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La Vida es el tiempo que tardas en darte cuenta de que esa Vida eres tú mismo.

Después, la Vida ya no es igual, no es percibida del mismo modo.
Observas que no es algo que haya que trascender, ni algo por lo que haya que transitar, ni algo por lo que haya que luchar, ni algo que haya que superar, ni es una prueba ni es una carrera.
El hecho de que no puedes evitar Ser Vida es percibido.
Tú eres Vida en estado puro.
¿Por qué la buscas fuera?
¿Si uno desaparece…?,
¿La Vida se marcha con uno o permanece?
No puedes separarlo. Todavía nadie ha podido.

Es un dilema irresoluble porque NO hay ambas cosas, pero hay muchos nombres.
No necesitas nombrar la Vida para percibir que tu eres Vida, pero necesita ser nombrada para poder valorarla, cuestionarla, determinar si estás de acuerdo con ella o no, si te satisface o no.
Necesita ser nombrada para ser vista por otros, para ser juzgada por el ego, comparada y expuesta.
Una vez nombrada, Vida se convierte en concepto y uno pierde de vista su esencia, aunque esta persiste, por supuesto, pues nada puede renunciar a su naturaleza original.
Has perdido su pista, aunque todo sigue cerca, tan cerca que eres tú mismo pero no te ves, no te percibes.
Está velada, pero sigue ahí, no puede no estar, y cuando se percibe ESO, todo cambia.

Tu formas parte de la Vida, no es la Vida la que forma parte de ti.

Por eso,
La realidad es el 50% percepción del ahora (instante) y el 50% percepción de Vida.

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Nada sigue, pero todo está.

Publicado: 11 marzo 2015 en Reflexionando.....
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Estoy muy solo aquí.
Las ramas de los árboles siguen moviéndose, alocadas, nerviosas desde hace bastante rato.
Sus hojas marrones me saludan o se burlan de mi, no estoy seguro.
Oigo agua, un pequeño caudal, sereno y calmo.
Puedo escuchar algún trino.

El agua es transparente y está limpia, alargo la mano y con la punta de los dedos compruebo que está helada.
Siento un estremecimiento peculiar, distinto a otros.

No es frío, es miedo.
Lo reconozco enseguida.
El miedo está muy presente, es fácil reconocerlo, porque el miedo impide la acción y enerva el pensar, lo altera.
Cuando uno siente miedo no puede actuar, casi no puede hacer nada, y desde luego no piensa con normalidad.
El diálogo interior aumenta frenético mientras todo lo que hay fuera (el resto), sigue su curso inafectado, sin conocimiento de ese miedo que tan solo siento yo.

¿De qué sirve pues mi miedo?
¿Me he apropiado yo de él o él de mi?
¿Qué busco a través del miedo?
¿Es posible utilizar el propio miedo como herramienta para erradicarlo?

Es un error. Eso pienso en este instante. Más tarde ¿quién sabe?.
Comprendo la utilidad del miedo, pero el exceso de miedo o la mala interpretación del mismo con pensamientos irracionales suponen un abismo permanente.

Me preocupa crear rivales con la palabra.
Los rivales del pensamiento son intimos, privados, desconocidos para el resto, pero los rivales creados por la palabra o por la acción no lo son.
Lo observo mientras camino.

Me gustaría obtener la certeza de que se puede educar con valores, sin hacer carreras, sin competir, sin conseguir diplomas, sin distinguir a alguien que brille por medio de muchos que fracasan.
¿Puede ser esto posible?

El valor tiene la virtud de ser igual de útil para todos los que lo perciben, pero tiene también la particularidad de que cada uno lo canaliza o lo acondiciona según su pensar, lo acepta o lo rechaza según su sentir.

El valor se moldea, se adapta a las intenciones, incluso a la personalidad de cada uno.
No es un mérito académico. Eso sirve de poco en la vida emocional, en la vida interna, en la vida espiritual.
Hacer integrales está bien (para quien necesite resolver integrales).
Pero es una vía muerta, finalizada, sin esperanza, sin futuro, inútil.

No soy un loco, comprendo, valoro y reconozco el conocimiento y la utilidad de acumularlo mediante repetición….

Pero en cambio un valor, es una semilla, es imprevisible lo que puede resultar de cultivar un valor.
Un valor puede cambiar el mundo.
Un valor es algo vivo, que cambia, es una oportunidad.
Nunca hay que acabar con la oportunidad.
Luego sumar está bien también, claro.
Es útil en la vida diaria, necesario muchas veces.

Es una destreza que sirve para compararse, para reflejarse, para diferenciarse.
Sumar mejor, sumar más rápido, sumar de memoria….

Pero…. ¿y la compasión?; ¿y la calma?; ¿y la resiliencia?; ¿y la empatía?; ¿y el cariño?; ¿y el arrojo?; ¿y la valentía?; ¿y la constancia?; ¿y la sinceridad?; ¿y el mérito?; ¿y la humildad?…

En determinado momento, o se tiene o no, pero no se tiene más o menos (en mi opinión).
Afilar o perfeccionar una virtud puede hacer parecer que se tiene en mayor medida.

Pero la virtud, el valor, no es cuantificable, no es medible desde donde uno mira.
No es el enfoque de este pensamiento.
Simplemente forma parte de la vida, pero con la inmensa grandeza de que puede adquirirse y abandonarse.

Estas observaciones dan lugar a pensamientos, y al darme cuenta de la presencia de ese pensar, me doy cuenta de que he perdido todo lo que ES a mi alrededor en ese instante.
Y pienso que uno también es parte de ese ES.
Pero el pensamiento es una idea, una metáfora, un dibujo, es imaginación.
No puede ser de otro modo.

¿Cómo podría ser de otra manera?
¿Ha sido útil todo lo que ha sido pensado?
¿Quién sabe?

Esto no es una epifanía, no es un milagro, no es liturgia, no tiene nada de místico o religioso.

Es solo un paseo caminando despacio, permitiendo que lo que ES sea, que aquello se exprese tal como ES.
Intentando no interrumpir o impedir los pensamientos, sin crear barreras ni resistencias.

El ruido no molesta y el silencio no tranquiliza, simplemente son consecuencias distintas, antagónicas de un mismo origen.
Son un juicio.
Son el otro extremo de una acción, son consecuencias.

Tomando sopa de miso, observando las volutas de humo elevándose por el aire que todo lo inunda, mirando el baile del tofu, las algas y el caldo, me viene a la memoria aquella alegoría en la que una sola llama de una vela es capaz de terminar con todas las oscuridades del universo.
Es una bella parábola.

Pero nadie parece darse cuenta de que la vela debe estar.
Hay que sostenerla.
Debe ir con uno.

A su paso la oscuridad desaparece.
No sabe uno si la oscuridad desaparece o aparece la luz.
Puede no ser lo mismo.
¿La oscuridad se retira o la luz avanza?
Tal vez ambos.
Esta es la naturaleza del pensamiento analítico.
Absurda muchas veces, inútil casi siempre.
Pero la cualidad de la percepción hace necesaria una observación intensa y sutil a la vez.
Intensa por lo enfocada, sutil para que no cree resistencias, para que no cree pensamientos ni movimientos mentales.

¿Mañana estarán aquí estas piedras?
Son de un bello color.
Al coger una entre mis manos noto la aspereza de su solidez.
Y me doy cuenta de que se ha perdido el instante.
De que lo he perdido yo.

Esos pájaros a lo lejos han levantado el vuelo y no ha sido visto.
La mente estaba ocupada.
Como tantas veces.
Como siempre.
Demasiado ocupada en darle a la manivela de la inutilidad, del pensar hasta la extenuación.
De anticipar y recordar.
Una vez más.

Nada sigue, pero todo está.
Lamento no verlo siempre, lamento olvidarlo.
No hay culpa, no hay arrepentimiento.
Solo hay miedo, cansancio y angustia.
Y una vez más son percibidos.

¿Dónde está aquello que sentí?
¿Dónde se ubica exactamente?
¿Puede haber algo que me haga recuperar aquel sentimiento?
¿Puede hacer uno alguna cosa para recuperar de la memoria aquella sensación maravillosa?
¿Aquella visión del mar en aquel momento pasado, en aquel instante ya perdido?

¿Aquel asombro ante la belleza indiscutible e indescriptible que surgió sin saber cómo pero fue percibida.?
¿Aquel sobrecogimiento que fue claramente sentido?

¿Puede ser recuperado?
¿Puede mantenerse?
¿Puede conservarse activado?
¿Acaso está en la memoria en este momento?

Si parece que pueda uno obtener tristeza rápidamente mediante los recuerdos.
Más complicado es obtener alegría.
La melancolía no es alegría.
La alegría es espontánea, nueva cada vez, irrepetible.
La alegría no es repetida, pero la tristeza si parece serlo.
¿Entendemos esto?
¿Se ve esto?
¿Se percibe como cierto?

¿A quién he pedido yo nacer?
¿Qué es aquello que yo he hecho para nacer cuando eso sobrevino?
¿Qué puede uno hacer para evitarlo o provocarlo?
¿Qué voluntad propia actúa sobre el hecho del nacimiento?

¿Quién era uno antes de los 3 años?
Uno vive, esto es un hecho.
¿Pero qué esfuerzo voluntario hace uno para vivir?
¿Qué es aquello que llamamos voluntad?
¿Es intención?
¿Tal vez deseo?

Uno piensa que le gustaría asombrarse a cada instante con cada detalle percibido.
Asombrarse y dejar que finalice ahí mismo el propio asombro.
Algo percibido de lo que uno no debe intentar apropiarse.

Pasa uno junto a una flor y la arranca con el fin de disfrutarla (de conservar para sí mismo su belleza), de hacerla propia, de manejarla, sin darse cuenta que la mata, sin darse cuenta de que la retira de la tierra que es su sustento. De que la convierte en otra cosa. De que en definitiva, acaba con ella y con todo lo que significa.
Tal es la naturaleza de la mente humana.
Arrebatar para uno, mantener para uno, acumular para uno (experiencias, sensaciones, vivencias, bienes, dinero….)

¿Donde están las vivencias?
¿La belleza está en el objeto, en el ojo, en la mente o en el juicio?
¿Puedo salvar a alguien a quien amo?

¿Salvarle de qué?
¿De aquello que ES y yo considero una amenaza?
La realidad de la persona que sufre es también una realidad percibida por uno.

¿Cuál es el objeto REAL, SINCERO e ÍNTIMO de la compasión?
¿Cómo puedo siquiera pensar en que uno tiene algún derecho a intervenir sobre la realidad de otros?
¿Acaso dejar hacer mientras uno percibe con honestidad no es lo único posible?
¿Qué da sentido a mí vivir?
¿No soy acaso yo mismo quien lo hace?
¿Si yo no estoy habría un sentido?

¿Un sentido es un objetivo?
¿Es una meta?
¿Qué hay que alcanzar?
¿Quién lo alcanza?
¿Acaso el que busca es aquel que alcanza?
¿El buscador se convierte en ganador?
Si alcanzas una meta….¿por qué surge otra casi inmediatamente?
Superar un límite es la mejor prueba de que los límites no existen sino en la mente.
Si  lo superas no es un límite, lo era, pero ahora ya no lo es.

¿Se ve esto?
¿No es, tal vez, la propia naturaleza de la mente pensante?
¿Acaso no se piensa a si misma siempre buscando como inquietud vital y perpetua?
¿Tiene sentido la vida si se detiene esa inercia, ese movimiento interminable e incansable?

¿Eres la misma persona que cuando tenías 2 años?
¿Si no hubiera nadie que observara desde el exterior como sabrías lo que eres?
¿Si no te pensaras, cómo obtendrías la imagen que tienes de ti mismo?
¿Acaso esa imagen no es sino imaginación?
¿Como la obtendrías y quien la mantendría y la realimentaría si no te pensaras?

Si no es la misma persona quien hace esto consigo misma…
¿Quién es uno y quién es otro?.
¿Puede uno hablar consigo mismo?
¿Cómo es posible esto si uno es su mente?
¿O tal vez no lo sea?
¿Qué pasa si se calla esa voz mental, si termina el continuo parloteo mental?

Pero no dice uno que se calle durante un rato.
Pregunta uno…
¿Qué ocurriría si esa voz descubre que ya no tiene nada más que decir?
¿Cómo sería la vida si esa voz descubre que ya no tiene a quien decirle nada?

¿Acaso la imagen de uno mismo no está en el propio pensamiento, en el propio diálogo interior?
Es temprano, quizá son demasiadas preguntas, y tal vez no seamos capaces de contestar honestamente ni siquiera una de ellas.
Pero es posible, que desvelar la respuesta de tan solo alguna, tenga la capacidad de cambiar la vida.
¿Por qué no intentarlo?

La búsqueda del YO es el único camino común en todo conflicto mental y/o espiritual.
No se hace uno a la idea de lo importante que es esta pregunta hasta que pasados los años de estudios, de práctica, de meditación, de frustración, de desesperación, de búsqueda en definitiva, uno observa que está casi en el mismo sitio en donde estaba. O incluso en un sitio peor, lleno de dudas, de dilemas y de cuestiones supuestamente absurdas.

¿Quién soy yo? es la pregunta más importante que alguien interesado en si mismo puede hacerse.
Pero no es una pregunta de respuesta fácil, o ¿tal vez si?

¿Cómo abordarla?
¿Cómo empezar?
¿Cómo no perderse por el camino?
¿Cómo distinguir el trigo de la paja?
¿Cómo determinar algo como verdad?
¿Cómo etiquetarlo como irreal?
¿Lo que es verdad para mí lo es para otros?
¿Lo es para todos?
¿Mi realidad es la del resto?
¿Mi realidad no es el contenido de mi mente?
¿Cómo puedo comprobar esto?
¿Cómo puedo comprobarme a mí mismo desde mi propia mente?

Muchas son las preguntas, y aún más son las respuestas. Esto hace que multitud de buscadores dediquen su vida a girar una y otra vez sobre el asunto sin encontrar el más mínimo atisbo de verdad y desde luego, sin llenar a conocer SU verdad última al respecto de quien es uno.

Parece un camino sin meta, y probablemente lo sea.
El corredor de este camino alza el pie para la siguiente zancada y no hay nada más, no hay meta.

No debe haberla, y si la hubiera, ya llegará.
En esa zancada no hay nada que esperar, nada que anticipar y nada que temer.

¿Es la meta la que llega o es uno el que se dirige a ella (si la hubiera)?
¿Las circunstancias se presentan o es uno quien va hacia las circunstancias?

Uno observa el mundo desde sí mismo, la cabeza parece ser el centro perceptor del resto, por tanto parece claro que como es uno quien percibe, ese uno es el centro de observación.
PARECE CLARO,
Parece.

Durante siglos, la humanidad consideró que la tierra era el centro del universo, y observaba cada día como el sol “salía” y “se ponía”, es decir, se movía con respecto a la tierra, que permanecía fija. Hoy sabemos que esto no es cierto, es la tierra la que orbita alrededor del sol.

Esto podría llamarse realidad externa, es una realidad constatable, que ocurre fuera de uno mismo.

Así, cada persona da por hecho que fuera de sí misma y sin necesidad de su influencia, las cosas existen “per se”, es decir, existe una realidad externa a nosotros independientemente de que estemos observándola o no.

Esta certeza, nos permite vivir tal cual lo hacemos, sin necesidad de plantear a cada instante dilemas y preguntas constantes, pues da por supuesto que la casa donde vivimos seguirá estando cuando volvamos del trabajo, que nuestros hijos seguirán con vida cuando les volvamos a ver, suponemos que el coche estará aparcado donde lo dejamos, suponemos que el árbol de hoja verde en primavera tendrá la hoja amarilla en otoño, suponemos que el agua del mar está mojada y que la sal está salada.
Podemos hacer esto porque existe una sensación de continuidad.
Son cuestiones que se repiten y que son comprobables por uno y por el resto, por tanto son contrastables.

Si estos datos pueden transmitirse a otros, contarse, explicarse, comprobarse y esos otros perciben lo mismo que uno o algo muy similar, se considera que los datos son OBJETIVOS.

Así las cosas, el movimiento del sol con respecto a la tierra, fue una realidad objetiva y externa, a pesar de que era incierta.
Pero quedémonos con el significado del término “DATO OBJETIVO EXTERNO”.

Cuando uno observa su mundo interior, sus pensamientos, sus emociones, sus sensaciones, hablaríamos de un “DATO INTERNO”.

Si ese dato puede trasmitirse a otros, puede contarse, explicarse, comprobarse y otros perciben lo mismo que uno ante las mismas circunstancias, se considera que esa información es un “DATO OBJETIVO INTERNO”.
Por ejemplo, el miedo sería un dato objetivo interno y un bosque sería un dato objetivo externo.

Y aquí encontramos el primer dilema.

¿Acaso el miedo no es una percepción mental igual que el bosque?
¿Ambos no ocurren en la mente?
¿Acaso el bosque no es una percepción de nuestra mente?
¿Las percepciones externas no ocurren en nuestra mente?
¿Cómo sabe uno si existen los pensamientos si no los está observando?
¿Puede saberlo uno?

Existen por otra parte, las llamadas experiencias subjetivas, que son aquellas que no han tenido un desencadenante exterior (percibido por alguno de los 5 sentidos) y que pertenecen al mundo interior.
Por ejemplo los sueños, los recuerdos, los sentimientos o las preocupaciones serían experiencias subjetivas.

Pero se consideran normales, de hecho lo anormal sería la ausencia de estas experiencias.

Es indiscutible que existen, que pueden ser transmitidas, contadas y comparadas, por tanto son datos objetivos y contrastables (vaya, otro dilema).

Entonces, ¿el “yo” es objetivo o es subjetivo?.

CUIDADO con la respuesta, no es evidente aunque pueda parecerlo.
De hecho, el término “objetivo” no hace que algo sea REAL ni el término “subjetivo” hace que algo no lo sea.

Si parece claro que el “yo” solo está cuando se observa a sí mismo, y si ese “si mismo” es percibido como algo separado e independiente del resto, entonces aparece el “yo” y se adueña de todo.
Mis sueños, mis pensamientos, mi vida, mi familia, mi trabajo, mi nombre…..etc.

Por tanto, el “yo” es el centro de la experiencia percibida, y sin ese “yo” parece que no puede haber experiencia posible.

Pero a poco que busquemos veremos que esto no es cierto.

¿Es posible observar el yo cuando estamos en sueño profundo?
¿En sueño profundo existe el “yo”?
¿Puede ser verificado antes de despertar por la mañana o es tan solo una suposición perfectamente anclada en nuestro día a día?

La conclusión a la que puede llegar cualquiera que indague un poco en este asunto, es que la realidad percibida no puede existir nunca como DATO OBJETIVO, pues siempre será una percepción en la mente que necesariamente es SUBJETIVA. Por tanto, no se puede concluir que lo percibido sea REAL.

Por suerte o por desgracia, ahí entra también la percepción del “yo” que tenemos cada uno.
Ese “yo” es totalmente subjetivo.

De modo que surgen las dudas:
¿El “yo” es real o no?.
¿El “yo” es una percepción creada por la propia mente?.
¿Cómo no voy a existir si me duele un pie?.

Todo esto son palabras que pueden formar un punto de partida, o un sendero, o tal vez no hacerlo.
No se busca aquí dar una explicación y mucho menos una solución a un dilema vital, sino observar desde un punto de vista menos habitual a fin de despertar la curiosidad del buscador.

No hay nada peor que un buscador que no sabe lo que busca.
Es un buscador perdido, literalmente.

Hay quien justifica la existencia del yo señalándose el pecho cuando es preguntado.
¿Es por tanto el cuerpo el “yo”?
Parece que no, pues en un cuerpo inerte no hay “yo” (que sepamos).

¿Está ese “yo” dentro del cuerpo?
Si es así, ¿dónde se aloja?
¿Se puede sacar?
¿Se puede separar del cuerpo?

Hay quien justifica la existencia del yo en el conjunto mente-cuerpo.

En el año 2000, un grupo de científicos americanos aislaron el genoma completo de la mosca de la fruta o mosca del vinagre (Drosophila Melanogaster) y el hallazgo resultó sorprendente.
La mosca de la fruta comparte ADN con el ser humano en un porcentaje mayor que cualquier primate.
Este detalle cuestiona teorías como la de la evolución de Darwing, nada menos.
Sin embargo, nuestra querida mosca de la fruta también tiene cuerpo y también tiene mente, pero no hay ninguna prueba de que sea consciente de sí misma como algo separado e independiente, y por tanto tenga una actitud egoica (que sepamos).

Así que parece que tampoco el hecho de tener cuerpo-mente hace que aparezca el buscado “yo”.

Un recién nacido tiene cuerpo y mente. Pero no hay “yo” por ninguna parte, así que parece que el “yo” podría ser un hábito adquirido.
Un pensamiento, una costumbre.

No, no puedo probar todo esto que digo, por supuesto que no.

Pero el que no lo entendamos no significa que sea mentira y tampoco significa que sea verdad.

Todo esto es metafísica pura, pero no por ello debe ser ignorado.
Y desde luego tampoco defendido como algo cierto.
Los materialistas, los dualistas y los anclados a teorías cartesianas y rigurosas lo percibirán ridículo.
Tienen todo mi respeto, por supuesto.

Uno solo es alguien que duda constantemente.

El yo (otra vez)

Publicado: 3 septiembre 2012 en Reflexionando.....
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Uno siente que hay un YO porque a ese yo le ocurren cosas, uno está identificado con esa imagen que tiene de sí mismo/a.
Esa imagen suele ser muy sutil e incompleta, pero es persistente.

Al fin y al cabo, es ese “yo” el que nos mira desde el espejo antes de salir por la mañana a trabajar, es el que habla, es el que actúa y el que reacciona.
El yo aparece y permanece porque uno es consciente de sí mismo como algo independiente y separado del resto.

Ese algo independiente sufre, piensa y actúa.
En realidad, casi todo son reacciones y consecuencias, pero eso hay que verlo, hay que percibirlo.

Lo que uno sabe de sí mismo es completamente superficial.
Un análisis profundo y sincero a la pregunta ¿Quién soy yo?, no se sostiene, enseguida percibe uno que sabe muy poco sobre sí mismo y sobre eso que conoce como “yo”.

Si dejamos las ideas preconcebidas y adquiridas veremos que un ser se compone de 5 procesos.
Cuatro mentales y uno físico.
El aspecto físico es lo más percibido y obvio, es lo que percibimos con los sentidos.

Podríamos decir que todo lo que vemos está compuesto de partes más pequeñas, por ejemplo, vamos bajando y nos encontramos con las células que conforman el tejido humano, bajamos más y nos encontramos con las moléculas, los átomos….etc, etc.
En realidad, esto es física básica, no descubre uno nada nuevo.
Esto es cierto para cualquier cosa que pueda ser percibida como forma material.

Resulta que aquello que percibimos como sólido está compuesto de partículas subatómicas y ESPACIOS VACIOS.
Estas partículas subatómicas tienen una duración, aparecen y desaparecen en trillonésimas de segundo conviertiendose en un flujo de vibración.

En realidad, la materia es una corriente constante de ondas y/o partículas.
Así, todo lo material está compuesto de partículas —llamadas kalapas en pali— que son «unidades indivisibles».
Todas estas partículas tienen unas determinadas cualidades básicas de la materia que forman, esto es:

Masa, cohesión, temperatura y movimiento, que se combinan para formar estructuras que aparentemente tienen permanencia, pero que en realidad están compuestas de minúsculos kalapas que surgen y desaparecen constantemente de una forma extraordinariamente rápida.

Utilizando la física cuántica y de partículas actual, estos “Kalapas” (llamados así hace 2500 años por el Buda), son los “quarks” y los “leptones” actuales, es decir, las partículas conocidas más pequeñas que conforman la materia visible.
Esto es lo referente al cuerpo físico.

Ahora está la mente, la mente también forma parte de uno, o tal vez es al revés. Bueno, la realidad es que el proceso mental se conforma de cuatro procesos.

Consciencia, percepción, sensación y reacción.
En pali estos procesos son Viññana, Sañña, Vedana y Sankhara.

Consciencia: Es el acto de reconocimiento, la parte de la mente que recibe la información pero NO evalúa ni etiqueta, simplemente constata y registra la recepción de cualquier dato físico y/o mental.

Percepción: Identifica lo recibido por la consciencia, etiqueta y evalúa lo recibido como positivo o negativo.

Sensación: La sensación permanece quieta hasta que evalúa el mensaje que recibe de la percepción, y lo cataloga como agradable o desagradable.

Reacción: Surge una actividad a raíz de la interpretación que se ha dado en la sensación, si la sensación cataloga como agradable, la reacción es de apego; si la sensación cataloga como desagradable, la reacción es de repulsión.

Los cinco sentidos utilizan los mismos 4 procesos.
Es decir, el tacto, el oído, el gusto, el olfato y la vista reciben un dato y lo procesan siguiendo el esquema ordenado de los cuatro procesos.

Como la exposición a estímulos externos es constante, estamos continuamente recibiendo información que es procesada siguiendo esta pauta.
Esto se convierte en un hábito y no se percibe que en realidad lo que ocurre es esto y en ese orden.
Vivimos sin darnos cuenta de esto, y eso hace que tengamos la sensación de que hay un yo en alguna parte que recibe una experiencia continua.

Así, parece que hay un “yo” que experimentó, que experimenta y que experimentará, de aquí surgen los “yo era”, “yo soy” y “yo seré”.

Al igual que un televisor que aparentemente muestra movimiento continuo, pero que sabemos que son imágenes consecutivas, independientes y encadenadas a gran velocidad, la progresión ininterrumpida de acontecimientos ofrece una sensación de continuidad y de identidad.

Se puede decir que una persona es un proceso que fluye constantemente.
No podemos asegurar que lo que somos ahora es lo mismo que éramos hace dos segundos, como tampoco podemos asegurar que lo que somos ahora es lo mismo que lo que fuimos hace 20 años.

El apego a estos 5 procesos (consciencia, percepción, sensación, reacción y mente), produce el sufrimiento.
A su vez hay varios tipos de apego, los dos más incontrolables son el “yo” y el deseo.

El apego al hábito de buscar y encontrar gratificación de tipo sensual o sexual es deseo.
La aparente necesidad de obtener esto o aquello es deseo.
La necesidad de alcanzar cualquier cosa material o inmaterial (conocimiento i.e.), implica deseo.
La esperanza es deseo.

El deseo es un círculo sin final en el que el “yo” está en el medio señalando con el dedo y nunca sale de ahí, nunca se terminan las cosas (materiales o inmateriales) que uno puede llegar a desear.

El otro gran apego es el “yo”, el ego, esa imagen que tenemos de nosotros mismos.
Para cada uno ese “yo” es lo más importante.
Es la persona desde la que vivimos la vida y entendemos que sin “el”, sin ese “yo”, nada podría existir, porque desaparecería el constatador.

No hay nada que cree más apego que el “yo”.

Automáticamente de ese “yo” surge el “mío”.
El apego surge de las sensaciones de agrado y desagrado que a su vez derivan en atracción y repulsión.
Así, parece que el “yo” surge por la ignorancia de nuestra propia naturaleza.
La rueda del sufrimiento lo deja meridianamente claro:

Si surge la ignorancia, se produce la reacción.
Si se produce la reacción, se produce la consciencia.
Si se produce la consciencia, aparece el fenómeno mente-materia.
Si aparece el fenómeno mente-materia, se producen las 6 bases sensoriales (oído, tacto, gusto, vista, olfato y mente).
Si se producen las 6 bases sensoriales, aparece el contacto.
Si aparece el contacto, surge la sensación.
Si surge la sensación, aparecen el deseo y la aversión.
Si aparecen el deseo y la aversión, se produce el apego.
Si se produce el apego, se produce el devenir.
Si se produce el devenir, se produce el nacimiento.
Si se produce el nacimiento, aparece la muerte.

Así surge el sufrimiento y así surge el “yo”.
Por tanto…

¿Quién es ese yo?.
No pregunto como surge, eso ya lo hemos visto.
No pregunto por qué surge, eso ya lo hemos visto.

Pregunto ¿Quién es? ¿Qué identidad tiene? ¿Cuál es su naturaleza?.

Eso no lo hemos visto y lo que yo vea no será lo mismo que lo que veas tu.

Post dedicado a mi amigo R. que está buscando algo.
Deseando que lo encuentre y lo abandone.

Pensamiento_23

Publicado: 5 junio 2012 en Pensamientos cortos
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Conviene no olvidar nunca que a veces el ego habla de si mismo en tercera persona.

Conversaciones_11

Publicado: 17 enero 2012 en Conversaciones
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Pregunta:

¿Qué puede uno esperar del Zazen?

Respuesta:

¿Esperar?
¿Qué puede uno esperar del Zazen?

Nada.
Uno no puede esperar nada del Zazen.

¿Cómo va a esperar?
Cuando uno se sienta, se sienta a luchar, en silencio, concentrado, observando intensamente hacia dentro, viendo los pensamientos pero sin mirarlos, oyendo el sonido que crea la mente pero sin escucharlo, zambulléndose en el temor original, mirando al miedo a los ojos. Sin esperar nada.

Por supuesto ocurren cosas, pero uno no debe esperar nada.

Desde el intelecto, desde las sensaciones corporales y desde la mente psicológica y analítica, Zazen es sufrimiento, es confrontación, es enfrentamiento, es lucha y es violencia.
A pesar de esto, Zazen también es paz, ausencia de conflicto, silencio, calma, tranquilidad, serenidad y pureza.
Un verdadero dilema ¿verdad?
Es el dilema continuo, a nivel mental, claro.

Si uno se busca así mismo desde uno mismo, ¿cómo puede esto ser fácil y tranquilo?, por necesidad ha de haber conflicto.

Claro que uno habla de la práctica que uno cree correcta. Y uno se equivoca con seguridad. Debe usted comprobarlo.

¿Usted disfruta de su Zazen?
Pues en ese caso lo hace mal.
¿Le causa placer?
Pues eso no es Zazen, es su mente.

Cierto es que las molestias, el malestar, la agitación, la ansiedad, la ira, la tristeza….  gran parte de lo que ocurre durante Zazen está originado por la mente y/o en la mente.
Pero a pesar de esas molestias (o gracias a ellas), en algún instante uno llega a la conclusión de que es el momento de discernir.

Primero es el discernir, luego es el separar y luego es el destruir.
Esa distinción, esa separación y esa destrucción son niveles mentales.

Pregunta:

¿Es fácil alcanzar eso?

Respuesta:

No es fácil ni es difícil.

Pregunta:

No lo entiendo.

Respuesta:

¿Es fácil el cielo?

Verá, puede preguntarse si es útil, si sirve para algo, incluso si es posible, pero no puede preguntarse si es fácil.

Pregunta:

Bien, en ese caso, ¿Sirve para algo?

Respuesta:

En el momento en que es percibido no, más tarde es posible.

Practicar Zazen correctamente supone un reto a uno mismo, es doblegar al ego utilizándolo.
La paradoja es que uno deba luchar consigo mismo para terminar con el si mismo.
Rinzai dijo “si encuentras a Buda, mata a Buda”.
No pudo ser más claro.
Es complicado explicarlo, pero a nivel sutil es claro como el agua.
Para pensar de forma sutil debe prestar atención a las diferencias.
Por ejemplo, observe la lucha entre el intelecto y la imaginación.
¿Usted ha percibido esto alguna vez?
¿Lo ha percibido por si mismo?
¿Lo ha percibido como una lucha?
Tal vez le parezca que el intelecto y la imaginación conviven de forma cordial, cómoda, estable y feliz.
Pero no es así en realidad.

La percepción de este hecho es sencillamente demoledora.
Desmonta por completo la idea que uno tiene sobre su propia vida y lo que uno es en esa vida,  para si mismo y para el resto.

Cuando usted agote el intelecto (mediante muchas teorías, infinitas lecturas, años de estudio…etc), aparecerá la imaginación liderando su “búsqueda”, creerá que ha encontrado algo y eso le hará detenerse.
Esa misma creencia es un estorbo, un muro infranqueable porque lo ha puesto usted sin darse cuenta y desea que esté ahí para poder rebasarlo aunque no lo sabe.

Observe por favor, que no estamos hablando de la memoria, estamos hablando del intelecto y de la imaginación, es importante.
La memoria no participa en este caso, ya enreda bastante en otros momentos.
No podrá distinguir imaginación y memoria si no diferencia claramente antes intelecto e imaginación, tenga esto en cuenta.
Sigamos.

Vea la diferencia entre hacer e intentar hacer.
Si quiere uno hacer, hace.
Si quiere uno intentar hacer, hay algo ahí entre medias del hecho que le va impedir escoger el camino correcto.
Intentar hacer es directamente una mala elección, es poner una piedra para tener la posibilidad de quitarla después.
Intentar es empezar desde el miedo.
Intentar lleva la semilla de lo limitado.

No existe tal límite, solo se pueden pintar las líneas de los límites cuando uno los ha superado, solo en ese caso existen y en ese momento dejan de ser límites, solamente fueron limites pasados.

Tener la mente dispuesta a intentar algo no es la mejor alternativa.
Tener la mente dispuesta a hacer algo lleva implícito el alcance de ese algo.

No hay que intentar sentarse.
No hay que intentar Zazen.
Hay que hacer Zazen (quien quiera hacerlo claro).

Hacer, no intentar hacer.
Es un error en el que muchos llevan (llevamos) enredados años.
Intentar sentarse es como esperar que la imagen del espejo nos diga quienes somos.
Mal, eso no lleva a nada, enreda y enreda.

Usted se acomodará en la imaginación, en el intelecto y/o en la memoria pensando que es especial o distinto (mejor).
En esta situación se hace extraordinariamente difícil avanzar.
Es el techo de la práctica para muchos.
Si uno se da cuenta comienza un sufrimiento intenso y una lucha interior que parece no tener fin jamás.
Por la mañana, por la tarde, por la noche, en invierno, en primavera, en otoño, en verano, las largas noches en vela permiten angustiarse hasta niveles insospechados.

Eso es práctica también.
Quien practica Zazen intenta hacerlo en todo momento, es una actitud continua ante la vida y ante uno mismo.

Una práctica pura permitirá distinguir entre lo que es y lo que no es, entre lo que uno cree que es y lo que la mente, la sociedad, la inteligencia, la memoria, las personas y la imaginación nos gritan a cada instante que somos.

¿Todos mienten?
Quien sabe……

Le dicen que usted es vacio y uno intenta creerlo y ve que no puede, pasan los años y no puede percibir que es nada.

Uno se queda en las palabras y la vida pasa.

Las analiza, las mira, les habla, les pregunta, las estudia por encima, por debajo, por dentro y por fuera.
Todo lo que se le ocurra y más y más y más, y la vida pasa…….

Le hablan de ausencia, de vacio, de nada. Pero uno sigue buscando y comparando para lograr entender.

Llegará un momento en que uno percibirá por si mismo que “nada” NO es lo mismo que “vacío”, que “vacío” NO es lo mismo que “cero”, y que “cero” NO es lo mismo que “ausencia de todo”.

Pero también llega a la conclusión de que “nada” SI es lo mismo que “vacio”, que “vacio” SI es lo mismo que “cero” y que “cero” SI es lo mismo que “ausencia de todo”.

Vaya, otro dilema.

Y uno cree que es maravilloso llegar a esa conclusión por si mismo, y entonces uno piensa que sabe algo sin darse cuenta de que sigue enredado por el yo, por el ego.
Es él todo el rato cambiando de disfraz.

Esto es un dilema tremendo, hace temblar (literalmente) cuando uno se enfrenta a él de forma intensa, es un cisma en lo conocido, en lo cotidiano.
Puede que cambie algo o puede que no cambie nada.
No hay reglas para saber si uno obtendrá algo de Zazen porque solo el hecho de Zazen es un fin en si mismo.
Todo lo que no sea Zazen le sobra a Zazen.
No son palabras sin sentido.

Pero tal vez sea mejor no empezar si solo se va a intentar.
Decida usted.