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Uno de los aspectos más difíciles de alguien que aborda alguna clase de práctica es el proceso de DESaprendizaje.

Este es un término o un concepto que puede resultar algo abstracto e incomprensible, pero en realidad no es tal cosa.
Tan simple es, que cuando es entendido, rara es la persona que no lo integra en su vida diaria.
En muchos escritos, muchos Maestros, hablan de abandonar, hablan de que la progresión no consiste en adquirir, sino en soltar, dejar, olvidarse, desprogramar…..etc, etc, etc.

Este hilo habla de ese tipo de proceso.
Aunque en mi opinión, y por mi experiencia (que por supuesto, puede estar equivocada, y con toda probabilidad lo estará), es mucho más difícil “olvidar” o “abandonar” hábitos del pensar que conseguir sustituirlos.

La clave es sustituir, el método es sustituir.

Pongamos un ejemplo….
La mente es un libro, cuando nacemos está lleno de hojas en blanco. A medida que crecemos, “aparecen” más hojas. De hecho, hasta el momento en que morimos, siempre hay hojas disponibles, salvo que exista un deterioro neurológico o cognitivo, pero no estamos hablando de eso ahora.
Esas hojas las “escribiremos” con todo el contenido que seamos capaces no solo de almacenar sino también de gestionar.

El almacenaje serían los recuerdos y el aprendizaje, pero también gestionamos continuamente todo aquello que es percibido, las emociones, las sensaciones, las experiencias y los estímulos (olores, sabores), que pueden quedar almacenados o no, pero que ahí han estado y por tanto han “escrito” aunque sea una leve línea en ese libro que es la mente.

En ese libro vamos escribiendo lo que sabemos y también lo que sabemos que no sabemos.
¿Lo que sabemos que no sabemos?
Exactamente eso.
Aunque suene raro es muy importante.

Sabemos que somos Pedro, Antonio o Silvia. Sabemos que somos solteros o casados, que somos personas y no piedras, sabemos donde vivimos y sabemos dónde fuimos de veraneo el año pasado. En realidad sabemos muchas cosas útiles (y otras menos útiles).
Sabemos una gran cantidad de cosas.

Cuando digo que también sabemos lo que no sabemos, me refiero a que sabemos que no sabemos pilotar un avión o poner en órbita un satélite o realizar una cirugía intracraneal o hacer una traqueotomía con un boli bic (algo que recomiendo encarecidamente no intentar).

Esto es lo que sabemos que no sabemos.
Tampoco sabemos hablar ruso. Por poner otro ejemplo. (Un ruso si sabrá, pero nosotros no).

No dice uno que no podamos llegar a hacer eso, dice uno que AHORA sabemos que no sabemos hacer estas cosas.
De modo que lo que sabemos y lo que sabemos que no sabemos queda almacenado en nuestro libro.

Es un libro especial. En primer lugar porque es único, no hay otro igual, y en segundo lugar porque es un libro que no puede borrarse, puede cambiarse, pero no borrarse. No hay goma de borrar, no venía en el pack, son las normas del juego de la vida. Esto es importante,
más adelante veremos por qué.

La mente aprende (se va escribiendo) de un modo curioso, autónomo e irrefrenable. No se puede impedir el aprendizaje. No hay manera. Es maravilloso.

Los estímulos y la respuesta a los mismos, hacen el trabajo.
Si existen estímulos, habrá aprendizaje de alguna clase a algún nivel y habrá respuesta.

Voy a buscar a un niño para recogerle, tiene menos de 2 años. (Esto es verdad, no es un ejemplo).
Me conoce, me ha visto otras veces.
Cuando me ve en la puerta, va hacia ella, a pesar de que sabe que no le van a dejar salir.

Eso es un aprendizaje que ya ha integrado, y es intuitivo, no es reflexivo, es un reflejo casi impulsivo.
Si me ve es que va a salir.
Si me ve es que voy a buscarle a él.
Todavía no lo entiende, pero lo sabe. El análisis llegará más tarde.

Si me ve desde una ventana que aún está lejana, me sonríe, levanta su mano y se pone a brincar. Se ha alegrado, se ha emocionado. Es una respuesta automática. No sabemos porque se ha alegrado (y ahora no tiene importancia), pero lo ha hecho.
Al salir a la calle, hay plantas, flores, entre ellas, hay una gran planta de romero, yo tengo la costumbre de tocar algunas hojas y después olerme las manos.
Lo mismo hago cuando como mandarinas, froto mis manos en la cáscara, las junto y las pongo sobre mi nariz inspirando ese maravilloso olor a mandarina.

El niño alarga su mano y repite EXACTAMENTE los movimientos que ha visto, yo no intento que lo haga, yo no quiero que lo haga, no se lo pido, tampoco quiero que no lo haga, no hago nada para propiciarlo y no hago nada para impedirlo. Simplemente lo hace él.
Toca la planta con sus manos, las frota y se las pone ante la cara.

Esto lo ha aprendido y lo ha integrado, porque si va otra persona a buscarle también lo hace.

Qué forma más maravillosa de aprender. Que inmensa capacidad de aprendizaje, que potencial más sobrecogedor y que fantástica herramienta tenemos sobre los hombros.

Aunque viviera 1000 años (cosa que afortunadamente no va a ocurrir), jamás dejará de asombrarme esta capacidad. Estamos hablando de un niño con 20 meses de vida.
Percibir esto es asombroso, es un instante de autentico gozo, un regalo.

Toda esta forma de aprender, adaptar y adquirir, se va automatizando a lo largo de la vida.
Por desgracia, la tendencia a complicarlo es inevitable.
Cuando dentro de poco tiempo el niño empiece a hacerse preguntas a si mismo sobre la razón por la que toca una planta y la razón por la que se huele las manos, habrá una nueva variable del pensar que puede complicarlo (seguro).

Y así vamos sumando juicios, ideas, dudas, miedos, posibilidades, alternativas….etc, y creamos estas vidas conflictivas que son las que normalmente vivimos, centrados en sortear problemas que en muchas ocasiones creamos nosotros mismos en nuestra mente y que nunca se van a producir en realidad. (Preocupaciones poco realistas, obsesiones, dudas, certezas sobre nuestra propia incapacidad o ineptitud…..etc, etc, etc).

¿Entonces esto es inevitable? ¿Seré siempre esclavo del pensar?
La respuesta es que es posible, pero también es posible que no.

Veamos en detalle cómo puede un adulto trabajar con su pensamiento y poner su cerebro a trabajar para él a fin de vivir mejor, o al menos con el fin de sufrir menos.

Recordemos que el aprendizaje ocurre (o puede ocurrir) hasta el último instante de la vida, y en una persona adulta, el aprendizaje está mucho más condicionado que en un niño, en el que resulta algo totalmente natural.

Por ejemplo.

Aprender a conducir suele ser una actividad estresante y complicada para muchas personas, pero podemos usarla como un muy buen ejemplo para ver cómo funciona el DESaprendizaje.

Es fácil recordar que cuando uno aprende a conducir todo es complicado.
Tenemos dos pies y hay tres pedales.
Uno frena, otro acelera y otro ¿desembraga?…. (Esto es muy complicado, me compraré un coche automático seguro….).

Además estamos moviendo un vehículo que pesa más de mil kilos, y nuestros límites ya no son los del cuerpo, son los del coche, y hay que controlarlos, por eso la atención está en extremo acentuada. Y además hay otros vehículos que interaccionan con nosotros. Hace falta concentración e ir adquiriendo destreza.
También está el profesor o profesora (juez/jueza implacable de nuestros desastres como conductores novatos) para añadir un poco más de complicación a la cosa, por si no hubiera suficiente.

Todo esto es dificilísimo, hasta que en algún momento, todo se convierte en automático, y ya no hay que pensar de forma secuencial.

Ya no hay que planificar paso a paso. ¿Que ha pasado? ¿Que ha cambiado?.

Llegados este punto, hemos creado un camino cerebral, una ruta neuronal,  un nuevo programa  que nos permitirá conducir, pero no únicamente ese vehículo, sino cualquiera que sea parecido.

Algo así pasa cuando aprende uno a montar en bicicleta. Eso no se olvida.
10 años sin montar en bicicleta, y nos costará poco retomar cierta soltura, porque ya existe el programa en el cerebro que se “acuerda” de cómo montar en bicicleta.

Esto es fantástico y muy útil, pero ¿qué ocurre si los programas que hemos fijado en nuestra mente nos hacen sufrir?
Pues que hay que cambiarlos.
Y eso cuesta.

Veamos…..

Si ahora intentáramos DESaprender a conducir sería complicado, porque puedes no conducir durante un año, pero seguiríamos siendo capaces de imaginar y pensar como se conduce (en definitiva, de recordar cómo se conduce). Seguiríamos viendo a gente conducir en nuestro entorno, conducir seguiría siendo algo normal. Y pasado ese año sin conducir, podríamos conducir un coche con muy poca dificultad.
Quizás no podríamos circular con normalidad, pero lo recordaríamos en muy poco tiempo.
De modo que así no habríamos DESaprendido nada.
Esto tiene toda la pinta de ser un fracaso.
No nos rindamos tan fácilmente, siempre hay opciones.

Si durante un año, allá donde fuera uno, y con quien fuera uno, estuviera obligado a conducir una carretilla elevadora, y fuéramos capaces de no ver ni un solo coche, ni conducirlo, ni siquiera verlos, entonces, el cerebro construiría nuevos programas, nuevos
caminos cerebrales que antes no estaban y que SUSTITUYEN el HABITO de conducir tal como está establecido en el subconsciente.
Son caminos nuevos, no son modificaciones de los caminos previamente integrados en la mente, es muy importante diferenciar esto.

Es algo llamado procesado subconsciente y es de vital importancia para comprender todo esto y poder aplicarlo.

Estamos haciendo una actividad MUY parecida a la que queremos sustituir.
Si jugáramos al tenis no DESaprenderíamos a conducir.

En cambio aprendiendo y adaptado la conducción a unas condiciones diferentes a las de un coche, sustituimos el hábito por otro similar.
Así podemos pensar que podemos cambiar emociones por emociones, ideas por ideas y sensaciones por sensaciones.

Esto, que así leído parece algo evidente a veces cuesta años de entender e integrar.
No se puede cambiar una idea por una emoción, ni se puede sustituir una sensación por una idea.
Todo tiene su lugar, todo tiene su orden, unas cosas desencadenan otras, mientras que otras no pueden desencadenar unas….

En esta situación, es muchísimo más complicado volver a conducir un coche, porque habría que desprogramar o DESaprender, en cierta medida la conducción de la carretilla elevadora, que ha SUSTITUIDO a la habilidad conducir un coche.

En cualquier caso, uno se pondría a conducir su coche y le costaría bastante, pero lo lograría, pues la capacidad de conducir un coche permanece en la memoria almacenada y puede ser reactivada si es necesario.
Pero ya se ha creado la programación de la carretilla, de manera que si se quiere evitar conducir un coche, puede quedar olvidado.

No se trata de un recuerdo, es una acción física que requiere muchos factores trabajando simultáneamente, algunos de ellos de modo inconsciente e involuntario (Como la integración del  cálculo reflejo de las distancias, por ejemplo).
Hay un experimento fantástico que se le ocurrió a Destin Sandlin y que consiste en manipular una bicicleta para que el giro de la rueda sea justo el contrario al esperado.
El experimento es sencillamente genial y explica muchas cosas al respecto del proceso de DESaprendizaje.
Se puede encontrar poniendo en google “bicicleta al revés”
Con este experimento, Destin Sandlin descubre algunas cosas fascinantes  sobre el condicionamiento de la mente en general  y sobre el aprendizaje infantil en particular.

Dicho esto,
Parece que el camino correcto no pasa por corregir pensamientos inadecuados (que generan actuaciones que pueden desembocan en sentimientos de culpa), sino que hay que SUSTITUIRLOS.

No eliminarlos, sino SUSTITUIRLOS.
No es lo mismo.
De hecho muchas personas no entienden la diferencia, pero la hay y es fundamental.

¿Y si las valoraciones y los juicios de uno fueran hábitos del pensar?
¿Y si uno fuera capaz de fijar sus valoraciones positivas y sustituir las negativas?
¿Acaso toda práctica de meditación SOSTENIDA no es SUSTITUIR el pensar burdo por el pensar sutil?
¿Acaso no es sustituir el ritmo de la mente por otro ritmo?

En otro hilo hablaré de las frecuencias del cerebro, pero a modo de introducción, indicar que el cerebro funciona con distintas frecuencias (medidas en hercios (Hz) o ciclos por segundo).

Principalmente 5 tipos, Gamma, Beta, Alpha, Theta y Delta, ordenadas de mayor a menor frecuencia.
Aunque hay algunas discrepancias a la hora de establecer las cifras, a grosso modo, la frecuencia Gamma es la frecuencia que muestra el cerebro cuando está en alerta, o ante una amenaza. Hablamos de frecuencias superiores a 30 Hz.
La frecuencia Beta (10-29 Hz) es la “frecuencia de trabajo“ que muestra el cerebro mientras estamos despiertos en una situación “normal”.
La frecuencia Delta (0.1-4 Hz) es la “frecuencia de trabajo” que muestra el cerebro mientras estamos en sueño profundo sin sueños.

En la meditación (y esto está comprobado), en el lóbulo frontal se incrementa la actividad mientras que en el lóbulo parietal se ralentiza. Es decir, mientras uno medita, la frecuencia cerebral cambia.

Y uno se pregunta:
¿Las ondas theta las crea el cerebro o aparecen cuando el cerebro está preparado?
¿Si con la práctica, el cerebro sustituyera las ondas Beta por ondas Theta, estaríamos DESaprendiendo a pensar?

Y así, llegamos a la pregunta más interesante.

¿Y si el “yo” es un programa mental?
Dale una oportunidad a esta opción…

¿Te lo puedes creer?
¿Qué implicaciones tendría esto?
¿Podríamos desaprender el yo?

¿Quieres intentarlo?

 

Para mi amigo D. Que ha conseguido que le recuerde cuando oigo el trino de un pájaro.

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Una práctica sencilla.

Publicado: 21 noviembre 2013 en Reflexionando.....
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Algunas personas preguntan  a menudo por una práctica sencilla para poder iniciarse en la meditación, en la concentración o en el Zazen.

La práctica más sencilla, para empezar es la concentración sobre la respiración.

La describo a continuación:

– La postura.

Hay que olvidarse de la postura, es muy importante, pero no ahora.

Mantenga una postura cómoda, sentado, con la espalda recta y sin apoyarla en ningún respaldo, puede estar sentado en una silla o en el suelo, pero hágalo fácil, antes de correr hay que saber andar.

Muévase lo menos posible, pero si le pica una oreja rásquese con normalidad, despacio, atendiendo a lo que se está haciendo, siendo consciente de lo que acontece.
(En ese momento rascarse la oreja es lo único que hay que hacer), luego vuelva a tomar su posición anterior.

– La mente.

La técnica que suele dar mejor resultado al principio es contar respiraciones y nombrar algo mentalmente para evitar en la medida de lo posible la agitación mental, la imaginación y la somnolencia.
Por ello, se trata de estar muy atento a la respiración.
Cuando inspire (cuando coja aire), el abdomen debe hincharse (no el pecho, hay que respirar más abajo), si esto resulta difícil, respire con normalidad a un ritmo natural (no fuerce la respiración, el ritmo lo pone el cuerpo, no la mente).
Después, viene de forma natural la espiración (soltar el aire).

Ambos procesos se llevan a cabo por la nariz, si esto es un problema, se inspira por la nariz y se espira por la boca, despacio, siendo consciente de lo que se está haciendo.
Es importante hacer siempre lo mismo para crear un hábito de práctica (si respira solo por la nariz hágalo siempre así).

Cuando inspire pronuncie mentalmente la palabra “dentro”.
Cuando espire pronuncie mentalmente la palabra “fuera”.

Observe que en un corto espacio de tiempo se sumará la sensación de dentro y fuera.
Su mente irá percibiendo que al inspirar el aire entra (dentro) y al espirar el aire sale (fuera) de un modo coincidente con las palabras pronunciadas mentalmente.
Esto producirá una asociación mental que resultará beneficiosa para la concentración.

Repita este ejercicio durante al menos 10 minutos diarios en un lugar tranquilo durante un mes.

Este es el primer paso más seguro que conozco.

A partir de aquí, se complica un poco la práctica de contar respiraciones, de forma escalonada hasta llegar a lo siguiente (aunque siempre se puede complicar más):

– 1ª inspiración – Dentro (Palabra pronunciada mentalmente y percibiendo que el aire entra).
– 1ª espiración – Fuera (Palabra pronunciada mentalmente y percibiendo que el aire sale).

– 2ª inspiración – Tranquilo (Palabra pronunciada mentalmente y percibiendo que uno se encuentra tranquilo).
– 2ª espiración – Calmado (Palabra pronunciada mentalmente y percibiendo que uno se encuentra en calma).

– 3ª inspiración – Profundo (Palabra pronunciada mentalmente y percibiendo que el aire es inhalado profundamente).
– 3ª espiración – Lento (Palabra pronunciada mentalmente y percibiendo que el aire es expulsado lentamente).

Y se repite de nuevo el ciclo hasta que termine el tiempo del ejercicio, que puede ser de minutos o de horas.

Hay complicaciones posteriores que señalan a objetivos determinados, como por ejemplo incluir un cuarto ciclo de respiración.

– 4ª inspiración – No muerte. (Palabras pronunciadas mentalmente. No es momento de explicar el significado de esto).
– 4ª espiración – No temor. (Palabras pronunciadas mentalmente. No es momento de explicar el significado de esto).

De esta forma, se pueden ir añadiendo ciclos dependiendo de los resultados, de la persona  y de los objetivos (si es que hay alguno).

Es posible que a alguien le resulte familiar este ejercicio, es una variación de un ejercicio utilizado y transmitido  por el Maestro Thich Nhat Hanh.

En su ejercicio se utilizan las siguientes palabras:

Dentro – Fuera
Profundo – Despacio
Calmado – Relajado
Sonrío – Suelto
Momento presente – Momento maravilloso

Si hay dudas pregunten.

Buena Practica.

Conversaciones_15

Publicado: 17 abril 2013 en Conversaciones
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Pregunta:

Llevo años practicando y no avanzo, no alcanzo ningún estado distinto ni me siento mejor.
¿Qué puedo hacer? ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué hago mal?

Respuesta:

En ese caso le pasa igual que a mí, igual que a muchos, igual que a casi todos.

La meditación, el Zazen, el Pranayama, la concentración, o lo que sea que usted llame Práctica, no puede convertirse en un obstáculo, en ese caso hay que dejarlo, sin más.

No dice uno que al primer contratiempo se abandone la Práctica, ni mucho menos, pero si con el paso de los años, el Refugio no es tal cosa, la calma no se vislumbra, y todo lo que hay es agitación y problemas, es mejor detenerse a ver que estamos haciendo mal.

La Práctica funciona, eso es un hecho, por tanto, lo que puede estar pasando es que la Práctica se lleve a cabo de una forma incorrecta, o que no se entienda.

El problema es que la propia Práctica se convierte en un hábito mental.
Es solo eso, pero es extraordinariamente difícil de observar y mucho más difícil aún de resolver.

Pero puede hacerse.

En primer lugar hay que entender que se está haciendo.
Cuando al principio a uno le dicen que se concentre en su respiración y cuente las inhalaciones y las exhalaciones, lo que se busca es una distracción nueva para cambiar las distracciones habituales y a partir de ese cambio, dar el siguiente paso.
Pero en esa fase no es más que otra distracción.

La mente piensa en patrones establecidos que están muy arraigados, por eso cada mañana en cuanto uno despierta, si uno observa, si uno escucha, verá que la mente le pone “delante” del pensamiento los problemas que más nos acucian, los asuntos que más nos inquietan, las cuestiones que más nos preocupan, una y otra vez, una y otra vez.

Generalmente uno empieza a practicar porque sufre.
En muchos casos, el sufrimiento es el motivo por el que las personas buscan soluciones y por ello practican, de este modo, la Práctica es una “solución” a un problema, pretende ser una huida de una realidad percibida (el sufrimiento) y por tanto, se esperan resultados de ella, una evolución, se empieza a pensar que con la Práctica se puede erradicar el sufrimiento, y aunque esto sea cierto, no se puede tener este pensamiento como motivación para practicar, porque lo que ocurre es que la Práctica se convierte en una esperanza para el futuro y por tanto en un pensamiento más.

Eso la convierte en algo completamente inútil y muchas veces contraproducente.

Más tarde, al ver que uno no obtiene los resultados deseados, se culpa a la Práctica, cuando en realidad la culpa es de quien practica.
Es como si uno tiene una enfermedad y mantiene el fármaco que la cura en su mano, bien cerrada, apretado el puño con todas sus fuerzas para que nadie le arrebate la solución; pero esa solución de la que no debe apropiarse, debe ser ingerida, para que mediante los tejidos digestivos se absorba, alcance el torrente sanguíneo y haga su función.

Con la Práctica es similar, tenemos el “fármaco que cura”, pero lo usamos mal.

La Práctica debe ser nueva cada vez, diferente, debe ser percibido que cada ocasión es única.
No tenemos otra cosa.

El pasado solo sabemos que quedó atrás y ahora es un recuerdo que traemos al ahora (un pensamiento), el futuro es imaginación que también traemos al ahora (otro pensamiento), en definitiva lo único que tenemos es ahora.
No hagamos del ahora un pensamiento.

Con este planteamiento y algo de esfuerzo se puede percibir que la única posibilidad de arreglar cualquier cosa (si es que hay algo que arreglar), es ahora.

No tiene ningún sentido esperar nada de la Práctica en el futuro.
¿Se entiende esto?
¿Qué futuro?

Si no utilizamos los recuerdos y no proyectamos lo que esperamos del futuro, cada vez que uno se sienta en Zazen es una ocasión única, distinta y genuina, una posibilidad de estar consciente, tanto si meditamos como si comemos una hamburguesa con patatas, o pintamos una pared.

También es Práctica si se tiene la actitud mental adecuada.
La propia vida es Práctica si se tiene la actitud mental adecuada.

Uno se sienta en un acantilado, al amanecer, temprano, hace frío, percibe sensaciones físicas, sensoriales….
observa el horizonte y al poco tiempo va saliendo el sol, los primeros rayos despuntan ofreciendo una luz intensa pero cálida, el cielo grisáceo toma un tono rojizo y las nubes blancas se vuelven aún más blancas por el reflejo del sol asomando.
A los pocos segundos el sol muestra su forma y el cielo se convierte en un cuadro de colores rojos, azules, blancos, grises e incluso amarillos.

Uno ve, uno observa.
Uno ve el sol.
La imagen explota en la retina y permanece en la memoria, eso ya fue, pero el recuerdo permanece.
Uno no se apropia de la imagen.
Lo que queda ahora es el recuerdo, y uno se apropia del recuerdo.
Hay que soltarlo.

Nadie puede robar el recuerdo, pero nos afanamos en conservarlo y recuperarlo una y otra vez, nos empeñamos en repetirlo.
Esto requiere un desgaste y un esfuerzo innecesarios.
La próxima vez que veamos un amanecer ese recuerdo impedirá que lo veamos.
Por eso hay que abandonarlo.

Esto nos pasa con todos los pensamientos no solo con la contemplación.

Durante la Práctica, se dice que se dejen pasar los pensamientos.
¿Acaso dejar pasar los pensamientos no es una acción?
Sí que lo es, de hecho requiere un esfuerzo mental, la actitud debe estar orientada a practicar sin intención, sin finalidad y con una actitud mental totalmente inafectada.

Los primeros años se requiere esfuerzo, hay que ir a por el pensamiento y cortarlo, ver que “nos ha cogido de la mano” y nos ha llevado de paseo haciendo que perdamos “la permanencia”.
Hay que permanecer.

Es como respirar, si uno observa la respiración se da cuenta de que respira, pero si se olvida de prestarle atención, el cuerpo sigue respirando.
Con la Práctica es lo mismo, los pensamientos cotidianos, los problemas, siguen estando ahí si se les busca, si son llamados, pero no nos afectan, al menos desde luego no lo hacen de una forma tan frontal y tan hostil como antes de comenzar a practicar.

No debe uno apropiarse de nada, ni siquiera los pensamientos son de uno, esto debe percibirse y hará más fácil que uno permita que se marchen, por muy arraigados que estén.

Me pide consejo, me hace preguntas….

Yo no soy un maestro, solo observo, soy un gran ignorante.
Yo no sé nada, yo no tengo nada, nada para mí y nada para ofrecer.
Percibo un gran sufrimiento de forma continua, y ese sufrimiento, a veces propio, a veces ajeno es demoledor, agotador.

Yo solo pienso, algunas veces practico, y siempre respiro, vivo y observo, observo hasta la extenuación física y psicológica.

Y es algo que no recomiendo. No lo recomiendo en absoluto.

Sé que hay Calma porque la he percibido, pero esa Calma ES en ausencia de la imagen mental de uno mismo.
No digo que aparece, digo que ES.

Esto significa que el “yo” ahuyenta la Calma.

Todos los pensamientos que se refieran de alguna forma a la persona, a lo que piensa uno de sí mismo, a cualquier cosa que crea que le afecta o le pueda afectar como individuo separado y único ahuyentan la Paz que existe bajo todo eso.

Si se busca se pierde la actitud adecuada.
No hay que buscar.

Si se espera se pierde la actitud adecuada.
No hay que esperar.

Si se valora si la actitud es la adecuada, se pierde la actitud adecuada, pues nos hemos puesto a valorar, a juzgar, a discriminar, a seleccionar, a elegir.

La clave es detenerse sin intención, sin darse cuenta.

Si realmente la Práctica es un problema hay que parar.

En contra de lo que muchos creen, el estado natural de la mente no es el pensar.

Insisto, si la Práctica no es buena hay que parar, porque si no, la Práctica se fija como un pensamiento más, y nos impide ver dónde y cómo estamos en realidad.

En este caso, no sirven anestesias, no se trata de sufrir sin más, hay que contemplar el sufrimiento psicológico para comprender su origen, sus mecanismos, sus movimientos y así tener la opción de trascenderlo.

Como curiosidad, quien esto escribe lleva más de 2 años sin practicar por esa misma razón.
Cuando lo entienda continuaré o no.
No sé si será correcto o no.
¿Qué más da?

Uno cree que no espera nada, pero si algo espera es no dañar.

Conversaciones_2

Publicado: 31 enero 2011 en Conversaciones
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Pregunta:

¿Cuales son los principales obstáculos que puede encontrar una persona que decida comenzar a practicar zazen?

Respuesta:

Tanto si se va a practicar zazen como cualquier otra disciplina que requiera concentración y esfuerzo, como por ejemplo la meditación de cualquier clase (Samatha, Vipassana, Tratak, Dzoghen, mántrica…etc,etc.); lo más sensato, sobre todo al principio, es planificar una práctica razonable.
Es como el que se plantea correr, hay muchas similitudes con esto.
Si usted no ha corrido nunca, jamás se le ocurriría comenzar a correr en una maratón, que son 42 kilómetros.
Es de sentido común.
En el zazen es lo mismo.
Sobre la calidad de la práctica, se requiere mucha práctica para que esta sea correcta.
Y se requiere que sea correcta para que exista un progreso o evolución (si me permite utilizar estas palabras, que quizá no sean las más adecuadas, pues hablar de evolución o progreso en la práctica puede dar lugar a equívocos).

Pero alguna vez hay que empezar, y siempre es mejor un minuto de práctica correcta que una hora de práctica mal hecha.
Algo razonable para alguien que comienza es practicar durante 30 minutos al día, todos los días del año, durante un año.
Es una práctica muy leve, muy sutil, muy poco intensa, pero suficiente para encontrar los primeros problemas y aprender a sortearlos por uno mismo.
Sería conveniente practicar siempre a la misma hora y en el mismo lugar (en la medida de lo posible).

Para personas con más compromiso con la práctica, en torno a una hora diaria todos los días del año estaría bien, para empezar, insisto.
No soy partidario de hacer descansos y saltar días, pero es una elección particular, no hay nada de malo en hacerlo.

Como imaginará, nadie tiene la verdad absoluta y lo que para uno es cómodo y eficaz para otros puede no serlo.
Conozco algunos casos de personas sin experiencia que han practicado Vipassana intensiva durante unas 10 horas diarias con silencio total durante 8 días (No conozco a las personas, pero si los estudios que se realizaron a este respecto). Y los resultados fueron extraordinarios.
Cierto es que muchas personas abandonan una práctica tan exhaustiva  e intensa y más si es al principio y también es cierto que para llevar a cabo una practica como esta se necesitan personas que la dirijan y que tengan experiencia previa para corregir los problemas o defectos que sin duda surgirán en una práctica tan intensiva como esta.
Pero este tipo de práctica tampoco tiene nada de malo.
Si usted quiere pruébelo.
Sobre la necesidad de estar guiado o no durante el zazen, no me pronuncio.
De cualquier forma, entiendo que no hablamos aquí de este tipo de implicación con la práctica.

Hay que ser realista, será difícil, pero uno ha de ser serio y firme con la práctica.
Hay que tener una actitud y un compromiso.
Uno debe tener y mantener la atención y concentración correctas para poder practicar con seriedad.
Obviamente, con la práctica se adquiere soltura y las incomodidades, tanto físicas como mentales se van superando.

Como principales problemas, siempre surgen cuatro:

1.- La imaginación.
2.- La pereza.
3.- El sueño.
4.- La incomodidad física.

Sin duda, el más difícil de afrontar es la imaginación.
Algo tan útil, necesario y bueno como es la imaginación, aquí se convierte en un enemigo temible. Los pensamientos no controlables que molestan, el parloteo incesante de la mente, las distracciones, los recuerdos, los deseos, los anhelos, el traer la atención una y otra vez, una y otra vez………. Todo sale en el zazen, todo aflora en el zazen.
La imaginación, puede ser un gran problema. De hecho, lo será.

La pereza se puede afrontar con ánimo y con seriedad en la práctica.

El sueño se puede afrontar cambiando o ajustando los hábitos de práctica, las horas a las que se practica y el tiempo que se dedica.

Sobre la incomodidad física, es importante mantener una postura firme pero cómoda, desde luego, siempre sin dolor.

Si uno no puede estar sentado en loto pues se sienta en medio loto, y si no puede estar sentado en medio loto pues se sienta en el suelo con las piernas semicruzadas, y si uno no puede estar sentado en el suelo con las piernas semicruzadas, se sienta en una silla, SIN APOYAR LA ESPALDA. Esto último es importante.
Es más importante la actitud de la mente que la posición de las piernas.

¿Por qué hacerlo todo tan difícil?
Solo siéntese y practique, olvídese de lo que le he contado y pruebe, indague, reflexione, aprenda, avance usted mismo.

No necesita nada más.