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Virtuos@s ó Mama, yo de mayor quiero ser buena persona.

Publicado: 25 diciembre 2020 en Sin categoría
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Tras un día observando solo un poquito más de lo habitual, uno se da cuenta de la completa farsa en la que vive.

Solo hace falta un mínimo de atención.
Uno mismo es una farsa andante.

Veamos…..

Cada mirada hostil que hoy se ha percibido.
Cada acción hecha con un propósito.
Cada palabra escupida con un objetivo.
Cada gesto realizado con una intención.

Malditos mentirosos.
No hay limpieza en ese comportamiento.

¿Cómo puede uno soportar tanta farsa constantemente?
La mentira y la hipocresía están tan asentadas que las hemos disfrazado de caracter y justificaciones.

El concepto de una buena persona puede resultar abrumador y a veces confuso incluso para aquellos que se creen (y presumen) de ser buenas personas.
Ya solo el hecho de presumir es incompatible con ser buena persona, es una cuestión de humildad, de íntima honestidad, al único que no puedes engañar es a ti mismo.
Hay ahí intenciones veladas, muchas veces relacionadas con el ego.

Conozco muy pocas buenas personas, y por supuesto quien esto escribe NO es una de ellas.
Casi todas fallan (fallamos) en el mismo punto.
Luego lo alcanzaremos y será más evidente, solo hay que poner un poco de atención.
Hay personas que intentan ayudar a otros.
Es una labor encomiable.
Muchos de los momentos más importantes en la vida de “buenas personas” han sido ayudando a otros.

Alguien que de forma totalmente voluntaria, sin coacciones ni contrapartidas, cura llagas, venda heridas, limpia sangre y defecaciones de desconocidos, alguien que consuela a personas que sufren, alguien que ofrece su hombro para que llore el desesperado, alguien que presta su propia cama para que descanse el que está agotado, alguien que da dinero a aquellos que lo necesitan, alguien que deja temporalmente a su propia familia para ayudar a otros, alguien que aplica morfina a un moribundo desconocido para él, le sujeta la mano y le acompaña hasta el último instante de su vida…..

Alguien así, podría ser una buena persona, tal vez durante esos momentos.
O tal vez no.
Porque lo importante no es lo que haces, sino lo que eres.
Lo que te hace ser buena persona no son tus actos, sino tu esencia.

¿Eres bueno esencialmente?
Ese mismo, luego pierde los estribos y justifica su furia por el cansancio.
Ese mismo, se olvida de tratarse a si mismo como trata a los demas (un fallo muy común).
Ese mismo, causa daño por acciones que lleva a cabo o por acciones que omite.
Ese mismo, a veces ofende de palabra y de pensamiento.
Ese mismo, llora en silencio reconociendo su propia mediocridad (de nuevo, a ti mismo es al único al que no puedes engañar).
Ese mismo, presume de honestidad pero si encuentra la ocasión engaña en su propio beneficio.
Ese mismo, cree que es paciente y tiene temple, pero luego se incomoda si tiene que esperar 10 minutos para hacer una gestión.
Ese mismo, que se cree mejor que otros por la labor que lleva a cabo (esto es un tiro en el pecho a uno mismo, la peor de las razones de ayudar a otros es ayudarse a si mismo, no existe egoísmo mayor) Cierto que puede ser una consecuencia, pero JAMAS puede ser la razón raiz de prestar ayuda.
Ese mismo, que se piensa virtuoso y luego resulta soberbio y orgulloso.
Ese mismo, que es consciente de que está sonriendo a propósito.
Ese mismo, que ha causado daño, pero lo justifica.
Ese mismo, que se comporta de determinada manera porque sabe que le están observando.
Ese mismo, que se victimiza para lograr sus objetivos y los disfraza de sufrimiento genuino.

Ese mismo….

Si algún día quieres ser una buena persona, empieza por ser humilde y reconocer tus propios defectos.

La meditación y la introspección íntima ayudan mucho a “limpiar la casa”.
Esfuérzate por reconocer tus errores y trabaja incansablemente por corregirlos.
No causes daño a nadie, ni por acción ni por omisión. Ni de acción, ni de palabra.

Esfuérzate sinceramente, de forma íntegra, verás que es extraordinariamente difícil ser honesto en todo.

Ese día, si llega alguna vez…..
Cuando vuelvas a curar una llaga,
Cuando vuelvas a vendar una herida,
Cuando vuelvas a limpiar sangre y defecaciones a desconocidos,
Cuando vuelvas a consolar a personas que sufran, 
Cuando vuelvas a ofrecer tu hombro para que llore el desesperado, 
Cuando vuelvas a acompañar a un moribundo, le tomes la mano, le escuches con un AMOR que jamás pensante posible, le acaricies con el mismo AMOR que si fuera tu propio hijo, le hagas reír y escuches sin prejuicio alguno todo lo que tenga que decir y le acompañes hasta ese punto del que él no va a volver…

Ese día te sentirás DIOS.

Ese día tal vez seas una buena persona, y sientas el AMOR más profundo y más intenso que se puede sentir, una Amor jamás imaginado, de una pureza sobrecogedora.

Si ocurre, no lo olvidarás jamás.
Es una experiencia transformadora y no querrás ser de otra manera nunca más.

Lo buscarás desesperadamente, pero la misma búsqueda es una trampa en si misma.
Lamentablemente la mayoría de los seres humanos somos muy mediocres y tenemos mala memoria.

Pero alguno hay que recuerda y con constancia lo consigue y alcanza una experiencia tan reveladora que le cambia para siempre (no a mejor, porque en este nivel no hay  mejor ni peor, se ha trascendido ese punto y ya uno simplemente lleva a cabo acciones de forma directa simplemente SIENDO.

Tal vez te encuentres con alguien así, les podrás identificar porque caminan tranquil@s, sonrientes, sin tensión, felices y plen@s.
No perciben las amenazas y si les sostienes la mirada, en sus ojos hay misericordia (que no pena) y su mirada siempre sonríe.
La mirada les sonríe constantemente porque ya no tienen miedo, porque han trascendido su propia mediocridad y han entendido que no deben servir a nadie (a yo) y evitando servir es precisamente cuando más y mejor sirves.
Alguien lo podría llamar epifanía. En realidad no es otra cosa que la revelación de algo transcendental.

Y luego aquel sigue siendo el/la mism@ (solo por fuera), aunque en realidad sea otr@ (por dentro).

Ha tirado todo lo que sobra y todo lo que daña, se ha dado cuenta de que para ser buena persona, al primero que tiene que cuidar es a un@ mism@, y todo aquello que surge, aparece u ocurre en el plano fenoménico, es vivido de forma plena, no necesita ser aceptado, simplemente forma parte de la vida ahora, y es ahí cuando el/la virtuos@ se encuentra.

Prisionero.

Publicado: 28 noviembre 2020 en Reflexionando.....
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Uno ha estado en el bosque.
El bosque propicia pensamientos y emociones.
Estados de ánimo, deseos, esperanzas…..
Igual que cualquier otro lugar.

Uno piensa si puede ser otra cosa que el momento y se da cuenta de que ya se ha perdido.
La propia pregunta es un error.

Igual que el segundo observador, la pregunta es mentira, el segundo observador también (incluso el tercer observador también es falso).
Vuelve uno a respirar.

Anda uno buscando y aquello que es buscado no puede ser encontrado jamás.
La búsqueda es absurda como objetivo.
¿Se ve esto?

¿Quién busca?
¿Quién es aquel que busca?
¿Qué es aquello que uno busca?
¿Qué es aquello que es uno?
¿Qué sabe uno de aquello que es buscado?
¿Aquello que es buscado que sabe de uno?

Uno (cree que) conoce el mundo, ¿pero acaso el mundo conoce a uno?
“¿Quién busca?” Es una pregunta perfecta para pasar la vida.
Para pasar la vida sufriendo.

Es una frustración perfecta.
Como intentar tocar la luna con la mano.

Un anhelo imposible, provocado por la confusión.
¿Cual es el origen de la confusión?
La vida tal como es vivida (ir tras algo).

¿Cual es el origen del sufrimiento?
Otra pregunta genial para pasar la vida.
¿Cómo puede uno buscar algo que no esté ahora?

Y aunque estés sufriendo, el origen del sufrimiento YA FUE!.
De manera que no puede ser encontrado.

El instante es vital.
El instante es lo único que puede SER. ¿Se ve esto?

¿Cómo puede haber algo que no sea en este instante?
No hay nada.

Recuerdos (imaginación), el recuerdo no es nada.
Esperanzas, deseos (anticipación, proyección).
NO es real.
Es la imaginación.

No hay nada.
Y esa nada es todo.
El resto es una búsqueda disfrazada de objetivo y avance (una farsa, una excusa).

Uno ha estado conversando con una piedra.
Puede sonar raro, pero no es nada especial.

Hay piedras con una conversación mucho mejor que la de algunas personas.

Y durante la conversación, la piedra es uno y uno es la piedra y ese momento ha sido Sagrado.
(La palabra “Sagrado” no tiene ninguna connotación religiosa aquí).

No ha sido bello, no ha sido poético, simplemente ha sido.

ESA ES LA CUALIDAD DEL HABER SIDO.

Cualquier cosa que se le quite o se le añada lo rompe, lo mancha, lo desvirtúa, lo deforma.

Pero la piedra se queda en el bosque y luego uno se marcha.
Pero ese que se marcha no es quien ha sido uno con la piedra.

La piedra “le ha contado” a uno que toda búsqueda es estéril.

Toda idea es estéril.
Nada hay alcanzable.

¿Dónde hay que ir?
¿Quién debe ir?
¿Cuándo debe ir para ser alcanzado por aquello que es lo inmanifestado?

¿Me iluminaré en Benarés?
Con su silencio la piedra dijo que no.

¿Cómo es el hijo no nacido?
¿Quién es aquel que aún no se ha manifestado?
¿Cómo puede ser percibido?
Solo hay el momento.

Ocurrió rodeado de una calma sagrada, el silencio roto por el cimbreo de las ramas desnudas que quieren arañar el cielo.

¿Qué silencio roto? ¿Qué ramas? ¿Qué árbol?
¿Pero que sarta de chorradas es esta?

No hay tales ramas que quieran arañar el cielo.
Solo es la mente pensando, imaginando, buscando.

Como un burro con una zanahoria delante, va a por ella sin alcanzarla jamás, pero como la ve la persigue.
(Cree verla o al menos cree que está ahí incluso sin verla).
Increíble lo burro que es uno (hablo de mí, naturalmente).

Años y años sentado buscando, esperando que se encienda la llama, que despierte la Kundalini, alcanzar Kenso, ser llamado, ser tocado por la luz.

Tantos nombres para algo tan simple.
A veces genial, a veces terrorífico, siempre indescriptible.

Y “cuando la piedra te habla” te ríes como un loco, quizá hay algo de locura en todo esto cuando la belleza es percibida en cada cosa.

No hay nada agradable o desagradable en ese momento, porque no hay nadie que pueda sentir aquello que es agradable. Y después, uno llora, pero llora sin emoción, ese llanto es algo totalmente natural.

Y quien vuelve de una experiencia como esa piensa que lo extraño es vivir de otro modo.

En la caída de un pétalo se concentra toda la belleza del mundo.
(Esto es otra chorrada, pero queda bien).

En realidad es la Vida transcurriendo.
Si te detienes a verlo percibes una sensación de belleza constante y hay quien se queda ahí pasmado, pensando que ya ha alcanzado algo especial (y por tanto él, o ella, son especiales, son mejores, lo han conseguido… etc, etc, etc…..)

PAMPLINAS!!!!

Ese disfraz que cada mañana nos ponemos para ir a trabajar, para poder pasar la vida.

Trabajo, coche, casa, pareja, viajes, hijos, nietos, muerte.

¿En serio?
Es de risa. ¿Se ve esto?.
¿Hay algo auténtico ahí?

Puede haber quién lo rebata, pero la realidad es que no, no hay nada auténtico.
Entendiendo por auténtico lo que ES.

Todo es una gran trampa, una enorme distracción, una gigantesca justificación.

Aparece, cree que tiene entidad propia y luego desaparece.

¿Dónde está la perpetuidad?
Si algo ES no puede dejar de serlo.
Aquel que desaparece no lo puede percibir.

Ese que busca no es el adecuado para encontrar nada, ese suele ser el primer problema.

Fuera el disfraz de buscador. A la basura.

Sentado en el bosque, rodeado de todo, el resto se detiene y entonces surge, y uno desaparece y forma parte de ese todo (que en realidad es una nada) en la que algo se ha detenido y surge el resto.

No hay ninguna palabra que lo describa, sería estúpido intentarlo siquiera. (La palabra no es la cosa).

Tras ESO, queda un poso de agradecimiento o de miedo o de paz (que ya es falso, esto es un pensamiento que genera una emoción deformada por la opinión, la intención y el deseo de que aquello signifique algo para mi “este” actual, un deseo alocado de que se repita).

No puede repetirse.
Todo desperdicio.
¿Se ve esto?

Y ese instante lo único que ofrece, pero que es fundamental, es la certeza de que EL RESTO, TODO LO QUE NO SEA ESO, es artificial.

Y eso colisiona de forma frontal con absolutamente todo.
Porque TODO lo que no es eso, es mentira.
Cuando uno se sienta consigo mismo y ambos desaparecen.

Tiene muchos nombres, aunque da igual cuales tenga en realidad.
Ese momento no puede ser nombrado.

Cualquier atisbo de recuerdo de lo que fue no es más que un fantasma, un invento, un pegamento que crea apego y alimenta el ego que es ese que cree buscar.

Cesar la búsqueda igual es una buena idea.

Tras ESO, las preguntas, ¿quizá fue el frío?.
¿Quizá el agotamiento?, ¿quizá el miedo?, ¿quizá el deseo?, ¿quizá el anhelo?, ¿quizá el sufrimiento?. Quizá, quizá, quizá……

Y ya la hemos vuelto a fastidiar.
Ese es el embrión del enredo, buscar sentido.
Buscar sentido es una trampa demoledora.

Olvidarlo, no es por ahí ni es entonces.
Es aquí y es ahora.

Piedra soy.

Nada sigue, pero todo está.

Publicado: 11 marzo 2015 en Reflexionando.....
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Estoy muy solo aquí.
Las ramas de los árboles siguen moviéndose, alocadas, nerviosas desde hace bastante rato.
Sus hojas marrones me saludan o se burlan de mi, no estoy seguro.
Oigo agua, un pequeño caudal, sereno y calmo.
Puedo escuchar algún trino.

El agua es transparente y está limpia, alargo la mano y con la punta de los dedos compruebo que está helada.
Siento un estremecimiento peculiar, distinto a otros.

No es frío, es miedo.
Lo reconozco enseguida.
El miedo está muy presente, es fácil reconocerlo, porque el miedo impide la acción y enerva el pensar, lo altera.
Cuando uno siente miedo no puede actuar, casi no puede hacer nada, y desde luego no piensa con normalidad.
El diálogo interior aumenta frenético mientras todo lo que hay fuera (el resto), sigue su curso inafectado, sin conocimiento de ese miedo que tan solo siento yo.

¿De qué sirve pues mi miedo?
¿Me he apropiado yo de él o él de mi?
¿Qué busco a través del miedo?
¿Es posible utilizar el propio miedo como herramienta para erradicarlo?

Es un error. Eso pienso en este instante. Más tarde ¿quién sabe?.
Comprendo la utilidad del miedo, pero el exceso de miedo o la mala interpretación del mismo con pensamientos irracionales suponen un abismo permanente.

Me preocupa crear rivales con la palabra.
Los rivales del pensamiento son intimos, privados, desconocidos para el resto, pero los rivales creados por la palabra o por la acción no lo son.
Lo observo mientras camino.

Me gustaría obtener la certeza de que se puede educar con valores, sin hacer carreras, sin competir, sin conseguir diplomas, sin distinguir a alguien que brille por medio de muchos que fracasan.
¿Puede ser esto posible?

El valor tiene la virtud de ser igual de útil para todos los que lo perciben, pero tiene también la particularidad de que cada uno lo canaliza o lo acondiciona según su pensar, lo acepta o lo rechaza según su sentir.

El valor se moldea, se adapta a las intenciones, incluso a la personalidad de cada uno.
No es un mérito académico. Eso sirve de poco en la vida emocional, en la vida interna, en la vida espiritual.
Hacer integrales está bien (para quien necesite resolver integrales).
Pero es una vía muerta, finalizada, sin esperanza, sin futuro, inútil.

No soy un loco, comprendo, valoro y reconozco el conocimiento y la utilidad de acumularlo mediante repetición….

Pero en cambio un valor, es una semilla, es imprevisible lo que puede resultar de cultivar un valor.
Un valor puede cambiar el mundo.
Un valor es algo vivo, que cambia, es una oportunidad.
Nunca hay que acabar con la oportunidad.
Luego sumar está bien también, claro.
Es útil en la vida diaria, necesario muchas veces.

Es una destreza que sirve para compararse, para reflejarse, para diferenciarse.
Sumar mejor, sumar más rápido, sumar de memoria….

Pero…. ¿y la compasión?; ¿y la calma?; ¿y la resiliencia?; ¿y la empatía?; ¿y el cariño?; ¿y el arrojo?; ¿y la valentía?; ¿y la constancia?; ¿y la sinceridad?; ¿y el mérito?; ¿y la humildad?…

En determinado momento, o se tiene o no, pero no se tiene más o menos (en mi opinión).
Afilar o perfeccionar una virtud puede hacer parecer que se tiene en mayor medida.

Pero la virtud, el valor, no es cuantificable, no es medible desde donde uno mira.
No es el enfoque de este pensamiento.
Simplemente forma parte de la vida, pero con la inmensa grandeza de que puede adquirirse y abandonarse.

Estas observaciones dan lugar a pensamientos, y al darme cuenta de la presencia de ese pensar, me doy cuenta de que he perdido todo lo que ES a mi alrededor en ese instante.
Y pienso que uno también es parte de ese ES.
Pero el pensamiento es una idea, una metáfora, un dibujo, es imaginación.
No puede ser de otro modo.

¿Cómo podría ser de otra manera?
¿Ha sido útil todo lo que ha sido pensado?
¿Quién sabe?

Esto no es una epifanía, no es un milagro, no es liturgia, no tiene nada de místico o religioso.

Es solo un paseo caminando despacio, permitiendo que lo que ES sea, que aquello se exprese tal como ES.
Intentando no interrumpir o impedir los pensamientos, sin crear barreras ni resistencias.

El ruido no molesta y el silencio no tranquiliza, simplemente son consecuencias distintas, antagónicas de un mismo origen.
Son un juicio.
Son el otro extremo de una acción, son consecuencias.

Tomando sopa de miso, observando las volutas de humo elevándose por el aire que todo lo inunda, mirando el baile del tofu, las algas y el caldo, me viene a la memoria aquella alegoría en la que una sola llama de una vela es capaz de terminar con todas las oscuridades del universo.
Es una bella parábola.

Pero nadie parece darse cuenta de que la vela debe estar.
Hay que sostenerla.
Debe ir con uno.

A su paso la oscuridad desaparece.
No sabe uno si la oscuridad desaparece o aparece la luz.
Puede no ser lo mismo.
¿La oscuridad se retira o la luz avanza?
Tal vez ambos.
Esta es la naturaleza del pensamiento analítico.
Absurda muchas veces, inútil casi siempre.
Pero la cualidad de la percepción hace necesaria una observación intensa y sutil a la vez.
Intensa por lo enfocada, sutil para que no cree resistencias, para que no cree pensamientos ni movimientos mentales.

¿Mañana estarán aquí estas piedras?
Son de un bello color.
Al coger una entre mis manos noto la aspereza de su solidez.
Y me doy cuenta de que se ha perdido el instante.
De que lo he perdido yo.

Esos pájaros a lo lejos han levantado el vuelo y no ha sido visto.
La mente estaba ocupada.
Como tantas veces.
Como siempre.
Demasiado ocupada en darle a la manivela de la inutilidad, del pensar hasta la extenuación.
De anticipar y recordar.
Una vez más.

Nada sigue, pero todo está.
Lamento no verlo siempre, lamento olvidarlo.
No hay culpa, no hay arrepentimiento.
Solo hay miedo, cansancio y angustia.
Y una vez más son percibidos.