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Uno debe reflexionar profundamente, y si lo hace podrá comprobar que existe un ciclo que se repite una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, sin final…

El nombre no importa, le podemos dar muchos nombres.
Importa el ciclo, el orden, la secuencia y el desenlace (si lo hay, pues en un ciclo no hay desenlace).

Con el nacimiento surge el “yo”.
Con el “yo” surge el “mío”.
Con el “mío” surge la ignorancia.
Con la ignorancia surgen las reacciones mentales.
Con las reacciones mentales surge la conscienca.
Con la consciencia surge el fenómeno “mente-materia”.
Y con el fenómeno “mente-materia” surge el “yo”.

Primero hay que encontrar si esto es percibido, si esto es realmente sentido así, como verdad.

Más tarde hay que encontrar donde se puede romper esta cadena.
y finalmente, si ha sido rota, aparecerá el dilema de quién la rompe.

¿Se puede detener este ciclo?

A veces uno se pregunta de donde surge el conocimiento.
Puede parecer que surge de algún “sitio” en donde no había nada ANTES de que el “conocimiento” ocupara ese lugar.
Pero realmente esto no explica de donde surge, si no donde parece que está ahora.

Es sencillo entender que lo que llena la taza es el agua que contiene, no es la propia taza la que se llena así misma.
Agua y taza son cosas disntintas e independientes.

En este caso, la taza es Uno, el Ser, el continente.
Y el agua es lo que la llena, los pensamientos, las creencias, el contenido.

El agua se cree que es la taza porque toma su forma y la completa, pero la taza no percibe su propia existencia en asusencia del agua, esto es un simil, claro.

Pero no es tan facil observar esto en uno mismo como observarlo en una taza.
El problema es que uno cree que es lo que piensa.

Durante la Práctica (Meditación, Zazen, Kinhin, o lo que quiera que se practique con el objeto de Ver), se puede percibir que:

Es posible Ver la oscuridad y es posible Escuchar el silencio.
Cualquiera puede comprobar esto encontrando un estado sostenido de calma mental y tranquilidad física.

Esta sería la cualidad.
Es la cualidad del mirar y la cualidad del oir.

Cuando algo adquiere una cualidad, ese algo cambia.
Hay que buscar la cualidad en la vida, en el día a día, en el momento, e incluso en el instante.
Se puede mirar y no ver y se puede oir y no escuchar.
Algunas veces es una decisión voluntaria, otras no.

¿Por qué oimos cuando hay ruido y por qué miramos cuando hay luz?

Podríamos también Escuchar cuando hay ruido y Ver cuando hay luz.
Esto cambiaría todo.
Es la cualidad del ver.
La cualidad del escuchar.

Hay que poner cualidad en la vida, en cada acto, incluso en cada pensamiento.

Uno percibe la necesidad, el requerimiento imperioso, inquietante y trascendente de buscar en el silencio, de buscar en la oscuridad.
Pero cuando uno observa que lo que Es no está en los objetos, ni está en los sonidos, concluye que tampoco está fuera de ellos.

No está fuera. Después se vera que tampoco está dentro.

Parece simple ¿no?.

Pues no.
Dado que no ni hay fuera ni hay dentro.
Así que uno se lleva esta necesidad de buscar al día a día, al momento, al instante.

Hay que percibir que la mente que busca al Buda es la mente pensante.

Es como reconocer un error, hay que hacerlo.
Entonces, algunas veces y en algunos momentos, se comprende que todo es camino y la búsqueda finaliza, cesa sin más.

Sin más.

Luego la mente pensante habla, parlotea, y uno deja que hable, que parlotee.
Y ella sigue, y uno deja.

La mente sigue ahí, y uno deja.

Muchas veces hay que parar para saber donde se encuentra uno.
Hay que detenerse para poder entender que no debe uno detenerse.

¿Un dilema?. Lo es hasta que es comprendido y deja de serlo.

Son las crisis de práctica, la lucha interna, intensa y dolorosa de la duda.
Creer que uno sabe el camino que debe andar es delicado.
Automáticamente intenta llegar, porque la mente sigue pensando, y dice “si hay camino hay destino”.

Y ya estamos enredados, casi sin darse uno cuenta.
Mejor parar y Ver que seguir y mirar.
Mejor parar y Escuchar que seguir y oir.

Lo Sagrado también se expresa mientras uno come un helado, si no se le impide, claro.