Posts etiquetados ‘odio’

Tú me conoces, saltémonos las presentaciones, que no vienen a cuento.
Has respetado mi espacio y te lo agradezco, creo que es malo hablar solo para rellenar huecos.
Los huecos hacen falta. Son espacio.
A nosotros no nos hace falta aparentar interés, esa fase ya la pasamos.
Siempre es de agradecer, pero ahora he necesitado calma y desde ahora voy a necesitar rodearme de ciertas personas y evitar otras.
Puede que suene injusto, tal vez lo sea, en todo caso importa poco.
Debo evitarte a ti (a yo), porque tu me dañas.

Un hombre con un objetivo es invencible.
No hay problema insalvable, hay enfoque malo.

Recibir los latigazos con una sonrisa en la cara, pero no de desprecio o desdén, sino de calma y serenidad.

La sonrisa del que sabe que ya no le pueden dañar más.
Porque ha aprendido a manejar el daño.
No es que no lo sienta, es que lo comprende y lo acuna, lo observa y lo tolera.
No en presencia de indiferencia, sino en ausencia de implicación, que es totalmente diferente.

Ese es un objetivo.
La ausencia de implicación es un objetivo muy importante.

Para que nazca una flor de loto debe haber barro.
Es una estupidez, pero es una estupidez evocadora. Incluso inspiradora.
Hay que mancharse, mancharse con el barro.
Cuando encuentras la mayor de las felicidades en una música o la risa de otra persona…
Uno puede observar que siempre ha estado ahí, pero que ahora es percibida. Percibida de otra manera.
¿Que ha cambiado?
¿Quién ha cambiado?
¿Por qué?
¿Cómo?
Y ahí ya nos hemos perdido.

Te puede hacer feliz mirar una piedra sobre el agua.
Es la misma piedra de siempre, es el mismo agua de siempre, es el mismo estanque de siempre.
¿Que ha cambiado entonces?

La cualidad del observador.
La cualidad de quién mira.
Ha cambiado quién mira.
En realidad es lo único que puede cambiar, ¿no ves esto?
Siempre cambia aquel que observa, lo observado no cambia nunca.

De hecho lo que cambia es la interpretación de lo observado (En aquello que es observado, incluyo a uno mismo, claro).

El abandono, el desprecio, es amargo, es duro, intransigente, demoledor.
¿Donde están la dulzura y la calma?
¿Acaso no son todo emociones?
¿Acaso no son todo reacciones ante emociones?
¿Acaso no todo es una absurda carrera interminable para sentir algo y no sentir otras cosas?

Si la mente percibe eso (o reacciona así ante eso).
¿No podría reaccionar con Amor y Calma ante otras cosas?
¿No podría reaccionar con Amor y Calma ante todas las cosas?
Y lo más importante. ¿Que hay ANTES de reaccionar?
¿No podría NO reaccionar?

Uno no se da cuenta, pero cuando siente ira, la siente uno mismo, no el resto, ni siquiera aquello hacia lo que se dirige la ira.
Cuando se odia, es uno mismo el que siente, padece y sufre su propio odio. No es nadie más.
Cuando se desprecia, no es el despreciable el que sufre, sino aquel que inicia el desprecio.

¿Y quién lo siente?
Da igual hacia qué o hacia quién vaya dirigido.
Da igual incluso el motivo que ha iniciado ese odio.
El odio daña a uno mismo, te daña a ti.
Tu odio te daña a ti.
¿Otra vez?
Tu odio te daña a ti, tu pena te daña a ti, tu desesperación te daña a ti, tu tristeza te daña a ti.
Hay que ver esto.
Identificarlo puede cambiar las cosas.
Puede cambiar la vida.
Puede cambiarlo TODO.
Solo con creencias.
Y TU no eres tus creencias.
He perdido mucho, quizá lo he perdido todo.
Pero ahora vivo con tres guijarros.
Y los cuento constantemente.
En ciertos momentos es todo lo que hay en el universo y nada más me importa.
Son todo lo que tengo.
Cuando dejo de contarlos, vuelve el mundo.
Esos guijarros estaban aquí antes que yo, y probablemente permanezcan cuando yo no esté.
Y me pregunto…. ¿qué es real, el mundo o los guijarros?.
Tal vez ni lo uno ni lo otro.

        Mil Gracias a Alexandra Koch por esta fotografía.

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Se podría decir que el Amor, la ira y el odio son lenguajes.

Para comprender mejor esto, digamos que el lenguaje es el “vehículo” mediante el cual se transmite “algo” que posteriormente se puede convertir en conocimiento o no.
Tal vez no sea la mejor descripción del término “lenguaje”, pero desde luego servirá para lo que se quiere expresar en estas líneas.
Sin duda, el lenguaje no son solo palabras.
Existe un lenguaje mental formado de sensaciones a las que hemos puesto nombre.

El Amor es un lenguaje universal y primario.
La ira es un lenguaje universal y secundario.
El odio es un lenguaje universal y terciario.

Se utiliza el término “primario” cuando algo es genuino y no requiere de ninguna causa previa para su aparición y desarrollo, puede aparecer por si mismo de forma espontánea.
Se utiliza el término “secundario” cuando lo que aparece (ira, por ejemplo), es el resultado de algo anterior y sin ese algo anterior no puede darse.
Se utiliza el término “terciario” cuando lo que aparece (odio, por ejemplo), es el resultado de al menos dos factores anteriores que han requerido un juicio previo y una decisión final.

Para observar esto por uno mismo, hace falta progresar en la introspección y observar como surgen tanto unos como otros.
De donde nacen, como permanecen, como se desarrollan, como crecen, como se alimentan, como intentar perpetuarse…etc.

Puede alguien pensar que el odio también es un leguaje primario, pero no lo es.
El odio es terciario, pues para Amar no es necesario un conocimiento previo ni un juicio ni una valoración anterior de la otra parte (de la parte objeto del odio); mientras que para odiar si es necesaria una razón previa o un conocimiento anterior (aunque sea un rasgo cultural, por poner un ejemplo), y con ese conocimiento, posteriormente aparece un juicio y una comparación que derivarán en el odio (que podrá permanecer o no).
De esta forma, aunque universal (porque todas las personas han sentido odio alguna vez), no es de orden primario pues requiere unas circunstancias anteriores.

A su vez, la ira que podría parecer también una sensación primaria, tampoco lo es.
Aparentemente se muestra sin un desencadenante previo, pero de hecho hay un desencadenante y aunque es sutil, es perceptible y observable.

Solo la ira es voluntaria.
El Amor Incondicional no se puede sentir si la mente no está preparada, pero todos podemos mostrarnos irascibles con mayor o menor facilidad.

La ira genera un movimiento negativo.
El Amor Incondicional mejora el mundo.
La ira y el odio sugieren separación y fraccionamiento.
El Amor Incondicional busca la unidad.

Mediante el Amor Incondicional uno se olvida de si mismo, pues a pesar de que las sensaciones que se perciben son extremadamente intensas, gratificantes y serenas, estas no buscan perpetuarse y no se refuerza el ego ni la búsqueda de placer y por esto se puede acallar momentáneamente el “yo”.
El Amor Incondicional no es una acción, está más allá de cualquier acción, es más una sensación, un presentimiento o una intuición que desaparece cuando es percibido.
Cuando es percibido cambia, ya no es Amor Incondicional.

Al principio es parecido a una Compasión absolutamente libre de juicio y/o comparación.
Ojo, digo Compasión, no pena, cuidado con esto.

Cuando uno siente pena, la mente cree que el sujeto está por encima del destinatario de nuestra pena (aunque sea de manera inconsciente).
La pena es un sentimiento digno pero mediocre, no es puro, si siquiera es saludable.
No ayuda al otro y para uno mismo puede llegar a ser demoledora.
La pena no es útil.

La Compasión en cambio va dirigida a alguien a quien no se ha juzgado, no es lástima. La lástima es similar a la pena.
Es simplemente Compasión, no requiere explicación ni tampoco argumento para justificarse. Está ahí y así es percibida.
La Compasión es un sentimiento extremadamente puro y quien la siente, percibe a la vez una gran urgencia por participar en la resolución del conflicto que ha hecho florecer esa Compasión.

El Amor Incondicional comienza sus primeros pasos con esos presentimientos de compasión hacia algo o hacia alguien.
El sentimiento es tan genuino que no aparecen preguntas en la mente sino la intención clara de identificarse con el igual y dar sin esperar nada a cambio. (Digo identificarse, no compararse).

Esa Compasión, una vez comprendida y cultivada se convierte en Amor Incondicional hacia todo y hacia todos.
No puede haber excepciones, si las hay es que algo ha ido mal y el camino y el fin no son los correctos.

La ira y el odio pueden conducir a la paz, esto es posible, pero la paz nunca conduce ni a la ira ni al odio.

Pensamiento_4

Publicado: 17 agosto 2010 en Pensamientos cortos
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Odio y desprecio son hermanos.
Compasión y Amor son Padre e Hijo.