(Para L. y para C.)
(Para C. y para L.)

Todo el mundo a lo largo de su vida se enfrenta a dificultades, inevitablemente aparecen momentos y situaciones de dolor y sufrimiento.

Algunos se enfrentan a estas dificultades desde el momento en el que nacen.
Estas personas, estos niños y niñas, son especiales.
Son quienes necesitan un mayor cariño, afecto, dedicación, paciencia, comprensión, apoyo y atención.

Y nos recuerdan siempre que la única finalidad de la propia vida es el Amor Incondicional.

Para uno son tiempos de pérdida.
Tiempos de dolor.
Ratos de ira que tal vez precedan a instantes de calma.
Cuando uno está cerca del fuego puede calentarse, pero también puede quemarse.

Algo me impide escribir esto, pero me sale a borbotones del alma.

¿Por qué pararlo?
No puedo pararlo. No sé pararlo. No quiero pararlo.

Ya sé la teoría.
Bien la sé.
Pero también sé que a veces la teoría no es más que eso, teoría.

La pena, el dolor y la angustia están aquí. Siguen aquí.

Una vez nombradas, identificadas e integradas, son fuertes, enormes, invencibles, terribles, como un gigantesco castillo de piedra que se derrumba poco a poco sobre la cabeza.
Ese castillo no termina de caer, las piedras parecen no acabar nunca.
Me tumban una y otra vez.
Uno se levanta, pero vuelve a caer apedreado.

Cuando todo acaba, meditar sobre las cenizas no es suficiente, los restos siguen revoloteando en alguna parte muy profunda, muy íntima.

Son emociones, tan solo son procesos químicos a los que mi yo más estúpido y mundano pone nombre. Uno ya sabe.

Intento no hacerlo pero no puedo evitar pensar, no puedo evitar imaginar, no sé cómo dejar de soñar. Es una sensación arrolladora.
Siento el peso, el ahogo, el malestar y la ira.

No se puede tratar con la furia.
La furia no entiende de razones.
Hay que esperar a que pase.

Pero ahora está.
Ahora soy furia.
Hace muchos días que soy furia, muchas semanas…

Cualquier cosa que haga, piense, diga o imagine no consolará.
Sé que hay que esperar.

Es un gran error enfocar la pérdida como propia.
Es un gran error enfundarla en términos como “justa” o “injusta”.
Es un grandísimo error.

Pero…

Ahora no quiero pasarlo por alto.
Hoy no quiero olvidar.
No quiero permitir.
No quiero dejar de pensar.

Hacer eso me parecería traicionaros.

Porque creo que si evito, ese esfuerzo irá en mi contra y dañará todo significado.

El tiempo no hace nada, en realidad no es el tiempo el que hace que olvidemos.
Eso lo sé.

Olvidamos para no sufrir.
¿Sino para qué?
¿Qué sentido tiene seguir?
¿Para qué intentar huir si de quién quiero escapar es de mí?
No tiene ningún sentido, es un objetivo estéril.

¿De qué sirve mi furia?
No sirve de nada.
Ni siquiera de desahogo.

Sin embargo me daña a mí y daña a los que están cerca.
Eso lo sé.
Lo veo y lo percibo.
Y lo lamento.
Solo es una reacción, como apartar la mano del fuego.
Una reacción….

Os sueño muchas noches, siento vuestros cuerpos fríos y me despierto muy asustado.
Dormir tranquilo me parece traicionaros.
Es estúpido, lo sé. Pero es así ahora.

Sueño con sangre, pastillas, agujas, deshechos, vías, tubos, pasillos, carros de parada, cansancio, olor a desinfectante, lapidas, entierros, miedos, disculpas, llantos, lamentos, abrazos, sollozos y gritos.

Hay mucha violencia y mucha hostilidad en esos sueños.

Y siento que necesito correr 100 kilómetros hasta estar exhausto y dejarme caer y permanecer ahí, rendido, tumbado y expuesto.
Y siento que necesito derrumbar muros a golpes hasta que me sangren las manos y no pueda más.
Y siento que necesito gritar hasta que se me desgarre la garganta.
Y siento que necesito llorar hasta que se me seque el alma.
Y siento que  necesito aislarme, dejar a todos y permanecer solo, sentado, respirando, lejos del mí que soy ahora.

Sin embargo, no hago nada de eso.

Despierto sobrecogido, me siento y permanezco atando al animal salvaje que ha vuelto a escapar y lidio como puedo con mi propia miseria, mi dolor, mi debilidad y mi mediocridad que posiblemente es mucha, probablemente es muchísima.

Y me pongo a buscar a ese que no sufre, le busco una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, desechando a los farsantes que encuentro y que dicen ser él, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez….

Y si le encuentro…..
Y si le encuentro…..
Y si le encuentro, entonces miro desde sus ojos, siento desde su alma vacía de objetos pero llena de Amor y plenitud y me calmo, me sereno completamente y soy capaz de sonreir.
Y sé que ese es un YO que no soy yo, pero que está y ES.
Pero eso lo sé después.
Cuando vuelvo a ser yo en lugar de YO.

Pero si no le encuentro, la congoja permanece y se intensifica.
En este espejo en que me veo, todo se nubla.
Y no hay esperanza porque ya no puedo ayudar.

La ira y la tristeza me nublan la vista y me ciegan.
¿Donde está la humildad?
¿Donde está la compasión?
¿Dónde está ese al que conozco y que no sufre?
¿Por qué no le encuentro ahora?

Es la forma en la que se expresa lo que ES ahora.
Ni yo mismo entiendo por qué me afecta así.
Quizá lo entienda más adelante, no ahora.
Quizá.

L.
Me gustaría que tu corta vida sirviera para hacerme mejor.
Deseo con toda mi alma que tu Fuerza, tu Coraje y tu Arrojo me sirvan de inspiración.
Y cuando junte y mire mis manos grandes y arrugadas, pensaré en las tuyas, pequeñas y limpias.

Ya nada puede dañarte.
Pero eso no me consuela.
Adiós L.

C.
Me gustaría abrazarte y curar tus manos, limpiar tus heridas y reír contigo muchas más veces.
Todo lo aprendido permanece.
Ahora causa dolor, pero la semilla enterrada florecerá y permanecerá.
Nuestra risa siempre ganará al llanto.
Nadie puede arrebatarnos lo que ya ha sido.

Aunque ahora el dolor sea intenso, todo tiene utilidad si se hace con Amor.
Hay que comprender la trascendencia de la unción.
Es fundamental entender la importancia de la dignidad del otro, de acompañar al otro, de estar con el otro, de reír con el otro, de llorar con el otro, de escuchar al otro.

Y luego uno se marcha y el otro permanece un poco más.

Descansa ahora, pues tu sufrimiento ya no existe.

Ya nada puede dañarte.
Pero eso no me consuela.
Adiós C.

Con AMOR.
Siempre.

Vivir tu propia vida es un ejercicio de honestidad imprescindible.

Darte cuenta de que eres responsable de tus propios pensamientos es necesario para poder salir de ese eterno descontento que para algunos supone transitar su propia vida.

Un descontento del que generalmente se culpa a otros.

¿Son los demás los que deben actuar como nosotros queremos para que nuestra emoción no sea el enfado?

¿No es esto someter al otro?
¿No es esto obligarle a actuar de tal forma que se adecúe a nuestro antojo?
¿No es esto coaccionar?

¿No es esto literalmente depender de otros para obtener algo uno mismo?
¿No es hacer responsable a otro de nuestras propias sensaciones?
¿No es obligar al otro a que se comporte de modo que nosotros seamos felices?
¿No es hacer responsable a otro de lo que sentimos?

¿Por qué ocurre esto?
¿Por qué no podemos ser felices por el mero hecho de existir, de vivir?
¿Qué otro objetivo hay más importante, más necesario o más acuciante que ser feliz durante la vida?

Tú crees que siendo otra persona las cosas cambiarían (a mejor, claro).
Crees que si las circunstancias fueran otras, las cosas cambiarían (a mejor, claro).
Crees que si no hubieras tomado aquella decisión en aquel momento, las cosas cambiarían (a mejor, claro).

Esa eterna persecución de la mentira es tan agotadora como inútil.
Hasta el día en que desaparezcas, estará presente si no pones remedio.

Únicamente uno mismo puede hacerlo.
Solo tú puedes resolverlo.

¿Cómo?

Siendo honesto, y no mezquino, siendo humilde y no altivo e intransigente, siendo responsable de ti y de tus pensamientos, de tus emociones, de tus alegrías y de tus tristezas.
Siendo sincero contigo, estando presente en tu propia vida.

¿Estás presente en tu propia vida?
¿Eso crees?
Yo creo que no.

Si estuvieras presente no tendrías miedo.
Si estuvieras presente no te harías tantas preguntas.
Si estuvieras presente no te sentirías frustrado.
Si estuvieras presente evitarías una gran cantidad de conflictos que ahora tienes como hábitos de vida y ni siquiera te das cuenta de que te están moliendo a palos.
Tu mismo te estás moliendo a palos.
¿No se ve esto?

Vive tu vida, permite tu tristeza, solo es una expresión de la vida, de tu propia vida.
¿Duele?
Permite el dolor, no crees barreras, no crees resistencias.
Si lo haces, entonces tendrás dos problemas, el dolor y la resistencia al dolor.

¿Has probado a permitir el dolor?
No a iniciarlo o a provocarlo o a mantenerlo.
A permitirlo, o al menos a no intentar impedirlo.

Percibirlo y no bloquearlo o iniciar un diálogo mental sobre él.
Simplemente que el dolor sea percibido y seguir respirando.

No es difícil. Pero requiere compromiso y algo de esfuerzo.
Ya tienes el camino, ya tienes el cómo, ahora depende de ti probar.

¿Estás satisfecho con tu vida?
Intentas conseguir cosas que corrijan tu pena y lo haces desde el exterior.
Obteniendo cosas desde el exterior.
Materiales o no.
Pero desde el exterior.

¿Qué sentido tiene esto?.
¿Dónde está tu pena?
¿Está fuera?

Intentas cubrir la frustración con el agua de tus deseos pero el sol o el tiempo secan el agua y ahí sigue la miseria.
Cubrir un problema no es resolverlo, es olvidarlo o ignorarlo momentáneamente.

Obsérvala, acúnala, ámala, esa tristeza forma parte de ti no hay porque evitarla. No te regocijes en ella, no te apropies de ella, ella no eres tú. Si la observas hay una distancia.

La felicidad no está lejana.
¿Por qué dejarla para mañana?
¿Por qué dejarla para el día que mueras?

TODO lo que sientes es felicidad.
Pero la felicidad no es una sensación, sino un estado.
O quizá incluso puede ser la ausencia de cualquier estado.
¿Se ve esto?
Si determinas que es una sensación la has nombrado y la expulsas de tu percepción, pues la has anclado como concepto. Los conceptos pueden ser nombrados y analizados, no observados. Hay que deshacer el concepto para poder entenderlo en esencia.

PERMITE. PERMITE.
Deja ir, deja ir.
Dejar ir no es rechazar.

¿Se ve esto?
Permitir no es provocar.
¿Se ve esto?
No hay que rechazar ni aceptar, ambas acciones son violencia y generan más violencia.
No crees violencia.

Intentar impedir aquello que sientes (sea lo que sea), es violencia hacia ti mismo, hacia tus ideas, hacia tus emociones.
Es traicionarte, es luchar contra ti mismo. Es una fuente infinita de conflictos.
Permite que tus sentimientos se expresen.
La mente está completamente condicionada por la palabra.
En la mente, los pensamientos toman la forma de palabras en multitud de ocasiones.
Es ese diálogo interior y agotador que casi nunca lleva a ninguna conclusión útil y que está tan presente.
Pero no nos damos cuenta de hasta qué punto estamos condicionados.
Lo único de lo que puedes estar seguro es de que eres. ERES.
Nada más.
Vive esa experiencia de SER.
En tu mente es distinto.
Verás cómo te suena esto que cuento…..

Tus esperanzas y tus deseos están delante. (Futuro, el futuro queda delante).
¿Delante de qué?
¿Delante de quién?
¿Cómo puede estar delante algo que no existe?
Pero ciertamente así es percibido por la mente.

Tus recuerdos están detrás. (Pasado, el pasado queda atrás).
¿Cierto?
La percepción espacial de los recuerdos es que están detrás.
¿Detrás de qué?
¿Detrás de quién?
¿Cómo de detrás?
¿Cuánto de detrás?
¿Cómo puede estar detrás algo que no existe salvo en tu mente?
¿Está acaso detrás de tu mente?
¿Es posible eso?.
Pero ciertamente así es percibido por la mente.

De momento obsérvalo, dale un sentido, percibe esto…..

¿Por qué no están tus recuerdos a mano derecha?
¿Por qué no están tus deseos a mano izquierda?
¿O al revés?

Palabras, palabras, enredos, enredos.
Es la eterna manía del orden, de colocar cosas siguiendo secuencias que aparentemente tienen un orden.
Al parecer eso evita el caos.
Al parecer, solo.
En realidad no lo evita, lo crea.

Vivir así es más complicado que vivir sin esa forma de pensar.
La forma de pensar “natural” es más sencilla.
La forma de pensar de un niño es más sencilla y maravillosa.
Solo ahora.
Hay un problema y es olvidado en segundos.
No hay resentimiento, no hay rencor, no hay culpa salvo en instantes puntuales.
Luego pasa. Todo llega y todo pasa. Sin residuos, sin secuelas que ponemos nosotros mismos.
Nos castigamos a nosotros mismos.

¿Qué sentido tiene esto?
¿Qué objetivo tiene ese nivel de exigencia con uno mismo?

Quizá el silencio es la forma de pensar que puede que estés buscando.
La que hace cesar esa canción que oyes siempre que despiertas.
Cada día, una y otra vez, una y otra vez.
¿Te has fijado que para cambiar el primer pensamiento que surge en la mente recién despierto tiene que haber pasado algo importante o al menos haber hecho un esfuerzo por que otro pensamiento sea el primero esa mañana?
Es un recuerdo.
Los recuerdos tienen peso, prioridad y jerarquía, se la damos nosotros mismos, pero casi nunca nos damos cuenta y pocas veces sabemos cómo o por qué.

¿Cuándo vas a dejar de cantar en tu mente?
Hazlo ahora.
Detenlo.
Solo tú puedes.
La consciencia no te necesita para Ser, pero tu silencio mental le permitirá expresarse.
Permíteselo.
Aunque no lo creas, eres dueño y responsable de lo que piensas, se dueño también de lo que sientes.

Aprende a  negociar contigo mismo, no cedas tus derechos, te pertenecen, tienes derecho a ser feliz.

Pero si lo tengo todo…….

Publicado: 24 noviembre 2015 en Reflexionando.....
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Conozco personas que no pueden ver y quieren ver.
Lo darían todo por ver, por saber cómo son los colores, algunos de ellos por verlos por primera vez y otros por poder verlos de nuevo. Ver un amanecer, ver el mar, ver la noche y ver las estrellas, contemplar a su familia, ver como envejecen los mayores y como crecen los jóvenes, incluso alguno quiere ver la televisión, aunque también hay quien quiere ver árboles. Esto es lo que quieren.

También conozco personas que no pueden oír y quieren oír.
Lo darían todo por poder oír su propia voz, el llanto de sus hijos y el trino de un pájaro. Por escuchar música o poder oír su propia respiración, escuchar el caudal de un río o el ruido de una tormenta o el de una campana. Esto es lo que quieren.

Así mismo, conozco personas que no pueden andar y quieren andar.
Lo darían todo por poder caminar, algo tan cotidiano, tan “normal”, poder trotar, poder correr incluso. Sueñan constantemente con ello. Poder pasear tranquilamente despacio, sintiendo cada paso, sentir los pies sobre el asfalto sería un regalo inmenso. Ir donde ell@s quieran. Esto es lo que quieren.

También conozco personas que no pueden moverse, están postradas en una cama.
Lo darían todo por poder levantarse, poder orinar sol@s, no depender de nadie que les limpie cuando defecan, poder girarse en la cama o como mínimo poder girar la cabeza para ver la ventana, poder coger el vaso de agua y beber por si mismos. Ducharse de pie. Poder acariciarse la cara y sentirla. Esto es lo que quieren.

Y yo, que lo tengo todo, no sé que quiero.

Adiós P. (ó la decrepitud).

Publicado: 23 noviembre 2015 en Reflexionando.....
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Él se ha marchado y aquí queda ella.

Una despedida, otra más…
¿Cuántas van ya?
¿Por qué esto no aparece como algo normal dentro del ciclo vital?
¿Por qué no es entendido?

El apego. El apego…..

El llanto, el dolor y la angustia pasarán, tal vez algún día pasarán.
Pero esa sensación que empapa el alma, que lo cala, ese dolor que pesa….
Esa certeza de ausencia causa dolor, me provoca mucho dolor.

Te recuerdo en aquel viejo pasillo caminando lentamente, siempre cordial.
Buscando el contacto físico, la mano en mi hombro, el saludo fuerte de esa mano recia, el abrazo, el cachete en la cara….
Removiendo mi pelo desde que era casi un niño.

Ahora la mujer mira al suelo avergonzada tal vez de la propia vida que le ha tocado vivir.
Devastada.
Tanto daño deshace la espalda más firme.

Cuánto dolor pueden acaparar esas cuatro paredes mudas que nunca respoderán preguntas pero que gritan constantemente por medio de los recuerdos y de la memoria…

Ella sigue y ahora está sola.
Tan sola como nunca ha estado.
¿Podré yo estar cerca?
¿Quién podrá estar cerca?

La demoledora ausencia pesa sobre la cabeza como si sostuviera uno el mundo sobre sus hombros, y de algún modo lo hace.

Recuerdo la barandilla de la escalera goteando lentamente tras la lluvia, el olor a ropa tendida, el sonido de los pasos por las escaleras de madera, las macetas que un día vez fueron proyectos están ahora podridas, sin vida, olvidadas.
99 peldaños que desembocan en la que fue tu casa.
Tu chaqueta de punto en invierno y en primavera y tu camisa de cuadros en verano.
El botón de arriba siempre abierto, con frío o con calor.
Tu nariz aguileña y la mirada de aquel que percibe que ha sido apaleado por la vida y lo asume.
Si uno quiere, la tristeza se puede ver igual que la belleza.

Veo la decadencia de tu casa que ya no es un hogar, huelo la madera, la ropa sin airear y percibo el sabor a libro viejo.
Páginas que nunca han sido leídas salvo por tu mente y ahora ya no están.

La foto de la niña es el único vínculo que aún le ata a algo.
¿Qué merecimiento hay en esto?
¿Podrá ella continuar?

El barco de los recuerdos lleva a puertos poco amables.
¿Por qué seguir?
¿Para qué?
¿Hacia dónde?

Ante el peso de semejantes ausencias solo queda esperar respirando con calma, llorando despacio.
Pero esto no es entendido.

La decrepitud llegará, tal vez, o tal vez no.
Esperarla no es buena idea.
Cuando llegue será recibida, pero no debe convertirse en un objetivo.

¿Qué amabilidad hay en la ausencia?
¿Es posible encontrarla?
¿Qué razón hay ahora para buscarla?
¿Qué razón hay ahora para todo lo que no sea derrumbarse?

Si tus pilares de vida desaparecen uno tras otro ¿qué alternativas tienes?

No hay que esperar comprender.
Solo se puede transitar.
Solo queda esperar en silencio, con profundo respeto y extrema paciencia que se exprese el dolor, que es otra faceta de la vida, una más.
Luego pasará, y tal vez ella se recomponga.
O quizá no.
Y tal vez ella sea capaz de reconducir su mente a lugares menos hostiles.
O quizá no.

El castigo es muy intenso. Es demasiado severo.
Cuanto lo lamento.
Cuanto lo lamento.

Para P. ahora que ya no necesita nada ni depende de nuestra mediocridad.
Ya estás con la niña, y sé que eso te ayudó.
Con Amor.

La Vida es el tiempo que tardas en darte cuenta de que esa Vida eres tú mismo.

Después, la Vida ya no es igual, no es percibida del mismo modo.
Observas que no es algo que haya que trascender, ni algo por lo que haya que transitar, ni algo por lo que haya que luchar, ni algo que haya que superar, ni es una prueba ni es una carrera.
El hecho de que no puedes evitar Ser Vida es percibido.
Tú eres Vida en estado puro.
¿Por qué la buscas fuera?
¿Si uno desaparece…?,
¿La Vida se marcha con uno o permanece?
No puedes separarlo. Todavía nadie ha podido.

Es un dilema irresoluble porque NO hay ambas cosas, pero hay muchos nombres.
No necesitas nombrar la Vida para percibir que tu eres Vida, pero necesita ser nombrada para poder valorarla, cuestionarla, determinar si estás de acuerdo con ella o no, si te satisface o no.
Necesita ser nombrada para ser vista por otros, para ser juzgada por el ego, comparada y expuesta.
Una vez nombrada, Vida se convierte en concepto y uno pierde de vista su esencia, aunque esta persiste, por supuesto, pues nada puede renunciar a su naturaleza original.
Has perdido su pista, aunque todo sigue cerca, tan cerca que eres tú mismo pero no te ves, no te percibes.
Está velada, pero sigue ahí, no puede no estar, y cuando se percibe ESO, todo cambia.

Tu formas parte de la Vida, no es la Vida la que forma parte de ti.

Por eso,
La realidad es el 50% percepción del ahora (instante) y el 50% percepción de Vida.

Entrevista a un ignorante.

Publicado: 12 noviembre 2015 en Conversaciones
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¿Quién es usted?

Dependiendo de lo que usted busque eso no tiene ninguna importancia, si busca datos, efectivamente tengo un nombre, una vida, un trabajo, vivo en un lugar…….etc, etc.
Pero eso a usted supongo que le dará igual (o debería), en realidad esa información es totalmente irrelevante para una entrevista como esta.

Estamos hablando porque usted tiene algo que decir, pregunte, pero no se quede mirando la caja, a lo que debe prestar atención es a lo que contiene esa caja, como le digo, que la botella sea verde o blanca, de cristal o plástico tanto da, el agua o el veneno están dentro.

No se quede en la portada de este libro, ábralo y busque, lea, relea, observe el contenido e interprételo.
¿Amargo o dulce? ¿Quién puede saberlo hasta que no lo prueba? Determínelo por usted mismo.

¿Es usted un Maestro?

No, desde luego que no.

Ni lo soy, ni lo he sido nunca ni pretendo serlo, no estoy interesado en eso.
En cierto modo ser esto o lo otro es algo que limita, y se trata justo de lo contrario, se trata de comprender esas limitaciones para poder trascenderlas. Cuidado con las palabras, no las tome al pie de la letra.
Estas palabras parecen indicar que ”transcender” algo es un acto voluntario que depende de uno mismo y/o requiere un esfuerzo, y eso no es del todo cierto.

De cualquier forma si yo dijera que lo soy, ¿en qué cambiaria lo que ES? En nada, no cambiaría en nada.
No se fíe de las palabras, son demasiado creíbles,  es mejor la reflexión personal.
En general, creo que deberíamos hablar menos y reflexionar más.
Para que exista un maestro debe haber una intención de enseñar, y no es el caso, uno es demasiado imperfecto como para pretender enseñar algo.

¿Cómo puedo saber si alguien es un Maestro?

Todo depende de lo que considere usted que es un Maestro, pero a título general, creo sinceramente que no lo puede saber a priori.

¿Cómo sé que usted no me va a engañar?

No puede saberlo, indague por usted mismo y alcance sus propias conclusiones, mi verdad no es la suya ni debe serlo. Sinceramente creo que esa es la única manera de que ni yo ni nadie le pueda engañar.

¿Cómo puede saber uno si está iluminado?

Supongo que alguien en ese estado jamás se haría esa pregunta.
De hecho, no habría nadie a quien hacérsela.
Pero esto lo han dicho otros, no es una experiencia de primera mano.
De lo que estoy seguro es de cuando uno NO está iluminado.

De cualquier forma, en mi opinión, en según qué contextos, la iluminación está sobrevalorada, es sencillamente una meta, un objetivo….  también considero que muchas de las personas que la buscan tan ansiadamente dejarían de hacerlo si comprendieran o sintieran por un instante  lo que significa perder el YO, el protagonista de sus vidas.

¿Qué es la iluminación?

En principio, hasta encontrar algo mejor, el término “iluminación” podría definirse como un estado mental en el que la ausencia de pensamientos es sostenida, pero las percepciones y los sentidos persisten sin causar interferencias con ese estado mental laxo y sin movimiento, sin pensamientos.
Hay atención enfocada en el vacío del propio uno atemporal.
No hay un hoy, ni un ayer, ni un mañana, por tanto no puede haber un antes ni un después. Y por supuesto no hay un alguien que perciba todo eso. Hay un Todo al que pertenecen partes, pero mientras que el Todo está integrado y así es percibido, el resto está  desintegrado, no integrado. Pertenece, pero no conforma.
En ese estado no hay partes, solo hay unidad y uno pertenece a ella, por decirlo de algún modo.
A veces las palabras son un impedimento para entender las cosas, pretendemos reflejar todo con palabras, y la palabra MAR no es el MAR ni puede serlo.

Es importante entender que para esto hace falta una mente, un cerebro, un cuerpo, hace falta nacer y vivir.

Hay gente que piensa que estar iluminado permite levitar y cosas semejantes, hay bastante desinformación al respecto, aunque esto es solo una opinión que muy probablemente será equivocada.

¿Qué puede hacer usted por mí?

Escucharle con profundo respeto y si formula preguntas y conozco las respuestas basándome en mi experiencia, puedo intentar responderlas desde mi realidad y con toda la sinceridad de la que soy capaz de transmitir con unas palabras. Pero en realidad debe saber que ni yo ni nadie puede hacer nada por usted, más allá de lo que usted mismo haga.

Si yo estuviera enfermo. ¿Usted podría ayudarme?.

Puedo escucharle, puedo hablarle, puedo escribirle, puedo ir hasta usted y abrazarle, puedo estar a su lado acompañándole en su sufrimiento, pero no puedo curarle si es a lo que se refiere.

Tenga en cuenta que la desesperación es una situación muy compleja que nos lleva a tomar algunas veces decisiones equivocadas, sea prudente, porque hay demasiadas personas que se aprovechan de las desgracias ajenas.

Y dentro de su enfermedad (de la cual desconozco cualquier dato, ni siquiera puedo saber si es cierta o simplemente es una pregunta), enfréntela o acéptela con la mayor calma posible para que de esta manera,
llegado el momento, pueda tomar las decisiones adecuadas con el mejor criterio posible. En cualquier caso considere que el enfrentamiento y la aceptación no tienen por qué suponer violencia o rendición. Hay que entender el enfrentamiento como un ejercicio de comprensión hacia la enfermedad en sí misma y hacia la situación que provoca.
Generalmente culpamos a la enfermedad de nuestro sufrimiento, pero la enfermedad ignora nuestra existencia, ahí empieza nuestra responsabilidad como individuos para encauzar en la medida de lo posible la nueva situación, para reconducirla.

¿Es usted feliz?

No, rotundamente no.
El estado mental que prima la mayor parte del tiempo no me parece que sea la felicidad ni nada parecido.
Pero de cualquier modo, habría que definir previamente que es la felicidad, puede que lo que para uno sea felicidad no lo sea para otro.

¿Cómo empezó su búsqueda?

Recuerdo que de niño hacía preguntas complicadas, reflexionaba mucho sobre la muerte y la separación, la aparición de conflictos mentales en la mente de un niño o de un adolescente lleva a hacerte preguntas que pueden cambiar la vida. Esto puede ocurrir en cualquier momento, de hecho, yo creo que le ocurre a todo el mundo, pero esas preguntas que siempre surgen tienen diferente impacto en cada persona. En algunas permanecen, persisten con más intensidad que en otras no.

Yo recuerdo percibir sufrimiento en otros, observarlo, de ese sufrimiento aprendí cosas, busqué respuestas, busqué razones, busqué motivos. Y cuando no encontré ninguno quedé desconcertado.
Esto no tiene nada de especial, observar el sufrimiento es como observar la alegría, a mi me llamaba la atención el sufrimiento, no sabría decir por qué.
Buscaba razones para la ausencia, para la muerte, buscaba la justicia que hay en la muerte, es un mal enfoque, es erróneo, pero debe uno darse cuenta por sí mismo, no es fácil transmitir esto.

Durante un tiempo todo tenía que tener una razón, luego dejó de ser así.
Si no hay culpables los creamos, eso es delicado. Pero como digo, debe ser entendido por uno mismo.

Afortunadamente todo cambia, y pasado el tiempo comprendí mediante mi propia experiencia que no hay nadie que tenga la culpa de nada, que nadie arrebata la vida a un enfermo, que el dolor es inevitable pero el sufrimiento no lo es.

Permítame repetir esta frase, es importante, el dolor es inevitable, pero el sufrimiento no lo es.

Esa mente cartesiana y desesperada por encontrar respuestas buscó mucho, pero las preguntas que se hacía no eran correctas y la mente caminaba en círculos continuamente y aún lo hace.
Las preguntas y las respuestas se convirtieron en un hábito mental inútil y agotador.

Recuerdo una conversación con un amigo mío al que tengo por una persona inteligente y sensible.

Él justificaba siempre sus posturas mediante el método científico, y en nuestras conversaciones era muy riguroso con respecto a las cosas en las que creía y en las que no.
Insistía a menudo en que todo lo que no fuera visible, medible, detectable y/o cuantificable, era susceptible de no existir.
En esas estábamos cuando un día  le pregunté cómo veía, medía, detectaba y/o cuantificaba el Amor, la amistad, la compasión, la pena, la comprensión o el sufrimiento.

Volvieron a repetirse las conversaciones en aquellos términos, las recuerdo con enorme gratitud y creo que por primera vez en meses adquirieron una dinámica distinta, útil incluso.
Es importante intentar aprender algo de un interlocutor, siempre es posible y muy saludable hacer esto. Incluso alguien en silencio puede transmitir algo interesante, no todo son palabras. Es importante saber escuchar con limpieza, con calma, con quietud.

A veces es en silencio cuando más información de transmite, porque las respuestas siempre parten del silencio, de la reflexión.

Sin silencio previo no hay respuesta. No puede haberla.

¿Usted que busca?

Inicialmente buscaba dejar de sufrir y dejar de sentir miedo.

No hablo de un sufrimiento físico, sino de un sufrimiento psicológico, continuo, contundente y rotundo que me creaba muchas dudas, preguntas continuas acerca de muchas cosas, de todas las cosas, en realidad. Un sufrimiento que con el paso de los años he visto en muchas personas y que resulta mucho más habitual de lo que podría creerse.

Muchas preguntas son trampas para no encontrar las respuestas, porque están mal formuladas por uno mismo, pero de eso hay que darse cuenta, puede uno estar muchos años caminando en círculos. Es importante alcanzar las certezas por uno mismo, que no se las cuenten, comprenderlas, analizarlas, verlas, darse cuenta, ese conocer íntimo que da saber algo por sí mismo, por la propia experiencia.
Ese es el conocimiento adquirido que resulta más útil.

En general creo que estamos demasiado sobre estimulados desde el exterior y desde el interior.

Todo el mundo busca fuera, las sensaciones vienen del exterior, por eso buscamos fuera, pero las preguntas realmente importantes salen de uno mismo, de dentro.
Sus preguntas no son las mías, por eso es importante el enfoque interno, íntimo y personal de la pregunta.
Debe utilizar su propio lenguaje con usted mismo.
El contenido de su mente solo está en su mente.
Hay que llegar a esas preguntas y ahí se detiene uno.

Dígame tres cosas que haya descubierto con su práctica.

Sobre las cosas que he descubierto con la práctica le puedo decir que hay sufrimiento y que el manejo y la comprensión profunda de ese sufrimiento pueden, tal vez, llevar a la calma. Ese tipo de sufrimiento no se pasa solo, no es una cuestión de paciencia o de olvido, tiene causas y hay que tratar con ellas para comprender en primera instancia las razones de ese sufrimiento.
Trabajar con el sufrimiento es fundamental.
Con el de uno y con el de los demás.
También puedo decirle que si hay alguien responsable de lo que usted siente, ese es usted mismo.

Parece una persona calmada, ordenada, feliz.

Pues se equivoca, usted lo ha dicho, “PARECE”, no confunda lo que parece con lo que es.
Además, fíjese en un detalle; si yo le hubiera respondido que soy feliz, automáticamente en su mente despertaría la esperanza de que usted podría serlo también.
Eso es delicado, sobre todo si espera que esa felicidad venga de fuera, de otra persona, en este caso de quien le habla.

¿Es usted budista?

No, realmente creo que el sediento bebe de todas las fuentes que se encuentra en el camino, beber de una y llenarse la tripa no me parece la mejor opción.

Me he acercado un poco al Budismo en muchas de sus ramas y tradiciones, Theravada, Chan, Zen ó Mahayana, al Hinduismo, al Jainismo, al Cristianismo, en el que fui educado, y cuando se ve todo eso desde una perspectiva exterior, sin intentar defender lo que pretende ser de uno y sin atacar lo que supuestamente es de otro, se observan cosas sorprendentes, son montones de manos que señalan el mismo lugar, algunos miran la manos y defienden su dedo, su señalar, pero hay otros que miran hacia arriba, y se dan cuenta de que no importa el nombre, todo es lo mismo, con matices socioculturales e históricos, pero esencialmente lo mismo.

Dios, Atman, el Ser, Moksha, Presencia, Liberación, Santidad….. Cambia el nombre, pero no cambia el significado.

Ser budista me parece maravilloso, yo soy demasiado imperfecto y ansioso para poder cumplir con las obligaciones budistas, lo digo completamente en serio, con total humildad.

Respeto y admiro profundamente a todas las personas que se entregan a una práctica así, pero no me parece realista llevar ese tipo de vida con la que debo llevar actualmente dadas mis circunstancias personales.
Ponerse un Kesa sin una implicación absoluta es una farsa y una falta de respeto, es un disfraz.

En el budismo Theravada los monjes viven en templos y mendigan su comida, todo eso es un universo de vida que no puede darse aquí en Europa hoy en día.
No concibo un budismo “a medias”, un budismo de martes a jueves de 7 a 9.
Un budismo de gimnasio o de club.
Quizá soy demasiado firme con esta opinión, pero si quieres hacerlo, hazlo bien.
Tal vez no puedas, no pasa nada, acéptalo, permitelo, observalo y continúa.
Pero no te mientas a ti mismo, eso no es bueno, es una farsa.

He visto demasiado mercadeo con la esperanza de la gente y estoy totalmente en contra de ser superficial en este aspecto. Me parece muy delicado que se mercadee con el conocimiento y menos con el sufrimiento y la esperanza de personas que son vulnerables por su situación emocional y/o personal.

¿Cómo se puede encontrar la Verdad?

Si hay algún camino para alcanzar la Verdad supongo que es haciéndose preguntas y encontrando las respuestas por uno mismo.
Aunque no se lo recomiendo, es extraordinariamente frustrante y agotador tener la cabeza pensando continuamente.

¿Cómo definiría la felicidad?.

Como un estado en ausencia de inquietud. Muy parecido a la calma y a la tranquilidad absolutas de la mente. Pero en el momento en que lo nombre en su mente como felicidad, se romperá el hechizo y la situación cambia, pues ha conceptualizado un estado de la mente y eso lo hace el ego no el Ser. Lo hace la personalidad, no la Vida.

Supongo que el Ser, lo que usted ES, puede ser feliz, pero una mente egoica no puede serlo nunca, está demasiado necesitada de experiencias, de obtener cosas, de mantener esperanzas, de alcanzar metas, esa mente no se detiene nunca. Es su naturaleza, no es buena ni es mala, necesita ser entendida para poder ser ignorada.

¿Que se necesita para poder alcanzar la felicidad?.

Pues no lo sé, porque como le digo no me siento feliz, pero supongo que es necesario comprender de donde surge el sufrimiento y de que clase es para poder hacer algo al respecto, y después, tal vez aparezca lo buscado.

A veces la ausencia de respuesta es una respuesta en sí misma, igualmente, la ausencia de sufrimiento puede ser un estado sobrevenido como el que usted nombra con la palabra “felicidad”, pero estamos tan distraídos que no percibimos la felicidad existente, salvo cuando estamos inquietos, alterados o preocupados, y entonces echamos de menos esa calma que antes era ignorada.

¿Cómo ve la sociedad actual?.

Estoy sobrecogido.
Me pregunto qué es lo que estimula ese grado de violencia, que es lo que alimenta ese grado de brutalidad. Pero uno no sabe. Es una pregunta que no ofrece respuesta.
Una pregunta inquietante y presente permanentemente.

¿Por qué existe tanta violencia?.Verbal, física, psicológica…..

Creo que es por el miedo. Casi todo ocurre por el miedo. Tenemos todos una gran responsabilidad, enseñamos de una manera incorrecta. Odia esto, odia aquello, respeta esto, ama lo otro. Pero no nos damos cuenta de que existe la posibilidad de no odiar, de no rechazar, de no repudiar, de no apropiarse de algo y rechazar el resto de cosas, el resto de alternativas, el resto de opciones.
Educamos en la rivalidad, en la competencia, hay que ser el mejor, el primero de la clase, pero no enseñamos a acompañar en silencio a un enfermo, que es una de las experiencias más enriquecedoras que puede haber en la vida.
No enseñamos a escuchar, que es una de las vías de aprendizaje más fantásticas que hay.

Uno se pregunta si puede haber un mundo sin rivales. Es difícil, dado el camino que hemos tomado la sociedad como conjunto.

Se requieren personas comprometidas que tengan acceso a recursos y sean impenetrables a su propia corrupción, y esto es muy difícil. Uno de los objetivos del milenio era la erradicación el hambre en el mundo, algo relativamente fácil si lo consideramos desde el punto de vista económico, pero cuando entran en juego los intereses políticos, de estado, militares….etc, todo se desvanece. Es un mundo perfecto lleno de gente absurda tomando decisiones que afectan a otros y pensando únicamente en mantener su propio prestigio y su estatus personal, pues esa es la realidad que perciben, una realidad personal, individual, no común.

Las personas de a pie no tenemos ni herramientas ni medios para conseguir que cambie nada a un nivel que no sea infinitesimal.

No hay ninguna posibilidad, es desolador.

¿En qué consiste la Práctica?.

La Práctica consiste en dejar de pensar, estar presente y consciente sin que la mente esté enredando, permanecer.
La práctica permite permanecer  en ausencia de quien está practicando. A ese hay que dejarle fuera de la práctica, a ese y a sus neuras, a sus problemas, a sus pensamientos, a sus necesidades, a sus urgencias……etc.

Uno tiene su trabajo, sus obligaciones, su familia, sus aficiones, sus defectos.
¿Toda esta vida agitada y ocupada es compatible con la Práctica?

Tal vez toda esa vida se convertirá en Práctica si el sufrimiento es lo suficientemente intenso.

Generalmente, al menos en occidente, el nivel de práctica se determina durante el paso de los años, dependiendo del problema que se pretenda resolver con dicha práctica.

Es como ir al gimnasio, si uno está muy gordo va más horas. Del mismo modo, si uno tiene problemas, inquietudes, dudas, dependiendo de su intensidad y efectos, así se aplicará a su práctica.

Es decir, no hemos entendido absolutamente nada.

¿Por qué dice que no hemos entendido nada?

Porque no hay devoción en ese tipo de práctica, no hay intensidad ni honestidad, no hay pureza, es simplemente un pasatiempo.
Se pone uno un Kesa y se sienta en el suelo 2 horas y cree realmente que está haciendo Zazen.

Es un hábito, es absurdo pretender algo de este tipo de práctica.

Y eso mata la Práctica genuina, la Práctica es la cosa más sagrada que puede haber.
Es la bala que mata al yo.
Eso es duro, supone un reto continuo, una responsabilidad que si es entendida ofrece un vértigo increíble.

Es una forma de vida, de pensar, incluso de actuar, hasta un lápiz se coge diferente cuando conoces la Práctica. Mucha gente practica sin saber incluso para que lo hace. Es lo más parecido a caminar sin rumbo.

En la Práctica como yo la entiendo, te va la vida. Así de importante es.

¿Cual es el mayor temor que tenemos?

Sin duda, el enfrentamiento con la muerte.
Nuestro mayor temor es morir.
Nadie quiere morir, nadie quiere desaparecer, tememos mucho el sufrimiento pero aún más la muerte, porque el sufrimiento es pasajero o puede serlo, pero la muerte es definitiva. El sufrimiento te da una oportunidad, la muerte no.

Y también tenemos mucho miedo a la pérdida, a la pérdida de un ser querido, por ejemplo.
La mente no está preparada para la muerte, muy pocas personas lo están para recibir su propia muerte, pero al tratarse del fallecimiento de otros, la mente no está preparada por más que ese desenlace sea esperado y previsto.

Tenga en cuenta que la muerte “conduce” (y permítame ser muy prudente con mis palabras), a un estado desconocido.

Pero por otra parte, todos hemos visto fallecer a alguien o al menos es una experiencia que ha sido vivida desde muy cerca, en el entorno familiar tal vez. Convivimos con la certeza de que algún día estaremos ahí nosotros, pero es algo incómodo, y lo olvidamos continuamente, es una huida permanente.
Ese pensamiento causa sufrimiento, causa preocupación…
¿Para qué sufrir sin motivo? Por eso lo “olvidamos”.

¿Por qué sufrimos?

Podemos sufrir de muchas maneras, las principales son el sufrimiento físico y el psicológico.

Psicológicamente sufrimos por el miedo a perder lo que tenemos (esto sería algo parecido a la codicia), por el miedo a no tener lo que queremos (esto sería el deseo) y por el miedo a no alcanzar (que sería la esperanza).

Fíjese con detenimiento que si usted fuera capaz de mantener su mente en el instante actual sin recordar y sin anticipar (salvo cuando fuera necesario y sin que esto le afectara emocionalmente), estaría justo en un lugar en ausencia de sufrimiento. ¿Verdad?

—FIN—

Nada sigue, pero todo está.

Publicado: 11 marzo 2015 en Reflexionando.....
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Estoy muy solo aquí.
Las ramas de los árboles siguen moviéndose, alocadas, nerviosas desde hace bastante rato.
Sus hojas marrones me saludan o se burlan de mi, no estoy seguro.
Oigo agua, un pequeño caudal, sereno y calmo.
Puedo escuchar algún trino.

El agua es transparente y está limpia, alargo la mano y con la punta de los dedos compruebo que está helada.
Siento un estremecimiento peculiar, distinto a otros.

No es frío, es miedo.
Lo reconozco enseguida.
El miedo está muy presente, es fácil reconocerlo, porque el miedo impide la acción y enerva el pensar, lo altera.
Cuando uno siente miedo no puede actuar, casi no puede hacer nada, y desde luego no piensa con normalidad.
El diálogo interior aumenta frenético mientras todo lo que hay fuera (el resto), sigue su curso inafectado, sin conocimiento de ese miedo que tan solo siento yo.

¿De qué sirve pues mi miedo?
¿Me he apropiado yo de él o él de mi?
¿Qué busco a través del miedo?
¿Es posible utilizar el propio miedo como herramienta para erradicarlo?

Es un error. Eso pienso en este instante. Más tarde ¿quién sabe?.
Comprendo la utilidad del miedo, pero el exceso de miedo o la mala interpretación del mismo con pensamientos irracionales suponen un abismo permanente.

Me preocupa crear rivales con la palabra.
Los rivales del pensamiento son intimos, privados, desconocidos para el resto, pero los rivales creados por la palabra o por la acción no lo son.
Lo observo mientras camino.

Me gustaría obtener la certeza de que se puede educar con valores, sin hacer carreras, sin competir, sin conseguir diplomas, sin distinguir a alguien que brille por medio de muchos que fracasan.
¿Puede ser esto posible?

El valor tiene la virtud de ser igual de útil para todos los que lo perciben, pero tiene también la particularidad de que cada uno lo canaliza o lo acondiciona según su pensar, lo acepta o lo rechaza según su sentir.

El valor se moldea, se adapta a las intenciones, incluso a la personalidad de cada uno.
No es un mérito académico. Eso sirve de poco en la vida emocional, en la vida interna, en la vida espiritual.
Hacer integrales está bien (para quien necesite resolver integrales).
Pero es una vía muerta, finalizada, sin esperanza, sin futuro, inútil.

No soy un loco, comprendo, valoro y reconozco el conocimiento y la utilidad de acumularlo mediante repetición….

Pero en cambio un valor, es una semilla, es imprevisible lo que puede resultar de cultivar un valor.
Un valor puede cambiar el mundo.
Un valor es algo vivo, que cambia, es una oportunidad.
Nunca hay que acabar con la oportunidad.
Luego sumar está bien también, claro.
Es útil en la vida diaria, necesario muchas veces.

Es una destreza que sirve para compararse, para reflejarse, para diferenciarse.
Sumar mejor, sumar más rápido, sumar de memoria….

Pero…. ¿y la compasión?; ¿y la calma?; ¿y la resiliencia?; ¿y la empatía?; ¿y el cariño?; ¿y el arrojo?; ¿y la valentía?; ¿y la constancia?; ¿y la sinceridad?; ¿y el mérito?; ¿y la humildad?…

En determinado momento, o se tiene o no, pero no se tiene más o menos (en mi opinión).
Afilar o perfeccionar una virtud puede hacer parecer que se tiene en mayor medida.

Pero la virtud, el valor, no es cuantificable, no es medible desde donde uno mira.
No es el enfoque de este pensamiento.
Simplemente forma parte de la vida, pero con la inmensa grandeza de que puede adquirirse y abandonarse.

Estas observaciones dan lugar a pensamientos, y al darme cuenta de la presencia de ese pensar, me doy cuenta de que he perdido todo lo que ES a mi alrededor en ese instante.
Y pienso que uno también es parte de ese ES.
Pero el pensamiento es una idea, una metáfora, un dibujo, es imaginación.
No puede ser de otro modo.

¿Cómo podría ser de otra manera?
¿Ha sido útil todo lo que ha sido pensado?
¿Quién sabe?

Esto no es una epifanía, no es un milagro, no es liturgia, no tiene nada de místico o religioso.

Es solo un paseo caminando despacio, permitiendo que lo que ES sea, que aquello se exprese tal como ES.
Intentando no interrumpir o impedir los pensamientos, sin crear barreras ni resistencias.

El ruido no molesta y el silencio no tranquiliza, simplemente son consecuencias distintas, antagónicas de un mismo origen.
Son un juicio.
Son el otro extremo de una acción, son consecuencias.

Tomando sopa de miso, observando las volutas de humo elevándose por el aire que todo lo inunda, mirando el baile del tofu, las algas y el caldo, me viene a la memoria aquella alegoría en la que una sola llama de una vela es capaz de terminar con todas las oscuridades del universo.
Es una bella parábola.

Pero nadie parece darse cuenta de que la vela debe estar.
Hay que sostenerla.
Debe ir con uno.

A su paso la oscuridad desaparece.
No sabe uno si la oscuridad desaparece o aparece la luz.
Puede no ser lo mismo.
¿La oscuridad se retira o la luz avanza?
Tal vez ambos.
Esta es la naturaleza del pensamiento analítico.
Absurda muchas veces, inútil casi siempre.
Pero la cualidad de la percepción hace necesaria una observación intensa y sutil a la vez.
Intensa por lo enfocada, sutil para que no cree resistencias, para que no cree pensamientos ni movimientos mentales.

¿Mañana estarán aquí estas piedras?
Son de un bello color.
Al coger una entre mis manos noto la aspereza de su solidez.
Y me doy cuenta de que se ha perdido el instante.
De que lo he perdido yo.

Esos pájaros a lo lejos han levantado el vuelo y no ha sido visto.
La mente estaba ocupada.
Como tantas veces.
Como siempre.
Demasiado ocupada en darle a la manivela de la inutilidad, del pensar hasta la extenuación.
De anticipar y recordar.
Una vez más.

Nada sigue, pero todo está.
Lamento no verlo siempre, lamento olvidarlo.
No hay culpa, no hay arrepentimiento.
Solo hay miedo, cansancio y angustia.
Y una vez más son percibidos.