejo de la luz en las cuatro capas del globo ocular que tienen la propiedad de reflejar (córnea, iris, pupila y cristalino) y que siempre devuelve una imagen. Bueno, pues yo la busco.

Ese potencial de la mente, que es la imaginación, puede abrumarte o puede ayudarte.
Préstale atención, tu imaginación es un tesoro, pero debe estar controlada y ser entendida. Porque también puede dañarte.
Con atención y enfoque pones a tu mente a tu favor y la cualidad del pensar cambia, se transforma.

En aquellos años, a mí, aquel pensar me estaba despedazando.
Los momentos más importantes de mi vida (que puedo contar aquí), son pocos, pero en todos ellos ha habido un nexo común.

La mente estaba extenuada y al límite. La atención era extrema, el enfoque al máximo y la cualidad del pensar era comprendida. El contexto del pensar era comprendido.

Por ejemplo, he tenido experiencias corriendo, buceando, acompañando enfermos o tocando el piano. También sentado y meditando, o sencillamente sentado, sin hacer nada.

Hablemos de pianos, recuerdo una gran experiencia y puedo imbuirme en ella a menudo, cuando toco el piano como si me fuera la vida en ello. Haciendo esto con convicción y esfuerzo (igual que al meditar), te conviertes en la propia música que tocas. Cientos de horas después de imaginarte la pieza, en tu mente, una y otra vez, una y otra vez, debes ponerte frente al piano y tocar cada tecla, cada blanca, cada negra, cada pausa, cada dedo, cada impacto, cada pulsación, la cadencia, la armonía, la melodía principal, el acompañamiento, el ritmo, el silencio. (El silencio es tan importante como la propia música, de hecho el silencio es parte de ella y no se concibe una sin la otra).

El piano, cuando deja de ser desesperadamente complicado (igual que la meditación), empieza a proporcionar placer, el problema es que el piano puede ser endiabladamente complicado durante 4 o 5 vidas enteras, salvo que seas Bach, Mozart, Chopin, Liszt, Schumann, Brahms, Beethoven, Sokolov o Lang Lang, que también sufrieron lo suyo (algún día escribiré sobre ellos), y que fueron capaces de escribir sinfonías y piezas de más de 125.000 pulsaciones para piano, y se las sabían de memoria. Podían tocarlas en su mente, nota a nota, pulsación a pulsación.
Aunque ellos eran (y algunos son todavía, porque están vivos), totalmente únicos.

Ahí está la aptitud. Por supuesto también está la actitud, y una destreza, una habilidad y maestría casi imposibles de encontrar, pero nosotros no somos ellos.

Y es importante entender que muchos de ellos, solo olvidaban sus penurias y sus circunstancias cuando tocaban, no tenemos noticias de que estos maestros alcanzaran el nirvana ni la plenitud en sus vidas, pero cuando tocaban, entonces desaparecía todo, que es un estado muy buscado por estos lares.

No debe ser muy fácil llamarse Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus Mozart, tampoco debe ser fácil escribir tu primera sinfonía a los 8 años y escribir 41 sinfonías antes de morir a los 35 años con 6 hijos. Por no mencionar que también escribió 22 óperas y más de 600 obras perfectamente clasificadas y diferenciadas, aunque esto supongo que lo haría en sus ratos libres.

Con seguridad, la mayoría de nosotros no somos genios deslumbrantes de la historia de la música (ni lo seremos), pero quizá tengamos más información que ellos y sea útil.

Puedes tocar el piano, tienes manos y ante ti un Steinway con todas y cada una de sus piezas hechas a mano.

Dale.

Pero para darle bien, para sacar lo que ese piano puede dar, necesitas actitud.
La actitud ante un piano, y ante cualquier circunstancia en la vida es la que marcará el resultado de la experiencia que te proporcione ese piano o esa circunstancia.
(¿Se ve esto?).

Todo cuesta.

Quien diga que no, que las cosas ocurren por osmosis o por generación espontánea miente.

Igual ocurre con Ramana, Krishnamurti, Deshimaru, Dogen, Nagarjuna, Shantideva, Yogananda, Hui-neng, Thich-nhat-hanh….y tantos y tantos otros, que resulta imposible nombrarlos a todos. Con su legado, con sus experiencias.

Yo puedo probar lo que estamos hablando aquí.

Cuando alguien se aplica con el suficiente interés, esfuerzo y pasión, el resultado de su experiencia cambia.

Y lo hace porque las partes del cerebro que intervienen y se activan en la ejecución de una pieza de piano CAMBIAN si estas emocionado y vives la pieza. No hay nada místico. Es físico.

Hay multitud de pruebas científicas que avalan estas teorías del uso de zonas cerebrales no necesarias para realizar una tarea. (Ya sea meditar, tocar un instrumento, escalar, bucear, correr..etc. (Nota: Ver la tele con interés no sirve).

Cuando alguien siente emoción, se activan circuitos neuronales distintos Y NO NECESARIOS para llevar a cabo la tarea pretendida.

Hay quien cuida plantas, quien observa en silencio, quien dibuja espléndidamente bien (yo no tengo esa destreza, por desgracia), hay quien hace Sumi-e, quien hace Origami, quien cuida personas, quien cura enfermos, quien pasea entre flores, quien toma una sopa miso, quien mira a sus hijos dormir, quien observa el cielo, quien lee un libro, quien simplemente vive su día a día con la actitud adecuada para ser pleno.

Pero para todo eso se necesita atención, esfuerzo, trabajo, darse cuenta, esforzarse, trabajarlo, tener la actitud adecuada, la paciencia, la insistencia y por supuesto, la práctica.

Tu vida es la pieza musical más importante del mundo
¿Puedes tocarla con la actitud y emoción necesarias?

Si alguien no sabe de qué hablo cuando describo esto, puede ver estos vídeos de Ezio Bosso. Tal vez resulten aburridos o tal vez te cambien la vida. ¿Quién sabe?

Ezio Bosso. Following a Bird. Pieza para piano.

Ezio Bosso. Presentación de 4 temas de su obra The 12th room.

Abrazos para tod@s.