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Conversaciones_18

Publicado: 22 octubre 2013 en Conversaciones
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Pregunta:
Aceptar es rendirse, no creo que eso sea una solución.
¿Eso es lo que debemos hacer?

Respuesta:
¿Una solución?
¿Una solución a que problema?

No creo que  de ningún modo aceptar sea o conlleve rendirse.
Hay muchas formas de apreciar la aceptación, pero no debe suponer en ningún caso una sensación de rendición.
Esa percepción parece ser errónea.

Debe empezar por algún sitio, algún lugar claro, alguna pregunta concreta.
Por ejemplo, ¿Por qué quiere usted aceptar? ¿Qué situación debe ser aceptada?
¿Se acepta usted a si mismo tal como es ahora en este mismo instante?
No después ni antes, EN ESTE MISMO INSTANTE.
Vea su conflicto, percíbalo para poder tener la oportunidad de resolverlo.

Después veremos en qué consiste la aceptación según el contexto.

Una de las causas más comunes para aceptar algo es que uno piensa que dejará de sufrir.
“Aceptar” esa circunstancia (sobrevenida) que se ha presentado llevará a un estado en ausencia de sufrimiento.
Eso es una creencia.

Uno sufre porque tiene extraordinariamente arraigada la creencia de que lo que acontece, lo que ocurre, si es malo, no debería ocurrir.

Normalmente no cuestionamos lo que nos proporciona calma o beneficios o placer.
En cambio, hay una resistencia frontal hacia todo aquello que nos produce sufrimiento.
La respuesta es automática, algo ocurre, nos crea sufrimiento, lo tenemos como una respuesta natural, pero no lo es.
Eso tan solo ocurre si la mente etiqueta lo acontecido como “malo para mí”

En ese caso, la mente cree que eso que hace sufrir no debería ser así.
Se rebela contra eso que ha sucedido, se resiste, impide, lo rechaza.
No lo quiere (no lo acepta), porque sabe que le va a hacer sufrir.

Eso es conflicto, es violencia, es confrontación.

¿Que hay entre lo acontecido y el sufrimiento percibido?
La idea de que aquello es malo.
Si algo se puede hacer es en ese momento, entre lo acontecido y lo etiquetado como amenaza.

Hay algo que continuamente nos impide alcanzar aquello que nos proponemos, en este caso aceptar.

¿Qué es aquello que nos impide simplemente aceptar?
¿Qué es aquello que nos impide simplemente permitir?
¿Qué es aquello que está permanentemente presente y nos impide todo esto?

Es algo que podemos cambiar, incluso ignorar, es algo que debe uno identificar dentro de su pensamiento.
La aceptación de “LO QUE ES” en todo momento y en toda circunstancia erradica el sufrimiento.
Esto no es de ningún modo una actitud pasiva o una intención de ignorar las circunstancias o de mirar hacia otro lado.

¿Entonces que es esta aceptación?

Esta aceptación desde luego debe ser intencionada y consciente, pero no por eso es una acción que haya que llevar a cabo.

Esta aceptación es permitir.
No ignorar, no esquivar, no evitar, sino permitir, observar en ausencia de juicio, de acción y de intención.
Observación pura.

No se trata de ser otro, de cambiar o de ser diferente.

¿Acaso puedes ser diferente de lo que eres EN ESTE MOMENTO?
Sea lo que sea que tú creas ser, no entremos en eso ahora…
¿Puedes ser diferente de lo que eres EN ESTE INSTANTE?

La respuesta es sencilla y rotunda.
No.
Por tanto, actúa como creas que debas hacerlo EN ESE INSTANTE y PERMITE que las cosas sigan su curso.
En este contexto tú eres solo un observador, no el causante de la acción.

Permite sin crear resistencias y observa que ocurre.
Simplemente PERMITE.

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La aceptación también es lucha

Publicado: 17 febrero 2011 en Reflexionando.....
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En conferencias a las que he asistido, en conversaciones o en diálogos, en la mayoría de las ocasiones se repiten los mismos problemas una y otra vez, las personas acuden (acudimos) a estos eventos por alguna razón, casi siempre es para beber de una fuente distinta, aprender más o mejorar en algún aspecto la práctica. Algunas personas también acuden por curiosidad.
Pero como digo, en muchas ocasiones hay personas que se tropiezan una y otra vez con el mismo muro y no salen de esa situación. Siempre las mismas dudas, siempre las mismas preguntas.
Se han bloqueado, se han estancado.
Esto hace que su desesperación aumente, su inquietud también lo hace, y terminan pensando y sintiendo que su búsqueda es estéril y que han fracasado, sintiéndose aún peor que al comenzar.
Para comprender esto es importante indicar que lo que se escucha en una charla o conferencia tan solo son palabras; lo que se lee en un libro o en un escrito son palabras; y estas palabras causan efectos muy distintos en cada persona, es posible que la misma frase deje indiferente a muchas personas y en cambio en otras creen una duda; abran una brecha que puede hacer que el individuo perciba algo nuevo, algo distinto, que note que debe cambiar algo o hacer algo o DEJAR DE HACER ALGO.
En definitiva es percibir un movimiento nuevo en la mente que antes no había sido observado (por eso digo “nuevo”, no porque no estuviera ahí antes).

El individuo debe ser (y es) responsable de lo que hace aunque el resultado de sus actos no sea necesariamente el que él espera y no dependa de su persona.
A veces se esperan milagros, el mismo Tenzin Gyatso, catorceavo Dalai Lama, lo indica en sus conferencias con una sonrisa en la cara.
“Si han venido aquí esperando un milagro, se han equivocado, soy una persona normal”.
Y aunque esto de que el Dalai Lama sea una persona normal es discutible, lo que es indiscutible es que no hace milagros.
Aún así la gente sigue esperándolos.
El orador no es el mensaje, simplemente es el elemento a través del cual se lleva a cabo la transmisión de cierta experiencia o enseñanza.

Las palabras de un orador, incluso de la categoría de Tenzin Gyatso (sobradamente preparado para su labor, extremadamente culto e inteligente, compasivo hasta el extremo y lider indiscutible del budismo tibetano en el mundo y una figura conocida y querida a nivel mundial), pueden ser un bálsamo, pero no una solución definitiva, pues esta solo puede ocurrir en uno mismo y desde uno mismo.
Todo lo que se diga en una conferencia son conceptos, y deben ser escuchados como lo que son. Conceptos.
Nadie tiene la verdad absoluta, ni siquiera tiene su verdad pues la verdad no puede tener propietario.
Se busca en las palabras de otros la solución a nuestros problemas, sin comprender que el origen de nuestros problemas está en nosotros mismos, así como su solución que no solo está en uno mismo, sino que está aquí y ahora pero no es percibida.

¿Cómo puede uno esperar que alguien que ni siquiera le conoce pueda resolver los problemas que uno mismo no es capaz de solucionar?
Suena extraño, pero es una realidad, hay muchas personas que hacen esto, que esperan esto.
A veces cargan contra el conferenciante su ira, y este, normalmente cauteloso y prudente, pues él (o ella) han sentido la misma ira y el mismo miedo y aunque los han trascendido, comprenden el sufrimiento que causan, y con paciencia infinita, dan la receta mágica una y otra vez.

Busca en ti, mira hacia dentro, se introspectivo, observa como piensas, busca el conflicto en los movimientos de tus pensamientos y déjalo ir, permanece sereno, practica…
Pero esto parece no funcionar nunca.

Y no funciona nunca porque se toma a nivel intelectual y algunas cosas son imposibles de comprender a nivel intelectual.
Es como intentar percibir el olor de la alegría.
Simplemente no puede hacerse.
No se puede oler la alegría.
Pero existe el olor y existe la alegría.

Poca gente es consciente de que las palabras solo son herramientas, y que luego uno debe usarlas.
Una palabra es inútil si no se le da la utilidad adecuada.
Uno no puede amartillar un clavo con un abanico.
Necesita un martillo, un clavo y ENTENDER EL PROCESO, SU CAUSA Y EL PAPEL QUE EL INDIVIDUO JUEGA EN TODO ESE PROCESO.

Su responsabilidad como individuo es necesaria para que llegue el “darse cuenta”.
A muchas personas les resulta fácil entender que deben observar sus pensamientos, ver como llegan y dejarlos ir.
Así se convierten en unos observadores de si mismos.

A partir de este punto comienza la frustración. Pasan años de práctica y no hay avances. Meditan sin descanso y no hay avances.
Esa frustración se ve como propia, se percibe como si fuera causada por el hecho de no avanzar (¿hacia donde? ¿hacia que?).
Esa frustración forma parte del Todo, es lo que hay en ese momento y como tal debe ser tratada.
Es lo que es, sin más.
El abandonarse supone ABANDONARSE COMPLETAMENTE EN UN ESTADO DE TOTAL INAFECTACIÓN.
No hay lucha, no hay resistencia. No puede haberla.
La aceptación de algo es una forma de resistencia muy sutil que pocas personas perciben.
Cuando deviene una circunstancia y produce en la persona un efecto negativo (o sienten que les afecta de forma negativa), buscan aceptarlo.
Esto es casi igual de improductivo que rechazarlo.
Rechazar es luchar, es violencia, es conflicto, es negación, pero aceptar es EXACTAMENTE LO MISMO.
No hay nada que rechazar ni nada que aceptar, simplemente las cosas son como es.
No por repetir esto cientos de miles de veces va a cambiar nada, es necesaria una cierta comprensión a nivel intelectual que se alcanza con la práctica y el silencio introspectivo y que DESPUÉS, puede producir un cambio (o no hacerlo); y se termina la lucha, se termina la resistencia, pero no se acepta, simplemente termina. Es muy distinto.
Pierde toda la importancia que tenía y uno percibe con claridad meridiana lo absurdo que era todo antes de percibir esto.
Uno observa lo antinatural de esa resistencia, de esa lucha continua incluso por aceptar.

NO HAY NADA QUE ACEPTAR.
Un hecho es un hecho independientemente de lo que uno piense o sienta, por tanto no cambia nada y la reacción que uno tenga será una reacción totalmente estéril e inútil, independientemente de que esa reacción sea de rechazo o de aceptación.