Archivos para marzo, 2015

Nada sigue, pero todo está.

Publicado: 11 marzo 2015 en Reflexionando.....
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Estoy muy solo aquí.
Las ramas de los árboles siguen moviéndose, alocadas, nerviosas desde hace bastante rato.
Sus hojas marrones me saludan o se burlan de mi, no estoy seguro.
Oigo agua, un pequeño caudal, sereno y calmo.
Puedo escuchar algún trino.

El agua es transparente y está limpia, alargo la mano y con la punta de los dedos compruebo que está helada.
Siento un estremecimiento peculiar, distinto a otros.

No es frío, es miedo.
Lo reconozco enseguida.
El miedo está muy presente, es fácil reconocerlo, porque el miedo impide la acción y enerva el pensar, lo altera.
Cuando uno siente miedo no puede actuar, casi no puede hacer nada, y desde luego no piensa con normalidad.
El diálogo interior aumenta frenético mientras todo lo que hay fuera (el resto), sigue su curso inafectado, sin conocimiento de ese miedo que tan solo siento yo.

¿De qué sirve pues mi miedo?
¿Me he apropiado yo de él o él de mi?
¿Qué busco a través del miedo?
¿Es posible utilizar el propio miedo como herramienta para erradicarlo?

Es un error. Eso pienso en este instante. Más tarde ¿quién sabe?.
Comprendo la utilidad del miedo, pero el exceso de miedo o la mala interpretación del mismo con pensamientos irracionales suponen un abismo permanente.

Me preocupa crear rivales con la palabra.
Los rivales del pensamiento son intimos, privados, desconocidos para el resto, pero los rivales creados por la palabra o por la acción no lo son.
Lo observo mientras camino.

Me gustaría obtener la certeza de que se puede educar con valores, sin hacer carreras, sin competir, sin conseguir diplomas, sin distinguir a alguien que brille por medio de muchos que fracasan.
¿Puede ser esto posible?

El valor tiene la virtud de ser igual de útil para todos los que lo perciben, pero tiene también la particularidad de que cada uno lo canaliza o lo acondiciona según su pensar, lo acepta o lo rechaza según su sentir.

El valor se moldea, se adapta a las intenciones, incluso a la personalidad de cada uno.
No es un mérito académico. Eso sirve de poco en la vida emocional, en la vida interna, en la vida espiritual.
Hacer integrales está bien (para quien necesite resolver integrales).
Pero es una vía muerta, finalizada, sin esperanza, sin futuro, inútil.

No soy un loco, comprendo, valoro y reconozco el conocimiento y la utilidad de acumularlo mediante repetición….

Pero en cambio un valor, es una semilla, es imprevisible lo que puede resultar de cultivar un valor.
Un valor puede cambiar el mundo.
Un valor es algo vivo, que cambia, es una oportunidad.
Nunca hay que acabar con la oportunidad.
Luego sumar está bien también, claro.
Es útil en la vida diaria, necesario muchas veces.

Es una destreza que sirve para compararse, para reflejarse, para diferenciarse.
Sumar mejor, sumar más rápido, sumar de memoria….

Pero…. ¿y la compasión?; ¿y la calma?; ¿y la resiliencia?; ¿y la empatía?; ¿y el cariño?; ¿y el arrojo?; ¿y la valentía?; ¿y la constancia?; ¿y la sinceridad?; ¿y el mérito?; ¿y la humildad?…

En determinado momento, o se tiene o no, pero no se tiene más o menos (en mi opinión).
Afilar o perfeccionar una virtud puede hacer parecer que se tiene en mayor medida.

Pero la virtud, el valor, no es cuantificable, no es medible desde donde uno mira.
No es el enfoque de este pensamiento.
Simplemente forma parte de la vida, pero con la inmensa grandeza de que puede adquirirse y abandonarse.

Estas observaciones dan lugar a pensamientos, y al darme cuenta de la presencia de ese pensar, me doy cuenta de que he perdido todo lo que ES a mi alrededor en ese instante.
Y pienso que uno también es parte de ese ES.
Pero el pensamiento es una idea, una metáfora, un dibujo, es imaginación.
No puede ser de otro modo.

¿Cómo podría ser de otra manera?
¿Ha sido útil todo lo que ha sido pensado?
¿Quién sabe?

Esto no es una epifanía, no es un milagro, no es liturgia, no tiene nada de místico o religioso.

Es solo un paseo caminando despacio, permitiendo que lo que ES sea, que aquello se exprese tal como ES.
Intentando no interrumpir o impedir los pensamientos, sin crear barreras ni resistencias.

El ruido no molesta y el silencio no tranquiliza, simplemente son consecuencias distintas, antagónicas de un mismo origen.
Son un juicio.
Son el otro extremo de una acción, son consecuencias.

Tomando sopa de miso, observando las volutas de humo elevándose por el aire que todo lo inunda, mirando el baile del tofu, las algas y el caldo, me viene a la memoria aquella alegoría en la que una sola llama de una vela es capaz de terminar con todas las oscuridades del universo.
Es una bella parábola.

Pero nadie parece darse cuenta de que la vela debe estar.
Hay que sostenerla.
Debe ir con uno.

A su paso la oscuridad desaparece.
No sabe uno si la oscuridad desaparece o aparece la luz.
Puede no ser lo mismo.
¿La oscuridad se retira o la luz avanza?
Tal vez ambos.
Esta es la naturaleza del pensamiento analítico.
Absurda muchas veces, inútil casi siempre.
Pero la cualidad de la percepción hace necesaria una observación intensa y sutil a la vez.
Intensa por lo enfocada, sutil para que no cree resistencias, para que no cree pensamientos ni movimientos mentales.

¿Mañana estarán aquí estas piedras?
Son de un bello color.
Al coger una entre mis manos noto la aspereza de su solidez.
Y me doy cuenta de que se ha perdido el instante.
De que lo he perdido yo.

Esos pájaros a lo lejos han levantado el vuelo y no ha sido visto.
La mente estaba ocupada.
Como tantas veces.
Como siempre.
Demasiado ocupada en darle a la manivela de la inutilidad, del pensar hasta la extenuación.
De anticipar y recordar.
Una vez más.

Nada sigue, pero todo está.
Lamento no verlo siempre, lamento olvidarlo.
No hay culpa, no hay arrepentimiento.
Solo hay miedo, cansancio y angustia.
Y una vez más son percibidos.

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