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El yo (otra vez)

Publicado: 3 septiembre 2012 en Reflexionando.....
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Uno siente que hay un YO porque a ese yo le ocurren cosas, uno está identificado con esa imagen que tiene de sí mismo/a.
Esa imagen suele ser muy sutil e incompleta, pero es persistente.

Al fin y al cabo, es ese “yo” el que nos mira desde el espejo antes de salir por la mañana a trabajar, es el que habla, es el que actúa y el que reacciona.
El yo aparece y permanece porque uno es consciente de sí mismo como algo independiente y separado del resto.

Ese algo independiente sufre, piensa y actúa.
En realidad, casi todo son reacciones y consecuencias, pero eso hay que verlo, hay que percibirlo.

Lo que uno sabe de sí mismo es completamente superficial.
Un análisis profundo y sincero a la pregunta ¿Quién soy yo?, no se sostiene, enseguida percibe uno que sabe muy poco sobre sí mismo y sobre eso que conoce como “yo”.

Si dejamos las ideas preconcebidas y adquiridas veremos que un ser se compone de 5 procesos.
Cuatro mentales y uno físico.
El aspecto físico es lo más percibido y obvio, es lo que percibimos con los sentidos.

Podríamos decir que todo lo que vemos está compuesto de partes más pequeñas, por ejemplo, vamos bajando y nos encontramos con las células que conforman el tejido humano, bajamos más y nos encontramos con las moléculas, los átomos….etc, etc.
En realidad, esto es física básica, no descubre uno nada nuevo.
Esto es cierto para cualquier cosa que pueda ser percibida como forma material.

Resulta que aquello que percibimos como sólido está compuesto de partículas subatómicas y ESPACIOS VACIOS.
Estas partículas subatómicas tienen una duración, aparecen y desaparecen en trillonésimas de segundo conviertiendose en un flujo de vibración.

En realidad, la materia es una corriente constante de ondas y/o partículas.
Así, todo lo material está compuesto de partículas —llamadas kalapas en pali— que son «unidades indivisibles».
Todas estas partículas tienen unas determinadas cualidades básicas de la materia que forman, esto es:

Masa, cohesión, temperatura y movimiento, que se combinan para formar estructuras que aparentemente tienen permanencia, pero que en realidad están compuestas de minúsculos kalapas que surgen y desaparecen constantemente de una forma extraordinariamente rápida.

Utilizando la física cuántica y de partículas actual, estos “Kalapas” (llamados así hace 2500 años por el Buda), son los “quarks” y los “leptones” actuales, es decir, las partículas conocidas más pequeñas que conforman la materia visible.
Esto es lo referente al cuerpo físico.

Ahora está la mente, la mente también forma parte de uno, o tal vez es al revés. Bueno, la realidad es que el proceso mental se conforma de cuatro procesos.

Consciencia, percepción, sensación y reacción.
En pali estos procesos son Viññana, Sañña, Vedana y Sankhara.

Consciencia: Es el acto de reconocimiento, la parte de la mente que recibe la información pero NO evalúa ni etiqueta, simplemente constata y registra la recepción de cualquier dato físico y/o mental.

Percepción: Identifica lo recibido por la consciencia, etiqueta y evalúa lo recibido como positivo o negativo.

Sensación: La sensación permanece quieta hasta que evalúa el mensaje que recibe de la percepción, y lo cataloga como agradable o desagradable.

Reacción: Surge una actividad a raíz de la interpretación que se ha dado en la sensación, si la sensación cataloga como agradable, la reacción es de apego; si la sensación cataloga como desagradable, la reacción es de repulsión.

Los cinco sentidos utilizan los mismos 4 procesos.
Es decir, el tacto, el oído, el gusto, el olfato y la vista reciben un dato y lo procesan siguiendo el esquema ordenado de los cuatro procesos.

Como la exposición a estímulos externos es constante, estamos continuamente recibiendo información que es procesada siguiendo esta pauta.
Esto se convierte en un hábito y no se percibe que en realidad lo que ocurre es esto y en ese orden.
Vivimos sin darnos cuenta de esto, y eso hace que tengamos la sensación de que hay un yo en alguna parte que recibe una experiencia continua.

Así, parece que hay un “yo” que experimentó, que experimenta y que experimentará, de aquí surgen los “yo era”, “yo soy” y “yo seré”.

Al igual que un televisor que aparentemente muestra movimiento continuo, pero que sabemos que son imágenes consecutivas, independientes y encadenadas a gran velocidad, la progresión ininterrumpida de acontecimientos ofrece una sensación de continuidad y de identidad.

Se puede decir que una persona es un proceso que fluye constantemente.
No podemos asegurar que lo que somos ahora es lo mismo que éramos hace dos segundos, como tampoco podemos asegurar que lo que somos ahora es lo mismo que lo que fuimos hace 20 años.

El apego a estos 5 procesos (consciencia, percepción, sensación, reacción y mente), produce el sufrimiento.
A su vez hay varios tipos de apego, los dos más incontrolables son el “yo” y el deseo.

El apego al hábito de buscar y encontrar gratificación de tipo sensual o sexual es deseo.
La aparente necesidad de obtener esto o aquello es deseo.
La necesidad de alcanzar cualquier cosa material o inmaterial (conocimiento i.e.), implica deseo.
La esperanza es deseo.

El deseo es un círculo sin final en el que el “yo” está en el medio señalando con el dedo y nunca sale de ahí, nunca se terminan las cosas (materiales o inmateriales) que uno puede llegar a desear.

El otro gran apego es el “yo”, el ego, esa imagen que tenemos de nosotros mismos.
Para cada uno ese “yo” es lo más importante.
Es la persona desde la que vivimos la vida y entendemos que sin “el”, sin ese “yo”, nada podría existir, porque desaparecería el constatador.

No hay nada que cree más apego que el “yo”.

Automáticamente de ese “yo” surge el “mío”.
El apego surge de las sensaciones de agrado y desagrado que a su vez derivan en atracción y repulsión.
Así, parece que el “yo” surge por la ignorancia de nuestra propia naturaleza.
La rueda del sufrimiento lo deja meridianamente claro:

Si surge la ignorancia, se produce la reacción.
Si se produce la reacción, se produce la consciencia.
Si se produce la consciencia, aparece el fenómeno mente-materia.
Si aparece el fenómeno mente-materia, se producen las 6 bases sensoriales (oído, tacto, gusto, vista, olfato y mente).
Si se producen las 6 bases sensoriales, aparece el contacto.
Si aparece el contacto, surge la sensación.
Si surge la sensación, aparecen el deseo y la aversión.
Si aparecen el deseo y la aversión, se produce el apego.
Si se produce el apego, se produce el devenir.
Si se produce el devenir, se produce el nacimiento.
Si se produce el nacimiento, aparece la muerte.

Así surge el sufrimiento y así surge el “yo”.
Por tanto…

¿Quién es ese yo?.
No pregunto como surge, eso ya lo hemos visto.
No pregunto por qué surge, eso ya lo hemos visto.

Pregunto ¿Quién es? ¿Qué identidad tiene? ¿Cuál es su naturaleza?.

Eso no lo hemos visto y lo que yo vea no será lo mismo que lo que veas tu.

Post dedicado a mi amigo R. que está buscando algo.
Deseando que lo encuentre y lo abandone.

Conversaciones_13

Publicado: 16 febrero 2012 en Conversaciones
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Pregunta:
Perdone, yo no he entendido nada de lo que usted dice.

Respuesta:
Eso es lógico.
Observe su frase.
Obsérvela detenidamente.
¿Quién es ese “yo” que no ha entendido nada?
Ese “yo” le ha estado “hablando” mientras usted creía escuchar, de modo que ha oído, pero no ha escuchado.

Mientras espere compresión de ese “yo”, nunca va a entender.
El “yo” no puede ser el filtro de conocimiento, porque obviará las partes que no le interesen a él mismo.
Pregúntele a ese “yo” que ha entendido él y verá la trampa.

¿Con quien habla cuando hace esto?
¿Acaso no es usted mismo?
¿Dónde está la distancia entre usted y el “yo” con el que habla?
¿Se puede observar esa distancia?
¿Es perceptible y medible?
¿Se puede controlar?

Si usted tuviera control total sobre su mente, nunca tendría pensamientos molestos, inquietantes o desagradables….
Pero no es así.
La realidad es que vivimos utilizando la mente dirigida por ese “yo” que ha sido quien le ha impedido entender algo.

Hay que razonar como si tuviéramos razón y escuchar como si no la tuviéramos.

Eso le hará más libre y le dará la posibilidad de aprender.
Si el “yo” decide que no hay nada nuevo porque él ya lo sabe todo o lo corrige todo, entonces no hay esperanza, no hay nada que hacer.

Hable con ese “yo” a ver que quiere él y luego pregúntese íntimamente que quiere usted.
A veces ocurre que vamos de un lado para otro sin saber que buscamos, por qué lo buscamos o ni siquiera quien lo busca.

A veces ocurre que la Verdad es un camino sin senderos marcados.