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Tú me conoces, saltémonos las presentaciones, que no vienen a cuento.
Has respetado mi espacio y te lo agradezco, creo que es malo hablar solo para rellenar huecos.
Los huecos hacen falta. Son espacio.
A nosotros no nos hace falta aparentar interés, esa fase ya la pasamos.
Siempre es de agradecer, pero ahora he necesitado calma y desde ahora voy a necesitar rodearme de ciertas personas y evitar otras.
Puede que suene injusto, tal vez lo sea, en todo caso importa poco.
Debo evitarte a ti (a yo), porque tu me dañas.

Un hombre con un objetivo es invencible.
No hay problema insalvable, hay enfoque malo.

Recibir los latigazos con una sonrisa en la cara, pero no de desprecio o desdén, sino de calma y serenidad.

La sonrisa del que sabe que ya no le pueden dañar más.
Porque ha aprendido a manejar el daño.
No es que no lo sienta, es que lo comprende y lo acuna, lo observa y lo tolera.
No en presencia de indiferencia, sino en ausencia de implicación, que es totalmente diferente.

Ese es un objetivo.
La ausencia de implicación es un objetivo muy importante.

Para que nazca una flor de loto debe haber barro.
Es una estupidez, pero es una estupidez evocadora. Incluso inspiradora.
Hay que mancharse, mancharse con el barro.
Cuando encuentras la mayor de las felicidades en una música o la risa de otra persona…
Uno puede observar que siempre ha estado ahí, pero que ahora es percibida. Percibida de otra manera.
¿Que ha cambiado?
¿Quién ha cambiado?
¿Por qué?
¿Cómo?
Y ahí ya nos hemos perdido.

Te puede hacer feliz mirar una piedra sobre el agua.
Es la misma piedra de siempre, es el mismo agua de siempre, es el mismo estanque de siempre.
¿Que ha cambiado entonces?

La cualidad del observador.
La cualidad de quién mira.
Ha cambiado quién mira.
En realidad es lo único que puede cambiar, ¿no ves esto?
Siempre cambia aquel que observa, lo observado no cambia nunca.

De hecho lo que cambia es la interpretación de lo observado (En aquello que es observado, incluyo a uno mismo, claro).

El abandono, el desprecio, es amargo, es duro, intransigente, demoledor.
¿Donde están la dulzura y la calma?
¿Acaso no son todo emociones?
¿Acaso no son todo reacciones ante emociones?
¿Acaso no todo es una absurda carrera interminable para sentir algo y no sentir otras cosas?

Si la mente percibe eso (o reacciona así ante eso).
¿No podría reaccionar con Amor y Calma ante otras cosas?
¿No podría reaccionar con Amor y Calma ante todas las cosas?
Y lo más importante. ¿Que hay ANTES de reaccionar?
¿No podría NO reaccionar?

Uno no se da cuenta, pero cuando siente ira, la siente uno mismo, no el resto, ni siquiera aquello hacia lo que se dirige la ira.
Cuando se odia, es uno mismo el que siente, padece y sufre su propio odio. No es nadie más.
Cuando se desprecia, no es el despreciable el que sufre, sino aquel que inicia el desprecio.

¿Y quién lo siente?
Da igual hacia qué o hacia quién vaya dirigido.
Da igual incluso el motivo que ha iniciado ese odio.
El odio daña a uno mismo, te daña a ti.
Tu odio te daña a ti.
¿Otra vez?
Tu odio te daña a ti, tu pena te daña a ti, tu desesperación te daña a ti, tu tristeza te daña a ti.
Hay que ver esto.
Identificarlo puede cambiar las cosas.
Puede cambiar la vida.
Puede cambiarlo TODO.
Solo con creencias.
Y TU no eres tus creencias.
He perdido mucho, quizá lo he perdido todo.
Pero ahora vivo con tres guijarros.
Y los cuento constantemente.
En ciertos momentos es todo lo que hay en el universo y nada más me importa.
Son todo lo que tengo.
Cuando dejo de contarlos, vuelve el mundo.
Esos guijarros estaban aquí antes que yo, y probablemente permanezcan cuando yo no esté.
Y me pregunto…. ¿qué es real, el mundo o los guijarros?.
Tal vez ni lo uno ni lo otro.

        Mil Gracias a Alexandra Koch por esta fotografía.

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Uno debe reflexionar profundamente, y si lo hace podrá comprobar que existe un ciclo que se repite una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, sin final…

El nombre no importa, le podemos dar muchos nombres.
Importa el ciclo, el orden, la secuencia y el desenlace (si lo hay, pues en un ciclo no hay desenlace).

Con el nacimiento surge el “yo”.
Con el “yo” surge el “mío”.
Con el “mío” surge la ignorancia.
Con la ignorancia surgen las reacciones mentales.
Con las reacciones mentales surge la conscienca.
Con la consciencia surge el fenómeno “mente-materia”.
Y con el fenómeno “mente-materia” surge el “yo”.

Primero hay que encontrar si esto es percibido, si esto es realmente sentido así, como verdad.

Más tarde hay que encontrar donde se puede romper esta cadena.
y finalmente, si ha sido rota, aparecerá el dilema de quién la rompe.

¿Se puede detener este ciclo?

Conversaciones_15

Publicado: 17 abril 2013 en Conversaciones
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Pregunta:

Llevo años practicando y no avanzo, no alcanzo ningún estado distinto ni me siento mejor.
¿Qué puedo hacer? ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué hago mal?

Respuesta:

En ese caso le pasa igual que a mí, igual que a muchos, igual que a casi todos.

La meditación, el Zazen, el Pranayama, la concentración, o lo que sea que usted llame Práctica, no puede convertirse en un obstáculo, en ese caso hay que dejarlo, sin más.

No dice uno que al primer contratiempo se abandone la Práctica, ni mucho menos, pero si con el paso de los años, el Refugio no es tal cosa, la calma no se vislumbra, y todo lo que hay es agitación y problemas, es mejor detenerse a ver que estamos haciendo mal.

La Práctica funciona, eso es un hecho, por tanto, lo que puede estar pasando es que la Práctica se lleve a cabo de una forma incorrecta, o que no se entienda.

El problema es que la propia Práctica se convierte en un hábito mental.
Es solo eso, pero es extraordinariamente difícil de observar y mucho más difícil aún de resolver.

Pero puede hacerse.

En primer lugar hay que entender que se está haciendo.
Cuando al principio a uno le dicen que se concentre en su respiración y cuente las inhalaciones y las exhalaciones, lo que se busca es una distracción nueva para cambiar las distracciones habituales y a partir de ese cambio, dar el siguiente paso.
Pero en esa fase no es más que otra distracción.

La mente piensa en patrones establecidos que están muy arraigados, por eso cada mañana en cuanto uno despierta, si uno observa, si uno escucha, verá que la mente le pone “delante” del pensamiento los problemas que más nos acucian, los asuntos que más nos inquietan, las cuestiones que más nos preocupan, una y otra vez, una y otra vez.

Generalmente uno empieza a practicar porque sufre.
En muchos casos, el sufrimiento es el motivo por el que las personas buscan soluciones y por ello practican, de este modo, la Práctica es una “solución” a un problema, pretende ser una huida de una realidad percibida (el sufrimiento) y por tanto, se esperan resultados de ella, una evolución, se empieza a pensar que con la Práctica se puede erradicar el sufrimiento, y aunque esto sea cierto, no se puede tener este pensamiento como motivación para practicar, porque lo que ocurre es que la Práctica se convierte en una esperanza para el futuro y por tanto en un pensamiento más.

Eso la convierte en algo completamente inútil y muchas veces contraproducente.

Más tarde, al ver que uno no obtiene los resultados deseados, se culpa a la Práctica, cuando en realidad la culpa es de quien practica.
Es como si uno tiene una enfermedad y mantiene el fármaco que la cura en su mano, bien cerrada, apretado el puño con todas sus fuerzas para que nadie le arrebate la solución; pero esa solución de la que no debe apropiarse, debe ser ingerida, para que mediante los tejidos digestivos se absorba, alcance el torrente sanguíneo y haga su función.

Con la Práctica es similar, tenemos el “fármaco que cura”, pero lo usamos mal.

La Práctica debe ser nueva cada vez, diferente, debe ser percibido que cada ocasión es única.
No tenemos otra cosa.

El pasado solo sabemos que quedó atrás y ahora es un recuerdo que traemos al ahora (un pensamiento), el futuro es imaginación que también traemos al ahora (otro pensamiento), en definitiva lo único que tenemos es ahora.
No hagamos del ahora un pensamiento.

Con este planteamiento y algo de esfuerzo se puede percibir que la única posibilidad de arreglar cualquier cosa (si es que hay algo que arreglar), es ahora.

No tiene ningún sentido esperar nada de la Práctica en el futuro.
¿Se entiende esto?
¿Qué futuro?

Si no utilizamos los recuerdos y no proyectamos lo que esperamos del futuro, cada vez que uno se sienta en Zazen es una ocasión única, distinta y genuina, una posibilidad de estar consciente, tanto si meditamos como si comemos una hamburguesa con patatas, o pintamos una pared.

También es Práctica si se tiene la actitud mental adecuada.
La propia vida es Práctica si se tiene la actitud mental adecuada.

Uno se sienta en un acantilado, al amanecer, temprano, hace frío, percibe sensaciones físicas, sensoriales….
observa el horizonte y al poco tiempo va saliendo el sol, los primeros rayos despuntan ofreciendo una luz intensa pero cálida, el cielo grisáceo toma un tono rojizo y las nubes blancas se vuelven aún más blancas por el reflejo del sol asomando.
A los pocos segundos el sol muestra su forma y el cielo se convierte en un cuadro de colores rojos, azules, blancos, grises e incluso amarillos.

Uno ve, uno observa.
Uno ve el sol.
La imagen explota en la retina y permanece en la memoria, eso ya fue, pero el recuerdo permanece.
Uno no se apropia de la imagen.
Lo que queda ahora es el recuerdo, y uno se apropia del recuerdo.
Hay que soltarlo.

Nadie puede robar el recuerdo, pero nos afanamos en conservarlo y recuperarlo una y otra vez, nos empeñamos en repetirlo.
Esto requiere un desgaste y un esfuerzo innecesarios.
La próxima vez que veamos un amanecer ese recuerdo impedirá que lo veamos.
Por eso hay que abandonarlo.

Esto nos pasa con todos los pensamientos no solo con la contemplación.

Durante la Práctica, se dice que se dejen pasar los pensamientos.
¿Acaso dejar pasar los pensamientos no es una acción?
Sí que lo es, de hecho requiere un esfuerzo mental, la actitud debe estar orientada a practicar sin intención, sin finalidad y con una actitud mental totalmente inafectada.

Los primeros años se requiere esfuerzo, hay que ir a por el pensamiento y cortarlo, ver que “nos ha cogido de la mano” y nos ha llevado de paseo haciendo que perdamos “la permanencia”.
Hay que permanecer.

Es como respirar, si uno observa la respiración se da cuenta de que respira, pero si se olvida de prestarle atención, el cuerpo sigue respirando.
Con la Práctica es lo mismo, los pensamientos cotidianos, los problemas, siguen estando ahí si se les busca, si son llamados, pero no nos afectan, al menos desde luego no lo hacen de una forma tan frontal y tan hostil como antes de comenzar a practicar.

No debe uno apropiarse de nada, ni siquiera los pensamientos son de uno, esto debe percibirse y hará más fácil que uno permita que se marchen, por muy arraigados que estén.

Me pide consejo, me hace preguntas….

Yo no soy un maestro, solo observo, soy un gran ignorante.
Yo no sé nada, yo no tengo nada, nada para mí y nada para ofrecer.
Percibo un gran sufrimiento de forma continua, y ese sufrimiento, a veces propio, a veces ajeno es demoledor, agotador.

Yo solo pienso, algunas veces practico, y siempre respiro, vivo y observo, observo hasta la extenuación física y psicológica.

Y es algo que no recomiendo. No lo recomiendo en absoluto.

Sé que hay Calma porque la he percibido, pero esa Calma ES en ausencia de la imagen mental de uno mismo.
No digo que aparece, digo que ES.

Esto significa que el “yo” ahuyenta la Calma.

Todos los pensamientos que se refieran de alguna forma a la persona, a lo que piensa uno de sí mismo, a cualquier cosa que crea que le afecta o le pueda afectar como individuo separado y único ahuyentan la Paz que existe bajo todo eso.

Si se busca se pierde la actitud adecuada.
No hay que buscar.

Si se espera se pierde la actitud adecuada.
No hay que esperar.

Si se valora si la actitud es la adecuada, se pierde la actitud adecuada, pues nos hemos puesto a valorar, a juzgar, a discriminar, a seleccionar, a elegir.

La clave es detenerse sin intención, sin darse cuenta.

Si realmente la Práctica es un problema hay que parar.

En contra de lo que muchos creen, el estado natural de la mente no es el pensar.

Insisto, si la Práctica no es buena hay que parar, porque si no, la Práctica se fija como un pensamiento más, y nos impide ver dónde y cómo estamos en realidad.

En este caso, no sirven anestesias, no se trata de sufrir sin más, hay que contemplar el sufrimiento psicológico para comprender su origen, sus mecanismos, sus movimientos y así tener la opción de trascenderlo.

Como curiosidad, quien esto escribe lleva más de 2 años sin practicar por esa misma razón.
Cuando lo entienda continuaré o no.
No sé si será correcto o no.
¿Qué más da?

Uno cree que no espera nada, pero si algo espera es no dañar.

Fue Shakespeare quien escribió allá por el año 1600 en su obra Hamlet la famosa frase “Ser o no ser, es la cuestión”.
Uno, se atreve a desdecir a Shakespeare modificando su afirmación.
La cuestión no es ser o no ser, la cuestión es existir o no existir.

Hace unos meses, durante unas conversaciones, una persona se levanto de su asiento y con expresión grave dijo (y cito literalmente):
“Lo más triste de todo esto es que los que estamos aquí no existimos y no lo sabemos”.

Es una aseveración muy atrevida, sin duda, llamó la atención de muchas personas, y aunque nadie replicó, uno no puede evitar sentir que quien la pronunció no la comprende.
Tal vez la haya leído, tal vez la haya escuchado. ¿Quién sabe?.
El hecho es que decir eso sin más es tan inútil como confuso para uno mismo y para los demás.

De manera que según ese comentario no existimos.
Dificil de creer y aún más dificil de probar.

¿Acaso no está uno escribiendo estas líneas con sus dedos? ¿No demuestra eso existencia?
¿Acaso no esta usted leyendo estas líneas con sus ojos e interpretándolas con su mente? ¿No demuestra eso existencia?
¿No se levantan cada mañana?
¿No abrazan a sus hijos?
¿No sufren?
¿No padecen?
¿No disfrutan?
¿No rien?
¿No lloran?
¿No sueñan?
¿Si esto no es existencia, que es entonces?

La confusión de este hombre viene dada por la ignorancia y la falta de indagación personal.
Intentemos distinguir en primer lugar entre “ser” y “existir” (a ver si esto es posible, vamos a intentarlo).

Un árbol existe, una roca existe, un rio existe, el cielo existe, las nubes existen….. Y así podríamos seguir.
Es indiscutible que existen, al menos en cierto nivel de conciencia.

Está bien, lo que viene ahora es delicado, hay que entenderlo correctamente para poder continuar con una base sólida.
Uno no intenta convencer a nadie, ojo, uno solo habla o escribe y los demás deben llegar a su propia conclusión por si mismos, si así lo desean; si no se anda ese camino no sirve para nada creer.
Creer es irrelevante, saber es constructivo, aunque ese saber sea erróneo, si es alcanzado por uno mismo es útil porque puede ser corregido por uno mismo también.
El saber “de segunda mano” no sirve para nada ahora.

Bien, me desvío. Retomemos la conversación.
Decíamos que el existir y el ser son cosas distintas con cualidades y características diferentes.

Una mesa existe y una persona existe, pero una mesa no sabe que existe mientras que una persona si sabe que existe.
Esa es la diferencia principal entre existir y Ser.
El hecho de saber que uno existe deriva en la resolución de que uno ES.
De hecho uno puede sentir que ES.
Un objeto, a pesar de su existencia no es capaz de sentirla.
El agua no sabe que es por si misma, por tanto para tener conocimiento de si misma debe haber un observador, en este caso es un observador externo, la persona.
Es la persona quien constata que el agua existe y que el agua es.
El agua existe pero no sabe que es.
En ausencia de posibilidad de auto observación, hay existencia pero no hay presencia ni constatación de la misma, así que no puede haber conflicto.
Insisto en que esto puede resultar complicado, pero una vez percibido no puede resultar más esclarecedor.

El hecho de que la persona exista y tenga la posibilidad de percibirse a si misma no es malo de por sí.
La persona puede percibirse de diversas formas.
Uno de los orígenes principales del sufrimiento es que la persona se percibe como algo separado e independiente del resto.
Y ESE ES EL PROBLEMA.

¿Y que es el resto?
Todo lo que no es la parte física, psíquica o emocional de la persona.
Pensamos que las ideas son propiedad nuestra porque otras personas no las tienen o tienen otras diferentes.
Otros recuerdos, otros pensamientos, otras sensaciones y otros sentimientos.
Pensamos que el cuerpo es nuestro porque (permítanme) llevamos dentro de él toda la vida.

De manera que hay que trabajar con la idea de que lo que parece de uno no lo es, y con la intención de percibir que todo lo que no parece de uno si lo es.
Pero no como propiedad, sino como parte.
Es decir, uno forma parte del Todo, es una expresión del Todo.

Por tanto no puede ser propietario de nada.
¿Se entiende esto?

Ver la vida desde el cuerpo como algo único, inequívoco y separado es parcial y creará fracturas.
El sentirse separado nos hará buscar experiencias que nos hagan “olvidar” esa supuesta separación, y esto crea un hábito que deriva en sufrimiento psicológico.
Esa separación provocará una agitación que puede llegar a ser continua, es lo que uno llama “el abrazo de la angustia” (hablaremos en otro momento sobre esto), esa agitación,  proviene de la sensación de nos falta algo, de que uno no está completo y por tanto no puede estar satisfecho o conforme jamás.
Esta sensación tiende a perpetuarse si uno no comprende lo que está pasando o si uno se aferra a la propia sensación para poder superarla.
Para trascenderla hay que comprender su origen, no hay otro camino.

Una vez uno comprende la parte tiene posibilidad de percibir el todo, mientras que si solo se observa una “realidad” percibida de forma fragmentada y parcial, se vivirá en círculos, sin avanzar, sin comprender, sin crear y sin crecer.
No hay salida, porque nunca hemos entrado.
Es un lugar imaginado, así que las puertas se mueven, el ego impide encontrarlas porque las ha creado él mismo y las cambia a su antojo.

El ego no es el protagonista, ni siquiera es parte, solo es un fenómeno de una parte del todo.
Pero esto hay que percibirlo, sino no sirve de nada.

Palabras y más palabras.
Siempre palabras que intentan indicar algo…..
Siempre palabras.
Siempre.

Sobre el sufrimiento

Publicado: 2 enero 2012 en Reflexionando.....
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La causa primera del sufrimiento es nuestra propia ignorancia.
Cuando uno comprende esto, ocurre algo a nivel intelectual y algo a nivel espiritual o íntimo.
A nivel intelectual uno concluye que es la ignorancia sobre la propia causa del sufrimiento la que perpetúa su presencia como una consecuencia.
Parece lo mismo, pero no lo es.
A nivel espiritual uno concluye que no es que no haya salida por ahí, sino que ni siquiera hay camino.
Y si no hay camino tampoco hay que andarlo, no es una posibilidad.

Salir del sufrimiento utilizándolo es como taparse una herida con un cuchillo.

¿Se puede dejar de sufrir?

Publicado: 8 marzo 2011 en Reflexionando.....
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Muchas personas preguntan como pueden dejar de sufrir.
¿Cuál es la receta mágica para dejar a un lado el sufrimiento?
¿Cómo debe hacerse para no sufrir jamás?
¿Alguien que ha perdido a un ser querido, puede dejar de sufrir?
¿Alguien que ha perdido a un hijo, puede apartar ese sufrimiento insoportable?

Hay mucho sufrimiento, esto es un hecho indiscutible.
Recetas mágicas no hay, es una mala noticia, pero no las hay.
El sufrimiento forma parte de la vida, no podemos excluirlo sin más o ignorarlo, eso no funciona, pero hay alternativas.

En primer lugar, y a fin de aclarar términos, habría que definir que es el sufrimiento.

Puede haber dos clases principales de sufrimiento.
El sufrimiento físico y el sufrimiento mental o psíquico.
Generalmente el sufrimiento físico es dolor y no es posible evitarlo de forma voluntaria, en cambio, se puede tratar con fármacos y técnicas médicas.

El sufrimiento mental es diferente, puede llegar a causar dolor físico que en muchos casos aparece como un cuadro asociado al problema principal, que tiene su origen en la mente.
Al tratar la dolencia física que es en realidad el EFECTO QUE CAUSA el problema mental, lo que se hace es olvidar el problema principal y tratar el secundario, esto evidentemente es un error que puede perpetuar el sufrimiento mental.

Nos centraremos en el sufrimiento mental.
Una vez establecido en la mente, el sufrimiento toma distintas formas muy cambiantes de una naturaleza impredecible.

El sufrimiento se puede presentar en forma de tensión, vacío, estrés, ansiedad, negatividad, miedo, ira, tristeza, odio, inquietud, impaciencia, intolerancia, soberbia, resentimiento, inseguridad….. etc.
Cualquier emoción, sensación o pensamiento que deja malestar e insatisfacción puede considerarse sufrimiento.

Para corregir esto, debemos ser serios y sinceros, y sobre todo, debemos tener el compromiso más absoluto con uno mismo para erradicar estos defectos del pensar que son los causantes del sufrimiento, ya que el sufrimiento es una consecuencia.

El origen del sufrimiento no está en nuestras circunstancias, sino en nuestros pensamientos, esto es, en la interpretación que hacemos de esas circunstancias.
Observar sin discriminación no causa sufrimiento, en cambio interpretar los pensamientos y convertirlos en deseos, anhelos, frustraciones…etc, si causa sufrimiento.
Esa interpretación se fija en la mente y uno actúa de forma automática.
Para parar esto, para terminar este camino sin fin, para salir de ese círculo, uno debe observar esas interpretaciones por si mismo, encontrar donde está el fallo y corregirlo con trabajo, esfuerzo y dedicación.

¿Qué ha hecho aflorar el miedo?
¿Qué ha causado la sensación de la ira?
¿Qué ha ocurrido inmediatamente antes de sentir frustración?

Generalmente son pensamientos o hechos.
Si es un pensamiento, debemos analizarlo y observarlo sin juzgar, dejarlo ir sin que nos afecte, para esto hace falta destreza, y para adquirir destreza hace falta práctica.
Si es un hecho o una acción, debemos observar que esperábamos de esa acción, ¿por qué no la aceptamos tal cual es? ¿por qué nos resistimos?. Las cosas son como ES.
Ya mencioné que la aceptación también es una forma de resistencia.
Hay que evitar la aparición de esa resistencia, comprender como funciona para que la resistencia no aparezca.
Los hechos son y se terminan si no los perpetuamos en nuestra mente.
No digo que no tengan consecuencias, indico que el hecho en si mismo ha terminado.
Podemos aclarar esto si es necesario.

No indico que sea fácil, indico que ese es el camino.

Por cuestiones personales, realmente uno conoce lo demoledora que puede ser una enfermedad mental o el sufrimiento mental, que es lo mismo, aunque las palabras condicionen tanto que una cosa parece mejor que la otra, aún hay muchos prejuicios sobre los problemas de la mente, y uno piensa que no existe nadie que no los tenga o los haya tenido en alguna ocasión, porque eso significaría que su mente no funciona, que nunca ha tenido dudas, que nunca ha sentido miedo y uno nunca ha visto eso en nadie.

Hay un requisito para poder llevar a cabo esa introspección que nos llevará a conocer la causa de nuestro sufrimiento y tener así la posibilidad de erradicarlo.
El requisito es que la persona se encuentre dentro de unos márgenes mínimos de facultades físicas y mentales.

Las personas autistas o con parálisis cerebral de cualquier clase, o una persona sordo-ciega (por poner tres ejemplos), no pueden llevar a cabo una introspección del mismo modo que una persona que no padece esos problemas.
Por ejemplo, las personas que padecen TEA (trastorno del espectro autista), suelen pensar en imágenes. Sobre todo los niños.
Tienen un sistema de asociación de imágenes mucho más eficaz que el de una persona sin TEA, pero otras funciones cerebrales se pueden encontrar mermadas y/o funcionar de un modo distinto.
En ese caso, desconozco como puede ser una indagación interior o si es posible una discriminación posterior para poder encontrar una solución al sufrimiento mental.

En el caso de personas ciegas (ceguera total, no parcial), por ejemplo, su sistema de percepción es totalmente distinto al de una persona que no padezca ese problema, tienen a su disposición los otros cuatro sentidos (olfato, tacto, oído y gusto), pero no disponen de la vista, de modo que se adaptan a sus recursos disponibles (no les queda más remedio).
Pero no solo se adaptan, sino que exprimen sus cuatro sentidos disponibles que se convierten en herramientas extremadamente eficaces.
Un invidente de nacimiento suele tener un sentido del tacto asombroso.

Trabajé hace unos años en un proyecto que pretendía hacer llegar de forma gratuita documentación budista (sutras, sastras, meditaciones….etc) a personas invidentes interesadas en el tema, en forma de archivos de audio que escribía y posteriormente procesaba con un sintetizador de voz.
Se transcribían los textos palabra a palabra y luego se procesaban para encontrar la entonación adecuada, el ritmo de dicción…etc.
Aprendí mucho de aquel trabajo que sigue abierto y disponible gratuitamente aún hoy.
Observé que generalmente los invidentes tienen una capacidad de concentración mucho mayor pues la vista no les distrae y ese es uno de los principales focos de distracción.
Como indicaba antes, el resto de sus sentidos son mucho más sensibles que en personas que ven normalmente y me consta que son capaces de realizar una introspección profunda y genuina.

En cambio las personas con sordo-ceguera, tienen su campo de interacción muy mermado, muy limitado. Desconozco si son capaces de realizar una introspección personal, dado que la comunicación con ellos es muy complicada, es posible, pero esta se lleva a cabo en términos simples, por lo que resulta extremadamente difícil intentar explicar términos complejos a una persona sordo-ciega. Al carecer de los sentidos principales por los que adquiere información (vista y oído), su imaginación y patrones de pensamiento deben obligatoriamente ser muy distintos a los de una persona que no carece de esos sentidos. No he tenido ocasión de tratar con personas en estas circunstancias por lo que es una apreciación meramente subjetiva.

Me he extendido demasiado y he desviado el tema principal, pero no lo borraré, está ahí por algo, al menos, tal vez provoque una reflexión.
Ya mencione que el dolor es inevitable y el sufrimiento es evitable.
Ya tiene uno las instrucciones, solo hay que seguirlas.
Sin recetas mágicas, sino con comprensión, paciencia, trabajo y ecuanimidad.