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La armonía del pez muerto.

Publicado: 22 junio 2016 en Reflexionando.....
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Estoy sentado en una gran piedra, noto el sol en mi cabeza, está muy alto, deben ser las 12 de la mañana.
No hace aire, algunas plantas cimbrean levemente cerca de mí.
Huele a campo, a limpio, pienso que me gustaría que lloviera.
La lluvia hace que el olor cambie. Huele bien cuando llueve.

Estoy sentado con las piernas colgando sobre un abismo de muchos metros.
Abajo, un río transcurre lento, ignorante y ausente a mi presencia.
Magníficamente inafectado.

Algunos insectos de un tamaño inquietante se posan en flores cercanas.
No estoy meditando, no estoy pensando, no estoy reflexionando, simplemente intento estar ahí. Sentado, como una piedra más.
Intento formar parte de ese lugar, pero sin hacer nada por conseguirlo.
Simplemente estoy.
Pero es muy difícil, llevo la “mochila” llena de cosas que debo sacar y abandonar, como quien purga una tubería sucia.
Es una limpieza necesaria.

No siento vértigo, esto es raro, pienso en el oído interno, en la apófisis lenticular y en la complejidad que puede darse en algo tan pequeño.
Luego pienso que es mucho más pequeño un átomo y aún más pequeña una partícula subatómica, en un instante estoy pensando en el bosón. (En el de Higgs, si).
Y me cuesta mucho trabajo detener ese pensar absurdo y completamente inútil que no hace otra cosa que molestarme ahora.

Percibo la inutilidad de esta información memorizada y me siento ridículo.
Vuelvo a sentir la piedra.

Al poco rato percibo un sonido que me alerta. Puede ser un animal algo más grande que esté corriendo por ahí, un conejo o algo así.
Mi mente ya se ocupa de pensar estupideces e iniciar mi sistema de alerta como si estuviera bajo una lluvia de misiles.

Tengo que hablar seriamente con mi amígdala sobre esto. Me está dando muchos problemas esta amígdala mía.
Ya te pillaré, se dónde estás.
Ignoro este trocito de tejido neuronal del tamaño de una almendra, porque ahora estoy intentado ser naturaleza, y no puedo. Esa almendrita y sus amigos los neurotransmisores no me dejan en paz.

Me relajo un poco, algunas técnicas sirven para que esa tensión que siento en el cuello, brazos y espalda baje un poco y se relaje el cuerpo.
Lo hago precisamente tensándolo aún más y luego relajando cada grupo muscular. (Jacobson).

Es curioso, a veces hay que apretar para poder aflojar. Es una lección que tengo presente.

Retomo mi contemplación con lo que parecen ser cigüeñas surcando un cielo en ausencia de nubes. Aunque dada mi destreza y conocimientos en este campo, bien podrían ser canarios flauta muy grandes….
Me limito a “disfrutar” de la canícula y a prestar atención a nada en particular.

La atención….
Que importante es.
La atención es transformadora.
No hay arma más afilada que la atención.

Alguien atento es invencible.
Alguien atento percibe que bajo el lodo puede haber agua y eso le conduce a una espera prudente (el cultivo de la paciencia).

De la atención surgen muchos estados, muchas virtudes y sobre todo, muchas actitudes, que si no son correctas o adecuadas, pueden ser modificadas.
Como pueden ser provocadas por la atención, pueden ser buscadas, encontradas y modificadas.
La atención es una guía, es un mapa, es una brújula, es una herramienta que procura e incita.

Sin atención eres un barco a la deriva.
Cuanto más fina sea la aguja de esa brújula, más óptimas y precisas serán las indicaciones que de.
Y por supuesto, la atención se puede trabajar, se puede mejorar, se puede afinar, se puede cultivar, se puede reforzar, y luego también se puede olvidar y/o ignorar, que es lo que hacemos casi todos.

Gracias a esa atención, vuelvo a sentir la piedra sobre la que estoy sentado.
Ahora escucho el río, lejano. No lo oigo, sino que lo escucho.
Mi cerebro (gracias a la atención, la concentración y el enfoque), es capaz de filtrar sonidos y “eliminar” o “amortiguar” los que no quiero oír.
Es maravillosa esta función. Casi todo el mundo la tiene.
Me centro en el río.

El agua transcurre de derecha a izquierda.
Rápidamente me pregunto si en Australia iría al revés y yo lo vería de izquierda a derecha y si yo estaría boca abajo ahora mismo…. (otro despiste, vaya, es muy difícil concentrarse ¿verdad?).

Como no hay un Maestro Zen con un Kyosaku detrás de mi, esta vez me libro del garrotazo, pero me lo hubiera llevado seguro, por el descuido.

Quedarme en silencio conmigo mismo es una de las cosas más difíciles que creo que he hecho jamás.
La inquietud mental es un obstáculo increíblemente duro y persistente.

El aburrimiento, el sopor, el sueño, los pensamientos circulares, los pensamientos obsesivos, los temores, los problemas, las preocupaciones, los anhelos, la culpa, la pena, el deseo, la intención, el cansancio, el dolor….
TODO, absolutamente TODO está ahí.

(Por cierto, que de nombres distintos le ponemos al pensar).

Por supuesto, para barrer la casa hay que sacar la escoba, no es suficiente con desear que esté limpia, hay que trabajar.
Y entonces te puedes dar cuenta de que no puedes estar contigo mismo, de que no te soportas y sobre todo, de que no te conoces y de que no eres como quieres creer que eres ni como te muestras a los demas. No eres como la imagen que crees que transmites al exterior.
Esto es disruptivo.
Hay un antes y un después de esto.
Desmoronar creencias es un trabajo duro.

Cuando percibes que es insoportable estar en silencio contigo mismo sufres bastante, lloras a menudo y estás muy triste (o tal vez no).

Durante años alcanzar el silencio costaba (cuando se conseguía), una mezcla de esfuerzo, práctica, insistencia, serenidad, calma, ira, furia, frustración, acción, empuje, determinación….
Y aún lo requiere, pero en algún momento todo eso sirve. Pero no es una fórmula mágica, sino un darse cuenta de algo.
Es como si estuvieras rellenando el mar con un cuenta gotas y sacaras el agua del propio mar.

Lo que estás echando ya está ahí y le pertenece y es lo mismo y cuando lo ves, tiras el cuentagotas lejos y te ríes. Te ríes mucho. Aunque también lloras.

También te das cuenta de que las experiencias y la intensidad de las mismas efectivamente aportan, pero aportan problemas, ruido y distracciones, son contraproducentes para parar, para detenerse. Es más difícil darse cuenta de que no hay que sumar ni añadir.
Ese no es el camino correcto (al menos para quién esto escribe).

Cuanto más intensa sea una experiencia, más te aleja del silencio.
Es difícil entender esto.
Sabes “que” te duele, pero no sabes “por qué” te duele.
Aquí hablamos del “por qué” te duele.
Te pasas la vida lamentando que no puedes meditar bien, pero no te preguntas por qué no puedes hacerlo.

Regocijarse y permanecer en el propio dolor es una mala idea que tiende a perpetuarse, porque justifica la consecuencia sin enfrentarse a la causa.

Sentirse desgraciado y no saber por qué es lamentable, hay que hacer algo, no quedarse en el “sentirse”, sino comprender la razón subyacente. El motivo. Sentirse desgraciado o triste es una consecuencia.

Saber que no puedes detener el pensamiento no es saber por qué no puedes detener el pensamiento.
Reconocer esto requiere mucho tiempo y práctica, hay mucho de ensayo-error en esto.

Tenemos una manía horrible de observar continuamente en que somos mediocres y culparnos por ello en lugar de pensar en mejorar nuestras destrezas y engrandecer así nuestras oportunidades.
En general, creo sinceramente que somos muy injustos y muy duros con nosotros mismos.
Hay que hablar de la psicología positiva (y aplicarla un poco de vez en cuando, si no constantemente).

Nadie acude a un psicólogo porque es optimista o porque se siente feliz. Es una pena.
Porque quizá sería más fácil entender y aplicar las razones por las que alguien se siente feliz que comprender y corregir los motivos por los que alguien sufre una depresión.

Retomo mi atención sobre el agua.
Dos segundos después observo peces.
Parecen carpas, casi todas grisáceas, veo algunas iridiscencias por el sol.
Definitivamente son carpas.
Distingo razonablemente bien las carpas.
Milésimas de segundo después, mi cuerpo sigue sobre esa piedra, pero mi cabeza ha volado al jardín de Tenyru-ji, el templo principal de la escuela Rinzay en Japón, (Está en Kyoto).

Nunca he estado, pero he soñado con sus carpas koi cientos de veces.
Es fantástico estar en Kyoto y llegar tan rápido, pero debo volver y así lo hago.
Vuelvo a mi piedra.

Las carpas se desplazan de una forma un poco caótica, conforman un grupo, pero no es compacto, hay muchas de ellas que parecen inquietas, sobre todo las que están en la parte exterior del grupo. Las carpas sacan la cabeza del agua, son como dragones, en la cultura japonesa es un animal muy admirado e importante.
Son valientes, resistentes y respetables.
El grupo es hermoso y hay mucha armonía en esos movimientos fugaces, en esos giros rápidos, contundentes, rotundos y seguros.

Presto atención y percibo que una de ellas no se desplaza por sí misma, sino que simplemente lo hace por el movimiento que genera el resto del grupo.
Pronto queda atrás, y tras un par de giros en el agua percibo que está muerta.
Esa carpa no tiene vida.
Ha dejado el grupo.
¿Dónde está? uno no sabe.

Pero esa carpa me ha dado una lección.

¿Acaso yo estaré muerto y me lleva la inercia del resto?
¿Me lleva la velocidad de la vida y me estoy perdiendo LA VIDA?
Desde lejos parecía viva, era indistinguible, la corriente y las circunstancias dirigían a esa carpa, la movían, la transportaban, parecía igual de viva que el resto….
Pero la atención ha hecho que uno se de cuenta. (Otra vez la atención).

Si te dejas llevar por las circunstancias eres un pez muerto!
Pienso que la mayoría muere sin que nadie se de cuenta, ni tan siquiera ellos mismos.
Y no puedo evitar preguntarme si soy un pez vivo en el río de esta vida.
¿Y tu?

 

Para Nobuyuki Tsujii, que nunca podrá leera esto ni ver la carpas que yo veo.
Gracias por hacerme sentir tanto.

J.

La Vida es el tiempo que tardas en darte cuenta de que esa Vida eres tú mismo.

Después, la Vida ya no es igual, no es percibida del mismo modo.
Observas que no es algo que haya que trascender, ni algo por lo que haya que transitar, ni algo por lo que haya que luchar, ni algo que haya que superar, ni es una prueba ni es una carrera.
El hecho de que no puedes evitar Ser Vida es percibido.
Tú eres Vida en estado puro.
¿Por qué la buscas fuera?
¿Si uno desaparece…?,
¿La Vida se marcha con uno o permanece?
No puedes separarlo. Todavía nadie ha podido.

Es un dilema irresoluble porque NO hay ambas cosas, pero hay muchos nombres.
No necesitas nombrar la Vida para percibir que tu eres Vida, pero necesita ser nombrada para poder valorarla, cuestionarla, determinar si estás de acuerdo con ella o no, si te satisface o no.
Necesita ser nombrada para ser vista por otros, para ser juzgada por el ego, comparada y expuesta.
Una vez nombrada, Vida se convierte en concepto y uno pierde de vista su esencia, aunque esta persiste, por supuesto, pues nada puede renunciar a su naturaleza original.
Has perdido su pista, aunque todo sigue cerca, tan cerca que eres tú mismo pero no te ves, no te percibes.
Está velada, pero sigue ahí, no puede no estar, y cuando se percibe ESO, todo cambia.

Tu formas parte de la Vida, no es la Vida la que forma parte de ti.

Por eso,
La realidad es el 50% percepción del ahora (instante) y el 50% percepción de Vida.

Diario de un ofrecimiento de méritos.

Publicado: 23 abril 2014 en Reflexionando.....
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El ofrecimiento de méritos es un gesto de compasión muy extendido entre los budistas, consiste literalmente en ofrecer la práctica a una persona determinada, aunque no hace falta ser budista para llevarla a cabo.

Es importante indicar que se ofrece la práctica en si misma, no el fruto de la práctica (si lo hubiere).
En este caso el ofrecimiento es para “L”.

De modo que este es un pequeño diario al hilo de un ofrecimiento de práctica que uno ha realizado durante 100 días consecutivos.

Este diario pertenece únicamente a los primeros 30 días.
Lo publico porque tal vez sea de utilidad para alguien y porque precisamente hoy (23/4/2014) es un día clave en la recuperación de “L”.
No pretendo nada más que rendir un mínimo homenaje a “L”, a su lucha, a su sufrimiento, a su entrega, a su fuerza, a su entereza, a toda la grandeza y virtud que tiene el esfuerzo de quien sufre.
“L” es como la parte azul del mar.
El resto no debería tener ningún interés.

Las notas se han tomado siempre en los 5 minutos posteriores a la práctica.

Día 1.
Hoy comienza.
El sentimiento principal es el miedo, siempre tan presente, el miedo es percibido como algo propio, no ajeno. Algo tan pegado que parece adherido a la misma vida. Uno siente el miedo como siente las manos, el miedo está ahí, las manos están ahí, veo el miedo, siento el miedo, veo las manos, siento las manos.
Pero hay un matiz, el miedo no pertenece al cuerpo, las manos si.

Día 2.
La Serenidad y la Calma están lejanas.
Aún no te conozco ni te he visto jamás, pero influyes en mi vida, y eso tiene que significar algo.

Pisas una piedra y cambia tu camino, tropiezas con una flor y cambia tu vida.
Siento Esperanza.

Día 3.     
Inquietud, movimiento, miedo y reiteración.
No hay calma.
Estoy incómodo y muy distraído, se que ha empezado, en una semana aparecerán síntomas duros.
Siento un gran desasosiego y mucha compasión.
No siento pena, bien se diferenciarlo, bien se.

Día 4.
Algo de calma, recuerdos, efectos en la visión por tratak sostenido.
¿Dónde está la esperanza del inicio?.
Tan solo 4 días y ha desaparecido por completo.
Sé cómo funciona y comprendo por qué pasa.
La mente es tozuda en su pesimismo y muy proactiva.

Tiene que haber algo….,
Una pauta, un sendero al menos.
Hay que encontrar el Tesoro de la Calma para poder ofrecerlo.
Hay un motivo, pero ¿cómo funciona? ¿cómo acercarse? ¿cómo imaginarse siquiera lo que viene?.

Día 5.
¿Cómo entender lo que ES sin inmiscuirse, sin nombrar, sin juzgar?.
Simplemente aceptar sin intención ni juicio.
Permitir. Solo permitir.
El flujo de la vida es esto, no hay que aceptar.
¿Es posible esto?
¿Puede haber aceptación en ausencia de acción y observador?

Día 6.
Distraído, inquieto, irresponsable, sin motivación.
¿A dónde lleva esto?
¿Para qué sirve este miedo?
¿Por qué tantísima angustia?
¿Cómo imaginarme siquiera tu miedo?.
¿Cómo imaginarme siquiera tu angustia?.

Coge mi mano y caminemos.
Te beneficia ser un niño, al no tener conceptos preconcebidos ni falsas esperanzas tu lucha será limpia y genuina, eso te da ventaja.

Día 7.
La compasión que duele no es útil, no es genuina, estorpece, interrumpe, resta.
Pienso mucho en la situación, no hay calma “L”, no hay calma.
Otro día más. Lloro y junto mis manos, pero mi llanto no te sirve, mi respeto no te sirve.

Día 8.
No debo juzgar la práctica en términos como buena o mala, pero es muy difícil (no es inevitable) que la mente lo haga.
Confrontación sobre los sentimientos de bondad.
Acuno la ira.
Qué gran estupidez es valorar una situación como esta con términos como “justicia” o “injusticia” o bien “justo” o “injusto”.
¿Cómo puede haber quien juzgue que esto es injusto o aquello es justo?
¿Qué tiene que ver la justicia en todo esto?
Cuanto sufrimiento causan los malos hábitos del pensar.

Día 9.
Los fármacos van progresando, en breve el sufrimiento físico será intenso. Fuerza, calma y comprensión. Silencio.
La cabeza hierve.

Día 10.
Algo más de calma en la práctica, los días pasan, tú sufres, sigues un camino incierto, sin sendas, el camino del ganador no tiene señales.
EL CAMINO DEL GANADOR NO TIENE SEÑALES.
Crea tu Camino.
Y una vez sea tuyo, transítalo.

Día 11.         
Algo de tranquilidad utilizando un Mala en las meditaciones.
Estás descansando, el proceso farmacológico ha empezado, hay que esperar el impacto.
Hay que esperar los efectos del impacto.

Día 12.
VACACIONES !!!!.
Salir de un hospital y dejar atrás el dolor aunque sea por un espacio corto de tiempo es como un baño en el mar.
Unas horas libres de angustia, un tesoro, una isla, una nube de azucar, una cara suave.
Descanso tras el miedo.
DESCANSO.
Una tregua.
Amor percibido.

Día 13.
Miedo, ausencia, intranquilidad, agitación.

Estoy en “— omitido —“, ante un espejo, en pie, tenso, inquieto, incómodo.
No reconozco lo que veo. Es un lugar que me resulta extraño, no estoy familiarizado con este lugar.
Pienso que te gustaría estar aquí.
A todos nos gustaría que eso fuera posible.

Día 14.
Estoy en medio de una arboleda, paseando, observo hormigas, libélulas y mariposas, las flores coloreadas y las hojas verdes se mueven libres. Me quedo quieto, siento que te encantaría estar aquí. No hay silencio, ni en la mente ni fuera.
Los cerezos están espléndidos. ¿Hay un árbol más bello que este?
Lo abrazo, y apoyo mi cara en su corteza.

Veo caer una flor y percibo que en todo el planeta solo yo he tenido esta experiencia en este momento.

La conservo para ti. La caída de esa flor me acompaña-

Día 15.
Busco la fuente, no la encuentro, es la propia búsqueda la que me impide tropezarme con ella. Lo percibo.

Día 16.
Una práctica mediocre, me distraigo observando a “— omitido —“, su pelo está sobre la almohada, extendido y salvaje, su mano cuelga tranquila y la acaricio.
Duerme tranquila y serena, la respiración es calmada y su pelo huele a regaliz (o eso me parece).
Hay cercanía, proximidad y unión.
Practica insistente, reseñar únicamente que hay somnolencia y un poco de relajación del cuerpo. Nada más.

Día 17.    
Hay enfoque, entro en la calma por un instante que no es sueño. Hay que seguir, hay que insistir, pero sin seguir, sin insistir, sin buscar.
Fluyendo, permitiendo que se exprese lo que sea que se tenga que expresar.
¿Cómo estarás tú?. No lo sé, no lo sé.

Día 18.
Mal, hay un claro sentimiento de perder el tiempo, desesperación, distracciones continuas.
Debo detenerme para ordenar la mente.

Día 19.
Vislumbro tranquilidad por un instante.

Día 20.
Distracción, ausencia, desapego, me siento perdido.
Las comparaciones no paran, imágenes me bombardean la mente, pero no me inquietan, me distraen.
Muy mal, práctica totalmente inútil, desánimo, muy distraído. ¿Cómo estarás tú?
Preocupación, inquietud.

Día 21.
Algunos segundos de calma, zumbidos en los oídos que retienen la atención.

Día 22.
El sábado fue tu cumpleaños. Cumpliste “— Omitido —“. Mala práctica. Gran inquietud, distracciones y muchos pensamientos. La espalda arqueada, mala postura y tensión en la pierna derecha y dolor en la rodilla. Constato e ignoro ambas molestias.

Día 23.
Algo de calma, buena postura, concentración. No sé nada, me preocupa. A veces no sabe uno qué es mejor, si saber o no saber.

Día 24.
No hay calma. ¿Dónde ESTÁ?

Día 25.
Ahí está, un instante, robado al tiempo, un momento sin tiempo, mínimo, siempre constatado después, pero ahí ha estado. El no ser, impermanencia en estado puro. No había nada, no había nadie. Ausencia total y completa de uno.   Unión completa por disolución. Uno no estaba, está el resto, siendo uno parte del resto y parte del todo que es lo mismo.
Nombrar ESTO es matarlo. Intentar conservar ESTO es matarlo. Recordar ESTO es matarlo. Aferrarse a ESTO es matarlo.
Yo no soy, ESTO ES.

Día 26.
Una mierda, directamente. Muy distraído, muchas imágenes en la mente. Imaginación desbordada. Ya has pasado la cuarta parte de la primera fase.

Día 27.
Fatal, distraído, sin ninguna concentración. Es absurda una práctica como esta, pero no hay que parar. Siento los engranajes del pensar, chirriando cada vez que me bombardea la imaginación con imágenes al respecto de tu situación. No puedo evitar esto, es como tapar una cascada con la mano. El agua se abre paso, los pensamientos igual. Si no tienen camino lo crean.

Día 28.
Siento que el ofrecimiento es sincero, realizado con todo mi Amor, me emociono.
Siento un temor intenso pero no detecto la causa, no percibo la razón que ha iniciado esta riada de pensamientos y emociones.

Día 29.
Dejo ir, permito que se exprese también la frustración, la ira y la pena, el enfado y la disconformidad, son expresiones de la Totalidad también y son amadas.

Día 30.
No me concentro. Demasiada imaginación y muchas preocupaciones impiden una práctica adecuada.

Aquí termina el diario.

“L”, en mi mente, mi mano se dibuja sobre la tuya en este momento.
Mis brazos te sujetan, no los sueltes por nada.
Agárrate fuerte y…
PERMANECE.

Pensamiento_41

Publicado: 10 febrero 2014 en Pensamientos cortos
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Deberíamos preguntarnos que puede hacer uno por la Vida en lugar de permanecer esperando que la vida haga algo por nosotros.

Todo está hecho para uno crea que la vida que vive la vive uno mismo.
¿Pero quién es ese “uno mismo”?

El yo, está contínuamente construyendo cosas a su alrededor, pensamientos, esperanzas, deseos, acciones, juicios, objetivos…etc.
Estructuras que predisponen la situación para que uno crea que vive su propia vida.

En realidad no es así.
Esa vida que crees tuya no lo es.
Tú no tienes ningún control sobre tu vida.
Tienes control (y muy poco), sobre LO QUE CREES QUE CONFORMA TU VIDA.

Es decir, aquello que tú consideras necesario y/o deseable para tu subsistencia.
Todo aquello material o inmaterial, personal o emocional que aspiras a obtener, a mantener y a no perder.
Y aquí aparece el primer conflicto.

NO ES POSIBLE que la felicidad real dependa de factores externos.
Parece que sí, pero no. Porque los factores externos con cambiantes y no dependen de uno, y por tanto la felicidad no puede depender de ellos.
Esa es la gran mentira.

Pero todo está tan bien estructurado, tan enfocado a perpetuar la misma duda una y otra vez, una y otra vez, que no nos damos cuenta, no nos hacemos (salvo rara vez), las preguntas adecuadas.
Y cuando las hacemos, no las enfocamos al destinatario adecuado.

Solo el hecho de describir lo que es “TU VIDA”, ya es un reto. Poca gente puede responder con honestidad a esta pregunta.
Una respuesta honesta es NO LO SE.

¿La vida es un lugar?
¿Es una franja de tiempo?
¿Es una riada de pensamientos?
¿Es imaginación?
¿Es sufrimiento?
¿Es todo lo anterior?
¿Es todo lo anterior y muchas más cosas?

Requiere mucho tiempo y mucha observación poder contestar a esta pregunta y sobre todo requiere sinceridad.
Y mi respuesta no es la tuya, eso es seguro.

Cuando encuentras tu respuesta todo cambia.
No es que cambie, porque todo sigue igual, mejor dicho, la apariencia de todo sigue igual.
Salvo la idea de uno mismo.
Eso si cambia.

Ya no se busca nada fuera.
Y la persona se convierte en lo que siempre ha sido; una herramienta para interactuar con la sociedad que ha creado.
La memoria se utiliza para saber volver a casa, no para martirizarse con la culpa.
Para saber donde ha aparcado uno el coche, no para recordar el atasco de ayer.
El conocimiento se utiliza para resolver problemas, no para imponer ideas.
La compasión aparece y se utiliza para comprender a los demás desde sus propios ojos.
Cuando el yo no está, aparece el resto del mundo y te ves reflejado en él, en su miseria, en su violencia, y comprendes como funciona.
Te enfrentas a lo único que hay que es ahora.

Y ese ahora NO ES CONOCIDO.
Ese es un gran reto.
Porque no nos gusta lo desconocido, lo rechazamos, nos inventamos mil y una excusas para aferrarnos a lo conocido.

De modo que todo lo que se vive es nuevo a cada instante, y esa novedad trae viejos miedos.
Hay que saber lidiar con ellos.

Es extraordinariamente fácil caer una y mil veces en los vicios de la “antigua mente”.
Es más cómoda, es más segura, cree que no hay sorpresas.
Al “yo” no le gustan las sorpresas, pueden acabar con él.

Así que cada instante es como estar balanceándose en un trapecio desde el que uno puede caer.
La red son los recuerdos y las esperanzas.
Las cuerdas que soportan esa red y la sostienen son el yo y la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Y no la queremos perder.
NO QUEREMOS PERDER ESTO BAJO NINGÚN CONCEPTO.

Cuando el miedo aparece, casi todo el mundo quiere dejar de sentirlo.
Pero… ¿Qué pasa si dejas que el miedo se exprese?

El miedo, que está debajo y detrás de todo conflicto, es un gran maestro si se le sabe escuchar.
¿Por qué el miedo es un Maestro?
 
Porque es insistente, porque no se cansa nunca, porque no da tregua, porque está ahí siempre si eres capaz de verlo y  porque no te deja hacer lo que tienes que hacer y precisamente ese puede ser el desencadenante de que lo hagas.

Cuando se enfrenta uno al día a día, lo hace vestido con una armadura que es su carácter, su personalidad, su imagen de sí mismo (que es la que uno espera que perciban los demás).
Su ira, su gracia, su mal humor, su buen humor, su comprensión, su impaciencia, su ecuanimidad, su cariño, sus detalles, sus gestos, su violencia, sus palabras…..etc.etc.etc.
Y uno va y se cree que es eso, lo cree firmemente.
¿Eso eres tú?
No. Nada de esto eres tú.
La persona usa eso, pero tú no eres eso.

Estamos entrenados para sentir placer cuando surge algo positivo y para sentir frustración cuando ocurre algo negativo.
Y así funciona, nos quedamos tan anchos, nos conformamos.
Parece lógico…

¿Cómo no voy a sentir dolor si me está doliendo?
¿Cómo no voy a sufrir si estoy enfermo?
¿Cómo no voy a sentirme desgraciado si he perdido el trabajo?

¿Pero qué pasa si no etiquetamos las cosas como negativas o positivas?
¿Es posible hacer esto?
Es posible, es un hecho, pero solo puede aparecer ese espacio  si honestamente percibimos como una realidad que nosotros NO somos el centro de la acción, sino una parte de Todo.

Cuando aparece la ira, automáticamente estamos entrenados (por herencia genética), durante miles de años para responder de cierto modo (totalmente predecible), tal vez con violencia, con indignación, con enfado….etc.
Pero no con calma, con alegría y con ecuanimidad.

Así mismo, Cuando aparece la felicidad, automáticamente estamos entrenados, durante miles de años para responder de cierto modo, (totalmente predecible), tal vez con relax, bienestar, tranquilidad, serenidad….etc. Pero no con tristeza, pena o frustración.

Y desde luego, estamos programados para etiquetar.
Inmediatamente.
No sabemos percibir una sensación sin etiquetarla, sin archivarla. Pero esto es posible.

Si siento dolor, ES MALO.
Si siento alegría, ES BUENO.

¿Y si uno intentara no involucrarse con su dolor o con su alegría?

No apropiarse de él.
No es tu dolor, es dolor.
No es tu alegría, es alegría.

Uno siente dolor, y lo observa, como algo ajeno, no como algo propio, no es un castigo, no es una penitencia merecida.
Lo que ocurrió en el pasado no está ocurriendo ahora.
Tu hoy no es el tu de mañana.
Tu hoy muere hoy, con el final del día, con el final de cada segundo, con el final de cada milisegundo, incluso antes….

Así que tú eres nuevo a cada instante. Pero no lo notas.
Tu “programa” funciona demasiado bien.

Pero ¿Quién eres cuando duermes profundamente?
Eres tú mismo, pero sin un testigo.
También podrías ser tú mismo si estás en estado de vigilia, y tuvieras una mente que dejara de nombrar, juzgar, mentir, hablar, adaptar, colocar, ordenar, mover, anticipar….

Si NO haces todo eso, entonces la VIDA es revelada y comprenderás algo.
Comprenderás de primera mano que quien tú crees que eres te está impidiendo saber quién eres en realidad.
Permite que la vida se exprese, NO SEAS TU QUIEN SE EXPRESA.
..

¿Hay dolor?
Constátalo, no lo evites, no lo acunes, obsérvalo como quien ve un pájaro.

PERMITE QUE EL DOLOR SE EXPRESE.
No lo reprimas ni lo verbalices. Todo eso lo perpetuará.
No cuestiono el hecho de que exista dolor o no.
Por supuesto que existe, lo que cuestiono es que ese dolor tendrá un efecto y un impacto TOTALMENTE DIFERENTE según sea el enfoque de la mente.

¿Hay alegría?
No la reprimas ni la verbalices. Eso hará que quieras volver a sentirla.
Eres esclavo de tus propias sensaciones y los pensamientos son los eslabones de las cadenas.

Esos eslabones crecen en número a medida que añades pensamientos, y ofrecen una sensación de falsa libertad.
Sigues encadenado, pero la cadena es más larga y te permite moverte.
Siempre limitado, eso sí.

Las sensaciones (tacto, vista, oído, olfato y gusto) y las emociones (alegría, tristeza, frustración, malestar), están sobrevaloradas.
Rigen la vida, y eso no debería de ser así.

Es mentira, estás mirando con los ojos, no con el corazón.
Estás tocando con las manos, no con el alma.
Mirar con el corazón es permitir que la vida se exprese.

Tocar con el alma es sentir que no eres el centro.
Tú no eres la prioridad.
¿Eres capaz de meter tus manos bajo el agua fría y que tu mente no diga “FRÍA”.?
¿Eres capaz de no etiquetar absolutamente todo lo que pasa?
¿Puedes simplemente constatar aquello que ocurre sin tomar partido, sin intervenir ni de acción ni de pensamiento?
¿Puedes entender que solo tienes este instante para obtener algo y lo estás perdiendo por pensar que puedes obtener algo en ese momento?

¿Se entiende esto?

¿Puedes darte cuenta que este instante ES común y único para todo ser viviente y que inmediatamente después ya no ES?
Es EXACTAMENTE EL MISMO INSTANTE PARA TODO SER. (Es abrumador si uno lo percibe).

Crees que puedes cambiarlo, crees que puedes cambiar las cosas.
Pero si tu pisas es flor, lo que habrá cambiado es el Todo, tu no has cambiado nada.
¿Se entiende esto?

Si luego te culpas por haberla pisado lo que cambia es lo que tú crees que eres.
(Eres una mala persona porque vas por ahí pisando flores).
Has verbalizado una experiencia !!!! y has vuelto a equivocarte.

Calla la mente y experimenta el Silencio.
Permite que la Vida se exprese a tu alrededor y luego podrás dejar que la Vida se exprese mediante ti.

Conversaciones_19

Publicado: 30 octubre 2013 en Conversaciones
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Pregunta:
¿Has visto el Rey león?

Respuesta:
Si

P:
¿Te puedo cantar una canción?

R:
Si, claro.

(Canta)

Desde el día que al mundo llegamos
Y nos ciega el brillo del sol
Hay mucho más para ver de lo que se puede ver
Más para hacer de lo que da el vigor

Son muchos más los tesoros
De los que se podrán descubrir
Mas bajo la luz del sol jamás habrá distinción
Grandes y chicos han de convivir

En el ciclo sin fin que nos mueve a todos
Y aunque estemos solos, debemos buscar
Hasta encontrar nuestro gran legado
En el ciclo, el ciclo sin fin

Es un ciclo sin fin que nos mueve a todos
Y aunque estemos solos, debemos buscar
Hasta encontrar nuestro gran legado
En el ciclo, el ciclo sin fin

El Rey león. “El ciclo de la vida”.

Con todo mi Amor para L.
Deseando con toda mi alma que me sobrevivas.