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El dilema extremo.

Publicado: 17 diciembre 2013 en Reflexionando.....
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¿Si no hay yo, quién se libera?
A partir de esta cuestión, surgen miles de preguntas.

¿Quien se libera de qué?
¿Cómo surge el yo?
¿Cómo puede uno liberarse?
¿Cuánto se tarda?
¿Qué tengo que hacer?

….. etc, etc, etc…..

Hay que tener algo de profundidad de miras, porque hay preguntas que se hacen muy alegremente y no tienen una respuesta evidente.
A veces, directamente no tienen una respuesta y la propia ausencia de respuesta es lo correcto, lo justo y lo adecuado para la pregunta realizada.

Hay preguntas muy difíciles de responder y que no tienen una respuesta común.

–    ¿Cómo hay que vivir la vida?
Tu respuesta no tiene por qué ser la mía.

–    ¿Es de día o es de noche?
Pues…depende.

Y si “depende”, no es la Verdad indiscutible que se está buscando.
Todo aquello que “depende” puede servir para practicar, pero también es un obstáculo.
Si “depende” estamos pensando desde la dualidad, desde la comparación, desde el juicio y desde la separación.

Muchas personas se quedan en las preguntas y conforman su práctica con ellas, confundiendo la Práctica real con mantener una duda encendida en sus mentes.

Piensan (erróneamente) que tener una pregunta les hace estar más cerca de la respuesta.
Piensan (y sienten realmente como verdad), que tener preguntas significa estar avanzando, aunque no puedan explicar cuál es el objetivo final de este avance o si sirve para algo.

¿Donde se quiere llegar?
¿Qué se quiere obtener?
¿Quién quiere obtenerlo?

Por desgracia, es necesario crear una actitud que propicie la aparición de esa respuesta.
La llama de la duda no es Práctica.

Observamos la piedra con el cincel en la mano, pero rara vez nos atrevemos a golpear el mármol con el frío martillo.
Pensamos que al sentir el peso del martillo estamos haciendo algo útil, pero no es así.
El mármol hay que romperlo, hay que equivocarse para poder entender.

Repitiendo el enunciado de la ecuación no obtenemos el resultado.

Las personas se frustran y critican cosas, muchas veces porque no las entienden y porque han fracasado en su búsqueda.
Esas personas sufren y no comprenden por qué.

Este no es un camino amable.
Enredarse y tropezar, levantarse y seguir parecen directrices fáciles de llevar a cabo, pero no lo son.
La desesperación está presente a menudo.

¿Para qué luchar?.
¿Por qué no dejarlo todo?
Abandonar.
Muchos lo hacen.
Muchos lo hacemos.

La constancia se pierde, el deseo de la finalización de todo sufrimiento hace que nos equivoquemos y nos bloqueemos una y otra vez, una y otra vez, durante años. Forma parte del camino.

Dame la fórmula mágica !!!.
Dime que tengo que hacer !!!.
Ayúdame !!!.

La Práctica puede convertirse en un enemigo si no es bien comprendida.

Es como rezar a Dios, y si las cosas no salen como uno espera culpar a Dios.
Eso es no entender a Dios.

¿Y dónde queda nuestra responsabilidad como individuos?
La buena Práctica es responsabilidad del individuo.
La mala práctica también.

Tratemos de descubrir juntos, de la mano, con Amor, cercanía, prudencia y cautela quién se esconde tras ese velo  de ira y violencia que llamamos “frustración”.

Uno de los dilemas que más bloqueos de Práctica causan es no tener claro quién está haciendo qué, y por qué lo hace.

Este es un punto básico para comenzar a comprender algunas cosas, y como digo, también es una enorme piedra en
el camino, que algunos se empeñan en deshacer a puñetazos, otros se empeñan en sortear (haciendo trampas) y solo
unos pocos son capaces de sentarse ante la enorme piedra y esperar a que se deshaga comprendiendo la verdadera
naturaleza de la piedra que observan, comprendiendo de donde a surgido y por qué lo ha hecho, comprendiendo
quien está observando la piedra y por qué lo hace.

Percibiendo como verdad inequívoca que ni la piedra ni quien la observa son lo importante.
Percibiendo que no son distintos.

Comprendiendo por qué el iracundo siente ira, por qué el que odia siente odio, por qué el que grita tiene la
necesidad de hacerlo y comprendiendo también por qué, tiempo después ya no hay necesidad de gritar, no hay
necesidad de odiar ni tan siquiera de sentir ira.

Esto se llama aprender de uno mismo.
Uno es discípulo y maestro a la vez.
Nadie puede enseñarlo.
Sería mentira.
Sería como intentar ponerle puertas al mar. El mar es así. Es su naturaleza.

Este es el único camino, porque si perdemos de vista la piedra, saltando por encima o bordeándola por un lado,
volverá a aparecer y será más grande.

El camino que voy a describir es tremendamente común….

En algún momento de mi vida, leo algo, o estudio algo, o escucho a alguien, o vivo una tragedia, o en algunos casos se despierta una sensación o un presentimiento incómodo que hace que perciba sufrimiento aparentemente sin un motivo, así que:

– “YO” me doy cuenta de que sufro, de que no vivo como me gustaría y que la vida es en general una experiencia frustrante y dolorosa.

– En algún momento, “YO” me doy cuenta de que el origen de mi sufrimiento es el nacimiento o la misma consciencia de mi mismo como ser independiente y separado.

– Con el paso del tiempo, con Prácticas, Creencias, Meditaciones y Fe, “YO” comprendo o creo comprender mediante la observación que el punto anterior es una realidad.

– En otro momento “YO” entiendo (o creo entender) que soy “YO” mismo la causa del problema.

– Así que “YO”, decido que tengo que terminar con el “YO”, (pero debo seguir siendo “YO” porque no hay forma de evitar ser “YO”).

Y aquí, cientos, miles, decenas de miles de practicantes se bloquean y se detienen en seco.

¿POR QUÉ PASA ESTO?.

En la niñez, hasta los dos o tres años, un niño no percibe si contiene el mundo, o es el mundo quien le contiene
a él.
NO hay diferencia.
El niño es el mundo.
El niño contiene el mundo.
En la edad adulta, el mundo te contiene a ti.
Hay una separación clara, contundente, rotunda, violenta, inequívoca.
Uno es uno, y el mundo es el resto.

Mientas pienses como un niño o tengas una mente con esa maravillosa característica infantil, no habrá sufrimiento. Podrá haber dolor, pero ni sufrimiento ni culpa ni por tanto arrepentimiento.
Es la fantástica inocencia infantil.

En la edad adulta en cambio. Todo es distinto, vamos hacia cosas en lugar de ir descubriendo lo que va apareciendo ante nosotros.
La vida es una persecución y uno siempre va detrás de algo, que cuando es alcanzado, enseguida es sustituido por
alguna otra cosa, alguna otra meta, algún otro logro.
No hay calma.
Este es el por qué y estas son las diferencias.

La buena noticia es que para deshacerse de algo hay que conocerlo.
Para que desaparezca el “YO”, ha debido aparecer antes.
Esto es inequívoco, es un hecho.

¿Y cómo se sale de este dilema?
Ni idea.

El suelo debe desaparecer para tomar conciencia de que estamos apoyados sobre él.
Es un camino incierto, sin sendas, el camino del ganador no tiene señales.
Pero esto es una esperanza y una frase sugerente, nada más.

¿Donde está la receta?
No hay

¿Donde está el prospecto?
Lo has perdido.

¿Donde están las instrucciones?
Se las ha comido el mismo que las busca.

¿Y ese quién es?
Uno que se regocija en su propio sufrimiento y lo tiene como bandera y seña de identidad.
Uno que justifica su mediocridad y sus defectos sin hacer nada por cambiarlos porque cree que él mismo es esas
cosas que siente, esas cosas que piensa.
Uno que no ve que él es el cielo, no el azul.

Pensamiento_35

Publicado: 29 abril 2013 en Pensamientos cortos
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En los términos de la Verdadera Liberación, se puede decir que no está aconteciendo absolutamente nada.

En el momento en que aparece el intelecto intentando percibir algo o la ausencia de ese algo, aparece el acontecimiento y la Nada se diluye.

La Nada es sin el intelecto o en ausencia del mismo.

La Nada no puede ser percibida, pero la ausencia de percepción convencional da lugar a la Nada.

Vaya, hemos encontrado un nuevo dilema.

El dilema eterno

Publicado: 4 abril 2012 en Reflexionando.....
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Cuando uno investiga e indaga seriamente sobre uno mismo, llegará a la conclusión de que el pensamiento sobre si mismo no es la experiencia de la Consciencia (nunca puede serlo).

Pero resulta que este pensamiento, esta inercia, este deseo de conocer, proviene de la propia Consciencia, de manera que ese pensamiento que señala al deseo de conocer la Consciencia (o experimentarla), puede llegar a hacer que esta se manifieste como la comprensión de ese mismo pensamiento.

Parece complicado, pero no lo es, solo es complicada la “traducción en palabras” de la experiencia.

En ese caso, la propia comprensión de ese pensamiento puede ser la expresión de la Consciencia en si misma.

Casi siempre, la mente piensa que  cuando se presenta un dilema hay que resolverlo.
En realidad lo que está haciendo es enredar, no puede permanecer quieta.
Ese es el trabajo de la mente pensante, buscar respuestas y hacer preguntas constantemente.
No es Consciencia.

Resolverlo no es lo mismo que entenderlo.

Pero si se entiende no hace falta resolverlo.
Con entenderlo es suficiente, pues muchas cuestiones no tienen una resolución que pueda “traducirse” en conceptos comprensibles, y mucho menos, esa posible (que no probable) solución, tiene porque agradar a uno, o tan siquiera acercarse a lo pensado.

Simplemente ES, independientemente de nuestro juicio, opinión, valoración, aprobación o crítica.
En ausencia de eso, hay percepción.