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Vivir tu propia vida es un ejercicio de honestidad imprescindible.

Darte cuenta de que eres responsable de tus propios pensamientos es necesario para poder salir de ese eterno descontento que para algunos supone transitar su propia vida.

Un descontento del que generalmente se culpa a otros.

¿Son los demás los que deben actuar como nosotros queremos para que nuestra emoción no sea el enfado?

¿No es esto someter al otro?
¿No es esto obligarle a actuar de tal forma que se adecúe a nuestro antojo?
¿No es esto coaccionar?

¿No es esto literalmente depender de otros para obtener algo uno mismo?
¿No es hacer responsable a otro de nuestras propias sensaciones?
¿No es obligar al otro a que se comporte de modo que nosotros seamos felices?
¿No es hacer responsable a otro de lo que sentimos?

¿Por qué ocurre esto?
¿Por qué no podemos ser felices por el mero hecho de existir, de vivir?
¿Qué otro objetivo hay más importante, más necesario o más acuciante que ser feliz durante la vida?

Tú crees que siendo otra persona las cosas cambiarían (a mejor, claro).
Crees que si las circunstancias fueran otras, las cosas cambiarían (a mejor, claro).
Crees que si no hubieras tomado aquella decisión en aquel momento, las cosas cambiarían (a mejor, claro).

Esa eterna persecución de la mentira es tan agotadora como inútil.
Hasta el día en que desaparezcas, estará presente si no pones remedio.

Únicamente uno mismo puede hacerlo.
Solo tú puedes resolverlo.

¿Cómo?

Siendo honesto, y no mezquino, siendo humilde y no altivo e intransigente, siendo responsable de ti y de tus pensamientos, de tus emociones, de tus alegrías y de tus tristezas.
Siendo sincero contigo, estando presente en tu propia vida.

¿Estás presente en tu propia vida?
¿Eso crees?
Yo creo que no.

Si estuvieras presente no tendrías miedo.
Si estuvieras presente no te harías tantas preguntas.
Si estuvieras presente no te sentirías frustrado.
Si estuvieras presente evitarías una gran cantidad de conflictos que ahora tienes como hábitos de vida y ni siquiera te das cuenta de que te están moliendo a palos.
Tu mismo te estás moliendo a palos.
¿No se ve esto?

Vive tu vida, permite tu tristeza, solo es una expresión de la vida, de tu propia vida.
¿Duele?
Permite el dolor, no crees barreras, no crees resistencias.
Si lo haces, entonces tendrás dos problemas, el dolor y la resistencia al dolor.

¿Has probado a permitir el dolor?
No a iniciarlo o a provocarlo o a mantenerlo.
A permitirlo, o al menos a no intentar impedirlo.

Percibirlo y no bloquearlo o iniciar un diálogo mental sobre él.
Simplemente que el dolor sea percibido y seguir respirando.

No es difícil. Pero requiere compromiso y algo de esfuerzo.
Ya tienes el camino, ya tienes el cómo, ahora depende de ti probar.

¿Estás satisfecho con tu vida?
Intentas conseguir cosas que corrijan tu pena y lo haces desde el exterior.
Obteniendo cosas desde el exterior.
Materiales o no.
Pero desde el exterior.

¿Qué sentido tiene esto?.
¿Dónde está tu pena?
¿Está fuera?

Intentas cubrir la frustración con el agua de tus deseos pero el sol o el tiempo secan el agua y ahí sigue la miseria.
Cubrir un problema no es resolverlo, es olvidarlo o ignorarlo momentáneamente.

Obsérvala, acúnala, ámala, esa tristeza forma parte de ti no hay porque evitarla. No te regocijes en ella, no te apropies de ella, ella no eres tú. Si la observas hay una distancia.

La felicidad no está lejana.
¿Por qué dejarla para mañana?
¿Por qué dejarla para el día que mueras?

TODO lo que sientes es felicidad.
Pero la felicidad no es una sensación, sino un estado.
O quizá incluso puede ser la ausencia de cualquier estado.
¿Se ve esto?
Si determinas que es una sensación la has nombrado y la expulsas de tu percepción, pues la has anclado como concepto. Los conceptos pueden ser nombrados y analizados, no observados. Hay que deshacer el concepto para poder entenderlo en esencia.

PERMITE. PERMITE.
Deja ir, deja ir.
Dejar ir no es rechazar.

¿Se ve esto?
Permitir no es provocar.
¿Se ve esto?
No hay que rechazar ni aceptar, ambas acciones son violencia y generan más violencia.
No crees violencia.

Intentar impedir aquello que sientes (sea lo que sea), es violencia hacia ti mismo, hacia tus ideas, hacia tus emociones.
Es traicionarte, es luchar contra ti mismo. Es una fuente infinita de conflictos.
Permite que tus sentimientos se expresen.
La mente está completamente condicionada por la palabra.
En la mente, los pensamientos toman la forma de palabras en multitud de ocasiones.
Es ese diálogo interior y agotador que casi nunca lleva a ninguna conclusión útil y que está tan presente.
Pero no nos damos cuenta de hasta qué punto estamos condicionados.
Lo único de lo que puedes estar seguro es de que eres. ERES.
Nada más.
Vive esa experiencia de SER.
En tu mente es distinto.
Verás cómo te suena esto que cuento…..

Tus esperanzas y tus deseos están delante. (Futuro, el futuro queda delante).
¿Delante de qué?
¿Delante de quién?
¿Cómo puede estar delante algo que no existe?
Pero ciertamente así es percibido por la mente.

Tus recuerdos están detrás. (Pasado, el pasado queda atrás).
¿Cierto?
La percepción espacial de los recuerdos es que están detrás.
¿Detrás de qué?
¿Detrás de quién?
¿Cómo de detrás?
¿Cuánto de detrás?
¿Cómo puede estar detrás algo que no existe salvo en tu mente?
¿Está acaso detrás de tu mente?
¿Es posible eso?.
Pero ciertamente así es percibido por la mente.

De momento obsérvalo, dale un sentido, percibe esto…..

¿Por qué no están tus recuerdos a mano derecha?
¿Por qué no están tus deseos a mano izquierda?
¿O al revés?

Palabras, palabras, enredos, enredos.
Es la eterna manía del orden, de colocar cosas siguiendo secuencias que aparentemente tienen un orden.
Al parecer eso evita el caos.
Al parecer, solo.
En realidad no lo evita, lo crea.

Vivir así es más complicado que vivir sin esa forma de pensar.
La forma de pensar “natural” es más sencilla.
La forma de pensar de un niño es más sencilla y maravillosa.
Solo ahora.
Hay un problema y es olvidado en segundos.
No hay resentimiento, no hay rencor, no hay culpa salvo en instantes puntuales.
Luego pasa. Todo llega y todo pasa. Sin residuos, sin secuelas que ponemos nosotros mismos.
Nos castigamos a nosotros mismos.

¿Qué sentido tiene esto?
¿Qué objetivo tiene ese nivel de exigencia con uno mismo?

Quizá el silencio es la forma de pensar que puede que estés buscando.
La que hace cesar esa canción que oyes siempre que despiertas.
Cada día, una y otra vez, una y otra vez.
¿Te has fijado que para cambiar el primer pensamiento que surge en la mente recién despierto tiene que haber pasado algo importante o al menos haber hecho un esfuerzo por que otro pensamiento sea el primero esa mañana?
Es un recuerdo.
Los recuerdos tienen peso, prioridad y jerarquía, se la damos nosotros mismos, pero casi nunca nos damos cuenta y pocas veces sabemos cómo o por qué.

¿Cuándo vas a dejar de cantar en tu mente?
Hazlo ahora.
Detenlo.
Solo tú puedes.
La consciencia no te necesita para Ser, pero tu silencio mental le permitirá expresarse.
Permíteselo.
Aunque no lo creas, eres dueño y responsable de lo que piensas, se dueño también de lo que sientes.

Aprende a  negociar contigo mismo, no cedas tus derechos, te pertenecen, tienes derecho a ser feliz.

Pero si lo tengo todo…….

Publicado: 24 noviembre 2015 en Reflexionando.....
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Conozco personas que no pueden ver y quieren ver.
Lo darían todo por ver, por saber cómo son los colores, algunos de ellos por verlos por primera vez y otros por poder verlos de nuevo. Ver un amanecer, ver el mar, ver la noche y ver las estrellas, contemplar a su familia, ver como envejecen los mayores y como crecen los jóvenes, incluso alguno quiere ver la televisión, aunque también hay quien quiere ver árboles. Esto es lo que quieren.

También conozco personas que no pueden oír y quieren oír.
Lo darían todo por poder oír su propia voz, el llanto de sus hijos y el trino de un pájaro. Por escuchar música o poder oír su propia respiración, escuchar el caudal de un río o el ruido de una tormenta o el de una campana. Esto es lo que quieren.

Así mismo, conozco personas que no pueden andar y quieren andar.
Lo darían todo por poder caminar, algo tan cotidiano, tan “normal”, poder trotar, poder correr incluso. Sueñan constantemente con ello. Poder pasear tranquilamente despacio, sintiendo cada paso, sentir los pies sobre el asfalto sería un regalo inmenso. Ir donde ell@s quieran. Esto es lo que quieren.

También conozco personas que no pueden moverse, están postradas en una cama.
Lo darían todo por poder levantarse, poder orinar sol@s, no depender de nadie que les limpie cuando defecan, poder girarse en la cama o como mínimo poder girar la cabeza para ver la ventana, poder coger el vaso de agua y beber por si mismos. Ducharse de pie. Poder acariciarse la cara y sentirla. Esto es lo que quieren.

Y yo, que lo tengo todo, no sé que quiero.

Todo está hecho para uno crea que la vida que vive la vive uno mismo.
¿Pero quién es ese “uno mismo”?

El yo, está contínuamente construyendo cosas a su alrededor, pensamientos, esperanzas, deseos, acciones, juicios, objetivos…etc.
Estructuras que predisponen la situación para que uno crea que vive su propia vida.

En realidad no es así.
Esa vida que crees tuya no lo es.
Tú no tienes ningún control sobre tu vida.
Tienes control (y muy poco), sobre LO QUE CREES QUE CONFORMA TU VIDA.

Es decir, aquello que tú consideras necesario y/o deseable para tu subsistencia.
Todo aquello material o inmaterial, personal o emocional que aspiras a obtener, a mantener y a no perder.
Y aquí aparece el primer conflicto.

NO ES POSIBLE que la felicidad real dependa de factores externos.
Parece que sí, pero no. Porque los factores externos con cambiantes y no dependen de uno, y por tanto la felicidad no puede depender de ellos.
Esa es la gran mentira.

Pero todo está tan bien estructurado, tan enfocado a perpetuar la misma duda una y otra vez, una y otra vez, que no nos damos cuenta, no nos hacemos (salvo rara vez), las preguntas adecuadas.
Y cuando las hacemos, no las enfocamos al destinatario adecuado.

Solo el hecho de describir lo que es “TU VIDA”, ya es un reto. Poca gente puede responder con honestidad a esta pregunta.
Una respuesta honesta es NO LO SE.

¿La vida es un lugar?
¿Es una franja de tiempo?
¿Es una riada de pensamientos?
¿Es imaginación?
¿Es sufrimiento?
¿Es todo lo anterior?
¿Es todo lo anterior y muchas más cosas?

Requiere mucho tiempo y mucha observación poder contestar a esta pregunta y sobre todo requiere sinceridad.
Y mi respuesta no es la tuya, eso es seguro.

Cuando encuentras tu respuesta todo cambia.
No es que cambie, porque todo sigue igual, mejor dicho, la apariencia de todo sigue igual.
Salvo la idea de uno mismo.
Eso si cambia.

Ya no se busca nada fuera.
Y la persona se convierte en lo que siempre ha sido; una herramienta para interactuar con la sociedad que ha creado.
La memoria se utiliza para saber volver a casa, no para martirizarse con la culpa.
Para saber donde ha aparcado uno el coche, no para recordar el atasco de ayer.
El conocimiento se utiliza para resolver problemas, no para imponer ideas.
La compasión aparece y se utiliza para comprender a los demás desde sus propios ojos.
Cuando el yo no está, aparece el resto del mundo y te ves reflejado en él, en su miseria, en su violencia, y comprendes como funciona.
Te enfrentas a lo único que hay que es ahora.

Y ese ahora NO ES CONOCIDO.
Ese es un gran reto.
Porque no nos gusta lo desconocido, lo rechazamos, nos inventamos mil y una excusas para aferrarnos a lo conocido.

De modo que todo lo que se vive es nuevo a cada instante, y esa novedad trae viejos miedos.
Hay que saber lidiar con ellos.

Es extraordinariamente fácil caer una y mil veces en los vicios de la “antigua mente”.
Es más cómoda, es más segura, cree que no hay sorpresas.
Al “yo” no le gustan las sorpresas, pueden acabar con él.

Así que cada instante es como estar balanceándose en un trapecio desde el que uno puede caer.
La red son los recuerdos y las esperanzas.
Las cuerdas que soportan esa red y la sostienen son el yo y la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Y no la queremos perder.
NO QUEREMOS PERDER ESTO BAJO NINGÚN CONCEPTO.

Cuando el miedo aparece, casi todo el mundo quiere dejar de sentirlo.
Pero… ¿Qué pasa si dejas que el miedo se exprese?

El miedo, que está debajo y detrás de todo conflicto, es un gran maestro si se le sabe escuchar.
¿Por qué el miedo es un Maestro?
 
Porque es insistente, porque no se cansa nunca, porque no da tregua, porque está ahí siempre si eres capaz de verlo y  porque no te deja hacer lo que tienes que hacer y precisamente ese puede ser el desencadenante de que lo hagas.

Cuando se enfrenta uno al día a día, lo hace vestido con una armadura que es su carácter, su personalidad, su imagen de sí mismo (que es la que uno espera que perciban los demás).
Su ira, su gracia, su mal humor, su buen humor, su comprensión, su impaciencia, su ecuanimidad, su cariño, sus detalles, sus gestos, su violencia, sus palabras…..etc.etc.etc.
Y uno va y se cree que es eso, lo cree firmemente.
¿Eso eres tú?
No. Nada de esto eres tú.
La persona usa eso, pero tú no eres eso.

Estamos entrenados para sentir placer cuando surge algo positivo y para sentir frustración cuando ocurre algo negativo.
Y así funciona, nos quedamos tan anchos, nos conformamos.
Parece lógico…

¿Cómo no voy a sentir dolor si me está doliendo?
¿Cómo no voy a sufrir si estoy enfermo?
¿Cómo no voy a sentirme desgraciado si he perdido el trabajo?

¿Pero qué pasa si no etiquetamos las cosas como negativas o positivas?
¿Es posible hacer esto?
Es posible, es un hecho, pero solo puede aparecer ese espacio  si honestamente percibimos como una realidad que nosotros NO somos el centro de la acción, sino una parte de Todo.

Cuando aparece la ira, automáticamente estamos entrenados (por herencia genética), durante miles de años para responder de cierto modo (totalmente predecible), tal vez con violencia, con indignación, con enfado….etc.
Pero no con calma, con alegría y con ecuanimidad.

Así mismo, Cuando aparece la felicidad, automáticamente estamos entrenados, durante miles de años para responder de cierto modo, (totalmente predecible), tal vez con relax, bienestar, tranquilidad, serenidad….etc. Pero no con tristeza, pena o frustración.

Y desde luego, estamos programados para etiquetar.
Inmediatamente.
No sabemos percibir una sensación sin etiquetarla, sin archivarla. Pero esto es posible.

Si siento dolor, ES MALO.
Si siento alegría, ES BUENO.

¿Y si uno intentara no involucrarse con su dolor o con su alegría?

No apropiarse de él.
No es tu dolor, es dolor.
No es tu alegría, es alegría.

Uno siente dolor, y lo observa, como algo ajeno, no como algo propio, no es un castigo, no es una penitencia merecida.
Lo que ocurrió en el pasado no está ocurriendo ahora.
Tu hoy no es el tu de mañana.
Tu hoy muere hoy, con el final del día, con el final de cada segundo, con el final de cada milisegundo, incluso antes….

Así que tú eres nuevo a cada instante. Pero no lo notas.
Tu “programa” funciona demasiado bien.

Pero ¿Quién eres cuando duermes profundamente?
Eres tú mismo, pero sin un testigo.
También podrías ser tú mismo si estás en estado de vigilia, y tuvieras una mente que dejara de nombrar, juzgar, mentir, hablar, adaptar, colocar, ordenar, mover, anticipar….

Si NO haces todo eso, entonces la VIDA es revelada y comprenderás algo.
Comprenderás de primera mano que quien tú crees que eres te está impidiendo saber quién eres en realidad.
Permite que la vida se exprese, NO SEAS TU QUIEN SE EXPRESA.
..

¿Hay dolor?
Constátalo, no lo evites, no lo acunes, obsérvalo como quien ve un pájaro.

PERMITE QUE EL DOLOR SE EXPRESE.
No lo reprimas ni lo verbalices. Todo eso lo perpetuará.
No cuestiono el hecho de que exista dolor o no.
Por supuesto que existe, lo que cuestiono es que ese dolor tendrá un efecto y un impacto TOTALMENTE DIFERENTE según sea el enfoque de la mente.

¿Hay alegría?
No la reprimas ni la verbalices. Eso hará que quieras volver a sentirla.
Eres esclavo de tus propias sensaciones y los pensamientos son los eslabones de las cadenas.

Esos eslabones crecen en número a medida que añades pensamientos, y ofrecen una sensación de falsa libertad.
Sigues encadenado, pero la cadena es más larga y te permite moverte.
Siempre limitado, eso sí.

Las sensaciones (tacto, vista, oído, olfato y gusto) y las emociones (alegría, tristeza, frustración, malestar), están sobrevaloradas.
Rigen la vida, y eso no debería de ser así.

Es mentira, estás mirando con los ojos, no con el corazón.
Estás tocando con las manos, no con el alma.
Mirar con el corazón es permitir que la vida se exprese.

Tocar con el alma es sentir que no eres el centro.
Tú no eres la prioridad.
¿Eres capaz de meter tus manos bajo el agua fría y que tu mente no diga “FRÍA”.?
¿Eres capaz de no etiquetar absolutamente todo lo que pasa?
¿Puedes simplemente constatar aquello que ocurre sin tomar partido, sin intervenir ni de acción ni de pensamiento?
¿Puedes entender que solo tienes este instante para obtener algo y lo estás perdiendo por pensar que puedes obtener algo en ese momento?

¿Se entiende esto?

¿Puedes darte cuenta que este instante ES común y único para todo ser viviente y que inmediatamente después ya no ES?
Es EXACTAMENTE EL MISMO INSTANTE PARA TODO SER. (Es abrumador si uno lo percibe).

Crees que puedes cambiarlo, crees que puedes cambiar las cosas.
Pero si tu pisas es flor, lo que habrá cambiado es el Todo, tu no has cambiado nada.
¿Se entiende esto?

Si luego te culpas por haberla pisado lo que cambia es lo que tú crees que eres.
(Eres una mala persona porque vas por ahí pisando flores).
Has verbalizado una experiencia !!!! y has vuelto a equivocarte.

Calla la mente y experimenta el Silencio.
Permite que la Vida se exprese a tu alrededor y luego podrás dejar que la Vida se exprese mediante ti.