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Uno de los aspectos más difíciles de alguien que aborda alguna clase de práctica es el proceso de DESaprendizaje.

Este es un término o un concepto que puede resultar algo abstracto e incomprensible, pero en realidad no es tal cosa.
Tan simple es, que cuando es entendido, rara es la persona que no lo integra en su vida diaria.
En muchos escritos, muchos Maestros, hablan de abandonar, hablan de que la progresión no consiste en adquirir, sino en soltar, dejar, olvidarse, desprogramar…..etc, etc, etc.

Este hilo habla de ese tipo de proceso.
Aunque en mi opinión, y por mi experiencia (que por supuesto, puede estar equivocada, y con toda probabilidad lo estará), es mucho más difícil “olvidar” o “abandonar” hábitos del pensar que conseguir sustituirlos.

La clave es sustituir, el método es sustituir.

Pongamos un ejemplo….
La mente es un libro, cuando nacemos está lleno de hojas en blanco. A medida que crecemos, “aparecen” más hojas. De hecho, hasta el momento en que morimos, siempre hay hojas disponibles, salvo que exista un deterioro neurológico o cognitivo, pero no estamos hablando de eso ahora.
Esas hojas las “escribiremos” con todo el contenido que seamos capaces no solo de almacenar sino también de gestionar.

El almacenaje serían los recuerdos y el aprendizaje, pero también gestionamos continuamente todo aquello que es percibido, las emociones, las sensaciones, las experiencias y los estímulos (olores, sabores), que pueden quedar almacenados o no, pero que ahí han estado y por tanto han “escrito” aunque sea una leve línea en ese libro que es la mente.

En ese libro vamos escribiendo lo que sabemos y también lo que sabemos que no sabemos.
¿Lo que sabemos que no sabemos?
Exactamente eso.
Aunque suene raro es muy importante.

Sabemos que somos Pedro, Antonio o Silvia. Sabemos que somos solteros o casados, que somos personas y no piedras, sabemos donde vivimos y sabemos dónde fuimos de veraneo el año pasado. En realidad sabemos muchas cosas útiles (y otras menos útiles).
Sabemos una gran cantidad de cosas.

Cuando digo que también sabemos lo que no sabemos, me refiero a que sabemos que no sabemos pilotar un avión o poner en órbita un satélite o realizar una cirugía intracraneal o hacer una traqueotomía con un boli bic (algo que recomiendo encarecidamente no intentar).

Esto es lo que sabemos que no sabemos.
Tampoco sabemos hablar ruso. Por poner otro ejemplo. (Un ruso si sabrá, pero nosotros no).

No dice uno que no podamos llegar a hacer eso, dice uno que AHORA sabemos que no sabemos hacer estas cosas.
De modo que lo que sabemos y lo que sabemos que no sabemos queda almacenado en nuestro libro.

Es un libro especial. En primer lugar porque es único, no hay otro igual, y en segundo lugar porque es un libro que no puede borrarse, puede cambiarse, pero no borrarse. No hay goma de borrar, no venía en el pack, son las normas del juego de la vida. Esto es importante,
más adelante veremos por qué.

La mente aprende (se va escribiendo) de un modo curioso, autónomo e irrefrenable. No se puede impedir el aprendizaje. No hay manera. Es maravilloso.

Los estímulos y la respuesta a los mismos, hacen el trabajo.
Si existen estímulos, habrá aprendizaje de alguna clase a algún nivel y habrá respuesta.

Voy a buscar a un niño para recogerle, tiene menos de 2 años. (Esto es verdad, no es un ejemplo).
Me conoce, me ha visto otras veces.
Cuando me ve en la puerta, va hacia ella, a pesar de que sabe que no le van a dejar salir.

Eso es un aprendizaje que ya ha integrado, y es intuitivo, no es reflexivo, es un reflejo casi impulsivo.
Si me ve es que va a salir.
Si me ve es que voy a buscarle a él.
Todavía no lo entiende, pero lo sabe. El análisis llegará más tarde.

Si me ve desde una ventana que aún está lejana, me sonríe, levanta su mano y se pone a brincar. Se ha alegrado, se ha emocionado. Es una respuesta automática. No sabemos porque se ha alegrado (y ahora no tiene importancia), pero lo ha hecho.
Al salir a la calle, hay plantas, flores, entre ellas, hay una gran planta de romero, yo tengo la costumbre de tocar algunas hojas y después olerme las manos.
Lo mismo hago cuando como mandarinas, froto mis manos en la cáscara, las junto y las pongo sobre mi nariz inspirando ese maravilloso olor a mandarina.

El niño alarga su mano y repite EXACTAMENTE los movimientos que ha visto, yo no intento que lo haga, yo no quiero que lo haga, no se lo pido, tampoco quiero que no lo haga, no hago nada para propiciarlo y no hago nada para impedirlo. Simplemente lo hace él.
Toca la planta con sus manos, las frota y se las pone ante la cara.

Esto lo ha aprendido y lo ha integrado, porque si va otra persona a buscarle también lo hace.

Qué forma más maravillosa de aprender. Que inmensa capacidad de aprendizaje, que potencial más sobrecogedor y que fantástica herramienta tenemos sobre los hombros.

Aunque viviera 1000 años (cosa que afortunadamente no va a ocurrir), jamás dejará de asombrarme esta capacidad. Estamos hablando de un niño con 20 meses de vida.
Percibir esto es asombroso, es un instante de autentico gozo, un regalo.

Toda esta forma de aprender, adaptar y adquirir, se va automatizando a lo largo de la vida.
Por desgracia, la tendencia a complicarlo es inevitable.
Cuando dentro de poco tiempo el niño empiece a hacerse preguntas a si mismo sobre la razón por la que toca una planta y la razón por la que se huele las manos, habrá una nueva variable del pensar que puede complicarlo (seguro).

Y así vamos sumando juicios, ideas, dudas, miedos, posibilidades, alternativas….etc, y creamos estas vidas conflictivas que son las que normalmente vivimos, centrados en sortear problemas que en muchas ocasiones creamos nosotros mismos en nuestra mente y que nunca se van a producir en realidad. (Preocupaciones poco realistas, obsesiones, dudas, certezas sobre nuestra propia incapacidad o ineptitud…..etc, etc, etc).

¿Entonces esto es inevitable? ¿Seré siempre esclavo del pensar?
La respuesta es que es posible, pero también es posible que no.

Veamos en detalle cómo puede un adulto trabajar con su pensamiento y poner su cerebro a trabajar para él a fin de vivir mejor, o al menos con el fin de sufrir menos.

Recordemos que el aprendizaje ocurre (o puede ocurrir) hasta el último instante de la vida, y en una persona adulta, el aprendizaje está mucho más condicionado que en un niño, en el que resulta algo totalmente natural.

Por ejemplo.

Aprender a conducir suele ser una actividad estresante y complicada para muchas personas, pero podemos usarla como un muy buen ejemplo para ver cómo funciona el DESaprendizaje.

Es fácil recordar que cuando uno aprende a conducir todo es complicado.
Tenemos dos pies y hay tres pedales.
Uno frena, otro acelera y otro ¿desembraga?…. (Esto es muy complicado, me compraré un coche automático seguro….).

Además estamos moviendo un vehículo que pesa más de mil kilos, y nuestros límites ya no son los del cuerpo, son los del coche, y hay que controlarlos, por eso la atención está en extremo acentuada. Y además hay otros vehículos que interaccionan con nosotros. Hace falta concentración e ir adquiriendo destreza.
También está el profesor o profesora (juez/jueza implacable de nuestros desastres como conductores novatos) para añadir un poco más de complicación a la cosa, por si no hubiera suficiente.

Todo esto es dificilísimo, hasta que en algún momento, todo se convierte en automático, y ya no hay que pensar de forma secuencial.

Ya no hay que planificar paso a paso. ¿Que ha pasado? ¿Que ha cambiado?.

Llegados este punto, hemos creado un camino cerebral, una ruta neuronal,  un nuevo programa  que nos permitirá conducir, pero no únicamente ese vehículo, sino cualquiera que sea parecido.

Algo así pasa cuando aprende uno a montar en bicicleta. Eso no se olvida.
10 años sin montar en bicicleta, y nos costará poco retomar cierta soltura, porque ya existe el programa en el cerebro que se “acuerda” de cómo montar en bicicleta.

Esto es fantástico y muy útil, pero ¿qué ocurre si los programas que hemos fijado en nuestra mente nos hacen sufrir?
Pues que hay que cambiarlos.
Y eso cuesta.

Veamos…..

Si ahora intentáramos DESaprender a conducir sería complicado, porque puedes no conducir durante un año, pero seguiríamos siendo capaces de imaginar y pensar como se conduce (en definitiva, de recordar cómo se conduce). Seguiríamos viendo a gente conducir en nuestro entorno, conducir seguiría siendo algo normal. Y pasado ese año sin conducir, podríamos conducir un coche con muy poca dificultad.
Quizás no podríamos circular con normalidad, pero lo recordaríamos en muy poco tiempo.
De modo que así no habríamos DESaprendido nada.
Esto tiene toda la pinta de ser un fracaso.
No nos rindamos tan fácilmente, siempre hay opciones.

Si durante un año, allá donde fuera uno, y con quien fuera uno, estuviera obligado a conducir una carretilla elevadora, y fuéramos capaces de no ver ni un solo coche, ni conducirlo, ni siquiera verlos, entonces, el cerebro construiría nuevos programas, nuevos
caminos cerebrales que antes no estaban y que SUSTITUYEN el HABITO de conducir tal como está establecido en el subconsciente.
Son caminos nuevos, no son modificaciones de los caminos previamente integrados en la mente, es muy importante diferenciar esto.

Es algo llamado procesado subconsciente y es de vital importancia para comprender todo esto y poder aplicarlo.

Estamos haciendo una actividad MUY parecida a la que queremos sustituir.
Si jugáramos al tenis no DESaprenderíamos a conducir.

En cambio aprendiendo y adaptado la conducción a unas condiciones diferentes a las de un coche, sustituimos el hábito por otro similar.
Así podemos pensar que podemos cambiar emociones por emociones, ideas por ideas y sensaciones por sensaciones.

Esto, que así leído parece algo evidente a veces cuesta años de entender e integrar.
No se puede cambiar una idea por una emoción, ni se puede sustituir una sensación por una idea.
Todo tiene su lugar, todo tiene su orden, unas cosas desencadenan otras, mientras que otras no pueden desencadenar unas….

En esta situación, es muchísimo más complicado volver a conducir un coche, porque habría que desprogramar o DESaprender, en cierta medida la conducción de la carretilla elevadora, que ha SUSTITUIDO a la habilidad conducir un coche.

En cualquier caso, uno se pondría a conducir su coche y le costaría bastante, pero lo lograría, pues la capacidad de conducir un coche permanece en la memoria almacenada y puede ser reactivada si es necesario.
Pero ya se ha creado la programación de la carretilla, de manera que si se quiere evitar conducir un coche, puede quedar olvidado.

No se trata de un recuerdo, es una acción física que requiere muchos factores trabajando simultáneamente, algunos de ellos de modo inconsciente e involuntario (Como la integración del  cálculo reflejo de las distancias, por ejemplo).
Hay un experimento fantástico que se le ocurrió a Destin Sandlin y que consiste en manipular una bicicleta para que el giro de la rueda sea justo el contrario al esperado.
El experimento es sencillamente genial y explica muchas cosas al respecto del proceso de DESaprendizaje.
Se puede encontrar poniendo en google “bicicleta al revés”
Con este experimento, Destin Sandlin descubre algunas cosas fascinantes  sobre el condicionamiento de la mente en general  y sobre el aprendizaje infantil en particular.

Dicho esto,
Parece que el camino correcto no pasa por corregir pensamientos inadecuados (que generan actuaciones que pueden desembocan en sentimientos de culpa), sino que hay que SUSTITUIRLOS.

No eliminarlos, sino SUSTITUIRLOS.
No es lo mismo.
De hecho muchas personas no entienden la diferencia, pero la hay y es fundamental.

¿Y si las valoraciones y los juicios de uno fueran hábitos del pensar?
¿Y si uno fuera capaz de fijar sus valoraciones positivas y sustituir las negativas?
¿Acaso toda práctica de meditación SOSTENIDA no es SUSTITUIR el pensar burdo por el pensar sutil?
¿Acaso no es sustituir el ritmo de la mente por otro ritmo?

En otro hilo hablaré de las frecuencias del cerebro, pero a modo de introducción, indicar que el cerebro funciona con distintas frecuencias (medidas en hercios (Hz) o ciclos por segundo).

Principalmente 5 tipos, Gamma, Beta, Alpha, Theta y Delta, ordenadas de mayor a menor frecuencia.
Aunque hay algunas discrepancias a la hora de establecer las cifras, a grosso modo, la frecuencia Gamma es la frecuencia que muestra el cerebro cuando está en alerta, o ante una amenaza. Hablamos de frecuencias superiores a 30 Hz.
La frecuencia Beta (10-29 Hz) es la “frecuencia de trabajo“ que muestra el cerebro mientras estamos despiertos en una situación “normal”.
La frecuencia Delta (0.1-4 Hz) es la “frecuencia de trabajo” que muestra el cerebro mientras estamos en sueño profundo sin sueños.

En la meditación (y esto está comprobado), en el lóbulo frontal se incrementa la actividad mientras que en el lóbulo parietal se ralentiza. Es decir, mientras uno medita, la frecuencia cerebral cambia.

Y uno se pregunta:
¿Las ondas theta las crea el cerebro o aparecen cuando el cerebro está preparado?
¿Si con la práctica, el cerebro sustituyera las ondas Beta por ondas Theta, estaríamos DESaprendiendo a pensar?

Y así, llegamos a la pregunta más interesante.

¿Y si el “yo” es un programa mental?
Dale una oportunidad a esta opción…

¿Te lo puedes creer?
¿Qué implicaciones tendría esto?
¿Podríamos desaprender el yo?

¿Quieres intentarlo?

 

Para mi amigo D. Que ha conseguido que le recuerde cuando oigo el trino de un pájaro.