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Uno cree tener una percepción clara de su propia existencia.
Parece indiscutible que uno existe, que uno está y que uno es.
A uno le hablan, le nombran, le llaman, le tocan, le abrazan, le besan, interactúan con él….
La sensación de yo como entidad personal independiente siempre está presente durante la vigilia.

Desde cierto punto de vista esto es cierto, es lógico, e incluso es necesario.

Para poder transcender al yo (si es que alguien pretende hacer esto), debe haber un yo al que poder transcender, hasta aquí parece todo bastante claro.

El cómo se transciende, quién es aquel que transciende, quién es aquel que es transcendido y quién queda cuando aquel y este son transcendidos, son asuntos que ya no están tan claros.

Pero si uno indaga, las cosas cambian o al menos pueden hacerlo.
La indagación debe ser un trabajo íntimo, intenso, cuidadoso, honesto y sobre todo constante.

La intensidad y la constancia parecen fundamentales para que aparezcan las preguntas necesarias, en el contexto adecuado y en el momento preciso, y sobre todo, para que las preguntas que aparezcan, o las respuestas que ofrezcan esas eventuales preguntas, puedan ser enfocadas desde la perspectiva correcta.

Quizá más que preguntas, lo que surgen son “dudas”, ó “escenarios de duda” ó “incongruencias”.
Algo que con la mente sutil resulta incongruente puede no resultar extraño para la mente mundana “normal”, que no tiene un enfoque introspectivo (“hacia dentro”) ni profundo (“intenso”).

Es importante el estado de la mente para que cuando se formule la pregunta y afloren las respuestas, se pueda percibir desde donde aparecen esas respuestas, quién formula las preguntas y quién es aquel que las responde. Hay que distinguir esto.

Sin práctica no es posible salir del ciclo del pensar.

En el pensar hay rasgos importantes, como el enfoque, la cualidad y/o la cantidad.
El equilibrio de estos componentes es importante, hay que adquirir destreza para manejarlos adecuadamente o al menos para percibir la diferencia.
Y esa destreza viene con la práctica.
Cada característica proporcionará una información.
Pensar mucho no tiene porque ser bueno o útil.

Estamos totalmente condicionados, hay que des-condicionarse y esto cuesta.
El peso pesa, el daño daña, el pensamiento enreda.
Es la propia naturaleza del peso, del daño y del pensamiento, no pude ser cambiada.
La verdadera naturaleza no pude ser cambiada.

La indagación comienza en uno mismo.
¿Quién es aquel sobre el que comienza la indagación?.
Este es un punto importante, pero resulta fácil de ver.

El uno sobre el que comienza la indagación es aquel que tiene nombre y apellidos.
El amigo, el vecino, el padre, la persona, el practicante, el buscador, el estudiante o el profesional.
Ese yo es el yo mundano, el ego.
El que gira la cabeza cuando escucha su nombre.

El inicio de la indagación íntima puede llevarnos a poner atención sobre el pensar y los intervalos de no pensar que hay entre pensamientos.

Pueden ser detectadas muchas cosas, entre ellas tres.

–    El mismo proceso del pensar.
–    Los intervalos entre pensamientos (percepción de la distinción/diferencia entre unos y otros pensamientos).
–    Y los “espacios” que existen entre los distintos pensamientos.

(Me centraré aquí en el pensar, pero en todo momento pueden surgir emociones y/o sensaciones que pueden tener un reflejo físico, esto de momento lo ignoraré).

Por lógica, uno percibirá el estado actual (el ahora), cualquier otro estado no puede ser percibido en este momento, pues pertenecería al pasado (memoria, recuerdo, e imaginación) o al futuro (esperanza, deseos, anhelo, imaginación, anticipación).

Y por lo tanto, un estado que no sea “ahora”, puede ser imaginado o inventado o soñado, pero no REALMENTE percibido pues no existe en ese instante.

Y en todo caso, como he dicho, pueden aparecer estados del pensar que induzcan estados físicos, (repulsión, anhelo, ira, lujuria, deseo sexual, alegría, enojo, congoja, asombro, sobrecogimiento, tristeza, desánimo, exaltación…etc, etc, etc).

Obviamente, estos estados son provocados por el pensamiento, son consecuencias del pensamiento (de la interpretación del pensamiento), y por tanto no nos interesan ahora en este asunto que nos ocupa.

Uno puede centrarse en los pensamientos que se van presentando pero esto no sirve para nada. Puede uno pasarse la vida ahí, haciendo eso, sin más. Observando esos pensamientos. Pensando que está en calma, creyendo que está en calma, pero no es así.

Con algo más de enfoque y práctica, con algo más de profundidad y compromiso, uno puede centrarse en el intervalo que hay entre pensamientos, una suerte de espacio vacío que aparece (en realidad no aparece, sino que está ahí), y puede ser percibido, pero esto no sirve de mucho (sí de algo, pues afina la concentración), pero puede uno pasarse la vida ahí, haciendo eso, sin más. Observando ese espacio.
Pensando que está en calma, creyendo que está en calma, pero no es así.

Debe uno indagar más, mucho más, para percibir lo sutil, y que puedan aparecer las preguntas que amenazan al yo mundano.
Estas preguntas no pueden surgir del propio yo mundano, porque nunca se pondría en peligro a sí mismo.
El mito del ego auto-extinguible es eso, un mito.
Si uno continua, de forma seria y constante, comprendiendo quién es quién y quién no es quién en este “juego vital”, si uno continúa comprendiendo que solo hay Uno, pero que parece haber muchos, tal vez, pueda avanzar algo más, si es que hay algo sobre lo que avanzar.

Puede uno observar que si uno se hace preguntas, él mismo es distinto de las preguntas que se realizan. Esto es obvio.
Por tanto ahí hay un “espacio”, una “distancia”, una “separación” entre pregunta y preguntado.

Uno tal vez puede ver de donde surgen las formulaciones de las preguntas y puede ver de donde surgen las formulaciones de las respuestas, que no tiene porque ser lo mismo (de hecho muchas veces no lo es).

Incluso si se ve a sí mismo indagando, puede llegar a entender que él no es ni el observador, ni lo observado, ni la pregunta, ni la respuesta.
Y tampoco es lo pensado.

Pero si uno no es lo observado, ni tampoco es el observador, ni lo pensado, ni la pregunta, ni la respuesta.
¿Entonces qué es?
¿Uno que es?

Y una cuestión importante (aunque algo confusa si no se ha percibido por uno mismo).
Si uno se observa observando, ese “segundo observador”, puede llegar a percibir que aunque se diferencia del primero, tampoco es genuino. ¿Por qué iba a serlo?

Y aquí se queda mucha gente.
Posada en observar el silencio entre pensamientos, desde el segundo observador al que da por genuino.
(Las palabras complican un poco todo esto).
Este es el fin de la práctica para muchos.

Pero y si….
Pero y si….
Pero ¿y si uno fuera capaz de observar que el segundo observador también es una creación de la mente?
¿Y si uno fuera capaz de ver que el segundo, el tercer o cualquiera de los cientos de miles de observadores que pueden ser percibidos son falsos?
¿Y si uno pudiera darse cuenta de que lo observado son creaciones de la mente?

TODO.
Repito….
TODO lo observado son creaciones de la mente.

¿Entonces que vería?
¿Quién estaría pensando?,
¿Quién estaría siendo pensado?

Si se enfoca y se posa la atención en aquello de lo que surgen los pensadores que son observados, ahí, hay una ausencia.
En aquello de lo que surgen los pensadores (no lo pensado).
Ahí hay una falta que crea espacio.
No que “es espacio”, sino que “crea espacio”.
Ahí puede haber un vislumbre de lo que ES.

Si uno se identifica con ESO lo pierde.
Si uno nombra ESO, lo pierde.
Si uno se intenta apropiar de ESO, lo pierde.
Si uno habla de ESO, lo pierde.

De hecho uno no puede hacer nada con ESO, porque ahí, en ese instante no percibido como instante, en ese momento preciso no hay uno que pueda hacer nada.

Uno surge de ESO, y si es nombrado, desaparece (o mejor dicho, aparece de nuevo).
Uno surge de ESO, y si es pensado, desaparece (o mejor dicho, aparece de nuevo).

Cuando un NO UNO observa desde ahí, no nombra ni juzga, simplemente percibe y esa percepción se auto-extingue y se crea constantemente, uno no hace nada por que desaparezca ni porque vuelva a aparecer (de hecho, uno no puede hacer nada).

Es su naturaleza, la percepción es temporal, pero hay algo que no lo es.
Algo que no es temporal.
Algo sobre lo que se posa la percepción y al hacerlo, la propia percepción se diluye en ESO (Malditas palabras necesarias).
Algo que está más allá del tiempo.
Si hay identificación con ello, se pierde.
Si se intenta alcanzar mediante yo, no se alcanza.

Y es desde ahí (por decirlo de algún modo), desde donde surgen las cuestiones (uno no se hace las preguntas), estas surgen y son observadas (se observan las consecuencias no surgidas del pensar), la percepción permite sentirlas, pero no nombrarlas, si las nombras las pierdes, porque intentas racionalizar una percepción muy sutil y sacas la caja de etiquetas e intentas ordenarla, catalogarla, cuantificarla y entonces la matas.

¿Por qué ha surgido?, ¿A quién le ha surgido? ¿Soy afortunado? ¿Soy mejor? ¿Estoy progresando? ¿Terminará mi dolor? ¿Seré menos mediocre? ¿Acabará mi miedo?, ¿Esto es Samadhi?, ¿Espérate, que igual es Satori?, ¿Quizá Moksha?, ¿En qué grado?…………
Bueno, bueno, bueno…
Bla, bla, bla, bla……..
Bla, bla, bla, bla……..

Y entonces te das cuenta de que la has perdido.
Tu “no yo” ha sido conceptualizado y la has perdido y vuelves a ser un yo meditando con seriedad y determinación, pero nada más.

Esas preguntas que surgen son dilemas vertiginosos y comprometen al ego, le cuestionan, le hacen temblar y le desgastan.
Una vez que se ha estado ahí y se ha estado así, hay un camino trazado.
Solo es un paso, pero si ocurre, no lo olvidarás jamás.
Es un instante permanente.
Todo se detiene y surge lo que Es, que siempre ha estado ahí, velado por el ruido y el pensar.
Y uno no es otro ni siquiera es uno. Pues no hay ni uno ni otro.

Esto es una vivencia, no es pensar.
Es un sentir muy íntimo, no es opinar.
Es un presentimiento (lo que hay ANTES de un sentimiento), no es un deseo.

Luego la mente analizará las preguntas, las sensaciones, intentará sacar conclusiones y encasillar experiencias. Todo eso no importa.
Pero esas dudas, señalan asuntos que si pueden llegar a ser importantes.
Tras esto, surgirá la reflexión.

¿Una vez nacido, cuando aparece el hacedor?
Si de los 0 a los 2,5 años uno ha vivido, ha tenido vida, ha sido un ser vivo, que respira y come…. ¿Dónde estaba el ego entonces?
Esto demuestra que se puede vivir (no sé si sobrevivir, pero desde luego vivir si), sin el ego, sin la certeza del “yo soy”. Sin la sensación del “mío” y el “tuyo”. Sin ese abismo diferencial tan tremendo.

De hecho se ha vivido así, por lo que al parecer (empíricamente), el yo es algo adquirido a posteriori del nacimiento.
¿Cómo dice?

EL YO ES ALGO ADQUIRIDO A POSTERIORI DEL NACIMIENTO DE UNO.

Y pueden surgir preguntas.
Surgirán, casi con toda seguridad si la práctica es lo suficientemente seria y comprometida,

Y vienen las preguntas que son espadas.

¿Quién era uno cuando no había nacido?
¿Quién o quienes estaban con nosotros cuando uno no era aún?
¿Cómo puedes encontrarte o pensarte a ti mismo en tu yo ahora nacido, cuando aún eras un estado no nacido?
¿Qué esfuerzo has llevado a cabo para estar aquí y ahora?
¿Qué elección tomaste para ser nacido?
¿Dónde está ese estado de nacimiento y ese estado de ausencia de nacimiento en nosotros?
¿Quién percibe ese estado de nacimiento y ese estado de ausencia de nacimiento en nosotros?
¿Cómo puede ser percibido un estado de ausencia de nacimiento en nosotros?
¿De dónde ha salido la sensación/certeza de que uno es?

Ni el nacido ni nosotros existe desde este diálogo. ¿Se ve esto?

¿Podemos vernos a nosotros mismos y podemos ver lo que nosotros mismos no somos al mismo tiempo?
¿Acaso no están hechas ambas ideas del mismo material?
¿No son igualmente inciertas?
¿Quién es aquel que está siendo pensado por uno mismo?
¿Qué realidad tiene?
¿En donde se encuentra esa realidad?
¿Es la realidad de uno?

¿Cómo puedes ser lo que ves?
¿Cómo puedes ser lo que imaginas?
¿Cómo puedes ser lo pensado?
¿Cómo puedes ser lo nombrado?
¿Cómo puedes ser el concepto?
¿Cómo puedes ser la parte?
¿Cómo puedes ser la fracción de algo?
¿Cómo puedes estar separado de aquello de lo que ha surgido?
¿Cómo puedes ser otra cosa?
¿Cómo puedes ser distinto?

Tu no eras en el estado de no nacimiento (de aún no nacimiento).

¿Quién más era contigo en el estado de aún no nacimiento?.
¿Cómo puedes ver tu propia ausencia?
¿Cómo puedes siquiera pretender ver/saber/conocer/percibir/saborear/sentir tu propia ausencia?
Ausencia=No existencia en plano pensante.
¿Cómo puede ser pensado ese estado en ausencia de estado o en presencia de no estado?

¿Es uno mismo quien está viendo lo que no es?.
¿Quién es aquel que ve eso?

Todas estas preguntas, y decenas, centenares, miles más que puede formularse un practicante a lo largo de años de práctica tienen una respuesta común.

Solo una.

UNO NO SABE.

Si uno no sabe.
Sabemos quién no sabe, pero… ¿quién es aquel que sabe que no sabe?
Aquel que sabe que no sabe no necesita nombre.

¿Cuál es la manifestación de la que surge lo no manifestado?
¿Dónde mora lo no manifestado?

¿Dónde estaba yo en el estado no nacido?
¿Dónde está yo en lo inmanifestado?
¿Quién es aquel que siente la conmoción de no ser?

Silencio….
Silencio….
Silencio….

Durante un sueño.
En el momento del sueño, no antes, no después.
En el instante del sueño.
Tú no sabes que eres.
¿Quién es aquél que está soñando en el instante del sueño?
¿Quién es aquel que observa al que sueña en el instante del sueño?
¿Quién es aquel que está siendo soñado?

¿Cuál es el destello genuino de un diamante de 1000 caras?
¿Cuál es el destello único de un diamante de mil caras?
¿Acaso está en el diamante?

¿De dónde surgió la certeza “YO”?
¿A quién le surgió?
¿Quién es aquel que percibió “yo” aún cuando no lo era?

¿Quién eras antes de poder decir “yo”, “mío” o “ahora”…?
¿Quién es este que vislumbra lo que fue antes de ser lo nombrado?

La propia búsqueda de aquello que se ha perdido es lo que impide ver que no hay nada que se haya perdido ni nadie que lo haya olvidado.

No siempre las preguntas se formulan esperando una respuesta.
¿Qué mentira puede ser más atroz, destructora, persistente e infinita que pensar que uno puede encontrar algo que ha perdido?
Tu vida es un sueño individual.

Todo son sensaciones.
Todo son pensamientos.

El único final de las sensaciones es verse cuando la sensación no es.
El único final de los pensamientos es verse cuando el pensamiento no es.
No hay otro camino, no hay otro final.
Es ahí donde hay que posar la sensación de presencia sin presenciador.

No hay ningún otro escape del mundo de la sensación que no sea verse cuando la sensación no era.

NOTA:
Lamento la densidad de este post.
Así ha nacido y así se queda.
No soy conferenciante, soy agricultor.

AMOR.