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Uno de los aspectos más difíciles de alguien que aborda alguna clase de práctica es el proceso de DESaprendizaje.

Este es un término o un concepto que puede resultar algo abstracto e incomprensible, pero en realidad no es tal cosa.
Tan simple es, que cuando es entendido, rara es la persona que no lo integra en su vida diaria.
En muchos escritos, muchos Maestros, hablan de abandonar, hablan de que la progresión no consiste en adquirir, sino en soltar, dejar, olvidarse, desprogramar…..etc, etc, etc.

Este hilo habla de ese tipo de proceso.
Aunque en mi opinión, y por mi experiencia (que por supuesto, puede estar equivocada, y con toda probabilidad lo estará), es mucho más difícil “olvidar” o “abandonar” hábitos del pensar que conseguir sustituirlos.

La clave es sustituir, el método es sustituir.

Pongamos un ejemplo….
La mente es un libro, cuando nacemos está lleno de hojas en blanco. A medida que crecemos, “aparecen” más hojas. De hecho, hasta el momento en que morimos, siempre hay hojas disponibles, salvo que exista un deterioro neurológico o cognitivo, pero no estamos hablando de eso ahora.
Esas hojas las “escribiremos” con todo el contenido que seamos capaces no solo de almacenar sino también de gestionar.

El almacenaje serían los recuerdos y el aprendizaje, pero también gestionamos continuamente todo aquello que es percibido, las emociones, las sensaciones, las experiencias y los estímulos (olores, sabores), que pueden quedar almacenados o no, pero que ahí han estado y por tanto han “escrito” aunque sea una leve línea en ese libro que es la mente.

En ese libro vamos escribiendo lo que sabemos y también lo que sabemos que no sabemos.
¿Lo que sabemos que no sabemos?
Exactamente eso.
Aunque suene raro es muy importante.

Sabemos que somos Pedro, Antonio o Silvia. Sabemos que somos solteros o casados, que somos personas y no piedras, sabemos donde vivimos y sabemos dónde fuimos de veraneo el año pasado. En realidad sabemos muchas cosas útiles (y otras menos útiles).
Sabemos una gran cantidad de cosas.

Cuando digo que también sabemos lo que no sabemos, me refiero a que sabemos que no sabemos pilotar un avión o poner en órbita un satélite o realizar una cirugía intracraneal o hacer una traqueotomía con un boli bic (algo que recomiendo encarecidamente no intentar).

Esto es lo que sabemos que no sabemos.
Tampoco sabemos hablar ruso. Por poner otro ejemplo. (Un ruso si sabrá, pero nosotros no).

No dice uno que no podamos llegar a hacer eso, dice uno que AHORA sabemos que no sabemos hacer estas cosas.
De modo que lo que sabemos y lo que sabemos que no sabemos queda almacenado en nuestro libro.

Es un libro especial. En primer lugar porque es único, no hay otro igual, y en segundo lugar porque es un libro que no puede borrarse, puede cambiarse, pero no borrarse. No hay goma de borrar, no venía en el pack, son las normas del juego de la vida. Esto es importante,
más adelante veremos por qué.

La mente aprende (se va escribiendo) de un modo curioso, autónomo e irrefrenable. No se puede impedir el aprendizaje. No hay manera. Es maravilloso.

Los estímulos y la respuesta a los mismos, hacen el trabajo.
Si existen estímulos, habrá aprendizaje de alguna clase a algún nivel y habrá respuesta.

Voy a buscar a un niño para recogerle, tiene menos de 2 años. (Esto es verdad, no es un ejemplo).
Me conoce, me ha visto otras veces.
Cuando me ve en la puerta, va hacia ella, a pesar de que sabe que no le van a dejar salir.

Eso es un aprendizaje que ya ha integrado, y es intuitivo, no es reflexivo, es un reflejo casi impulsivo.
Si me ve es que va a salir.
Si me ve es que voy a buscarle a él.
Todavía no lo entiende, pero lo sabe. El análisis llegará más tarde.

Si me ve desde una ventana que aún está lejana, me sonríe, levanta su mano y se pone a brincar. Se ha alegrado, se ha emocionado. Es una respuesta automática. No sabemos porque se ha alegrado (y ahora no tiene importancia), pero lo ha hecho.
Al salir a la calle, hay plantas, flores, entre ellas, hay una gran planta de romero, yo tengo la costumbre de tocar algunas hojas y después olerme las manos.
Lo mismo hago cuando como mandarinas, froto mis manos en la cáscara, las junto y las pongo sobre mi nariz inspirando ese maravilloso olor a mandarina.

El niño alarga su mano y repite EXACTAMENTE los movimientos que ha visto, yo no intento que lo haga, yo no quiero que lo haga, no se lo pido, tampoco quiero que no lo haga, no hago nada para propiciarlo y no hago nada para impedirlo. Simplemente lo hace él.
Toca la planta con sus manos, las frota y se las pone ante la cara.

Esto lo ha aprendido y lo ha integrado, porque si va otra persona a buscarle también lo hace.

Qué forma más maravillosa de aprender. Que inmensa capacidad de aprendizaje, que potencial más sobrecogedor y que fantástica herramienta tenemos sobre los hombros.

Aunque viviera 1000 años (cosa que afortunadamente no va a ocurrir), jamás dejará de asombrarme esta capacidad. Estamos hablando de un niño con 20 meses de vida.
Percibir esto es asombroso, es un instante de autentico gozo, un regalo.

Toda esta forma de aprender, adaptar y adquirir, se va automatizando a lo largo de la vida.
Por desgracia, la tendencia a complicarlo es inevitable.
Cuando dentro de poco tiempo el niño empiece a hacerse preguntas a si mismo sobre la razón por la que toca una planta y la razón por la que se huele las manos, habrá una nueva variable del pensar que puede complicarlo (seguro).

Y así vamos sumando juicios, ideas, dudas, miedos, posibilidades, alternativas….etc, y creamos estas vidas conflictivas que son las que normalmente vivimos, centrados en sortear problemas que en muchas ocasiones creamos nosotros mismos en nuestra mente y que nunca se van a producir en realidad. (Preocupaciones poco realistas, obsesiones, dudas, certezas sobre nuestra propia incapacidad o ineptitud…..etc, etc, etc).

¿Entonces esto es inevitable? ¿Seré siempre esclavo del pensar?
La respuesta es que es posible, pero también es posible que no.

Veamos en detalle cómo puede un adulto trabajar con su pensamiento y poner su cerebro a trabajar para él a fin de vivir mejor, o al menos con el fin de sufrir menos.

Recordemos que el aprendizaje ocurre (o puede ocurrir) hasta el último instante de la vida, y en una persona adulta, el aprendizaje está mucho más condicionado que en un niño, en el que resulta algo totalmente natural.

Por ejemplo.

Aprender a conducir suele ser una actividad estresante y complicada para muchas personas, pero podemos usarla como un muy buen ejemplo para ver cómo funciona el DESaprendizaje.

Es fácil recordar que cuando uno aprende a conducir todo es complicado.
Tenemos dos pies y hay tres pedales.
Uno frena, otro acelera y otro ¿desembraga?…. (Esto es muy complicado, me compraré un coche automático seguro….).

Además estamos moviendo un vehículo que pesa más de mil kilos, y nuestros límites ya no son los del cuerpo, son los del coche, y hay que controlarlos, por eso la atención está en extremo acentuada. Y además hay otros vehículos que interaccionan con nosotros. Hace falta concentración e ir adquiriendo destreza.
También está el profesor o profesora (juez/jueza implacable de nuestros desastres como conductores novatos) para añadir un poco más de complicación a la cosa, por si no hubiera suficiente.

Todo esto es dificilísimo, hasta que en algún momento, todo se convierte en automático, y ya no hay que pensar de forma secuencial.

Ya no hay que planificar paso a paso. ¿Que ha pasado? ¿Que ha cambiado?.

Llegados este punto, hemos creado un camino cerebral, una ruta neuronal,  un nuevo programa  que nos permitirá conducir, pero no únicamente ese vehículo, sino cualquiera que sea parecido.

Algo así pasa cuando aprende uno a montar en bicicleta. Eso no se olvida.
10 años sin montar en bicicleta, y nos costará poco retomar cierta soltura, porque ya existe el programa en el cerebro que se “acuerda” de cómo montar en bicicleta.

Esto es fantástico y muy útil, pero ¿qué ocurre si los programas que hemos fijado en nuestra mente nos hacen sufrir?
Pues que hay que cambiarlos.
Y eso cuesta.

Veamos…..

Si ahora intentáramos DESaprender a conducir sería complicado, porque puedes no conducir durante un año, pero seguiríamos siendo capaces de imaginar y pensar como se conduce (en definitiva, de recordar cómo se conduce). Seguiríamos viendo a gente conducir en nuestro entorno, conducir seguiría siendo algo normal. Y pasado ese año sin conducir, podríamos conducir un coche con muy poca dificultad.
Quizás no podríamos circular con normalidad, pero lo recordaríamos en muy poco tiempo.
De modo que así no habríamos DESaprendido nada.
Esto tiene toda la pinta de ser un fracaso.
No nos rindamos tan fácilmente, siempre hay opciones.

Si durante un año, allá donde fuera uno, y con quien fuera uno, estuviera obligado a conducir una carretilla elevadora, y fuéramos capaces de no ver ni un solo coche, ni conducirlo, ni siquiera verlos, entonces, el cerebro construiría nuevos programas, nuevos
caminos cerebrales que antes no estaban y que SUSTITUYEN el HABITO de conducir tal como está establecido en el subconsciente.
Son caminos nuevos, no son modificaciones de los caminos previamente integrados en la mente, es muy importante diferenciar esto.

Es algo llamado procesado subconsciente y es de vital importancia para comprender todo esto y poder aplicarlo.

Estamos haciendo una actividad MUY parecida a la que queremos sustituir.
Si jugáramos al tenis no DESaprenderíamos a conducir.

En cambio aprendiendo y adaptado la conducción a unas condiciones diferentes a las de un coche, sustituimos el hábito por otro similar.
Así podemos pensar que podemos cambiar emociones por emociones, ideas por ideas y sensaciones por sensaciones.

Esto, que así leído parece algo evidente a veces cuesta años de entender e integrar.
No se puede cambiar una idea por una emoción, ni se puede sustituir una sensación por una idea.
Todo tiene su lugar, todo tiene su orden, unas cosas desencadenan otras, mientras que otras no pueden desencadenar unas….

En esta situación, es muchísimo más complicado volver a conducir un coche, porque habría que desprogramar o DESaprender, en cierta medida la conducción de la carretilla elevadora, que ha SUSTITUIDO a la habilidad conducir un coche.

En cualquier caso, uno se pondría a conducir su coche y le costaría bastante, pero lo lograría, pues la capacidad de conducir un coche permanece en la memoria almacenada y puede ser reactivada si es necesario.
Pero ya se ha creado la programación de la carretilla, de manera que si se quiere evitar conducir un coche, puede quedar olvidado.

No se trata de un recuerdo, es una acción física que requiere muchos factores trabajando simultáneamente, algunos de ellos de modo inconsciente e involuntario (Como la integración del  cálculo reflejo de las distancias, por ejemplo).
Hay un experimento fantástico que se le ocurrió a Destin Sandlin y que consiste en manipular una bicicleta para que el giro de la rueda sea justo el contrario al esperado.
El experimento es sencillamente genial y explica muchas cosas al respecto del proceso de DESaprendizaje.
Se puede encontrar poniendo en google “bicicleta al revés”
Con este experimento, Destin Sandlin descubre algunas cosas fascinantes  sobre el condicionamiento de la mente en general  y sobre el aprendizaje infantil en particular.

Dicho esto,
Parece que el camino correcto no pasa por corregir pensamientos inadecuados (que generan actuaciones que pueden desembocan en sentimientos de culpa), sino que hay que SUSTITUIRLOS.

No eliminarlos, sino SUSTITUIRLOS.
No es lo mismo.
De hecho muchas personas no entienden la diferencia, pero la hay y es fundamental.

¿Y si las valoraciones y los juicios de uno fueran hábitos del pensar?
¿Y si uno fuera capaz de fijar sus valoraciones positivas y sustituir las negativas?
¿Acaso toda práctica de meditación SOSTENIDA no es SUSTITUIR el pensar burdo por el pensar sutil?
¿Acaso no es sustituir el ritmo de la mente por otro ritmo?

En otro hilo hablaré de las frecuencias del cerebro, pero a modo de introducción, indicar que el cerebro funciona con distintas frecuencias (medidas en hercios (Hz) o ciclos por segundo).

Principalmente 5 tipos, Gamma, Beta, Alpha, Theta y Delta, ordenadas de mayor a menor frecuencia.
Aunque hay algunas discrepancias a la hora de establecer las cifras, a grosso modo, la frecuencia Gamma es la frecuencia que muestra el cerebro cuando está en alerta, o ante una amenaza. Hablamos de frecuencias superiores a 30 Hz.
La frecuencia Beta (10-29 Hz) es la “frecuencia de trabajo“ que muestra el cerebro mientras estamos despiertos en una situación “normal”.
La frecuencia Delta (0.1-4 Hz) es la “frecuencia de trabajo” que muestra el cerebro mientras estamos en sueño profundo sin sueños.

En la meditación (y esto está comprobado), en el lóbulo frontal se incrementa la actividad mientras que en el lóbulo parietal se ralentiza. Es decir, mientras uno medita, la frecuencia cerebral cambia.

Y uno se pregunta:
¿Las ondas theta las crea el cerebro o aparecen cuando el cerebro está preparado?
¿Si con la práctica, el cerebro sustituyera las ondas Beta por ondas Theta, estaríamos DESaprendiendo a pensar?

Y así, llegamos a la pregunta más interesante.

¿Y si el “yo” es un programa mental?
Dale una oportunidad a esta opción…

¿Te lo puedes creer?
¿Qué implicaciones tendría esto?
¿Podríamos desaprender el yo?

¿Quieres intentarlo?

 

Para mi amigo D. Que ha conseguido que le recuerde cuando oigo el trino de un pájaro.

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Nada sigue, pero todo está.

Publicado: 11 marzo 2015 en Reflexionando.....
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Estoy muy solo aquí.
Las ramas de los árboles siguen moviéndose, alocadas, nerviosas desde hace bastante rato.
Sus hojas marrones me saludan o se burlan de mi, no estoy seguro.
Oigo agua, un pequeño caudal, sereno y calmo.
Puedo escuchar algún trino.

El agua es transparente y está limpia, alargo la mano y con la punta de los dedos compruebo que está helada.
Siento un estremecimiento peculiar, distinto a otros.

No es frío, es miedo.
Lo reconozco enseguida.
El miedo está muy presente, es fácil reconocerlo, porque el miedo impide la acción y enerva el pensar, lo altera.
Cuando uno siente miedo no puede actuar, casi no puede hacer nada, y desde luego no piensa con normalidad.
El diálogo interior aumenta frenético mientras todo lo que hay fuera (el resto), sigue su curso inafectado, sin conocimiento de ese miedo que tan solo siento yo.

¿De qué sirve pues mi miedo?
¿Me he apropiado yo de él o él de mi?
¿Qué busco a través del miedo?
¿Es posible utilizar el propio miedo como herramienta para erradicarlo?

Es un error. Eso pienso en este instante. Más tarde ¿quién sabe?.
Comprendo la utilidad del miedo, pero el exceso de miedo o la mala interpretación del mismo con pensamientos irracionales suponen un abismo permanente.

Me preocupa crear rivales con la palabra.
Los rivales del pensamiento son intimos, privados, desconocidos para el resto, pero los rivales creados por la palabra o por la acción no lo son.
Lo observo mientras camino.

Me gustaría obtener la certeza de que se puede educar con valores, sin hacer carreras, sin competir, sin conseguir diplomas, sin distinguir a alguien que brille por medio de muchos que fracasan.
¿Puede ser esto posible?

El valor tiene la virtud de ser igual de útil para todos los que lo perciben, pero tiene también la particularidad de que cada uno lo canaliza o lo acondiciona según su pensar, lo acepta o lo rechaza según su sentir.

El valor se moldea, se adapta a las intenciones, incluso a la personalidad de cada uno.
No es un mérito académico. Eso sirve de poco en la vida emocional, en la vida interna, en la vida espiritual.
Hacer integrales está bien (para quien necesite resolver integrales).
Pero es una vía muerta, finalizada, sin esperanza, sin futuro, inútil.

No soy un loco, comprendo, valoro y reconozco el conocimiento y la utilidad de acumularlo mediante repetición….

Pero en cambio un valor, es una semilla, es imprevisible lo que puede resultar de cultivar un valor.
Un valor puede cambiar el mundo.
Un valor es algo vivo, que cambia, es una oportunidad.
Nunca hay que acabar con la oportunidad.
Luego sumar está bien también, claro.
Es útil en la vida diaria, necesario muchas veces.

Es una destreza que sirve para compararse, para reflejarse, para diferenciarse.
Sumar mejor, sumar más rápido, sumar de memoria….

Pero…. ¿y la compasión?; ¿y la calma?; ¿y la resiliencia?; ¿y la empatía?; ¿y el cariño?; ¿y el arrojo?; ¿y la valentía?; ¿y la constancia?; ¿y la sinceridad?; ¿y el mérito?; ¿y la humildad?…

En determinado momento, o se tiene o no, pero no se tiene más o menos (en mi opinión).
Afilar o perfeccionar una virtud puede hacer parecer que se tiene en mayor medida.

Pero la virtud, el valor, no es cuantificable, no es medible desde donde uno mira.
No es el enfoque de este pensamiento.
Simplemente forma parte de la vida, pero con la inmensa grandeza de que puede adquirirse y abandonarse.

Estas observaciones dan lugar a pensamientos, y al darme cuenta de la presencia de ese pensar, me doy cuenta de que he perdido todo lo que ES a mi alrededor en ese instante.
Y pienso que uno también es parte de ese ES.
Pero el pensamiento es una idea, una metáfora, un dibujo, es imaginación.
No puede ser de otro modo.

¿Cómo podría ser de otra manera?
¿Ha sido útil todo lo que ha sido pensado?
¿Quién sabe?

Esto no es una epifanía, no es un milagro, no es liturgia, no tiene nada de místico o religioso.

Es solo un paseo caminando despacio, permitiendo que lo que ES sea, que aquello se exprese tal como ES.
Intentando no interrumpir o impedir los pensamientos, sin crear barreras ni resistencias.

El ruido no molesta y el silencio no tranquiliza, simplemente son consecuencias distintas, antagónicas de un mismo origen.
Son un juicio.
Son el otro extremo de una acción, son consecuencias.

Tomando sopa de miso, observando las volutas de humo elevándose por el aire que todo lo inunda, mirando el baile del tofu, las algas y el caldo, me viene a la memoria aquella alegoría en la que una sola llama de una vela es capaz de terminar con todas las oscuridades del universo.
Es una bella parábola.

Pero nadie parece darse cuenta de que la vela debe estar.
Hay que sostenerla.
Debe ir con uno.

A su paso la oscuridad desaparece.
No sabe uno si la oscuridad desaparece o aparece la luz.
Puede no ser lo mismo.
¿La oscuridad se retira o la luz avanza?
Tal vez ambos.
Esta es la naturaleza del pensamiento analítico.
Absurda muchas veces, inútil casi siempre.
Pero la cualidad de la percepción hace necesaria una observación intensa y sutil a la vez.
Intensa por lo enfocada, sutil para que no cree resistencias, para que no cree pensamientos ni movimientos mentales.

¿Mañana estarán aquí estas piedras?
Son de un bello color.
Al coger una entre mis manos noto la aspereza de su solidez.
Y me doy cuenta de que se ha perdido el instante.
De que lo he perdido yo.

Esos pájaros a lo lejos han levantado el vuelo y no ha sido visto.
La mente estaba ocupada.
Como tantas veces.
Como siempre.
Demasiado ocupada en darle a la manivela de la inutilidad, del pensar hasta la extenuación.
De anticipar y recordar.
Una vez más.

Nada sigue, pero todo está.
Lamento no verlo siempre, lamento olvidarlo.
No hay culpa, no hay arrepentimiento.
Solo hay miedo, cansancio y angustia.
Y una vez más son percibidos.

El dilema extremo.

Publicado: 17 diciembre 2013 en Reflexionando.....
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¿Si no hay yo, quién se libera?
A partir de esta cuestión, surgen miles de preguntas.

¿Quien se libera de qué?
¿Cómo surge el yo?
¿Cómo puede uno liberarse?
¿Cuánto se tarda?
¿Qué tengo que hacer?

….. etc, etc, etc…..

Hay que tener algo de profundidad de miras, porque hay preguntas que se hacen muy alegremente y no tienen una respuesta evidente.
A veces, directamente no tienen una respuesta y la propia ausencia de respuesta es lo correcto, lo justo y lo adecuado para la pregunta realizada.

Hay preguntas muy difíciles de responder y que no tienen una respuesta común.

–    ¿Cómo hay que vivir la vida?
Tu respuesta no tiene por qué ser la mía.

–    ¿Es de día o es de noche?
Pues…depende.

Y si “depende”, no es la Verdad indiscutible que se está buscando.
Todo aquello que “depende” puede servir para practicar, pero también es un obstáculo.
Si “depende” estamos pensando desde la dualidad, desde la comparación, desde el juicio y desde la separación.

Muchas personas se quedan en las preguntas y conforman su práctica con ellas, confundiendo la Práctica real con mantener una duda encendida en sus mentes.

Piensan (erróneamente) que tener una pregunta les hace estar más cerca de la respuesta.
Piensan (y sienten realmente como verdad), que tener preguntas significa estar avanzando, aunque no puedan explicar cuál es el objetivo final de este avance o si sirve para algo.

¿Donde se quiere llegar?
¿Qué se quiere obtener?
¿Quién quiere obtenerlo?

Por desgracia, es necesario crear una actitud que propicie la aparición de esa respuesta.
La llama de la duda no es Práctica.

Observamos la piedra con el cincel en la mano, pero rara vez nos atrevemos a golpear el mármol con el frío martillo.
Pensamos que al sentir el peso del martillo estamos haciendo algo útil, pero no es así.
El mármol hay que romperlo, hay que equivocarse para poder entender.

Repitiendo el enunciado de la ecuación no obtenemos el resultado.

Las personas se frustran y critican cosas, muchas veces porque no las entienden y porque han fracasado en su búsqueda.
Esas personas sufren y no comprenden por qué.

Este no es un camino amable.
Enredarse y tropezar, levantarse y seguir parecen directrices fáciles de llevar a cabo, pero no lo son.
La desesperación está presente a menudo.

¿Para qué luchar?.
¿Por qué no dejarlo todo?
Abandonar.
Muchos lo hacen.
Muchos lo hacemos.

La constancia se pierde, el deseo de la finalización de todo sufrimiento hace que nos equivoquemos y nos bloqueemos una y otra vez, una y otra vez, durante años. Forma parte del camino.

Dame la fórmula mágica !!!.
Dime que tengo que hacer !!!.
Ayúdame !!!.

La Práctica puede convertirse en un enemigo si no es bien comprendida.

Es como rezar a Dios, y si las cosas no salen como uno espera culpar a Dios.
Eso es no entender a Dios.

¿Y dónde queda nuestra responsabilidad como individuos?
La buena Práctica es responsabilidad del individuo.
La mala práctica también.

Tratemos de descubrir juntos, de la mano, con Amor, cercanía, prudencia y cautela quién se esconde tras ese velo  de ira y violencia que llamamos “frustración”.

Uno de los dilemas que más bloqueos de Práctica causan es no tener claro quién está haciendo qué, y por qué lo hace.

Este es un punto básico para comenzar a comprender algunas cosas, y como digo, también es una enorme piedra en
el camino, que algunos se empeñan en deshacer a puñetazos, otros se empeñan en sortear (haciendo trampas) y solo
unos pocos son capaces de sentarse ante la enorme piedra y esperar a que se deshaga comprendiendo la verdadera
naturaleza de la piedra que observan, comprendiendo de donde a surgido y por qué lo ha hecho, comprendiendo
quien está observando la piedra y por qué lo hace.

Percibiendo como verdad inequívoca que ni la piedra ni quien la observa son lo importante.
Percibiendo que no son distintos.

Comprendiendo por qué el iracundo siente ira, por qué el que odia siente odio, por qué el que grita tiene la
necesidad de hacerlo y comprendiendo también por qué, tiempo después ya no hay necesidad de gritar, no hay
necesidad de odiar ni tan siquiera de sentir ira.

Esto se llama aprender de uno mismo.
Uno es discípulo y maestro a la vez.
Nadie puede enseñarlo.
Sería mentira.
Sería como intentar ponerle puertas al mar. El mar es así. Es su naturaleza.

Este es el único camino, porque si perdemos de vista la piedra, saltando por encima o bordeándola por un lado,
volverá a aparecer y será más grande.

El camino que voy a describir es tremendamente común….

En algún momento de mi vida, leo algo, o estudio algo, o escucho a alguien, o vivo una tragedia, o en algunos casos se despierta una sensación o un presentimiento incómodo que hace que perciba sufrimiento aparentemente sin un motivo, así que:

– “YO” me doy cuenta de que sufro, de que no vivo como me gustaría y que la vida es en general una experiencia frustrante y dolorosa.

– En algún momento, “YO” me doy cuenta de que el origen de mi sufrimiento es el nacimiento o la misma consciencia de mi mismo como ser independiente y separado.

– Con el paso del tiempo, con Prácticas, Creencias, Meditaciones y Fe, “YO” comprendo o creo comprender mediante la observación que el punto anterior es una realidad.

– En otro momento “YO” entiendo (o creo entender) que soy “YO” mismo la causa del problema.

– Así que “YO”, decido que tengo que terminar con el “YO”, (pero debo seguir siendo “YO” porque no hay forma de evitar ser “YO”).

Y aquí, cientos, miles, decenas de miles de practicantes se bloquean y se detienen en seco.

¿POR QUÉ PASA ESTO?.

En la niñez, hasta los dos o tres años, un niño no percibe si contiene el mundo, o es el mundo quien le contiene
a él.
NO hay diferencia.
El niño es el mundo.
El niño contiene el mundo.
En la edad adulta, el mundo te contiene a ti.
Hay una separación clara, contundente, rotunda, violenta, inequívoca.
Uno es uno, y el mundo es el resto.

Mientas pienses como un niño o tengas una mente con esa maravillosa característica infantil, no habrá sufrimiento. Podrá haber dolor, pero ni sufrimiento ni culpa ni por tanto arrepentimiento.
Es la fantástica inocencia infantil.

En la edad adulta en cambio. Todo es distinto, vamos hacia cosas en lugar de ir descubriendo lo que va apareciendo ante nosotros.
La vida es una persecución y uno siempre va detrás de algo, que cuando es alcanzado, enseguida es sustituido por
alguna otra cosa, alguna otra meta, algún otro logro.
No hay calma.
Este es el por qué y estas son las diferencias.

La buena noticia es que para deshacerse de algo hay que conocerlo.
Para que desaparezca el “YO”, ha debido aparecer antes.
Esto es inequívoco, es un hecho.

¿Y cómo se sale de este dilema?
Ni idea.

El suelo debe desaparecer para tomar conciencia de que estamos apoyados sobre él.
Es un camino incierto, sin sendas, el camino del ganador no tiene señales.
Pero esto es una esperanza y una frase sugerente, nada más.

¿Donde está la receta?
No hay

¿Donde está el prospecto?
Lo has perdido.

¿Donde están las instrucciones?
Se las ha comido el mismo que las busca.

¿Y ese quién es?
Uno que se regocija en su propio sufrimiento y lo tiene como bandera y seña de identidad.
Uno que justifica su mediocridad y sus defectos sin hacer nada por cambiarlos porque cree que él mismo es esas
cosas que siente, esas cosas que piensa.
Uno que no ve que él es el cielo, no el azul.

La búsqueda del YO es el único camino común en todo conflicto mental y/o espiritual.
No se hace uno a la idea de lo importante que es esta pregunta hasta que pasados los años de estudios, de práctica, de meditación, de frustración, de desesperación, de búsqueda en definitiva, uno observa que está casi en el mismo sitio en donde estaba. O incluso en un sitio peor, lleno de dudas, de dilemas y de cuestiones supuestamente absurdas.

¿Quién soy yo? es la pregunta más importante que alguien interesado en si mismo puede hacerse.
Pero no es una pregunta de respuesta fácil, o ¿tal vez si?

¿Cómo abordarla?
¿Cómo empezar?
¿Cómo no perderse por el camino?
¿Cómo distinguir el trigo de la paja?
¿Cómo determinar algo como verdad?
¿Cómo etiquetarlo como irreal?
¿Lo que es verdad para mí lo es para otros?
¿Lo es para todos?
¿Mi realidad es la del resto?
¿Mi realidad no es el contenido de mi mente?
¿Cómo puedo comprobar esto?
¿Cómo puedo comprobarme a mí mismo desde mi propia mente?

Muchas son las preguntas, y aún más son las respuestas. Esto hace que multitud de buscadores dediquen su vida a girar una y otra vez sobre el asunto sin encontrar el más mínimo atisbo de verdad y desde luego, sin llenar a conocer SU verdad última al respecto de quien es uno.

Parece un camino sin meta, y probablemente lo sea.
El corredor de este camino alza el pie para la siguiente zancada y no hay nada más, no hay meta.

No debe haberla, y si la hubiera, ya llegará.
En esa zancada no hay nada que esperar, nada que anticipar y nada que temer.

¿Es la meta la que llega o es uno el que se dirige a ella (si la hubiera)?
¿Las circunstancias se presentan o es uno quien va hacia las circunstancias?

Uno observa el mundo desde sí mismo, la cabeza parece ser el centro perceptor del resto, por tanto parece claro que como es uno quien percibe, ese uno es el centro de observación.
PARECE CLARO,
Parece.

Durante siglos, la humanidad consideró que la tierra era el centro del universo, y observaba cada día como el sol “salía” y “se ponía”, es decir, se movía con respecto a la tierra, que permanecía fija. Hoy sabemos que esto no es cierto, es la tierra la que orbita alrededor del sol.

Esto podría llamarse realidad externa, es una realidad constatable, que ocurre fuera de uno mismo.

Así, cada persona da por hecho que fuera de sí misma y sin necesidad de su influencia, las cosas existen “per se”, es decir, existe una realidad externa a nosotros independientemente de que estemos observándola o no.

Esta certeza, nos permite vivir tal cual lo hacemos, sin necesidad de plantear a cada instante dilemas y preguntas constantes, pues da por supuesto que la casa donde vivimos seguirá estando cuando volvamos del trabajo, que nuestros hijos seguirán con vida cuando les volvamos a ver, suponemos que el coche estará aparcado donde lo dejamos, suponemos que el árbol de hoja verde en primavera tendrá la hoja amarilla en otoño, suponemos que el agua del mar está mojada y que la sal está salada.
Podemos hacer esto porque existe una sensación de continuidad.
Son cuestiones que se repiten y que son comprobables por uno y por el resto, por tanto son contrastables.

Si estos datos pueden transmitirse a otros, contarse, explicarse, comprobarse y esos otros perciben lo mismo que uno o algo muy similar, se considera que los datos son OBJETIVOS.

Así las cosas, el movimiento del sol con respecto a la tierra, fue una realidad objetiva y externa, a pesar de que era incierta.
Pero quedémonos con el significado del término “DATO OBJETIVO EXTERNO”.

Cuando uno observa su mundo interior, sus pensamientos, sus emociones, sus sensaciones, hablaríamos de un “DATO INTERNO”.

Si ese dato puede trasmitirse a otros, puede contarse, explicarse, comprobarse y otros perciben lo mismo que uno ante las mismas circunstancias, se considera que esa información es un “DATO OBJETIVO INTERNO”.
Por ejemplo, el miedo sería un dato objetivo interno y un bosque sería un dato objetivo externo.

Y aquí encontramos el primer dilema.

¿Acaso el miedo no es una percepción mental igual que el bosque?
¿Ambos no ocurren en la mente?
¿Acaso el bosque no es una percepción de nuestra mente?
¿Las percepciones externas no ocurren en nuestra mente?
¿Cómo sabe uno si existen los pensamientos si no los está observando?
¿Puede saberlo uno?

Existen por otra parte, las llamadas experiencias subjetivas, que son aquellas que no han tenido un desencadenante exterior (percibido por alguno de los 5 sentidos) y que pertenecen al mundo interior.
Por ejemplo los sueños, los recuerdos, los sentimientos o las preocupaciones serían experiencias subjetivas.

Pero se consideran normales, de hecho lo anormal sería la ausencia de estas experiencias.

Es indiscutible que existen, que pueden ser transmitidas, contadas y comparadas, por tanto son datos objetivos y contrastables (vaya, otro dilema).

Entonces, ¿el “yo” es objetivo o es subjetivo?.

CUIDADO con la respuesta, no es evidente aunque pueda parecerlo.
De hecho, el término “objetivo” no hace que algo sea REAL ni el término “subjetivo” hace que algo no lo sea.

Si parece claro que el “yo” solo está cuando se observa a sí mismo, y si ese “si mismo” es percibido como algo separado e independiente del resto, entonces aparece el “yo” y se adueña de todo.
Mis sueños, mis pensamientos, mi vida, mi familia, mi trabajo, mi nombre…..etc.

Por tanto, el “yo” es el centro de la experiencia percibida, y sin ese “yo” parece que no puede haber experiencia posible.

Pero a poco que busquemos veremos que esto no es cierto.

¿Es posible observar el yo cuando estamos en sueño profundo?
¿En sueño profundo existe el “yo”?
¿Puede ser verificado antes de despertar por la mañana o es tan solo una suposición perfectamente anclada en nuestro día a día?

La conclusión a la que puede llegar cualquiera que indague un poco en este asunto, es que la realidad percibida no puede existir nunca como DATO OBJETIVO, pues siempre será una percepción en la mente que necesariamente es SUBJETIVA. Por tanto, no se puede concluir que lo percibido sea REAL.

Por suerte o por desgracia, ahí entra también la percepción del “yo” que tenemos cada uno.
Ese “yo” es totalmente subjetivo.

De modo que surgen las dudas:
¿El “yo” es real o no?.
¿El “yo” es una percepción creada por la propia mente?.
¿Cómo no voy a existir si me duele un pie?.

Todo esto son palabras que pueden formar un punto de partida, o un sendero, o tal vez no hacerlo.
No se busca aquí dar una explicación y mucho menos una solución a un dilema vital, sino observar desde un punto de vista menos habitual a fin de despertar la curiosidad del buscador.

No hay nada peor que un buscador que no sabe lo que busca.
Es un buscador perdido, literalmente.

Hay quien justifica la existencia del yo señalándose el pecho cuando es preguntado.
¿Es por tanto el cuerpo el “yo”?
Parece que no, pues en un cuerpo inerte no hay “yo” (que sepamos).

¿Está ese “yo” dentro del cuerpo?
Si es así, ¿dónde se aloja?
¿Se puede sacar?
¿Se puede separar del cuerpo?

Hay quien justifica la existencia del yo en el conjunto mente-cuerpo.

En el año 2000, un grupo de científicos americanos aislaron el genoma completo de la mosca de la fruta o mosca del vinagre (Drosophila Melanogaster) y el hallazgo resultó sorprendente.
La mosca de la fruta comparte ADN con el ser humano en un porcentaje mayor que cualquier primate.
Este detalle cuestiona teorías como la de la evolución de Darwing, nada menos.
Sin embargo, nuestra querida mosca de la fruta también tiene cuerpo y también tiene mente, pero no hay ninguna prueba de que sea consciente de sí misma como algo separado e independiente, y por tanto tenga una actitud egoica (que sepamos).

Así que parece que tampoco el hecho de tener cuerpo-mente hace que aparezca el buscado “yo”.

Un recién nacido tiene cuerpo y mente. Pero no hay “yo” por ninguna parte, así que parece que el “yo” podría ser un hábito adquirido.
Un pensamiento, una costumbre.

No, no puedo probar todo esto que digo, por supuesto que no.

Pero el que no lo entendamos no significa que sea mentira y tampoco significa que sea verdad.

Todo esto es metafísica pura, pero no por ello debe ser ignorado.
Y desde luego tampoco defendido como algo cierto.
Los materialistas, los dualistas y los anclados a teorías cartesianas y rigurosas lo percibirán ridículo.
Tienen todo mi respeto, por supuesto.

Uno solo es alguien que duda constantemente.

Uno debe reflexionar profundamente, y si lo hace podrá comprobar que existe un ciclo que se repite una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, sin final…

El nombre no importa, le podemos dar muchos nombres.
Importa el ciclo, el orden, la secuencia y el desenlace (si lo hay, pues en un ciclo no hay desenlace).

Con el nacimiento surge el “yo”.
Con el “yo” surge el “mío”.
Con el “mío” surge la ignorancia.
Con la ignorancia surgen las reacciones mentales.
Con las reacciones mentales surge la conscienca.
Con la consciencia surge el fenómeno “mente-materia”.
Y con el fenómeno “mente-materia” surge el “yo”.

Primero hay que encontrar si esto es percibido, si esto es realmente sentido así, como verdad.

Más tarde hay que encontrar donde se puede romper esta cadena.
y finalmente, si ha sido rota, aparecerá el dilema de quién la rompe.

¿Se puede detener este ciclo?

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Publicado: 23 mayo 2013 en Conversaciones
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Pregunta:
Bueno, pero entonces en qué quedamos, ¿yo existo o no existo? ¿Soy real o no soy real?

Respuesta:
Estamos aquí hablando, no creo que eso sea cuestionable, eso es un hecho, hay dos entidades con cierto nivel de inteligencia que se están comunicando mediante la facultad del habla.
En este momento y en este contexto usted y yo existimos, no debe haber duda sobre eso.
Somos reales, al menos en el plano de las percepciones, nos estamos viendo, nos estamos escuchando….

El problema es que pensar o creer (y subrayo las palabras pensar y creer) en la posibilidad de que puede no existir uno mismo, será siempre un fracaso.
No es la forma adecuada de percibir lo buscado.
La pregunta es una trampa, no está bien formulada, precisamente está construida para no poder ser respondida.

Es como si yo le pregunto el olor del Amor, usted no sabrá decirme.
Usted sabe (o cree que sabe) que el Amor existe porque lo ha sentido, pero no podrá describirlo sin utilizar adjetivos que hablen de su cualidad.
¿Me sigue?

P: Creo que si.

R: Bien, entonces continuemos.
Usted no está identificado con el Amor, sino diría que usted ES Amor, pero no dice eso, usted dice que es Pedro, o Juan o Antonio.
Con esos conceptos (esos nombres), SI está identificado.
El Amor es percibido como algo conocido pero ajeno.
Basarse en las percepciones para intentar alcanzar la Verdad es un error.

Cuando usted pregunta si existe, lo hace desde su realidad, la que usted percibe, que se compone principalmente de sus pensamientos.
No existen dos realidades iguales, existen muchas similares, pero no hay dos iguales.
Cada ser sintiente tiene una realidad creada por sí mismo, además, le guste o no; su realidad es culpa suya, utilizo la palabra “culpa” con toda intención.
Por supuesto, si no se encuentra a gusto con ella puede intentar cambiarla.

P: ¿Cómo puedo hacer eso?

R: Primero debe entender y aceptar que su realidad es creación suya exclusivamente y por tanto responsabilidad suya exclusivamente, entenderá que igual que ha llegado a donde está puede reescribir de nuevo su libro de pensamientos y experiencias.
Lo que ocurre es que es más fácil escribir sobre una hoja en blanco que sobre una que ya está escrita, que es su mente.
Pero desde luego, puede hacerse.

Hablemos si le parece de la cualidad de la mente, no se puede entender un estado mental sin hablar de la cualidad.
Hay personas alegres, personas tristes, personas resolutivas, personas optimistas, personas resilientes, personas empáticas, personas antipáticas….etc, etc, etc.
Hay personas extraordinariamente tranquilas y personas asombrosamente ansiosas.
Todo esto tiene que ver con el contenido de sus pensamientos y con el efecto que esos pensamientos provocan en su vida.
Esto es, la autogestión de sus propios pensamientos.

Un mismo pensamiento puede provocar tristeza y alegría en diferentes personas. No tiene nada que ver con las posesiones o con los bienes o con el dinero, aquí hablamos de sus pensamientos.

El habla y los pensamientos son la misma cosa, ¿no le parece?
Cuando usted habla envía un mensaje, una petición, a veces una exigencia, tal vez una imposición, en definitiva intenta comunicarse.
Los pensamientos hacen lo mismo, pero no salen al exterior, intentan comunicarse, cambiar algo, obtener algo, imponer algo, pero no salen al exterior.

El dialogo es únicamente interior y el objetivo de ese bombardeo de pensamientos siempre es uno mismo. O mejor dicho, el objetivo es siempre la imagen que uno tiene sobre si mismo.

Uno cree que no puede funcionar como persona sin utilizar el pensamiento de esa forma, pero la realidad es muy distinta, es el pensamiento es que nos está utilizando y no nos damos cuenta.
Esa voz interior, ese diálogo que somos nosotros mismos y que nos permite tomar decisiones, funcionar en la vida diaria, abrir una puerta o trabajar.
Esa voz interior no debe ser un charlatán insensato, y muchas veces lo es.

Ese pensar se convierte en un hábito imprescindible por su insistencia y repetición y llega un momento en que consideramos que “somos así”.
Pero como le digo, eso puede cambiar.

Su realidad percibida es única.
Y la realidad percibida es necesaria para intentar encontrar esa calma que busca o alcanzar esa meta anhelada.
En realidad no tiene otra cosa, no tiene otro medio de alcanzar nada.

Su realidad se conforma de tres pilares básicos: recuerdos, presencia y deseos.

Y esos tres pilares se construyen con la información que percibida mediante los cinco sentidos (gusto, vista, olfato, tacto y oído).
Y todo esto se almacena en la memoria y ahí queda, disponible en forma de experiencias que luego juzgaremos, etiquetaremos y catalogaremos.

Usted no será capaz de encontrar nada en su realidad que no haya sido adquirida mediante estos cinco sentidos.

Posteriormente, la información recibida por esas vías, ha sido procesada en el cerebro creando un perfil personal único. (Su vida).
Sus recuerdos no se repiten en ningún cerebro de ninguna persona que haya existido, que exista o que existirá.
¿Hasta aquí me ha seguido?

P: Si

R: Bien, pues no me pierda ahora que vamos bien y esto es importante.
Lo que quiero que perciba ahora es si cree que hay verdad en la idea de que es posible cambiar la realidad.

Piense en ello.

Le pongo otro ejemplo, si usted mañana pierde la vista, su vía de entrada de información se verá intensamente afectada. Dejará de ver y su realidad cambiará.

He tenido alguna experiencia con personas invidentes y su realidad y profundidad de concentración son extraordinariamente distintas a las de una persona que ve.
Un invidente de nacimiento no sabe lo que es un color, los distingue mediante una suerte de criterio relacionado con la temperatura del mismo.
Por ejemplo, un color rojo es caliente mientras que un color azul es frío.
Conforman su realidad de un modo completamente distinto.
El contenido de su mente está escrito de otro modo, con otro silabario, como si fuera en otro idioma, pero las personas invidentes funcionan perfectamente en el mundo, trabajan, viven, sienten, padecen, disfrutan, sufren, ríen y lloran, aman y odian, igual que alguien que no tiene afectada si visión.
Igual que usted, igual que yo.

Es muy importante entender que es necesario discriminar para poder distinguir en último término lo que es de lo que no es.

Y lo que ES de lo que parece ser.

Por ejemplo, hay personas con trastornos neurológicos graves que no son capaces de discriminar, de diferenciar, de distinguir.
Pero cuidado, no estamos hablando de un cerebro que no pueda discriminar, un cerebro así no funciona y ncesitamos un cerebro que funcione.
Esa situación no es lo buscado, no puede uno imaginarse siquiera como es la vida de esas personas, pero su silencio no es indicativo de saber o de calma.

Insisto, debe haber un ser sintiente, coherente (al menos en parte) y lo más importante, que sea capaz de discriminar por si mismo su propia realidad.
Y para eso es necesario estar vivo y saberlo.

Si tratamos de imaginarnos como serían las percepciones sin ninguno de los cinco sentidos (y sin enfermedad de por medio); llegaríamos a la conclusión de que el cerebro estaría permanentemente a la espera de recibir algún tipo de estímulo del exterior y así poder reaccionar.
Como no le llegaría información, entonces permanecería en calma, detenido.

Pero lamentablemente, esa es la teoría, porque el hábito está muy arraigado, y el cerebro funciona por sí mismo, eso es precisamente la imaginación, que unas veces es un fantástico ejercicio voluntario y otras veces es un enemigo incansable y demoledor.

También ocurre cuando dormimos, son los sueños. No hay ninguna voluntad, ninguna intención, ninguna acción para que aparezcan, pero ahí están.
El cerebro parece no poder detenerse y darnos un respiro.
Cuando conseguimos concentrarnos, aparecen recuerdos pasados, o deseos para el futuro, los cogemos de la mano y los perseguimos, los acompañamos, nos desviamos.

Solo hay ahora, solo hay presencia.
Si usted se mantiene en esa presencia, todo se ralentiza, se calma, los pensamientos solo aparecen cuando son reclamados.
Algunas personas piensan que meditar es como estar en trance.
No es cierto, meditar es estar calmado pero alerta, sin movimientos del pensamiento, pero perfectamente conscientes y por supuesto, el cuerpo responde a todos los estímulos.

Si alguien abre una puerta lo escuchamos, si hay que levantarse del zafú porque hay un incendio nos levantamos y huimos.
Solo es concentración.
Pero es una concentración que permite cambiar las cosas porque ofrece una comprensión de uno mismo que nadie más le puede ofrecer.
Nadie está más cualificado que usted para analizar su realidad y ver que puede cambiar en ella para mejorar su existencia.
NADIE.

Ahora ya sabe el por qué y sabe el cómo.

Lo que usted busca de una práctica es lo mismo que buscan otros muchos.
ESO está ahí, ESO no tiene que llegar, porque no tiene de donde hacerlo.
Cuando usted comprenda y perciba que cada instante de su vida es completamente diferente al instante anterior y que el instante siguiente no existe sino como un concepto de esperanza, su realidad cambiará.

Tal vez a mejor, pero sin duda a algo distinto.
Eso le ofrecerá la posibilidad de tener más control sobre su vida. Sobre la vida.

No le quepa duda de que es necesario ser individuo para tener la oportunidad de dejar de serlo.
Sin una mente pensante luego no se podrá desprender de sus pensamientos, es distinto despejar la mente que tener una mente en blanco, que no funcione.

Llegados a este punto, parece que la diferencia entre existir y no existir es una cuestión de comprensión.
Usted debe dejar de ser usted para encontrarse.
Obsérvelo en su vida diaria y sea capaz de responder usted mismo a su pregunta.
¿Usted existe o no?