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Conversaciones_15

Publicado: 17 abril 2013 en Conversaciones
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Pregunta:

Llevo años practicando y no avanzo, no alcanzo ningún estado distinto ni me siento mejor.
¿Qué puedo hacer? ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué hago mal?

Respuesta:

En ese caso le pasa igual que a mí, igual que a muchos, igual que a casi todos.

La meditación, el Zazen, el Pranayama, la concentración, o lo que sea que usted llame Práctica, no puede convertirse en un obstáculo, en ese caso hay que dejarlo, sin más.

No dice uno que al primer contratiempo se abandone la Práctica, ni mucho menos, pero si con el paso de los años, el Refugio no es tal cosa, la calma no se vislumbra, y todo lo que hay es agitación y problemas, es mejor detenerse a ver que estamos haciendo mal.

La Práctica funciona, eso es un hecho, por tanto, lo que puede estar pasando es que la Práctica se lleve a cabo de una forma incorrecta, o que no se entienda.

El problema es que la propia Práctica se convierte en un hábito mental.
Es solo eso, pero es extraordinariamente difícil de observar y mucho más difícil aún de resolver.

Pero puede hacerse.

En primer lugar hay que entender que se está haciendo.
Cuando al principio a uno le dicen que se concentre en su respiración y cuente las inhalaciones y las exhalaciones, lo que se busca es una distracción nueva para cambiar las distracciones habituales y a partir de ese cambio, dar el siguiente paso.
Pero en esa fase no es más que otra distracción.

La mente piensa en patrones establecidos que están muy arraigados, por eso cada mañana en cuanto uno despierta, si uno observa, si uno escucha, verá que la mente le pone “delante” del pensamiento los problemas que más nos acucian, los asuntos que más nos inquietan, las cuestiones que más nos preocupan, una y otra vez, una y otra vez.

Generalmente uno empieza a practicar porque sufre.
En muchos casos, el sufrimiento es el motivo por el que las personas buscan soluciones y por ello practican, de este modo, la Práctica es una “solución” a un problema, pretende ser una huida de una realidad percibida (el sufrimiento) y por tanto, se esperan resultados de ella, una evolución, se empieza a pensar que con la Práctica se puede erradicar el sufrimiento, y aunque esto sea cierto, no se puede tener este pensamiento como motivación para practicar, porque lo que ocurre es que la Práctica se convierte en una esperanza para el futuro y por tanto en un pensamiento más.

Eso la convierte en algo completamente inútil y muchas veces contraproducente.

Más tarde, al ver que uno no obtiene los resultados deseados, se culpa a la Práctica, cuando en realidad la culpa es de quien practica.
Es como si uno tiene una enfermedad y mantiene el fármaco que la cura en su mano, bien cerrada, apretado el puño con todas sus fuerzas para que nadie le arrebate la solución; pero esa solución de la que no debe apropiarse, debe ser ingerida, para que mediante los tejidos digestivos se absorba, alcance el torrente sanguíneo y haga su función.

Con la Práctica es similar, tenemos el “fármaco que cura”, pero lo usamos mal.

La Práctica debe ser nueva cada vez, diferente, debe ser percibido que cada ocasión es única.
No tenemos otra cosa.

El pasado solo sabemos que quedó atrás y ahora es un recuerdo que traemos al ahora (un pensamiento), el futuro es imaginación que también traemos al ahora (otro pensamiento), en definitiva lo único que tenemos es ahora.
No hagamos del ahora un pensamiento.

Con este planteamiento y algo de esfuerzo se puede percibir que la única posibilidad de arreglar cualquier cosa (si es que hay algo que arreglar), es ahora.

No tiene ningún sentido esperar nada de la Práctica en el futuro.
¿Se entiende esto?
¿Qué futuro?

Si no utilizamos los recuerdos y no proyectamos lo que esperamos del futuro, cada vez que uno se sienta en Zazen es una ocasión única, distinta y genuina, una posibilidad de estar consciente, tanto si meditamos como si comemos una hamburguesa con patatas, o pintamos una pared.

También es Práctica si se tiene la actitud mental adecuada.
La propia vida es Práctica si se tiene la actitud mental adecuada.

Uno se sienta en un acantilado, al amanecer, temprano, hace frío, percibe sensaciones físicas, sensoriales….
observa el horizonte y al poco tiempo va saliendo el sol, los primeros rayos despuntan ofreciendo una luz intensa pero cálida, el cielo grisáceo toma un tono rojizo y las nubes blancas se vuelven aún más blancas por el reflejo del sol asomando.
A los pocos segundos el sol muestra su forma y el cielo se convierte en un cuadro de colores rojos, azules, blancos, grises e incluso amarillos.

Uno ve, uno observa.
Uno ve el sol.
La imagen explota en la retina y permanece en la memoria, eso ya fue, pero el recuerdo permanece.
Uno no se apropia de la imagen.
Lo que queda ahora es el recuerdo, y uno se apropia del recuerdo.
Hay que soltarlo.

Nadie puede robar el recuerdo, pero nos afanamos en conservarlo y recuperarlo una y otra vez, nos empeñamos en repetirlo.
Esto requiere un desgaste y un esfuerzo innecesarios.
La próxima vez que veamos un amanecer ese recuerdo impedirá que lo veamos.
Por eso hay que abandonarlo.

Esto nos pasa con todos los pensamientos no solo con la contemplación.

Durante la Práctica, se dice que se dejen pasar los pensamientos.
¿Acaso dejar pasar los pensamientos no es una acción?
Sí que lo es, de hecho requiere un esfuerzo mental, la actitud debe estar orientada a practicar sin intención, sin finalidad y con una actitud mental totalmente inafectada.

Los primeros años se requiere esfuerzo, hay que ir a por el pensamiento y cortarlo, ver que “nos ha cogido de la mano” y nos ha llevado de paseo haciendo que perdamos “la permanencia”.
Hay que permanecer.

Es como respirar, si uno observa la respiración se da cuenta de que respira, pero si se olvida de prestarle atención, el cuerpo sigue respirando.
Con la Práctica es lo mismo, los pensamientos cotidianos, los problemas, siguen estando ahí si se les busca, si son llamados, pero no nos afectan, al menos desde luego no lo hacen de una forma tan frontal y tan hostil como antes de comenzar a practicar.

No debe uno apropiarse de nada, ni siquiera los pensamientos son de uno, esto debe percibirse y hará más fácil que uno permita que se marchen, por muy arraigados que estén.

Me pide consejo, me hace preguntas….

Yo no soy un maestro, solo observo, soy un gran ignorante.
Yo no sé nada, yo no tengo nada, nada para mí y nada para ofrecer.
Percibo un gran sufrimiento de forma continua, y ese sufrimiento, a veces propio, a veces ajeno es demoledor, agotador.

Yo solo pienso, algunas veces practico, y siempre respiro, vivo y observo, observo hasta la extenuación física y psicológica.

Y es algo que no recomiendo. No lo recomiendo en absoluto.

Sé que hay Calma porque la he percibido, pero esa Calma ES en ausencia de la imagen mental de uno mismo.
No digo que aparece, digo que ES.

Esto significa que el “yo” ahuyenta la Calma.

Todos los pensamientos que se refieran de alguna forma a la persona, a lo que piensa uno de sí mismo, a cualquier cosa que crea que le afecta o le pueda afectar como individuo separado y único ahuyentan la Paz que existe bajo todo eso.

Si se busca se pierde la actitud adecuada.
No hay que buscar.

Si se espera se pierde la actitud adecuada.
No hay que esperar.

Si se valora si la actitud es la adecuada, se pierde la actitud adecuada, pues nos hemos puesto a valorar, a juzgar, a discriminar, a seleccionar, a elegir.

La clave es detenerse sin intención, sin darse cuenta.

Si realmente la Práctica es un problema hay que parar.

En contra de lo que muchos creen, el estado natural de la mente no es el pensar.

Insisto, si la Práctica no es buena hay que parar, porque si no, la Práctica se fija como un pensamiento más, y nos impide ver dónde y cómo estamos en realidad.

En este caso, no sirven anestesias, no se trata de sufrir sin más, hay que contemplar el sufrimiento psicológico para comprender su origen, sus mecanismos, sus movimientos y así tener la opción de trascenderlo.

Como curiosidad, quien esto escribe lleva más de 2 años sin practicar por esa misma razón.
Cuando lo entienda continuaré o no.
No sé si será correcto o no.
¿Qué más da?

Uno cree que no espera nada, pero si algo espera es no dañar.

Conversaciones_13

Publicado: 16 febrero 2012 en Conversaciones
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Pregunta:
Perdone, yo no he entendido nada de lo que usted dice.

Respuesta:
Eso es lógico.
Observe su frase.
Obsérvela detenidamente.
¿Quién es ese “yo” que no ha entendido nada?
Ese “yo” le ha estado “hablando” mientras usted creía escuchar, de modo que ha oído, pero no ha escuchado.

Mientras espere compresión de ese “yo”, nunca va a entender.
El “yo” no puede ser el filtro de conocimiento, porque obviará las partes que no le interesen a él mismo.
Pregúntele a ese “yo” que ha entendido él y verá la trampa.

¿Con quien habla cuando hace esto?
¿Acaso no es usted mismo?
¿Dónde está la distancia entre usted y el “yo” con el que habla?
¿Se puede observar esa distancia?
¿Es perceptible y medible?
¿Se puede controlar?

Si usted tuviera control total sobre su mente, nunca tendría pensamientos molestos, inquietantes o desagradables….
Pero no es así.
La realidad es que vivimos utilizando la mente dirigida por ese “yo” que ha sido quien le ha impedido entender algo.

Hay que razonar como si tuviéramos razón y escuchar como si no la tuviéramos.

Eso le hará más libre y le dará la posibilidad de aprender.
Si el “yo” decide que no hay nada nuevo porque él ya lo sabe todo o lo corrige todo, entonces no hay esperanza, no hay nada que hacer.

Hable con ese “yo” a ver que quiere él y luego pregúntese íntimamente que quiere usted.
A veces ocurre que vamos de un lado para otro sin saber que buscamos, por qué lo buscamos o ni siquiera quien lo busca.

A veces ocurre que la Verdad es un camino sin senderos marcados.

Conversaciones_12

Publicado: 16 febrero 2012 en Conversaciones
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Pregunta:

¿Qué es la Verdad?

Respuesta:

No lo sé, y dudo mucho que pueda expresarse con palabras.
También dudo mucho que nadie pueda responder de forma eficaz a su pregunta.
Quizá pueda uno tan solo aproximarse utilizando las palabras adecuadas….

Podríamos decir que lo falso es todo lo que sobra, el resto es la Verdad.

Conversaciones_5

Publicado: 27 mayo 2011 en Conversaciones
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Pregunta:
Usted dice que la mente engaña, que lo que yo veo no existe. ¿Puede probarlo?. Demuéstremelo.

Respuesta:
Cuando uno habla sobre este asunto, muchas veces se utiliza una expresión que me hace gracia.
“Si no lo veo no lo creo”.
No se imagina lo arriesgada que es esta afirmación.
En primer lugar y hablo totalmente en serio, si lo que usted plantea fuera un hecho cierto, las personas invidentes no podrían tener creencias, y las tienen, sin duda. Así que no parece un buen método para discriminar en que cree uno o deja de creer.

Por otra parte, las personas invidentes tienen una percepción muy distinta a la suya y a la mía, pues no están condicionados por la vista.
Por lo general son personas con una capacidad de introspección extraordinaria.
Lo que a usted le une con lo que ve es simplemente la fisiología de su organismo, que mediante sus ojos recibe una información QUE ES INTERPRETADA POR EL CEREBRO.
Sin entrar en detalle, gracias a la luz, el ojo capta cierta información por medio de unas células conocidas como conos y bastoncillos que se encuentran en la retina, estas células transportan la información por medio de los nervios ópticos hacia la corteza cerebral que es donde se producen los estímulos que crearán las percepciones visuales.
Luego a estas percepciones visuales les hemos puesto nombre.
Ya he mencionado que la visión es el sentido que más condiciona, y salvo cuando estamos dormidos, recibimos información casi constante por medio de la vista.
Generalmente las personas se fían de lo que ven, pero como casi siempre, hay matices.
Le pongo un ejemplo.
Si usted mira directamente a una bombilla de cristal transparente que está apagada verá un solo filamento.
Si enciende usted esa bombilla y mantiene si vista fija en el filamento durante unos segundos y cierra los ojos comprobará algo curioso.
Lo que verá son 4 filamentos.

Analicemos donde estamos.
Lo que digo es que usted tendrá los ojos cerrados y estará viendo cuatro filamentos donde hace un instante había uno.
Que curioso ¿verdad?.
Tendría cierto sentido (tal vez) ver dos filamentos, pues tenemos dos ojos, pero vea como ya nos estamos desviando, lo que está ocurriendo es que uno ve cuatro filamentos.
Si usted prueba esto y ocurre lo que yo le estoy diciendo (y créame, ocurre), ¿se seguirá sigue fiando de lo que ve?
Eso no es todo, si sigue usted con los ojos cerrados e intenta perseguir los filamentos que ve ocurrirá otra cosa curiosa.
No podrá alcanzarlos. No podrá mirarlos directamente.
¿Por qué no puede alcanzarlos con su propia mirada?
¿Le mienten sus ojos?
¿Le miente su cerebro?
¿Le miente su mente?
¿Le miente su interpretación?
¿No le miente nada de eso y eso que percibe es lo que realmente está ocurriendo?
No entremos en esos detalles si no es necesario.
Quédese con esto. A veces, lo que uno cree que ve no es lo que está viendo.
Del mismo modo, lo que uno percibe, a veces no es lo que uno percibiría si no fuera esclavo de sus hábitos, pues igual que la visión está condicionada por el cerebro y otros factores fisiológicos, las percepciones están condicionadas, entre otras cosas, por las interpretaciones que la mente hace de ellas.

Conversaciones_4

Publicado: 17 mayo 2011 en Conversaciones
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Pregunta:
Usted dice que yo no puedo hacer nada por liberarme, que no puedo hacer nada para alcanzar la iluminación.
En ese caso… ¿Todo esto para que vale?.

Respuesta:
Bien, le agradezco su pregunta.
Es importante.
Podemos plantearla de otros modos si no le parece mal, en realidad es la misma pregunta, aunque no se lo parezca….
¿Por qué no está usted satisfecho completamente con su vida aquí y ahora?
¿Qué le hace buscar algo que usted llama iluminación?
¿De qué debe usted ser liberado?
¿De qué o de quien huye usted?

Algunas personas esperan que uno pueda hacer algo por ellos, cuando ellos mismos ni siquiera saben cuales son los problemas que les atenazan y les impiden vivir con fluidez ante aquello que surge a cada momento.
¿Que es aquello que le produce sufrimiento?
Ese es un ejercicio personal que cada uno debe hacer de forma individual e introspectiva. De forma muy íntima.
Hay personas que perciben la vida como un continuo ataque personal hacia ellos.
Es el riesgo de la mirada egoica.
Su resistencia, y permítame decir, su ignorancia, es tal que consideran que todo aquello que acontece ocurre para que ellos sufran.
Tan dañina puede ser la mente. De hecho lo es.
Mire a su alrededor, dígame cuantas personas ve felices, completa y absolutamente felices.
Cuidado, que una persona feliz no es una persona que carece de problemas. Se pueden tener problemas y ser feliz.
Dígame cuantas personas ve con gesto sereno, sin crispación, sin miedo, sin tensión, sin la frente contraida.
Observe a lo largo de varios días….
Verá pocas, se lo aseguro. Tal vez una, tal vez ninguna. Obsérvelo usted mismo….
Haga el esfuerzo de prestar atención a ese detalle, se dará cuenta de muchas cosas.

Hay personas que no ven ni el vaso medio lleno ni el vaso medio vacío, son personas que ven el vaso roto.
Todo esto entonces vale para que esa vida que uno lleva, sea más ligera, no sea tan dolorosa, sea más llevadera, más relajada, porque uno comprende por qué ocurren las cosas y si esa comprensión es alcanzada por uno mismo, de pronto hay un nuevo punto de vista que permite que los problemas pierdan su importancia o al menos cambien su aspecto.
También cambia la forma de verlos, cuidado que no hablo de resolverlos ni de padecerlos ni de enfrentarse a ellos; digo de verlos, de percibirlos, cambia la forma en que los problemas son percibidos, y eso repercute directamente en la manera en que reacciona la mente ante esos problemas.
Al fin y al cabo eso hace que usted viva mejor, que sufra menos.

Si usted no sufre con nada, ENHORABUENA. Es extraordinario. Si usted no tiene sufrimiento físico ni psicológico es usted un ser verdaderamente afortunado. No se imagina cuanto.
Pero tengo la certeza de que si eso fuera así, esta conversación no estaría llevándose a cabo.

En otro orden, hay metas distintas, pero la primera es minimizar el sufrimiento de las personas que buscan algo.

Todo el mundo busca algo, si usted no buscara nada no estaríamos hablando.
Sería un ser plenamente estable, equilibrado, ecuánime y feliz.

Pero no lo es. Por eso busca.
¿Y que busca?
Indague que le hace daño y porque siente ese daño.

Indague si ese daño le proporciona algo más que daño y tal vez esa sensación se ha convertido en un hábito, en un seguro, en un refugio.
Indague que hay ANTES del daño.
Indague que hay entre usted y el daño que siente, físico o psicológico, sobre todo psicológico.

Probablemente encuentre que es usted mismo quien se inflige ese castigo continuamente. Pero ahora no lo ve, no lo percibe así.
O tal vez uno esté equivocado, esto sería bueno. Porque así usted no sufriría.

Bien, no se culpe, esto puede llevarnos a algo positivo. Por eso estamos hablando.
Para eso estamos hablando.
Utilizando un símil, podemos decir que mucha gente camina en círculos por la vida.
Circulan, dan vueltas y vueltas, pero no reconocen el camino andado, a pesar que se repite una y otra vez.
Si uno observa verá las repeticiones, comenzará a reconocerlas y notará las reacciones que se producen cuando se perciben esas repeticiones.
Entonces hay un cambio, hay un antes y un después.
Comienza la búsqueda.
No sabemos por qué, pero uno nota que algo no va bien, que debería ir mejor, que debe haber algo por ahí fuera que resuelva mis problemas.
Y entonces ocurre.

HEMOS ENCONTRADO LA CLAVE !!!!!.
Y nos ponemos a caminar en círculos en el sentido inverso.
Imagínese el chasco cuando uno se da cuenta.

Pasado un tiempo, observamos que a pesar de caminar “distinto”, que nuestra actitud ante las cosas y la vida, y los problemas, es diferente, algo sigue yendo mal, pues no hemos encontrado lo buscado (que todavía no sabemos lo que es).

Y entonces, uno lee, uno escucha, uno indaga, uno estudia, uno medita, uno escucha esto, lee lo otro y puede que entonces, solo tal vez, comience a salir de ese círculo, ya da igual la dirección o el sentido, habrá salido del círculo y no volverá a ver lo anterior. Porque ya no habrá ni dirección ni sentido.
Podrá haber otros círculos más adelante, de hecho los habrá, pero serán distintos y reconocibles en cuanto aparezcan.
Cada vez uno va adquiriendo más soltura en esta actitud, cada vez se encuentra uno más cómodo, hasta que llega a pensar ¿Cómo he podido vivir de otra manera toda la vida?

¿Hacia donde camina?
Da lo mismo.
Ha salido de la rutina, ha salido de los pensamientos mecánicos, ha dejado de ser un autómata que reacciona y comienza (solo comienza) a tomar cierto grado de control.
Para eso sirve todo esto.
Para darse cuenta.
Para salir del círculo.
No importa donde llegue usted, ese es otro problema, ese es otro asunto. Importa salir.
No se preocupe todavía de alcanzar nada. Si lo hace ya estaría anticipando y creando deseos, anhelos y metas.

Y AÚN NO HA SALIDO A CAMINAR !!!!.
Está en la casilla de salida, reflexione.
¿Qué quiere hacer?
¿Qué le sujeta las piernas?
¿Por qué sigue dando vueltas?

CAMINE.
Este viaje no es planificable, porque donde va a llegar solo lo sabrá cuando llegue y solo usted podrá caminar su propio camino.
No hay ejemplos a seguir, no hay quien pueda meterse en sus zapatos.
Puede quedarse quieto, seguir en círculos o caminar hacia fuera o hacia dentro, o hacia arriba o hacia abajo.
¿O no puede?
¿Quién le pone los límites a uno mismo?
Decida usted, reflexione usted.
Reflexione intensamente sobre quien le pone los límites a uno mismo.
Gracias por su pregunta.

Conversaciones_3

Publicado: 4 abril 2011 en Conversaciones
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Pregunta:

¿Es imprescindible tener un Maestro?

Respuesta:

…Es una buena pregunta.
Una pregunta que se repite una y otra vez.
Solo puedo darle mi opinión al respecto, que por supuesto y con toda probabilidad no será correcta.

Observe que la pregunta casi da por hecho que es responsabilidad del Maestro que el discípulo alcance o logre algo, la palabra Maestro lleva asociada esa supuesta responsabilidad cuando esto ni siquiera es una posibilidad.

En Vedanta Advaita por ejemplo, se considera que cuando un Jñani habla (un sabio, un Maestro espiritual), es la Conciencia expresándose.

Uno ve al individuo, que está allí hablando, y equivocadamente identifica al Jñani como el dueño/autor/propietario de esas palabras o ideas.
En realidad es la Conciencia, es la Totalidad la que se expresa a través del sabio, insisto, según Vedanta Advaita.
Es muy importante indicar esta diferencia.

Esa persona (el jñani) no piensa egoístamente (en relación al ego), y por tanto explica lo que ES, y como se percibe desde su sistema psicosomático, esto sugiere al menos como podría ser percibido por los demás sistemas psicosomáticos, esto es, el resto de las personas.
La sabiduría permanece, pero el cuerpo muere.
Ese Maestro, jñani, sabio, o como queramos llamarle, NO es el responsable de los avances de cada uno de sus discípulos.
Si puede en cambio, dada su condición y experiencia, saber quien o quienes pueden estar más cerca de ALCANZAR POR SI MISMOS el conocimiento de la realidad.
Puede que su presencia, sus charlas y conversaciones, causen una devoción que de pie a que ocurran cambios, pero él en ningún caso es responsable último de los cambios que se dan en las mentes de otras personas.
Esos cambios se darían de cualquier otra forma.
Una cuestión muy habitual es que los discípulos sientan un auténtico fervor por el Maestro, fíjese que la misma palabra “Maestro”, indica el que “enseña”. Quizá sería más justo llamarle guía.

Como decía, más adelante, a medida que van avanzando en su comprensión, ellos mismos (los discípulos) observan lo absurdo de esta actitud.
Finalmente se ve al Maestro como un igual, no en conocimiento, sino en intuición, no desde el conocimiento, sino desde la intuición.
Uno es unidad con el Maestro, no hay aquí (no puede haber) competencia ni competición alguna.
Una vez alcanzada la comprensión última, uno tiene hacia su Maestro un profundo sentimiento de agradecimiento sincero, bondadoso, una sensación de rendición a lo que fue un problema y ya no será nada, ni problema ni solución.
El Maestro estaba ahí, pero no ha desencadenado Eso. Eso estaba antes que el Maestro.
Al menos así aparece en las escrituras.

Un auténtico Maestro (y quien habla no lo es, se lo aseguro), no solo no necesita adoración y devoción, sino que comprende que eso es un obstáculo muy dificil de sortear.
No debe uno apegarse a la persona, sino escuchar y dejar que las palabras florezcan de alguna forma tras cierto nivel de comprensión.
El conocimiento debe reposar y crecer, progresar y cambiar, la causalidad final es súbita, pero el camino hasta alcanzarla es arduo y escalonado.
El Maestro corrige, pero el discípulo trabaja.
El discípulo progresa, el discípulo se equivoca, el Maestro lo sabe y puede corregir o no, según lo considere oportuno. No siempre corregir es constructivo.
Me pregunta que ocurriría si no hubiera Maestro….
Realmente no lo sé.
Uno mismo es su Maestro, cada momento, cada instante.
La Conciencia está ahí, el Maestro puede orientar, puede enseñar, pero le resulta difícil evitar el apego de la mente a la figura del Maestro, y sabe que puede ser contraproducente para una práctica correcta.

En lo que respecta a los libros, las escrituras y cualquier material que aporte algún tipo de conocimiento, pienso (tal vez equivocadamente) que son necesarios, ya que el aprendizaje intelectual deriva en un aprendizaje emocional que a su vez, si se dan las condiciones oportunas, desemboca en un aprendizaje espiritual introspectivo y silencioso que en parte es involuntario pero en parte está inducido por el aprendizaje intelectual inicial.
La comprensión es repentina, es súbita, pero la liberación puede ser gradual y tediosa.
En todo esto puede intervenir un Maestro o no hacerlo, igual que un libro puede ser determinante a la hora de alcanzar lo buscado (si hay algo que alcanzar).
Lo que tenga que pasar ocurrirá si debe hacerlo.
Su pregunta es si un Maestro es imprescindible para liberarse, la respuesta es que ese Maestro no tiene porque ser una persona distinta a uno mismo.
Hay infinidad de casos documentados que indican esto.
Si me pregunta si un total ignorante que jamás ha leído algo es capaz de liberarse, la respuesta es si.
La razón es que no depende de él.
Si me pregunta si los libros o un conocimiento intelectual previo son necesarios, ya le he dado mi opinión al respecto.
A su pregunta de si uno está iluminado, decirle que uno solo se ilumina cuando camina en silencio bajo las farolas encendidas.

Permitame por último añadir algo que nada tiene que ver con nuestra conversación, pero con lo que me gustaría concluir.

Soy incapaz de expresar en palabras la desolación que siento y deseo enviar todo mi Amor a todas las personas que están sufriendo en Japón desde el terrible tsunami que impactó en la costa noreste del país el 11 de marzo.

Desde aquí, y como siempre, mi Amor es vuestro.

Hozon suru reisei. Hozon suru reisei.